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Quique González. Conversaciones (Arancha Moreno)

Es difícil no hacerse adicto a la bibliografía que viene publicando en los últimos tiempos la editorial Efe Eme y de la que aquí hemos escrito ya una decena de veces, sobre todo cuando encara en profundidad una serie de entrevistas – conversaciones con músicos que no es que sean esquivos, pero sí que denotan un distanciamiento notorio y evidente con la prensa o la exposición, sea innato, por aprendizaje, por defensa, desinterés o por seguridad, como una manera de salvaguardar el misterio de su universo creativo. O una mezcla variable de todas ellas en distintas proporciones, según la persona. Y en esa heroicidad en particular anda metida desde hace unos años Arancha Moreno, que completa con esta entrega con Quique González un póker de auténtico lujo que ya tenía los ases de Iván Ferreiro, Coque Malla y José Ignacio Lapido. A través de estas 250 páginas, con conversaciones realizadas la mayoría de ellas en el valle cántabro, que ha sido refugio, maestro y hogar del madrileño durante casi veinte años, y alguna en la ciudad, se realiza un viaje por los casi 25 años de carrera del músico, cuya conversación sorprende sobre todo por la cantidad y profusión de sus declaraciones, no tanto por sus opiniones, que ‘casan’ perfectamente con la imagen y la identidad que ha transmitido a lo largo de toda su carrera. Mientras que otros se crearon un personaje para ser estrellas del rock, Quique hace alarde de una naturalidad que amplía las explicaciones de lo que ya sabíamos. Que es un artista con unos códigos de honor casi en desuso (dinosaurio quizá también en eso, por desgracia) y que la canción, siempre, está por encima de otros intereses.

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Quique González. Almería. 11 de marzo

Lo bueno de que un artista como Quique González tenga el metrónomo de publicar disco en una media de cada dos años, incluso a veces menos, si incluimos el directo de Radio Station y el maxi Clase Media (realmente, solo el espacio entre Daiquiri Blues y Delantera Mítica alargó en exceso la espera) es que se puede disfrutar de las distintas giras en un plazo relativamente corto. También tuvo algo de ‘suerte’ (si es que se puede usar este término para hablar de una pandemia) ya que los primeros confinamientos y el parón llegaron cuando había desplegado buena parte de la gira de Las Palabras Vividas. Con algún concierto ‘de nueva normalidad’, Quique se centró en escribir y dar forma a las canciones de su siguiente trabajo. Otra magnífica joya atemporal, como acostumbra, y consiguiendo que todo sea distinto pero acogedoramente familiar. Cerca de cumplir tres décadas en los escenarios y casi 25 años después de su debut con Personal, ha conseguido ser una de las voces más autorizadas del rock de autor de nuestro país. Sin alardes, sin salidas de guión, sin exabruptos, sin dar una voz más alta que otra. Ya hablan sus temas, que están repletos de esa cotidianidad dolorosa, porque la intensidad de las emociones que marcan duele para siempre. No se van. Como las grandes canciones que pueblan su discografía y su repertorio. Hay tanto material en sus álbumes que Quique puede hacer el concierto más complaciente o el más críptico y bizarro. Acostumbrados casi que a lo segundo, creo que el de anoche, el de esta gira, es uno de los set más equilibrados de los últimos tiempos. Un acto de celebración sustentado en un tercio por temas de Sur En El Valle, otro tanto por éxitos indiscutibles y otro tanto por gemas que van ganando quilates con el paso de los años. Os dejo a partir de este momento la crónica que he realizado para como redactor del Área de Cultura y Educación del Ayuntamiento de Almería y Contraportada / Pisadas En La Luna. Las fotos son de José Antonio Holgado. Salud.

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Quique González – Sur En El Valle

Siempre en movimiento pero siempre con los pies en el suelo, Quique González ha dotado a su carrera musical de una coherencia y línea clara sin que por ello signifique que se acomode en el continuismo o lo estático. Dentro de la aparente sencillez de los aspectos formales, cada uno de sus discos representa un paso más desde el tablero, como una reina que se puede mover en todas direcciones, pero de casilla en casilla, como un peón. Y es en ese equilibrio, entre la grandeza y la humildad, donde encontramos a la música del madrileño. Si se arropaba de una banda de rock más ‘al uso’ con Los Detectives en Me Mata Si Me Necesitas y sacaba su lado más lírico con ese poeta de alma rockera que es Luis García Montero en Las Palabras Vividas, para la siguiente entrega Quique confía la producción precisamente a un nuevo compañero de vivencias y experiencias. Toni Brunet, uno de los coproductores del anterior álbum, es quien comanda en este caso los mandos. Nuevas texturas dentro de una propuesta reconocible… Banda grabando a la vez, voz en primer plano, importancia del respiro, especialmente notable en las baterías, canciones que casi parecen esbozadas en su estructura, sin que por ello puedan camuflar el inmenso trabajo que hay detrás de ellas. Quique y los suyos vuelven a hacer un ejercicio de templanza, en el pleno sentido de la virtud platónica, que junto al coraje de buscar el verso idóneo y la sabiduría que da el no tener la necesidad de correr completan la totalidad concupiscible del alma. Y eso, como si fuera fácil, es lo que nos da cada disco de Quique. La esencia de un timbre imposible y personalísimo. La nostalgia en el punto de no retorno. El dolor congelado en su punto más bello. Al decimotercer álbum, lo vuelve a conseguir.

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Quique González. Maestro Padilla. 8 de febrero

 

Quique González lleva tiempo jugando en otra liga. Con nueve discos de estudio y dos directos en su haber, donde apenas hay el menor borrón, el madrileño mantiene un idilio constante con unos seguidores que le adoran. Que no será todo lo masivo que son muchos otros cantautores del rock (permítanme, bastante menos inspirados), pero que tiene ya su nombre grabado entre los mejores letristas y compositores de nuestro país. Diez discos en los que la poesía hace gala de historias casi siempre melancólicas, casi siempre taciturnas, pero nunca derrotadas. El encanto de la fragilidad de una humanidad que sabe transmitir en sus acordes, en su voz y sus estrofas, sin dejar de lado también una faceta rockera más directa (aunque no por ello sin perder su firma elaborada) que convive con naturalidad con otros escarceos por el blues, el country, los arreglos de cuerda, el sonido Nashville, la vida en la calle. Y no contento con el cuidado de sus propias creaciones y textos, se suma su último disco, con letras del poeta Luis García Montero, Las Palabras Vividas. En el marco de esa gira pude verlo anoche y esta es la crónica realizada para la agencia del Área de Cultura del Ayuntamiento de Almería. Queda la espinita de no haberle podido hacer la entrevista previa, otra vez será. Ahora, pónganse cómodos. (FOTOS: José Antonio Holgado).

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Quique González y Luis García Montero – Las Palabras Vividas

 

No es que tenga una variedad de registros infinita, pero sí que es cierto que una de las muchas características de la carrera discográfica de Quique González es la de no dar más de dos pasos en una misma dirección. Miren la lista de su ya amplia y envidiable discografía… Del rock eléctrico al carácter intimista, del abrazo al sonido americana y Nashville a la compendiosa naturaleza de su anterior entrega de estudio (Me Mata Si Me Necesitas). Todo ello con la dificultad de mantener una seña de identidad propia, reconocible, casi tangible. Tras una exitosa y cuantiosa gira, que le ha recuperado incluso en el ámbito festivalero donde la música y los matices, curiosamente, no suele ser lo más importante, Quique González da una nuevo salto hacia delante uniendo fuerzas con el poeta y escritor Luis García Montero, tan vinculado por otra parte al mundo de la música. El madrileño pone las partituras y el granadino los textos. Sin instrucciones previas ni trabajos de corrección posteriores. Admirando el trabajo del otro y respetando su naturaleza. Bendito experimento creativo para dos artesanos de ambos oficios. No podía salir nada malo de ello. (No como con Lou Reed con Metallica, que se veía venir). Las Palabras Vividas es un álbum de largo alcance y recovecos infinitos que tocar. De estancias ocultas entre el olor a madera de la música y el sabor que empaña los ojos por los versos.

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#Mis10de Quique González

 

Quique González lleva tiempo jugando en otra liga. Con nueve discos de estudio y dos directos en su haber, donde apenas hay el menor borrón, el madrileño mantiene un idilio constante con unos seguidores que le adoran. Que no será todo lo masivo que son muchos otros cantautores del rock (permítanme, bastante menos inspirados), pero que tiene ya su nombre grabado entre los mejores letristas y compositores de nuestro país. Diez discos en los que la poesía hace gala de historias casi siempre melancólicas, casi siempre taciturnas, pero nunca derrotadas. El encanto de la fragilidad de una humanidad que sabe transmitir en sus acordes, en su voz y sus estrofas, sin dejar de lado también una faceta rockera más directa (aunque no por ello sin perder su firma elaborada) que convive con naturalidad con otros escarceos por el blues, el country, los arreglos de cuerda, el sonido Nashville, la vida en la calle. Y no contento con el cuidado de sus propias creaciones y textos, anunció hace unas semanas que se próximo disco será con letras del poeta Luis García Montero. Toda una delicatesen se avecina. Pero, mientras esperamos, revisamos el #Mis10de del que se mantienen más de la mitad, pero que exige algunas entradas. Que lo disfruten.

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Quique González & Los Detectives – Me Mata Si Me Necesitas

Quique Gonzalez Me Mata Si Me NecesitasLa pasada semana veía la luz el nuevo trabajo, el décimo, del artista madrileño. Quique González ha llegado a un estatus en el que cualquier paso que da en forma de gira o disco es analizado en la búsqueda de razones más allá de la apetencia musical. Un nivel al que pocos llegan pero que, en cierta manera, venía encorsetándole en los últimos tiempos, circunscribiendo sonido y creatividad al sonido Nashville en el caso del estudio. Auspiciado por una buena gira con una banda asentada, Quique apostó por ellos, bautizados para la posteridad de Me Mata Si Me Necesitas como Los Detectives, y no quiso irse lejos. Un álbum gestado en la carretera y en momentos de convivencia que no necesitaba grandes alforjas. Lo importante eran otras cosas y de eso él sabe y mucho. Hay muchas novedades en el álbum con respecto a la tendencia acumulada con Daiquiri Blues y Delantera Mítica. La gira Soltad a los Perros, enérgica y eléctrica, y la intimista de Carta Blanca, diametralmente opuesta, terminan de forjar el carácter del álbum más inspirado en más de una década.

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Quique González – Delantera Mítica

Quique Gonzalez Delantera MiticaPara grabar su noveno álbum, quizá uno de los esperados con más ansia, Quique González ha repetido muchas cosas. Repite estudio de grabación y productor, en Nashville y con Brad Jones a los mandos, repite discográfica (Last Tour Records), varios músicos, como Will Kimbrough, Chris Carmichael y Tyson Rogers (acompañantes de clásicos como Emmylou Harris), repite la colaboración puntual de César Pop y de Leiva en la composición de algunos temas y por repetir repite hasta fotógrafo. ¿Significa todo esto que Delantera Mítica es una continuación al uso de Daiquiri Blues?

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Calexico – El Mirador

Hemos alabado en muchas ocasiones el carácter fronterizo de muchas bandas que sustentan su sonido en el rollo polvoriento, tejano, entre el género americana y el rock latino, o que, al menos, lo han transitado alguna vez. Echando una mirada rápida en el buscador me han salido referencias en nombres propios como Santero y Los Muchachos, Arizona Baby, Los Coronas, y lógicamente su fusión en Corizonas, la propia La Frontera, Carmencita Calavera, Guardafuegos, Amparanoia, Corazones Eléctricos, Carlos Ann, Álvaro Suite, el mismísimo Bunbury en muchas ocasiones, Los Tiki Phantoms, Igor Paskual, DMBK, The Surfin Limones, Pájaro, El Twanguero, La Destilería, Los Zigarros, Buenas Noches Rose, M-Clan, Quique González, Texas Resaca Blues, Silvio Fernández Melgarejo, Morgan, Malditería, Desvariados, El Toubab, Dead Bronco, David Varona y Los Perros Románticos, Qverno, King Sapo, ¡Pendejo!, Jenny and the Mexicats, Molotov, Gritando En Silencio, Leiva, Capitán Cobarde, Los Brazos, 091, Drunken Cowboys, 69 Revoluciones, Ciclonautas… y, cómo no, Depedro. Y lo dejo para el final porque es a través de él, al comenzar su carrera en solitario allá por 2008, cuando conozco a Calexico. Una banda liderada por Joey Burns (voz y guitarra) y John Convertino (batería) en la que se integraría al terminar la dedicación a los siempre recomendables Vacazul. De hecho, ellos fueron la banda de acompañamiento para su debut y, desde entonces, las colaboraciones han sido múltiples hasta el punto de que en todos los discos hay cameos, en este El Mirador incluido. El décimo de estudio propio, el vigésimo si contamos colaboraciones varias, bandas sonoras, versiones, EP’s y un largo etcétera.

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Diego Vasallo – Caemos Como Cae Un Ángel

Aunque la popularidad tiene el ominoso poder de oscurecer y, por tanto, hacer invisible todo aquello que no está situado en el foco de atención, hay artistas que siempre han estado ahí, que siempre están, que no desfallecen. En esa travesía en el desierto hay quienes optan por esas ‘justificadas’ vueltas al pasado, promociones extramusicales, intentos de adaptar sus creaciones a las nuevas tendencias… Y hay otras personas que hacen caso a su pulsión vital y, lejos de pretender sacrificar su integridad o necesidad expresiva, siguen contra viento y marea, contra el silencio que los medios de comunicación somos capaces de ejecutar (algunos de manera consciente, otros porque no nos da el tiempo para escribir de todos los que nos gustaría). Diego Vasallo se encuentra entre los segundos. Desde que las mieles del éxitos y los discos de oro llegaran con Duncan Dhu, siguió su senda con la banda Cabaret Pop y, poco después, con su nombre en solitario. Una senda que podríamos definir de irregular, quizá por esa necesidad de búsqueda, como lo es cualquier trayectoria vital, por otra parte, y que viene cimentando con honestidad disco a disco y de manera especialmente visceral desde las últimas tres entregas, quizá desde la última década. Si Canciones En  Ruinas en 2010 ya anticipaba la entrada en una incipiente madurez, con Baladas Para Un Autorretrato en 2016 piso fuerte en su entrada en un rock oscuro, crudo, tenso, adusto en las formas y cruento en los textos. De manera indisimulada el árido Las Rutas Desiertas de 2020 fue otro soplo de arena en los ojos de sus oyentes. Era otro trueno más en la noche para seguir abriendo la grieta de una circunspección, de una falla que quiebra en poesía, voz y música, que alerta, como un Tom Waits nuestro, que Caemos Como Cae Un Ángel. Magistral disco.

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