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#Mis10de The Beatles

 

Hay preguntas para las que la Humanidad sigue sin hallar respuesta por más que pase el tiempo. Una de ellas, mucho más cercana y banal, es la de ¿Beatles o Stones? Los amantes de la música que estén polarizados hacia uno de los dos extremos lo tendrá muy claro, lógicamente, pero para los que intentamos afrontar la pregunta de una manera objetiva y racional… todavía no la hemos encontrado. Os confesaré que, como el político que se presenta con distintos partidos a lo largo de su carrera, si escucho la discografía de unos, la balanza se tiende a ellos. Si me pongo con los otros, me ocurre lo contrario. Dos bandas que han marcado a varias generaciones y no importa sólo lo que hicieron sino cuándo lo hicieron. Aunque está claro que The Beatles gana en el mito por el componente asesinado, por las peleas de egos (por más que quieran, nunca llegó a tanto en los Stones) y por ser tres talentos absolutos con formas distintas de entender la música y la creación. La lista prescinde en gran medida de las canciones ‘happy’, pero rompo una lanza por su encanto también. Son grandes de principio a fin, pero solo puedo seleccionar diez. Aquí van.

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Álvaro Suite – La Xana

 

De un tiempo a esta parte ‘secundarios’ (perdón por el uso del término) o escoltas (mejor) de lujo de grandes estrellas de la escena rockera más personal, vienen presentando sus proyectos en solitario. Igor Paskual, guitarrista de Loquillo, es de los más avezados en ello, con tres discos ya a su espalda. También tenemos a Fon Román, histórico guitarrista de Piratas. Más conocido por el gran público, Ricardo Ruipérez, guitarrista de M-Clan, también ha hecho lo propio. El último en sumarse a esa notable lista de ilustres es Álvaro Suite, conocido por ser el más que solvente y sobrado de facultades guitarrista de Los Santos Inocentes, la banda que viene acompañando a Enrique Bunbury en los últimos diez años. Sin embargo, mientras que lo previsible podría ser encontrar un disco de calor fronterizo o de guitarras en primera línea, lo que nos ofrece son arreglos espaciales y generación de ambientes a través de un siempre afectado tratamiento vocal y unas canciones deudoras de nombres tan indiscutibles como distintos, como lo pueden ser David Bowie, The Beatles o Antonio Vega. Por el momento, le vale para salir de gira unas cuantas fechas antes de que vea la luz el nuevo disco de Enrique. El tiempo determinará si el recorrido de este viaje solista es de cercanías o de largo trayecto.

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Tributo a Sabina – Ni Tan Joven, Ni Tan Viejo

Aunque vosotros no lo sabéis (algunos sí), para mi planificación se ha hecho esperar más de la cuenta mi crítica a este Tributo a Sabina, titulado Ni Tan Joven, Ni Tan Viejo, que parafrasea en mutación el título de una de mis canciones preferidas del poeta, por cierto ausente en la selección de 25 temas, y que, en mi opinión, tampoco le hace justicia del todo al conjunto por aquello de las similitudes formales con el ‘Ni Chicha, Ni Limoná’, de Víctor Jara. Entiéndase, pues, el título, como un guiño intergeneracional y, quizá, de eternidad creativa, por aquello de que gusta desde a los prepúberes como a los que andan en la plena senectud. Desde Guitarricadelafuente (21 años) a Joan Manuel Serrat (76 años). Y en medio de ellos, cantantes y autores melódicos, canallas y canallitas (que no es lo mismo), rockeros, más poetas, poperos con y sin botas de cuero… todos conversos a versos a la religión de Joaquín Sabina. Es más fácil encontrar rosas en el mar (ausencia destacada que nos robó la salud) que discutirle la imponente colección de canciones de Sabina, que da para otros dos discos como este y, para los que le apreciamos, hasta un tercero. Tampoco será cuestión de ponerse a repasar nombres que nos gustarían (cada cual tendrá los suyos) como si fuera una concreción del pasodoble de amigos ausentes (Sí recuerdo que bandas de rock como Porretas o Benito Kamelas hicieron hace años sus versiones). La crítica va, rasa y al pie, comentando impresiones individuales de cada una de las 25 canciones. Y no pido perdón porque ya no le importa.

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Los Discos del Año 2019 de RockSesión

Es complicado ponerse a hacer listas así, porque siempre te queda la sensación de dejarte fuera gente que merece estar dentro. Así que, como siempre, ha de tomarse como una guía para acercarse a lo que no se conozca. O a darle otra oportunidad a un disco que no te llamó en la primera escucha. Tampoco ayuda el hecho de que por mis oídos pasen trabajos de cualquier género. También el hecho de que haya sido un año muy ajetreado me ha impedido escribir de todos los discos que hubiese querido, por eso hay algunos de los que no hay crítica completa. Pecata minuta. También excluyo como siempre EP’s (Lichis y Rubén Pozo, Sínkope, Onza, Los Acordes Rotos, Luter…) y directos (Josele Santiago, Piperrak, Los De Marras, Rosendo, Poncho K, Bunbury…). Entre las ausencias por diversos motivos, pero de los que recomiendo su escucha, os cito unos cuantos: Rocío Márquez, Kiko Veneno, los dos post-Raíz Nativa y Valira, el suma y sigue de The Buyakers, el nuevo camino de Vita Imana, los resurgimientos en solitario de Leo Jiménez y Jose Andrea, la vuelta al buen camino de Mägo de Oz o el disco a la altura de la leyenda de Obús. Por séptimo año, estos son los ochos oros, platas y bronces de RockSesión. Disparen al pianista.

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Sandré – Ave Muñón

 

Seguro que voy a tardar más tiempo en escribir esta crítica que en lo que tardamos en escuchar todo el disco. Valga de referencia para el puñetazo que se ha sacado del cuerpo Sandré para su disco debut. Ave Muñón son once descargas de velocidad, acidez y animalismo sin menor concesión al resuello. Casi os diría (sin hacer demasiada memoria) que puede ser uno de los tres mejores discos de punk publicados este año en nuestra escena. Visceral, salvaje, con retranca, edulcorando la virulencia con las melodías de las voces femeninas que, eso sí, no rebajan por ello su energía. Los compartimentos estancos en los que se divide la música en nuestros días (aquí, resistiremos) me hacen intuir que, por temas de sonido o actitud, Sandré acabe entrando con mayor facilidad en los circuitos indies que en los del punk-rock al uso. Es decir, que veo más fácil que comparta cartel con El Columpio Asesino que con Gatillazo (de ahí que insista una y otra vez en que no rechacéis todo lo que sale en los carteles), pero os aseguro que la descarga vale la pena, para quienes gocen con la velocidad y lo cortante del género. No hay tregua, van a devorar al oyente en un auténtico atropello sónico que, lo peor de todo, engancha. De la portada, con en esos iconos que tanto recuerdan al libreto del ¿Cuándo Se Come Aquí? de Siniestro Total, ni hablamos. Con todos ustedes, desde Barcelona, Sandré.

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Javier Álvarez – Tiempodespacio (2003)

 

En una semana que viene marcada por críticas de discos de corte individual (véase: Depedro, Coque Malla, Loquillo) y teniendo decididos los dos estrenos de #Mis10de para este fin de semana (que serán Miguel Ríos y Tina Turner), la crítica remember del viernes tenía que ser también para un artista que hubiese hecho camino con su nombre personal. Hete aquí que el primero que me vino a la cabeza fue mi tocayo, Javier Álvarez. Sí, puede que esté más alejado del corte rock, pero ya sabéis que en esta casa nos pegamos licencias al gusto, siempre y cuando haya una base de calidad detrás… y este es el caso y a raudales. En cuanto a la elección del disco, había muchas opciones, claro está, y creo que casi cualquiera que conozca a Javier Álvarez hubiese optado por alguno de sus tres primeros álbumes. Especialmente el debut de 1995, donde se encontraban ‘La Edad del Porvenir’, ‘Un, Dos, Tres, Cuatro’ o ‘Piel de Pantera’, o incluso el segundo, con ‘Sunset Boulevard’ o ‘Ella Diciendo Sí’. Amando esos discos, reconozco que a mí me ponen mucho más ‘los raros’ que publicó después, con aquel Grandes Éxitos (de versiones) que hizo de punto de inflexión. Las canciones dejaron de ser ‘convencionales’ para un artista que no lo era. La radiofórmula lo dejó de considerar interesante, pero para los que lo seguimos nos hicimos de su clan con este Tiempodespacio y con el exceso de Plan Be (doble, de 25 temas, algunos al límite). Un grande, con todas las letras, este JÁ.

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Coque Malla – ¿Revolución?

 

Si hace unos días escribía del cántabro Rulo y sobre cómo (dicho por él) ha afrontado la crisis de cumplir 40 componiendo canciones, ¿Revolución? es el álbum con el que el madrileño Coque Malla entra en el medio siglo. Lo hace sin el menor atisbo de cansancio o agotamiento, especialmente renovado por su vuelta a la ciudad. Claramente confiado por la buena aceptación que supuso el, de alguna manera, revolucionario El Último Hombre En La Tierra, que se ganó de forma meritoria aquella coletilla de ‘su disco más maduro’, tan manida como aquello de ‘el más oscuro’ o ‘combinar modernidad con tradición’ de las críticas culinarias. El álbum ha nacido sin prisa (en torno a tres años) y confirmando el excelente estado de forma creativo en el que se encuentra Coque. Con libertad plena (si es que alguna vez no la tuvo) para sonar discotequero, sinfónico o, incluso, rapear. Un trabajo del que se cita como mayor influencia las sesiones de escucha de Daft Punk, aunque yo destacaría más su lado sinfónico y de cuerdas. Donde aparece claro el referente de The Beatles, de quien solo he leído referencias a Fernando Neira desde la página web del artista, y también de Supertramp o, incluso, Frank Sinatra y otros crooners. Para un tipo que tiene himnos generacionales en su época con Los Ronaldos y otra gran colección de puñales en el corazón en solitario, decir que prevemos que su próxima década va a ser la mejor es mucho decir, pero es que ¿Revolución? hace pensarlo.

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El Dúo Dinámico – Recordándote (1959)

 

El pasado 9 de septiembre se cumplieron 60 años de la salida del primer single de cuatro temas que publicó El Dúo Dinámico. Seis décadas de música, cientos de publicaciones entre discos, EP’s, recopilatorios oficiales, piratas y hasta extraterrestres. Manuel de la Calva y Ramón Arcusa andan de gira de despedida y agotando entradas, como ha ocurrido en su reciente cita en Granada. Más de 80 años les contemplan y, por el camino, noches de guateque, pero también de Sonorama. Vale, puede que no se reinventaran al extremo de lo que ha podido hacer Raphael, pero creo que no puede haber nadie en este país que hable mal de ellos o de sus canciones. Combinando el inglés y el castellano, moviéndose por el rock más prototípico, pasando por las baladas para arrimar el ascua a la sardina (por no utilizar una expresión manchega mucho más bestia). Lone Star tenía el ‘honor’ de ser la crítica remember más lejana de las más de 200 que han pasado los viernes por esta web. Creo que, a partir de hoy, ya nadie podrá ganar a los buenos de Manolo y Ramón, el dúo dinamítico, que dirían Martes y 13. Va por ellos… y que no os extrañe que antes de que llegue el verano no caiga su #Mis10de.

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#Mis10de AC/DC

 

Estuvieron cerca de entrar en la sección internacional de la sesión de revisiones del pasado mes de julio. Pero al final los ocho elegidos fueron The Rolling Stones, The Beatles, Iron Maiden, Led Zeppelin, Queen, Metallica, Muse y Bruce Springsteen. Estaba claro que a ellos no les podía faltar demasiado y me parecía una pareja de altura para el fin de semana en el que hemos despedido a Burning de los escenarios. AC/DC es una banda (de las pocas) a las que les sienta bien el sota-caballo-rey. Y es que no hay fórmulas matemáticas en esto del Rock. Igual que somos capaces de vilipendiar a un grupo o artista por hacer siempre lo mismo, somos capaces de elogiar esa virtud en otros. El caso es que los australianos afrontaron con valentía la pérdida de Bon Scott con un descomunal Brian Johnson y los hermanos Young se encargaron de poner riffs al asunto. Curiosamente, su famosa Gibson SG protagoniza mi tatuaje de dos guitarras cruzadas. Que después Axl Rose aceptara el reto de cantar con la banda, no lo comparto, pero tampoco soy de los que se sumaron a la cruzada y el escarnio. Sea como fuere, hoy reedito #Mis10de AC/DC, que tiene un par una bajada y subida de posiciones y poco más. Espero que lo disfrutéis.

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#Mis10de Muse

 

Si el primer fin de semana (que es cuando al especial de julio le sumo el bonus internacional) tuve claro que era bueno arrancar con la clásica dualidad Stones/Beatles, continuando con mi programación y por las ganas de revisar a Queen, también tuve claro que para emparejarlo uno de las mejores opciones era Muse. Que nadie se lleve las manos a la cabeza, no los estoy comparando. Pero sí es evidente que en toda la discografía, especialmente en el maravilloso The Resistance, sí hay un cierto paralelismo en cuanto a la fanfarria sinfónica y el tratamiento de las voces. El tiempo ha ido haciendo maquinal a la banda de Bellamy (no tengo nada en contra de la electrónica, lo sabéis) y aunque sus discos bien querrían ser firmados por el 95% de los grupos de este planeta, es cierto que me siguen haciendo vibrar las canciones de antaño. Escribo estas líneas sin saber cómo va a quedar la revisión, así que si no hay muchos cambios, disculpadme y al menos recordamos la época dorada de Muse. Para mí lo merecen porque el de Resistance en el Palacio de Deportes (por entonces) fue uno de los mejores conciertos que he visto en mi vida (que son unos cuantos) y no lo digo solo por los efectos especiales y por las chapas y luces más grandes. (FOTO: Jeff Horney)

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