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Ariel Rot – La Manada

ariel-rotCerca de cuarenta años de rocanrol contemplan al señor Ariel Rot. Cuando los reportajes sobre la propagación del rock en España se recrean en la influencia primigenia de Miguel Ríos o la posterior más urbana de Rosendo o la más empacada de Loquillo, a muchos se los olvida citar a Ariel Rot, que desde finales de los setenta ha mantenido una senda de trabajo firme, constante y de una calidad envidiable. Quizá el hecho de no hacer nunca afirmaciones grandilocuentes, ni entrar en polémicas con nadie, ni coger la bandera en representación de nada, han provocado ese ‘olvido’. El caso es que es, por derecho propio, un ejemplo claro de dedicación y seriedad. Pocos pasos en falso se le conocen. La década de los cincuenta además le ha sentado especialmente bien. Tanto La Huesuda como La Manada son dos ejercicios de belleza en su plenitud. Este, incluso, más sobrio en las formas. Un tequila reposado sin esbozos latinos, convirtiendo a su guitarra en un crooner elegante de destellos mágicos. Ariel Rot, letras de oro del rock en castellano.

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Ariel Rot – La Huesuda

59 Ariel Rot La HuesudaDescubrir a estas alturas a Ariel Rot es algo así como un imposible. Su trayectoria al frente de dos grupos referentes del rock, como Tequila, y del rock bastardo como Los Rodríguez, es merecedora de elogios y aplauso. Pero por si no fuera poco con eso, desde que los segundos firmaran su fin Ariel se ha labrado una carrera en solitario sin grandilocuentes éxitos populares, pero con el respeto de sentar cátedra de estilo. La Huesuda es un paso más en ese camino. Diez canciones (12 en la edición iTunes, que es de la que hablaré aquí) que nos traen a un tipo que es apático en el escenario como pocos, pero que gana en las distancias cortas y, sobre todo y lo más importante, cuando se le da al play a un disco suyo.

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Pablo Fugitivo – El Club De Los Insomnes

Pablo Arjona es el cantante y compositor que encontramos bajo el nombre artístico de Pablo Fugitivo. Un adjetivo – sustantivo, el segundo, que tomó a modo de continuidad de su verdadera apuesta y entrada definitiva en el circuito, hace ya unos doce años, con la banda Fugitivos del Swing. Aquel proyecto sonoro despachó dos álbumes (El Rock & Roll Ya No Es Lo Que Era, publicado en 2013, y Miopía Urbana, publicado en 2015). Con un marcado carácter de autor, el primer álbum transitaba por parajes de rock garajero, tintes sureños y algún esbozo de soul o folk. El segundo, manteniendo las bases del primero, se tornaba algo más afilado y, justo, urbanita. Fue en 2019 cuando apostó y dijo aquello del Voy Solo, título elegido para su cambio a Pablo Fugitivo. El pasado viernes vio la luz este El Club De Los Insomnes, que viene con otros doce temas que presentan tanta continuidad como movilidad. Es cien por cien reconocible pero más abierto. Él mismo lo explica así: “Como todos mis discos es diferente al resto. No se parece a Voy Solo, tampoco a Miopía Urbana o a El R&R Ya No Es Lo Que Era. Me gusta que sea así… Que cada uno tenga una atmósfera, un contexto y unos protagonistas diferentes. No es algo que busque de forma premeditada ni nada. Es algo natural desde que empecé de chaval con bandas de metal, punk, garage y rock. No soy capaz de plantarme en un género y picar piedra. No va conmigo. Para mí la música es más un viaje que un sprint o un maratón, a veces de regreso, otras veces sin un destino fijado”. Siempre en movimiento, doce canciones noctámbulas y maduras, vieja usanza de autores rockeros patrios, como Goñi, González y un largo etcétera, engrosan ya su repertorio.

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Danza Invisible. Cabo de Gata. 13 de agosto

Desde que tengo uso de razón, el nombre de Danza Invisible me ha generado una especial simpatía e interés. Sobre todo porque de niño no faltaban sus canciones en mis cintas de música y vídeo caseras y porque mi hermano siempre me decía aquello de que sus directos eran especialmente intensos por la increíble hiperactividad de Javier Ojeda. En una época de iniciación donde tiraba mucho por ese encantador pop rock ochentero de Hombres G, Seguridad Social, Duncan Dhu y un largo etcétera –también era la música que solían pinchar en el local donde salía siempre-, no es extraño que a las primeras de cambio que tuvimos la menor oportunidad, mi compañero, escolta y hermano de andanzas más noctámbulas e improvisadas salimos un sábado después de comer (cuando nos enteramos del concierto) a un pueblo (Calasparra, Murcia) a 250 kilómetros para verles por primera vez. Que el cartel de la noche, por cierto, es como para hacer un estudio sociológico de lo que eran aquellos tiempos. Esa noche, en un ciclo de Duca2 Music o algo similar, actuaban, gratuitamente y en este orden: Café Quijano (un poco soporífero), Ariel Rot (más bluesero y pausado que festivo) y Danza Invisible, que se llevaron la noche de calle. Aunque pude hablar con ellos hace unos meses al hilo de su participación en el Festival Internacional de Cine de Almería (no se pierdan su documental A Este Lado De La Carretera), anoche, 22 años más tarde, volví a verles en acción en Cabo de Gata con las mismas sensaciones y buen rollo que han transmitido siempre. Os dejo a partir de este momento, la crónica realizada para el Área de Cultura y Educación del Ayuntamiento de Almería. Salud.

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Andrés Calamaro. El Ejido. 14 de mayo

Después del regreso a los escenarios en México hace unas semanas, primeros asaltos de una gira que se prevé cuantiosa, movida y heterogénea, Andrés Calamaro inició el pasado sábado su periplo en España en el Teatro Auditorio de El Ejido. Una plaza ‘extraña’, toda vez que se trata de la tercera ciudad de la provincia almeriense, pero que vino a engordar un tanto la solera estelar del municipio, que presume, como bien sabe y referenció el propio Andrés, de haber traído a The Rolling Stones (y hacerles tomar gazpacho para loa de las hortalizas de la zona) o haber celebrado un festival que reunió a nombres propios tan poderosos como Guns N’ Roses, Placebo, Pretenders, Deftones o Fun Lovin’ Criminals, además del propio Calamaro con Ariel Rot, allá por 2006. Tantas ganas como interrogantes, que se disolvieron pronto, para un concierto que acabó siendo una pura celebración de vida gracias a un especialmente feliz y comunicativo artista, por momentos pletórico, pues, como a Sabina, le sobraban los motivos. Se reencontraba al fin con los escenarios de nuestro país, al día siguiente recibía la Medalla de la ciudad de Madrid con motivo de la festividad de San Isidro, la nueva crew de sonido cumplió con creces (salvo una mínima incidencia en el segundo tercio de concierto) y además se encontró con un público bastante caliente, con presencia argentina, que elevó el nivel de los coros cuando era preciso y necesario. Tal era la sensación de comodidad que hasta compartió muchas de sus opiniones asalmonadas (es decir, contracorriente) a veces con más tino que otras, pero siempre con su particular Honestidad Brutal de sinceridad, sin que sea necesario estar de acuerdo en todo con él para disfrutar de una propuesta musical fantástica. Andrés inicia gira en España en un momento de dulce. Si pueden no se lo pierdan. (FOTOS: Jesús Amat, cedidas por cortesía a RockSesión).

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Sergio Makaroff – Desastre Con Patas

Tras haber hablado aquí de más de un millar de discos (entre novedades y críticas remember) los últimos diez años y otros tantos en otros medios de comunicación desde hace veinte, uno todavía siente algo de esas mariposas en el estómago de los inicios cuando afronta la escritura de un disco de una de esas bandas autores que están en tu memoria desde tus primeros recuerdos musicales, pero de la que todavía no se había dado la ocasión. Es lo que me ocurre en un día como hoy, en el que os traigo la crítica del ya noveno trabajo de estudio del bonaerense Sergio Makaroff, de quien cantaba de niño su ‘Rock del Ascensor’ de Los Makaroff (banda que compartía con su hermano Eduardo y que, más tarde, en la adolescencia, cantaba abrazado a los colegas aquello de “oh, qué bolinga voy, qué contento que estoy”. Makaroff es de esos autores del imprescindible rock argentino que tiene una innegable, aunque olvidada demasiadas veces, influencia en el rock español. Igual que Moris desembarcó en España a mitad de los setenta haciéndose una influencia fundamental para los grupos ‘perdurables’ de la Movida, o Ariel Rot y Alejo Stivel desataban el fenómeno fan con Tequila, Makaroff viajó a España para quedarse en Barcelona y desde ahí forjar una trayectoria que rozó el éxito masivo con Un Hombre Feo, publicado en 1996 y eterno candidato a protagonizar una crítica remember de los viernes, pero que a la postre se ha desarrollado sin grandes altibajos, más allá de una desconexión en los entre finales de los ochenta y primera mitad de los noventa, con esa naturalidad de quien se deja llevar por las olas más que intentar doblegarlas a su parecer. Desastre Con Patas es una brillante nueva colección de canciones para un compositor que hace de la narración sencilla un ejercicio de fino humor, de cálido amor y de lúcida ironía, disfrutando el mero hecho de poder compartir historias, sin pretensiones ni grandilocuencias.

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Compro Oro – Estarantos

Hay estilos que nunca se van del todo, que siempre vuelven una y otra vez, como la pleamar. Desde hace años, Compro Oro viene a representar una pica o bastión, más rockero que popero, de esa manera de latir entre la copla y la rumba pasional, sobre la que añaden distintos ingredientes en función de la ocasión. Garaje, surf, psicodelia y, ahora, hasta autotune y vocoders. El grupo almeriense lleva pelándose el culo (perdón por la expresión) desde hace una década, pero parece ser que ahora están aprovechando cierto viento a favor a raíz de su aparición en el programa Un País Para Escucharlo de Ariel Rot (el último de la tercera temporada) y hace unos meses en Los Conciertos de Radio 3. No hay mal que por bien no venga y son bienvenidos quienes se han subido gracias a ello a su barco. Después de rodar bastante su anterior disco, titulado Carmen, Compro Oro ha estado centrado en los dos años de pandemia en dar forma a las canciones que se reúnen en esta nueva entrega, Estarantos. Doce temas repletos de tradición y soniquete castizo, negro, profundo, que posiblemente no disguste a quien (sin ser iguales) haya gozado también las irrupciones de Derby Motoreta’s Burrito Kachimba, Califato ¾ o hasta el transgresivo y rompedor RomeroMartín. Estarantos son doce cortes afilados como navajas de cartón, que cantaban aquellos. Un ejercicio de estilo castizo y atemporal, clavado entre las percusiones, los tempos de pasodobles, los quejíos de pena, los teclados de feria y el compás.

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Inc – Olé Dragón

Si algo viene a caracterizar a esta casa es la total ausencia de prejuicios a la hora de enfocar el análisis de discos. (Salvo que de Los Planetas, que por eso jamás escribo de ellos). En este sentido, una de las cosas buenas (de las muchas) que ha aportado la permeabilidad entre el rock y el indie es que se haya quitado ‘gravedad’ al rictus, que juguetear con la ironía o con tempos y melodías más ágiles no signifique una derivación comercial, sino una forma evolucionada de aglutinar la múltiples influencias que al final, como escuchadores de música, todos tenemos. Porque todavía hay gente que cree que indie sigue siendo jerséis de cuello vuelto y canciones ininteligibles o lineales y no. Igual que no todo el heavy mata dragones, no todo el rock poeta habla de lunas y primaveras y no todo cantautor es un cansautor. Todo evoluciona y en ese movimiento bien entendido Inc viene con un segundo trabajo discográfico de estudio que es buen ejemplo de ese dinamismo enriquecedor. No olvidemos que su debut contó con las colaboraciones, al loro, de Iñaki ‘Uoho’ Antón y de Ariel Rot. ¿Hay mayor garantía de autenticidad? El caso es que para este segundo disco el grupo ha decido abrir el abanico de registros y presenta un disco que huye del anquilosamiento para ofrecer una panoplia de sonidos que van a ese toque bailable del indie, pasando por el rock, desde el más rugoso al beatleliano, con algún guiño marcado al disco de los años ochenta o a Daft Punk y, por si fuera poco, al rock primigenio español y guatequero de los años sesenta. ¿Por qué hay que limitarse a la hora de crear cuando todo tiene su momento y su mérito bien hecho? Pues Inc son eso y convencen además con letras que denuncian a la ultraderecha, al postureo musical, a la dependencia de las redes sociales y con una maravillosa fábula de un dragón dándole un poco de calor a su desafío. En fin, que Inc merece la pena.

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El Jueves – La Música Más ‘Kañera’ y ‘Koñera’ (1998)

En unos tiempos en los que se toma como normal que un disco lleve cerca de 30 semanas entre las primeras 20 o 30 posiciones de la lista de ventas y que no haya alcanzado todavía el Disco de Oro (al loro, hoy 20.000 copias frente a las 50.000 de antes, lo que viene a ser una media de 700 álbumes por semana para haberlo alcanzado ya), resulta casi sorprendente que incluso ‘agentes externos’ a la música se afanaran en lanzar recopilatorios y compilaciones varias de mayor o menor gusto hace unos veinte años. ¡Se vendían y eran rentables! Lo de los programas de televisión se ha podido mantener un poco más pero es que en aquellos tiempos lo hacían ¡hasta las revistas!, que se compraban ¡en los quioscos! Hecho el contexto, me apetecía empezar el mes de remembers con el primero de los álbumes que editó El Jueves en ese tránsito de un milenio a otro. El primero fue este La Música Más ‘Kañera’ y ‘Koñera’ (curioso lo de las comillas, siendo una revista tan irreverente, que hiciera falta señalar la excepcionalidad). Poco después llegarían las dos Versión Imposible que también tuvieron su importante tirón (especialmente el primero, el segundo era mucho más bizarro) que tarde o temprano acabarán pasando por aquí, si no cerramos el bar antes. En este álbum (que no está en plataformas digitales –Adjuntaré playlist hecha a cubrir tal agravio-) se reunían hasta 20 temas de una buena colección de bandas sobre todo rockeras y rocanroleras, pero también de personajes que han hecho del humor su bandera. Y, lo más destacable, con nombres de primerísima línea y bastante bien considerados por el circuito. ¿Cómo no los íbamos a comprar?

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Motxila 21 – Ama Lurra. Madre Tierra

En Navarra se respira tanto el rocanrol que hasta la Asociación Síndrome de Down de Navarra tiene entre sus principales herramientas inclusivas una banda llamada Motxila 21. Un nombre que os sonará desde hace un tiempo (realmente es un proyecto nacido en 2005 y que renueva su estructura con el paso del tiempo) porque referentes como Kutxi Romero de Marea o El Drogas han colaborado en con ellos (también El Piñas, Ara Malikian, Fermín Muguruza, Jesús Cifuentes, Fito Cabrales…) y, a través de Enrique, también aparecieron en Un País Para Escucharlo en la visita que Ariel Rot hizo a la región. Lo cierto es que dicha banda, formada por una quincena de chicos y chicas síndrome de down. Y evito el ‘con’ porque hay que recordar que el síndrome no es una enfermedad, sino una alteración genética del cromosoma 21 y, de ahí, el número que aparece en la cabecera de la banda. Guitarras, voces, batería, bajo, sección de saxos… La música con todo su carácter inclusivo ha vuelto a hacer de las suyas para el nuevo álbum de Motxila 21, que viene a suceder al EP No Somos Distintos. Y como la experiencia es la mejor manera de sentir el dolor de la discriminación y la importancia de inculcar buenos valores, Ama Lurra está lleno de canciones que cantan por el respeto al medioambiente, a la integración, al amor, al compromiso social y al feminismo. Un disco que tiene la nobleza de la ausencia de segundas intenciones y que es en sí mismo un puro ejercicio de celebración y alegría. Con ese espíritu, nos unimos al canto de Motxila 21 y su Madre Tierra.

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