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Ariel Rot – La Manada

ariel-rotCerca de cuarenta años de rocanrol contemplan al señor Ariel Rot. Cuando los reportajes sobre la propagación del rock en España se recrean en la influencia primigenia de Miguel Ríos o la posterior más urbana de Rosendo o la más empacada de Loquillo, a muchos se los olvida citar a Ariel Rot, que desde finales de los setenta ha mantenido una senda de trabajo firme, constante y de una calidad envidiable. Quizá el hecho de no hacer nunca afirmaciones grandilocuentes, ni entrar en polémicas con nadie, ni coger la bandera en representación de nada, han provocado ese ‘olvido’. El caso es que es, por derecho propio, un ejemplo claro de dedicación y seriedad. Pocos pasos en falso se le conocen. La década de los cincuenta además le ha sentado especialmente bien. Tanto La Huesuda como La Manada son dos ejercicios de belleza en su plenitud. Este, incluso, más sobrio en las formas. Un tequila reposado sin esbozos latinos, convirtiendo a su guitarra en un crooner elegante de destellos mágicos. Ariel Rot, letras de oro del rock en castellano.

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Ariel Rot – La Huesuda

59 Ariel Rot La HuesudaDescubrir a estas alturas a Ariel Rot es algo así como un imposible. Su trayectoria al frente de dos grupos referentes del rock, como Tequila, y del rock bastardo como Los Rodríguez, es merecedora de elogios y aplauso. Pero por si no fuera poco con eso, desde que los segundos firmaran su fin Ariel se ha labrado una carrera en solitario sin grandilocuentes éxitos populares, pero con el respeto de sentar cátedra de estilo. La Huesuda es un paso más en ese camino. Diez canciones (12 en la edición iTunes, que es de la que hablaré aquí) que nos traen a un tipo que es apático en el escenario como pocos, pero que gana en las distancias cortas y, sobre todo y lo más importante, cuando se le da al play a un disco suyo.

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Los Summers – Cometieron Un Error

Suele ser al contrario. Es en función de las críticas de novedades discográficas que voy eligiendo durante la semana lo que me lleve a acabar decidiendo la crítica remember de cada viernes pero creo que esta es la primera vez que dicha sección determina la primera crítica de la semana siguiente. Si el pasado viernes echaba la mirada atrás para recordar el imprescindible Alto Disco de los malagueños Airbag, pronto me vino la conexión para darle continuidad a dicho registro para este lunes tan especial. Estos días tontos que no son festivos (salvo que te dediques a la enseñanza) pero que tampoco tienen el mismo nivel de incidencia, lectura y ritmo que cualquier otro día de la semana normal y corriente. Se trata de Los Summers. Una banda de mi ciudad natal con los que además me he encontrado recientemente de manera virtual (en el cierre de temporada de Un País Para Escucharlo, el programa de Ariel Rot, que se cerró con Tomatito en Almería) y también presencial, puesto que hace unos días visitaban el Área de Cultura del Ayuntamiento de Almería para hacer entrega de un vinilo (rojo traslúcido) de su nuevo Cometieron Un Error, y ver la posibilidad de programar en próximas semanas la presentación de dicho álbum en algún espacio de la ciudad. Así que, como anillo al dedo, cercanos a ese universo que dibuja (nunca mejor dicho) el power punk de tintes surferos, garajeros, de cómic y películas y mucho verano y accesibilidad pop-ramoniano, Los Summers reclamaban su sitio y estreno en la web, donde quizá no haga tanta patria como mandarían los cánones chauvinistas. Quién está es porque se lo merece. Ahí vamos.

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Vantroi – ¡¿…Otra Vez Frijoles?! (2001)

El movimiento se demuestra andando. Si ayer en la entrada sobre Rompan Todo (donde me marco una relación y playlist de cerca de 1.300 bandas de toda Latinoamérica) comentaba que, pese a que siempre han estado presentes, quería reforzar la entrada de bandas del otro lado del charco (ya tenemos por aquí mucho en #Mis10de y críticas o crónicas de Andrés Calamaro, Bersuit, La Vela Puerca, Molotov, Café Tacvba, La Beriso, Bulldog, Rata Blanca, Ariel Rot, Sepultura, Milongas Extremas, Aterciopelados…), me he tomado la palabra y, al día siguiente, siendo viernes, la crítica remember de la semana viaja a México para recordar a Vantroi. Banda mexicana nacida en 1992 en el DF y que, con este disco, los dos anteriores (¡No Nos Moverán!, de 1996, Bajo Palabra, de 1999) y el posterior (Para No Morir De Locos, 2005) tuvieron una muy estrecha relación con bandas, sellos y festivales de nuestra escena. Pasaron por Viña Rock, Aúpa Lumbreiras, Extremúsika, Festimad, Derrame y tantos otros. Tuvieron muy estrecha relación con Boikot –no olvidemos que coincide con la trilogía de La Ruta del Che, con la que los madrileños hicieron ‘américas’- o Canallas, con Fernando Madina de Reincidentes, que las ha producido varios discos, tocaron con todos las bandas del momento (alguna entrada se puede encontrar por ahí siendo los teloneros de ¡Extremoduro! en varias fechas), hasta que de alguna manera y por vicisitudes extramusicales un frenazo en seco les paró el recorrido. Va por la memoria de aquellas canciones y momentos vividos (algunos de ellos peligrosos, con armas de fuego de por medio, en una noche en la que también actuaban Canallas en su gira de despedida y un todavía sin disco… Albertucho) y porque ya les iba tocando.

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Rompan Todo… y mil grupos más

Poco antes de las fechas navideñas y durante ellas redes sociales y webs se llenaban de comentarios y artículos sobre Rompan Todo, la serie documental de seis capítulos de Netflix que, aquí el problema, se subtitula ‘La Historia del Rock en América Latina’. Claro, los títulos categóricos dan pie a que te lluevan palos por todas partes. Quizá, en términos lingüísticos, con un simple cambio de “la” por “una” hubiese bastado para curarse en salud ante la avalancha de críticas negativas que tildaban la serie de tendenciosa, muy parcial y un largo etcétera, demonizando casi a Gustavo Santaolalla y resto de productores. Partamos de una premisa clara: ningún documental es ajeno a la mirada reducida. Ninguno. Desde el montaje, como la duración de los testimonios, la variedad de opiniones que se quieran incluir… y un largo etcétera. Después, tengamos claro que es materialmente imposible contar 60 años de rock (aunque solo hablemos del ortodoxo, el de autor, el melódico, algo de blues…, pero poco de heavy, punk o metal) de una veintena de países y en tan solo cinco horas. ¿Os imagináis un documental sobre rock en España en solo cinco horas? ¿Cuántos grupos nos faltarían? A poco que nombremos cien grupos, solo podríamos dedicarle tres minutos a cada uno de ellos. Si asumimos esto, el valor documental de ‘lo que hay’ en Rompan Todo es innegable. Es un dibujo impresionista, sí, y muy focalizado en dos países, Argentina y México, con Chile como actor secundario y Colombia y Uruguay como actores de reparto. Lo de Perú es casi solo un cameo. Así las cosas, es evidente que ‘lo que no hay’ siempre va a ser más. A fuerza de leer artículos y opiniones (Mondosonoro, El País, Juan Puchades, Diego Manrique…) pensé, ¿por qué no completar la playlist oficial de la serie (reducida a 100 canciones de unos 80 grupos)? Y aquí entró mi batalla campal con la búsqueda, a la que tuve que dar fin porque era un laberinto imposible. Es decir, vengo con más de 1.200 grupos. Y sigo siendo consciente de que faltarán el doble. Pero… lo que hay bien está. Y siempre me podéis ayudar a hacerla más grande. Rompan todo… y mil grupos más: una playlist de elchayi y RockSesión. ¡Defiendan, difundan y disfruten!

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Pereza – Animales (2005)

Si una banda nace del mero hedonismo de juntarse para tocar canciones de Leño, nada puede salir mal. Después de casi 1.500 entradas en la web, después de haber escrito de los discos en solitario de Rubén (también con Lichis), de Leiva, haciendo referencia a ellos al escribir de Buenas Noches Rose o de Sidecars… Iba siendo hora de que un disco de Pereza asomara el hocico por las críticas remembers de los viernes. Y si de morro hablamos, qué mejor que este Animales de dual portada, cambiante en las múltiples ediciones posteriores que ha tenido el disco. No es para menos. Aunque en términos globales (porque también depende del día y el estado de ánimo) considero que su mejor disco es Aproximaciones, fue con este álbum con el que el dúo se colocó en el centro del foco de (quizá) la última gran época dorada del guitarreo inundando las radiofórmulas, antes de que las programaciones latinas se comieran a la distorsión. Lo he escrito ya más de una vez. Benditos tiempos en los que ‘lo comercial’ era Pereza, El Canto del Loco o La Oreja de Van Gogh, como antes lo fueron Piratas, M-Clan o Los Rodríguez o, más atrás, La Frontera, Seguridad Social, Hombres G, La Guardia o Gabinete Caligari. Por no hablar de cuando Los 40 fijaron su atención en los Dover, Extremoduro, La Fuga con Rulo o Marea. (¿En qué maldito momento se jodió todo?). Animales simboliza también el equilibrio entre los dos discos iniciáticos, más ‘primitivos’ (con los que abrían para bandas más rudas como Enemigos, Siniestro Total o hasta Porretas) y la posterior vuelta de tuerca, donde al guitarreo marca de la casa añadieron una dualidad de complejidad compositiva, a la vez que sobriedad acústica o, del otro lado, la búsqueda de singles descarados destinados a ampliar cada vez más el círculo. El tiempo le ha dado más valor si cabe a lo firmado.

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Los Zigarros – ¿Qué Demonios Hago Yo Aquí?

Hablar en términos de pureza conlleva pisar ciertas líneas conceptuales que los interesados en la confrontación pueden utilizar con (extrema) facilidad para señalar con el dedo a quienes no son como ellos. La mezcolanza, la integración, la evolución… es necesaria en todo arte y disciplina. En la vida. En la música también, por supuesto. Aunque también hay que dejar claro que no todo vale, que es necesario hacerlo con conocimiento, con trabajo, con seso, en definitiva. Y es que, como en la cocina, mezclar ingredientes puede resultar un auténtico desastre o dar pie a descubrir nuevos sabores en combinación. Antes de entrar en terrenos pantanosos conviene tener las cosas claras: para ello, el arquetipo es necesario. También que se mantenga en el tiempo, que no se limite solo a grabaciones, fotos o libros. Que la llama siga encendida, de manera vívida y coetánea los patrones clásicos de un género. Si hubiese un vacío musical de medio siglo y alguien preguntara cómo se hace en castellano el rock and roll de vieja escuela, de maneras firmes, cánones claros, de manera fiel y fidedigna a los parámetros que iniciaron los viejos maestros, la respuesta sería clara: Los Zigarros. Un grupo cuyo desarrollo casi ha ido a la par que esta casa. Por eso, les tengo especial cariño. He escrito de sus tres discos de estudio, los he visto en festivales en formato ‘mala hora’ y en formato ‘prime time’ (BB El Cabo, Viña Rock) o teloneando a Leiva, los he entrevistado y hasta les he dedicado un #Mis10de… No iba a ser menos con la publicación de su primer doble disco y deuvedé en directo en el que, además, estuvieron acompañados por una lujosa corte de invitados: Carlos Tarque, Carlos Raya, Fito Cabrales, Leiva, Aurora García, Ariel Rot y Ángel Wolf. La ceremonia del puto rocanrol. Que siga vivo.

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Los Rodríguez – En Las Ventas, 7 Septiembre 1993

Como casi todo en la vida, el mundo del rock tiene casuísticas de todo tipo que vienen a concluir que nunca hay reglas ni patrones fijos para determinar el éxito, vida y longevidad, continuidad, ascenso o caída de una banda. Tenemos grupos que no han roto su senda durante más de cuarenta años (Medina Azahara, Asfalto…), casi Obús, Barón (aunque sea con los Castro como continuidad), Ñu con Molina… Ejemplos de constancia que las han visto de todos los colores, crisis o menos crisis, años de bonanza, otros más crudos. Luego los hay que duran poco, desanimados porque la cosa ‘no tira’. Y los hay que firman una espectacular discografía en pocos años de trayectoria, con una influencia descomunal en su género. En ese grupo encontramos a Leño (sólo cinco años), Triana (sólo 8) o Los Rodríguez (sólo 6). Con solo tres discos de estudio (Buena Suerte 1991, Sin Documentos 1993 y Palabras Más, Palabras Menos 1995) y un directo con algún tema inédito (Disco Pirata 1992) su leyenda es gigantesca, como el dream team que los conformaba: Ariel Rot y Julián Infante se reunían de nuevo tras el furor de Tequila (también vida acelerada e intensa, con Alejo Stivel al frente), reclutando a un desconocido Andrés Calamaro desde Argentina y con Germán Vilella a la batería. En la coctelera, el descaro rocanrolero mantenido de la juventud pero con poso de madurez  y desencanto noctámbulo, desengaños y afrentas por tapices de crooner, de balada, de sones latinos o de rumba. Elegancia de teclas y riffs, una potente base rítmica y el alma en brindis constantes.

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Obús – Con Un Par

 

Es cierto que en el recopilatorio Siente El Rock and Roll incluyeron varios temas inéditos, pero casi nueve años después al fin ve la luz un nuevo larga duración de los madrileños Obús. Un disco completo de nuevas canciones, hasta doce, en el que vienen a demostrar que el tiempo no les aplaca ni la ira, ni la chulería, si su capacidad para ser ‘los que más’. Y lo confieso, después de que aquellas canciones del recopilatorio estuvieran muy lejos de su nivel, tenía muchísimas dudas (creo que razonables) sobre cómo sería este Con Un Par. La realidad es que estamos ante un álbum forjado con brío, mala hostia, un sonido espectacular y una fuerza que nos recuerda a los Obús de siempre… porque ellos nunca han cambiado, por más que a más de uno se le caliente la boca por reprocharle a Fortu sus escarceos televisivos. Paparruchadas, desde mi punto de vista. Cuando se ha subido a un escenario Fortu ha sido ‘nuestro Fortu’ de siempre, con un Paco Laguna que es más que un hermano y con unos más que solventes Carlos Mirat a la batería y Luis Hernández al bajo. No todo el álbum está al mismo nivel, eso está claro, pero la media es alta y el notable también, casi al borde del sobresaliente. Sí, ha sido difícil dejarlo fuera de las medallas del 5 de enero, y si lo he hecho ha sido porque he querido ‘premiar’ a otras bandas menos conocidas.

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Coque Malla. Sueños, Gigantes y Astronautas

 

Sigue dignificando Efe Eme la bibliografía musical sobre artistas y grupos españoles, en esta ocasión, con el libro firmado por Arancha Moreno, Coque Malla. Sueños, Gigantes y Astronautas. Una obra en la que, partiendo de un recorrido cronológico por canciones clave y fundamentales de la amplísima carrera (pese a sus solo 50 recién cumplidos) de Coque Malla, el propio protagonista da las claves de cada uno de los puntos de inflexión más destacados de cada uno de sus pasos en el difícil arte de la música. Lo hace, además, apoyándose en otros testimonios de compañeros coetáneos a cada uno de los momentos. Sus Ronaldos, y también voces tan destacadas como Iván Ferreiro, Leonor Watling, Mikel Erentxun, Dani Martín, Christina Rosenvinge, Jorge Drexler, Anni B Sweet, Jaime Urrutia, Leiva o Ariel Rot. Artistas, en suma, que han tenido la suerte de cruzarse en algún momento con un constante proceso de aprendizaje y búsqueda que, hasta la fecha, tiene en ¿Revolución? su última y sobresaliente muestra (Plata en Los Discos del Año 2019). De esta forma, Moreno repite la estructura empleada en el exitoso Iván Ferreiro. 30 canciones para el tiempo y la distancia. Y al final son dos personajes de tremendas similitudes. Ambos triunfaron jóvenes en bandas que, de alguna manera, cosecharon la popularidad cuando su intención creativa no lo buscaba. Es decir, el público terminó pidiéndoles cosas que llegaron por casualidad o durante el viaje, no era la meta, sino paradas en un camino que se mostró más libre cuando volaron solos.

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