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Hombres G – Resurrección

Casi nueve años después de su último lanzamiento de canciones inéditas (Desayuno Continental, 2010), el cuarteto que ha dado vida durante toda su trayectoria a Hombres G regresa con un nuevo álbum, Resurrección. El título sería válido para cualquier grupo que haya estado en silencio muchos años, pero no es su caso. La banda de David Summers, al bajo y voz, Dani Mezquita y Rafa Gutiérrez a las guitarras y Javier Molina a la batería no ha parado de girar a ambos lados del charco, llevando su pop-rock de accesibles influencias y melodías a un público que los adora y, los que no, los van empezando a respetar con el paso de los años. Y es que, si nos quitamos de prejuicios y zarandajas varias, negarles el reconocimiento tiene poca base objetiva. Su música adolescente de los inicios sigue funcionando y a ello han sumado experiencia, veteranía y la seguridad que esto te da para poder hacer lo que te venga en gana. Así, en esta Resurrección despachan un disco donde, pese a lo agresivo y malicioso de la portada y del título, encontramos una gran colección de medios tiempos sincopados y metalizados y baladas con arreglos sencillos de cuerda. Sin imposturas y sin tener que correr por correr. Un muy buen disco, fruto de cuatro años de composición y trabajo y que me apetece destacar en una semana donde también hemos recordado a otra de esas imprescindibles, como Los Rebeldes. Lee el resto de esta entrada

Rock and Roll por Ucrania: Los Vinilos, Trifásico, Tru-Desert Trío, Los Summers y The Sun Rockets

A la tercera fue la vencida… aunque estuvo a punto de no serlo tampoco. El evento ‘Rock and Roll por Ucrania’ que había organizado el Área de Cultura y Educación del Ayuntamiento de Almería a beneficio de Cruz Roja y su línea de trabajo, apoyo y acogida del pueblo ucraniano se había fijado en primera instancia para el 17 de marzo. Fue entonces cuando la calima apareció por la Península. Se retrasó al 24 de marzo pero, en esta segunda ocasión, la lluvia provocó un nuevo aplazamiento para otra semana más, el 31 de marzo. Ayer, de nuevo la inestabilidad climatológica hacía temer el evento a mediodía, así que se apostó por llevarlo a cubierto para curarse en salud y, por fin, dar salida a un repóker de bandas locales que hicieron rugir guitarras, bajos y baterías de manera altruista para ayudar al pueblo ucraniano, a los civiles, que son los primeros que padecen la sinrazón de quienes ostentan el poder. Los Vinilos, Trifásico, Tru-Desert Trío, Los Summers y The Sun Rockets eran los invitados, además de la violinista ucraniana Nadia Rudenko. A partir de este momento os dejo la crónica realizada como redactor del Área de Cultura, a través de la agencia Contraportada / Pisadas en la luna. Salud. (FOTOS: José Antonio Holgado).

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La Frontera – La Rosa De Los Vientos (1989)

Aunque hay gente que se empeña en demonizar nuestra música ‘comercial’ de los años 80, no me cansaré de reconocer y aplaudir el legado y labor de un buen número de bandas más que respetables para acercar un rock más comercial o accesible (o como demonios se le quiera llamar) al gran público. En ese gran cajón del podio entra gente tan dispar, pero con ese denominador común, como Seguridad Social, Los Rebeldes, Danza Invisible, Radio Futura, La Unión, Nacha Pop, Duncan Dhu, Los Secretos, Gabinete Caligari, Hombres G, La Guardia, Tahúres Zurdos, Pistones, 091, … y un larguísimo etcétera donde se encuentra, cómo no, La Frontera, la banda que han liderado desde el primer día el incombustible Javier Andreu y Tony Marmota. Un sello inconfundible a aires polvorientos, sureños, de western, bourbon, botas de punta, corbata de cordón, calavera de búfalo y todos los tópicos genuinos del género que, en nuestro país, nadie ha sustentado tantos años, más de treinta, como ellos. Pero La Frontera asumió todo ese imaginario después de demostrar que todo ello no impedía que en sus discos también hubiera espacio para otros matices y un lado más aperturista hacia a alguna concesión melódica, canciones de tempo elegante más allá del acelerón marchoso de bombo y caja, e incluso algunos arreglos souleros de metales. Todo ese ‘aperturismo’ y ese ejercicio que aumentó su registro sonoro y, con ello, el número de seguidores que compraba sus discos e iba a sus conciertos, se inicio con su cuarto trabajo, este La Rosa De Los Vientos.

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Vuestros Discos del Año 2021. Listas y playlists

Después de algo más de dos semanas de votaciones, ya tenemos los resultados definitivos tras vuestros numerosos votos y reparto de 3, 2 y 1 punto. La lista, vista con perspectiva más allá de los datos numéricos, ofrece un amplio catálogo de lo que musicalmente fue el de por sí extraño 2021. Con ella hemos elaborado dos playlists Spotify (por primera vez, no hay un solo disco que no esté en dicha plataforma) que ofrecen un variado abanico de sonidos al que os animamos que os acerquéis. Tanto de aquí, como de fuera. Ese es su principal valor. Descubrir. Esperamos que no os quedéis solo con lo que conocéis, sino que exploréis en aquellos grupos que están en la lista y que os sirva para apreciar cosas que os sorprendan y llenen, verdadero valor de este tipo de acciones. Los tres primeros en cada lista tienen tres temas, el resto de top 10 tienen dos temas cada uno. El resto uno. Recordad que la lista editorial de Discos del Año de RockSesión estará, como siempre, el 5 de enero. ¡Pasen!

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¡Vota por tus discos de 2021 hasta el 1 de enero!

Como cada año desde que existe esta casa, en RockSesión te animamos a votar por tus discos del año. Sí, TUS discos del año. Porque son muchos los álbumes que salen a lo largo de los doce meses como para limitarte solo a uno. Te animamos a que votes por tus TRES discos del año. Y además en dos categorías diferentes: discos nacionales y discos extranjeros (sé que la mayoría de nuestros lectores tendéis al nacional, pero así separamos para que la nómina no sea kilométrica, al tratarse de listas abiertas). Puedes votar en los comentarios con el sistema de puntuación ‘de toda la vida’. 3 puntos para el primero, 2 para el segundo, 1 punto para el tercero de grupos nacionales. Y otros 3, 2 y un punto para grupos internacionales (los latinoamericanos van a la lista nacional). Con la lista definitiva crearemos una playlist en Spotify para todos. VUESTRA lista con lo mejor del año. Cada cierto tiempo actualizaré el ranking (se indicará hora de última actualización). Puedes votar hasta el sábado, 1 de enero (inclusive), y el domingo, 2 de enero, daremos la lista definitiva. Mi habitual lista (como editorial) la publicaré el miércoles, 5 de enero. Como manda la tradición, sortearemos algún que otro disco (por definir) entre los participantes. Los votos se cerrarán el 1 de enero a las 23.59 horas. Vota en los comentarios de esta entrada y consulta cualquier duda en Twitter.

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La Guardia – Vámonos (1988)

No salimos de Granada durante unos días. Si ayer le echamos un tiento al nuevo libro publicado desde editorial Efe Eme, Conversaciones con José Ignacio Lapido (músico granadino con cuarenta años en la escena, imprescindible tanto con 091 como con sus ocho discos en solitario), este viernes la crítica remember se queda con La Guardia, otro de los nombres propios históricos de la ciudad nazarí. El grupo de Manuel España (voz y guitarra) y Joaquín Almendros (guitarra) forma parte de una época dorada en la que, como dice el propio Lapido, tener uno o dos singles de éxito te garantizaba trascender a tu público, hincharte a vender discos (porque entonces se vendían como churros) y, por tanto, formar parte de las kilométricas giras de fiestas y festejos (muchas de ellas de caché completo cuantioso y entrada gratuita). Que grupos ‘normales’, de guitarras, bajo y batería, de canciones frescas, extendieran cientos de miles de copias de sus discos, como le pasó a La Guardia con este Vámonos y con el posterior Cuando Brille El Sol (1990) suena en nuestros días casi irreal. Como que La Frontera llenase pabellones con miles de personas, por ejemplo, que ‘la moda’ fuera precisamente esto. Ay, el buen gusto, dónde iría a parar. Entre todos lo mataron y él solo se murió. El caso que es que las menciones que se hace de la banda en dicho libro me encendieron la llama para traerlos (al fin) por aquí. Y si digo que no salimos de Granada en unos cuantos días es porque el lunes tenemos cita con los amigos de Hora Zulu y su álbum publicado hoy (Limpiar, Fijar y Dar Esplendor). No parece mal plan cuando hay tantas cartas el cajón y ninguna es de amor, cuando el camión nos atrapa entre la espada y la pared como si fuésemos un fantasma. Cuando no hay más tardes en las que esconderse, porque en la búsqueda de un corazón todas las calles llevan hacia ti. Vámonos, chica hacia el mar.

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Pereza – Animales (2005)

Si una banda nace del mero hedonismo de juntarse para tocar canciones de Leño, nada puede salir mal. Después de casi 1.500 entradas en la web, después de haber escrito de los discos en solitario de Rubén (también con Lichis), de Leiva, haciendo referencia a ellos al escribir de Buenas Noches Rose o de Sidecars… Iba siendo hora de que un disco de Pereza asomara el hocico por las críticas remembers de los viernes. Y si de morro hablamos, qué mejor que este Animales de dual portada, cambiante en las múltiples ediciones posteriores que ha tenido el disco. No es para menos. Aunque en términos globales (porque también depende del día y el estado de ánimo) considero que su mejor disco es Aproximaciones, fue con este álbum con el que el dúo se colocó en el centro del foco de (quizá) la última gran época dorada del guitarreo inundando las radiofórmulas, antes de que las programaciones latinas se comieran a la distorsión. Lo he escrito ya más de una vez. Benditos tiempos en los que ‘lo comercial’ era Pereza, El Canto del Loco o La Oreja de Van Gogh, como antes lo fueron Piratas, M-Clan o Los Rodríguez o, más atrás, La Frontera, Seguridad Social, Hombres G, La Guardia o Gabinete Caligari. Por no hablar de cuando Los 40 fijaron su atención en los Dover, Extremoduro, La Fuga con Rulo o Marea. (¿En qué maldito momento se jodió todo?). Animales simboliza también el equilibrio entre los dos discos iniciáticos, más ‘primitivos’ (con los que abrían para bandas más rudas como Enemigos, Siniestro Total o hasta Porretas) y la posterior vuelta de tuerca, donde al guitarreo marca de la casa añadieron una dualidad de complejidad compositiva, a la vez que sobriedad acústica o, del otro lado, la búsqueda de singles descarados destinados a ampliar cada vez más el círculo. El tiempo le ha dado más valor si cabe a lo firmado.

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Luz Casal – Luz V (1989)

 

Posiblemente sea la artista española con mayor empaque en el mundo del rock en castellano desde hace más de cuarenta años… Sea con estructuras arquetípicas del género como con sus lecciones de estilo en el bolero y otros arreglos más delicados. Ahora que se aproxima el Día Internacional de la Mujer, en RockSesión queremos dedicar la crítica remember de cada viernes a una artista intachable. Desde sus discos iniciales, donde su descaro pulía la falta de golpeo directo de las producciones de la época, Luz (1982), Los Ojos del Gato (1984) o Luz III (1985), hasta su cambio de tono, más cabal y arrebatado en Quiéreme Aunque Te Duela (1987), que terminaría en una explosión más distorsionada en este Luz V que nos ocupa. Quizá sea su disco ‘más completo’ y sin fisuras de la década siguiente, pero curiosamente no el más vendido. Superó las 300.000 copias en su momento, pero A Contraluz (1991) lo dobló y Como La Flor Prometida (1995) se plantó en casi el millón. Junto a Un Mar de Confianza (1999), con otros 600.000, son los cuatro discos más populares de Luz, la que le llevaron a un podio del que no se ha bajado, haciendo frente a los duros avatares que pone la vida por el camino. El vinilo llevaba diez temas, pero la pronta reedición en CD le añadió cuatro temas más.

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The Buyakers – Entidad Cuernos

 

A lo largo de estos más de siete años y medio que lleva abierta esta casa, he escrito críticas de novedades de casi ya 600 discos distintos. Muchas de ellas del sota-caballo-rey de la escena metalera, heavy, punk y rock, pero también con un generoso espacio para otras formaciones noveles o ‘emergentes’ (manida palabra) a las que he considerado meritorias y dignas de llevar lo que yo llamo habitualmente ‘la pestaña de seguimiento’. Dentro de esa práctica, hay formaciones cuyos siguientes discos no me han llamado suficientemente la atención como para repetir con ellas (no puedo escribir de todo lo que sale, ya sabéis), pero otras que paso a paso me han ido convenciendo y sintiendo que valió la pena ‘la apuesta’ (por decirlo de alguna manera) que realicé por ellas desde el primer momento. Los manchegos The Buyakers forman parte de ese segundo bloque. Les descubrí con el videoclip de ‘No Somos Tarantino’, escribí de su debut Empieza La Función, continué con El Bar de los Muertos y también nos pusimos de etiqueta en su directo sinfónico, como Metallica (con un par), en Donde Caben Dos… Y muy poco después de la edición de dicho concierto (menos de un año) llega ahora su tercero de estudio, el cuarto de su carrera: Entidad Cuernos, con toda su parafernalia western, cactus, lagartos, saloon, etc. Más viejos, más castigados, pero más sabios y con las ganas de blanca diversión intactas.

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Estopa – Fuego

 

Estopa es una de las numerosas excepciones ajenas al rock-punk-metal-heavy que nos marcamos en RockSesión en nuestra ya de por sí heterogénea forma de entender la música y, por tanto, de elegir los discos que traigo al escaparate de las críticas. Y, como diría uno de sus referentes, nos sobran los motivos para ello, muchos de los cuales ya he detallado en distintas publicaciones en esta casa (Estopa. Gira ‘Rumba a lo Desconodido’. Almería, 26 de agosto, Estopa – Rumba a Lo Desconocido, Estopa – Estopa (1999), Estopa – Crónica ‘A Solas’. 31 de mayo. Auditorio Maestro Padilla). En el día que se cumplían 20 años del lanzamiento de su exitoso debut, veía la luz el octavo disco de estudio del dúo de Cornellá, David y Jose Muñoz. Fuego no viene ni a repetir las fórmulas del éxito (como bien dicen, esas canciones ya están hechas) pero tampoco vienen a poner una ruptura hacia ningún sitio. Sin embargo, y hemos hecho que lo lógico parece que sea una excepción, sí que se aprecia una lógica madurez en la manera de encarar los textos (menos salvajes, más reposados) y, especialmente, en la forma de cantar de ambos hermanos, que relajan la tesitura para hacer todo más natural (lo que ha ido haciendo Robe con el paso de los años, vaya), como también ocurre con la música, que suena lo más elemental y relajada posible. Estopa entra con muy buen pie en su primer disco con la decena de los cuarenta.

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