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#Mis10de Barón Rojo

 

¿Está la creación artística por encima de las opiniones personales de su creador? Cuando ves una película, una serie, lees un libro, escuchas a una banda formada por tres, cuatro, cinco, seis o diez personas con sus creencias individuales, cuando escuchas a una orquesta sinfónica… ¿Te aseguras de que todas sus opiniones coinciden con las tuyas? Si no lo hace, ¿imposibilita eso que puedas seguir escuchándolo y disfrutándolo? ¿Pierde valor artístico? Las declaraciones de un tiempo a esta parte de Sherpa, el que fuera bajista y vocalista principal de la época más legendaria de Barón Rojo están provocando un revuelo generalizado que destapa una vez más el eterno debate. Loquillo, Calamaro… La discrepancia, la divergencia, el debate, la confrontación de ideas es de lo más sano que puede hacer el ser humano, siempre y cuando se guíe bajo unos mínimos criterios de educación y respeto. El problema es que vivimos en un estado de crispación constante en el que si no piensas como yo eres mi enemigo y todo lo que hagas y digas es el mal personificado. Me niego a vivir en un mundo polarizado de buenos y malos, lo siento. Aunque cada día pierdo más la fe en el ser humano y en todo lo relacionado con él. Hoy tengo un día gris, lo siento. Demasiadas lanzas en el costado ya.

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Barón Rojo – Invulnerable/Herencia Letal (1983)

Tenía bastante claro que las primeras críticas remember del año debían ser los tres vinilos (sí, digo vinilos) que os presentará esta semana y las dos siguientes. Os cuento. En el viaje-combo realizado hace unos años a Estocolmo, Helsinki, Riga (cómo echo de menos el Kristall Kummel, de efectos casi alucinógenos), Moscú y San Petersburgo conocí a una pareja de madrileños. Compartimos bastantes noches de cervezas, alcoholes y hasta algún concierto de heavy/hard rock en un garito finés, entre otras. El caso es que hace unas semanas Raúl Muñoz (pintor de arte contemporáneo, fue un placer ver algunos museos en San Petersburgo en su compañía) me escribía para regalarme tres vinilos que habían aparecido en el proceso de una mudanza. Para ser fieles a realidad, me escribió para decirme los títulos y preguntarme que qué me parecían. Fue después cuando me sorprendió al decirme que “me apetece que los tenga alguien que les guste y los valore”. Recibido el obsequio, qué menos que sean ellos los protagonistas de la sección. El primero de ellos es este ‘single obsequio’ que acompañaba al Metalmorfosis, tercer larga duración de Barón Rojo. Allá vamos.

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Barón Rojo – La Película

64 Baron Rojo La peliculaPocas escisiones de grupos han dado tanto que hablar y han contrapuesto a dos frentes muy diferenciados como los que se generaron después de que Hermes Calabria y José Luis Campuzano ‘Sherpa’ salieran de Barón Rojo, donde quedaron los hermanos Armando y Carlos De Castro. Dos bandos, no solo de músicos, si no de fans (como se puede comprobar en los foros oficiales de cada uno de los frentes) que critican sistemáticamente al otro y que parecen imposible de reconciliar. La película aborda el proceso, desde la gestación hasta el concierto final, la propuesta, conversaciones, ensayos, gira y el después, de la reunión treinta aniversario que volvió a juntar en un veintena de conciertos a la formación original de una de las bandas más grandes que ha dado este país. ¿El resultado?

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Barón Rojo – Tommy Barón

Tommy Baron RojoPartamos de una premisa esencial: nadie en nuestro país que no fuera Barón Rojo sería capaz de enfrentarse a adaptar al castellano íntegramente el mítico ‘Tommy’ de The Who (1969) y no quedar en ridículo ante el intento. Por muchos motivos, pero principalmente por el poso de la experiencia que les confiere ver la obra completa con perspectiva y que se refleja en cada nota de su ‘Tommy Barón’. El texto es el mismo, narra la vida de un hombre que ciego, sordo y mudo por imposición, sufrido de abusos sexuales por parte de tío y primo, que consigue ganar un campeonato de pinball y vuelve a creer en sí mismo hasta convertirse en un mesías que al final de la historia es repudiado por sus acólitos. La historia es una locura, sí, pero Pete Townshend la plasmó así en pleno proceso psicodélico y de catarsis de traumas propios.
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Baron Rojo – Larga Vida Al Rock And Roll (1981)

Sin duda, 1981 es el año más importante para la historia del heavy estatal. Es el año del debut de dos bandas que, aunque antagónicas y supuestamente enconadas, son la pura esencia de una época dorada para este estilo. Obús con ‘Prepárate’ y Barón Rojo con ‘Larga Vida al Rock And Roll’. Un disco, el segundo, que en apenas 35 minutos sienta cátedra con una banda en plena forma de creatividad. Los ataques de ego vendrían mucho más tarde.

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Robe. Gira Ahora Es Cuando. Madrid Escena, 11 de junio

La tercera gira de Robe y su grupo de compañeros extremeños comenzó el pasado sábado, 4 de junio, en Cáceres y tuvo este fin de semana su segunda cita en otros de los platos fuertes, como siempre es su paso por la capital. Dos piedras de toque fundamentales y un arranque potente para dejar claro, ante lo que serán dos de los principales llenos de la gira, que no hay miedo ni a leyes ni a nostalgias y que por más que muchos se empeñen en meter palos en la rueda en forma de reproche, agravio o (hasta) venganza, sus canciones (sean de la época que sean) y lo que ellas mueven y conmueven están muy por encima del bien y del mal. Y ese es un éxito que Robe, tal y como hizo en los comienzos de Extremoduro, ha conseguido a pico y pala desde que tomara el desvío hacia este proyecto. Si entonces era la indiferencia de los grandes medios y el mangoneo discográfico a unos primerizos que grababan y ‘producían’ como podían, después fue el ejército del ‘statu quo’ al que le molestó que Roberto emprendiera un vuelo libre, libre, al sol y al viento, saliéndose definitivamente de los parámetros más anquilosados. Como sucedió con el gigante punto de inflexión de Agila, como hizo con que se vieran como familiares los violines del Canciones Prohibidas, como ocurrió con la vuelta de tuerca de La Ley Innata y su doble pirueta del Material Defectuoso, como en la primera gira de teatros, como en una gira en la que las entradas salían apenas diez días antes de cada uno de los conciertos… Robe lo ha vuelto a conseguir, como buen guerrero. (FOTOS: Las fotos son las oficiales facilitadas por Madrid Escena. Siento que no haya de todos los integrantes. En los siguientes sí llevaremos fotógrafo propio, que la foto oficial de la gira, de hecho, es nuestra).

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La Vela Puerca – Discopático

“Aquel que ostenta la enfermedad de los discos. Ésta afecta al disco intermusical que se encuentra formado por una sustancia vinílica llamada LP. Está alojada entre cada surco y su función es proporcionar felicidad a los oídos”. Así definen los uruguayos La Vela Puerca el significado de Discopático, el título elegido para el que viene a ser su octavo disco de larga duración, que llega cuatro años después de Destilar. Como me contaba Sebastián Cebreiro la semana pasada en una entrevista en exclusiva concedida a RockSesión, es un disco hijo de la pandemia, puesto que el impedimento a salir de gira les ha hecho tener más tiempo que nunca para trabajar y rodar las canciones en su local y estudio, regándolo así de arreglos de teclados y un no buscado equilibrio entre las canciones enérgicas y poderosas con la introspección habitual. La Vela Puerca son, desde el principio (1995) y hasta hoy: Sebastián Teysera ‘Enano’ (voz y guitarra), Sebastián Cebreiro ‘Cebolla’ (voz), Carlos Quijano ‘Coli’ (saxo tenor), Santiago Butler (guitarra), Rafael Di Bello (guitarra) y Nico Lieutier (bajo), con Alejandro Piccone ‘Ale’ (trompeta y flügel) desde el 98, José Canedo ‘PP’ (batería) desde 2004 y Diego Méndez (teclados), desde 2014. Ellos se han encargado de la producción con el apoyo de Alejandro Vázquez y, el resultado, aunque lejos de la mítica mística de los cuatro primeros discos, sí que eleva el nivel con respecto a sus dos predecesores, Érase y Destilar. “Discopático es un reflejo perfecto de lo que vive este grupo humano con respecto a la música y por eso terminamos inventándole un concepto a esa palabra que no existe, para un poco identificarnos a nosotros mismos con ella”. Esta sí sería una dulce pandemia.

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Los Vinagres – Buen Clima

Habla Nacho Vigalondo en una entrevista publicada ayer en Vanity Fair, al hilo de la ‘polémica’ reaccionaria sobre la bondad o no de las nuevas canciones de Rosalía, que cuando se reniega de formas musicales que van dirigidas a un público generacional más joven la reacción es la misma que los padres de los primeros seguidores del punk o del rap, años más tarde. Que uno puede tener sus propios gustos es innegable, pero de ahí a regodeo o cachondeo hay un nivel fóbico que, en su extremo patológico, puede rozar hasta la mala educación. Que si sacamos hemeroteca qué decir de las declaraciones de Frank Sinatra sobre el rock and roll: “La música rock la hacen deficientes que cantan letras maliciosas, lascivas. Es la forma de expresión más brutal, nauseabunda, desesperada y viciosa que he tenido la desgracia de escuchar. Yo a esa mierda de música llamada rock and roll no le doy ni cinco años de vida”. Como la paloma, el tío Frankie se equivocaba. Pero al final ejemplifica un tanto el movimiento cíclico. Si dilapidamos corremos el riesgo de ser dilapidados y todo es mucho más sencillo. Con reconocer que hay códigos que se nos escapan y hace que algo ‘no nos guste’ es suficiente. Más allá de eso se alcanzan los límites de la ofensa gratuita y perniciosa.  Digo toda esta introducción al hilo de la crítica del nuevo disco de Los Vinagres porque cualquier ‘rockero fundamentalista’ que lo escuche considerará que esto no es rock, en su opinión más suave, y muchos de ellos quizá hasta acompañen la bravuconada con el algún exabrupto. La verdad es que vi a estos jóvenes partirse la cara en un escenario en mitad de una ciudad mediterránea, a las cuatro de la tarde  y en pleno mes de agosto, en la segunda edición de Cooltural Fest, y os aseguro que con más o menos ingredientes añadidos, su actitud y su propuesta es tan rock como el que viste de cuero y se acompaña de todos los tópicos. Y está bien que existan bandas así, que mantengan la constante, pero también que haya valientes como este trío de La Palma que añade ritmos urbanos y sonoridades más bailables al armazón clásico.

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Amset – Katarsis (2004)

Igual que lo de Ramoncín en el Viña Rock fue una de las grandes páginas negras de nuestro rock (por más que hay gente que todavía se lo tome a chufla), el escarnio sádico que se hizo contra Amset en su momento también tiene su aquel. ¿El motivo? Tan sencillo como el de dejarse llevar por unos supuestos de autenticidad o integridad que nada tiene que ver con la música o, al menos, con la escucha sin prejuicios de ella. Intento resumirlo. En unos años en los que heavy metal había vuelto a despertar algún creciente interés comercial (es lo que llamo la segunda época dorada, con Mägo de Oz, Avalanch – WarCry, Saratoga, la vuelta de Obús, Tierra Santa…) aparecieron a comienzos de la primera década del milenio unos jovencitos de apenas 18 años que se presentaban caracterizados, maquillados y con una maquinaria de inversión detrás, buscando el nicho de mercado del ‘shock metal’. Tanto que, de la nada, empezaron a aparecer en festivales, telonearon a Deep Purple a su visita en Madrid e hicieron una gran fiesta promocional en la capital donde hasta acabó yendo un programa del corazón de TeleCinco. Toda inversión venía de la mano del sello de reciente creación Rimer Rock, propiedad del padre del vocalista, que también acabaría fichando a Obús, que los llevarían de teloneros con este segundo disco y Fortu les produjo el debut. Todo eso provocó el rechazo de todo heavy metalero de pro, que lo consideró como una ofensa a los principios de cualquier superior chusquero: el que hay que comer mucha mierda antes de poder permitirse eso. No importaba si los chicos mejoraban o no, si buscaban cosas buenas o no. El estigma y el vapuleo fue tal que la banda nunca fue tomada en serio y tuvo que disolverse. Quienes siguieron en la música se hicieron hueco en los grupos de Ix Valieri, Bárbara Black, Silver Fist, Cuatro Gatos o Infernoise.

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Meteosat – Espunk! (2000)

Vamos a hacer un ejercicio de reduccionismo máximo para entender el concepto de lo que representa la crítica remember que traigo este viernes a la web. A principios de los noventa la música ‘indie’ en España venía a ser gente de corte más bien triste, tocando mirándose los pies, cantando en inglés y con poca intención de buscar el más mínimo aporte de accesibilidad o alegría. Con el paso de los comenzarían a generarse subcorrientes diversas, que derivaron en escarceos diversos en más o menos escalas de separación de este movimiento inicial. Entre ellas, por ejemplo, se colaría Dover y su Devil, por otro entrarían los autores con verdadero talento para escribir y presentar estructuras musicales más líricas y, también, grupos que empezaron a acelerar el asunto a terrenos de garaje, de ahí, guatequero, y ¡ay!, comenzó a entrar la alegría comedido en colorismo de diseño. De ese movimiento ya escribimos aquí en su día de Los Fresones Rebeldes, de Undershakers y a buen seguro de alguno más, que la memoria ahora no me da. El caso es que en esa vorágine nació este grupo que, ironía pura, estaba formado por culturetas (entre ellos Ignacio Escolar de Público y eldiario.es y con quien coincidí en La Voz de Almería) que presentaban un tonti-pop (se llamaba así, aunque no comparto su definición) que tenía su clara influencia en sonidos más añejos, sobre todo Los Pegamoides. Sin ser a día de hoy referentes ni símbolo de nada, Meteosat sí que representa muchos tópicos de aquellos años y de la industria. Es un grupo que salta desde la independencia más genuina, que atrae ojos del negocio por su reconocimiento por Rockdelux, después por el periodista Jesús Ordovás, pasan de una a otra multinacional con una facilidad pasmosa, intentan cambiarles el público, lo venden como un producto de algo con lo que tampoco se ven y como nada funciona como nadie quiere al final muere con una velocidad igual de intensa. El caso es que ayer, escribiendo de Pantocrator, me acordé de ellos porque los escuché bastante en los años de la Complutense et voilà, aquí están.

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