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#Mis10de The Beatles

 

Hay preguntas para las que la Humanidad sigue sin hallar respuesta por más que pase el tiempo. Una de ellas, mucho más cercana y banal, es la de ¿Beatles o Stones? Los amantes de la música que estén polarizados hacia uno de los dos extremos lo tendrá muy claro, lógicamente, pero para los que intentamos afrontar la pregunta de una manera objetiva y racional… todavía no la hemos encontrado. Os confesaré que, como el político que se presenta con distintos partidos a lo largo de su carrera, si escucho la discografía de unos, la balanza se tiende a ellos. Si me pongo con los otros, me ocurre lo contrario. Dos bandas que han marcado a varias generaciones y no importa sólo lo que hicieron sino cuándo lo hicieron. Aunque está claro que The Beatles gana en el mito por el componente asesinado, por las peleas de egos (por más que quieran, nunca llegó a tanto en los Stones) y por ser tres talentos absolutos con formas distintas de entender la música y la creación. La lista prescinde en gran medida de las canciones ‘happy’, pero rompo una lanza por su encanto también. Son grandes de principio a fin, pero solo puedo seleccionar diez. Aquí van.

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Sidonie y Serrulla. Cooltural Go! 29 de julio

En la maratón de cobertura informativa del ciclo de conciertos de Cooltural Go! (unos cuarenta desde que empezaran en el mes de mayo y hasta el próximo mes de septiembre) había un par de semanas de descanso (de la marca, no mío), una de ellas en los días anteriores, con la celebración del 54º Festival de Flamenco y Danza que me ha tenido a tope de compás y jondura durante siete de ocho noches consecutivas. Como sabéis los asiduos del lugar, es un género que me apasiona y que conozco en profundidad, sí, pero ya echaba en falta algo de distorsión guitarrera, batería, bajos y teclados… Rock, en suma. Y no tuve que esperar demasiado. Anoche el Recinto de Conciertos del Ferial abría sus puertas para recibir a Serrulla, encargado de abril la velada, y Sidonie, una de esas bandas que han sido metidas (entiendo que con algo de voluntariedad) en el saco de ese ente demonizado por muchos que es ‘el indie’, pero que, escuchados en profundidad y sin prejuicios desvelan unas maravillosas influencias que van desde los evidentes Beatles o Stones, pasando por otros grupos de mitad de los 60 (del 66 al 68, para ser más precisos), psicodelia, intensidad y mucho más. Como maná del cielo, volvía anoche a abrazar las guitarras así que, a partir de este momento, os dejo con la crónica realizada como jefe de prensa de Cooltural Fest y como redactor del Área de Cultura del Ayuntamiento de Almería. Salud. (FOTOS: Cooltural Fest)

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Amaral y María de Juan. Cooltural Go! 20 de junio

Creo que lo he comentado alguna que otra vez en Twitter o aquí mismo, pero es que ayer la sensación fue bastante potente. La primera vez que vi a Amaral en directo fue allá por el año 2000. Eran los encargados de abrir el concierto de Celtas Cortos con su segundo disco, Una Pequeña Parte Del Mundo recién sacado. Era en formato acústico, a dúo. Aquel concierto lo vi con mi alter-ego, uno de mis mejores amigos. Anoche, casi 21 años después, volvía a ver a Amaral (por cuarta o quinta vez), pero de nuevo acústico, trayéndome a la memoria muchas de aquellas sensaciones de entonces. A mi lado, en lugar de mi amigo, mi sobrino. Quizá sea porque esto de ‘haberle dado la vuelta al jamón’ hace tiempo me tiene más sensible de la cuenta (no es eso sólo, pero tampoco vamos a entrar en más detalle hoy), pero realmente fue una epifanía y una sacudida poderosa para el alma, de difícil explicación. Más allá de la sensiblería personal, objetivamente, Amaral lo bordó. Podría hacer tres repertorios distintos y que todos funcionaran, pero el de anoche fue casi perfecto, quizá por su Salto Al Color no desentona. Las interpretaciones también. Nobles, delicadas. De las de verdad. No desmereció, antes, María de Juan. Os dejo a partir de este momento la crónica realizada como jefe de prensa de Cooltural Fest y como redactor del Área de Cultura del Ayuntamiento de Almería. Salud. (FOTOS: Cooltural Fest)

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Zoo – Llepolies

Cuatro años han tenido que pasar para contar con el tercer larga duración de los valencianos Zoo, si bien por el camino han ofrecido algún que otro single, incursión al castellano incluido, o un disco y deuvedé en directo. La banda de Gandía publica su nueva colección de Golosinas, que eso significa Llepolies, donde demuestran que la pujante energía de los comienzos se ha transformado en una mayor dosis de sabiduría, de meditación, de trabajo de los temas que los ha multiplicado en arreglos, melodías y armonías vocales para ofrecer esa expresión tan manida de las hojas de promo o de las críticas que es ‘su disco más maduro’. La excepción confirma la regla, aquí sí es cierto. Quizá porque las circunstancias también habían obligado a ello. Porque si ya la banda se lo tomó con calma de inicio, puesto que comenzaron a trabajar ideas y canciones cinco meses después de concluir su anterior gira, el parón pandémico frenó el proceso algo más, lo que ha servido para ese reposo ya premeditado y, también, para trabajar con más calma en esta aventura por la autogestión global de la edición, fabricación de vinilos, merchandising y todos los aspectos relacionados con el grupo. Como resultado, una colección de canciones que, como esbozaba, parecen rechazar el golpeo inmediato y efectista, urgente, de los primeros dos discos (y eso que a Raval ya le llovimos flores y lo incluimos en nuestras medallas a disco del año en aquel 2017), para ahondar con profundidad en sus propios registros. Electrónica, sí; espíritu combativo del rock, sí; melodías mediterráneas y latinas, sí; pero también manejo de dinámicas con un mayor sentido de la musicalidad y del arte, redondeando así una propuesta sólida y de, pese a todo lo dicho, fácil escucha.

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Silvio y Sacramento – Fantasía Occidental (1988)

Es imposible resumir en unas cuantas líneas lo que era Silvio Fernández Melgarejo (1945-2001), como músico, artista, bohemio, culto (porque lo era), cantante, capillita, futbolero, alcohólico, desapegado a lo material, improvisador profesional, surrealista no militante y genio y figura, en suma, como muestran sus incontables anécdotas y su vida, tan intensa como partida en dos a partir de una falla que rompió el eje del espacio tiempo en su forma de morir diariamente. Porque si Evaristo cantaba aquello de “yo quiero morirme de lo que tengo”, Silvio murió, como se dijo en su entierro, “de sí mismo”. Su fama y divinización se circunscribe a la Andalucía Occidental en su inmensa mayoría, aunque su condición de ‘artista de artistas’ hace que sea considerado un referente de culto y en muy alta estima por nombres tan dispares como Miguel Ríos, Kutxi Romero (lo tiene pintado en la entrada de su Kutxitril), Luz Casal, Enrique Bunbury (que versionó uno de sus temas más populares en el proyecto de Los Chulis), Joaquín Sabina o Santiago Auserón, como inolvidables son sus entrevistas con Jesús Quintero. Hasta Califato ¾ lo lleva en la portada de su último álbum. Y, cómo no, toda la corte de ‘alumnos’ del humor nacido en los años 90 (la carrera musical de Silvio es más intensa de 1980 a 1993, cuando graba Al Este del Edén con Luzbel -1980-, Barra Libre con dicha banda -1984, y Fantasía Occidental y En Misa y Repicando, 1988 y 1990 con Sacramento –banda en la que estaban el recientemente fallecido Juanjo Pizarro y Andrés Herrera Pájaro, de quien ya he escrito varias veces), véase El Sevilla o Pepe Begines, quien llegó a escribirle varias canciones para intentar resucitarlo de su primera gran caída a principios de los 90. Disco que nunca llegó a grabar, puesto que estaba siempre tan borracho e hinchado que solo pudo grabar media canción en siete meses. De aquella salió tras más de dos semanas en el hospital. En 1999 grabaría, casi como terapia, un lúcido A Color (1999) con Los Diplomáticos, pero tanta actividad ‘formal’ acabaría minando sus fuerzas, hasta que entre el alcohol, el tabaco y comer poco o nada lo llevó a morir en octubre de 2001. “¿Le importaría a usted que yo me muera?”, decía siempre por sorpresa. Le llegó entonces el día, pero se convirtió en mito antes.

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Manolo García – El Fin Del Principio

Pinturas, fotografía, dibujos en papel, esculturas con todo tipo de materiales, en madera, hierro, música y canciones que forman parte del imaginario colectivo de más de una generación… Manolo García es lo que vendría a llamarse, tirando de topicazo, ‘un hombre del Renacimiento’. Aunque, sabiendo lo que sabemos de él, es bastante probable que comparta el concepto, pero no su traslación física. A Manolo es más fácil imaginarle como un artesano apartado del ruido y la tecnología, en alguna tribu en la que la naturaleza y el respeto a ella sea lo más importante. En esa colección de virtudes talentosas, que bien le valió el reconocimiento hace unas semanas de la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, no falta la poesía. Que ya deslizó de forma ligera en su Vacaciones De Mí Mismo, en 2004, y que acompañaba a su segundo libro, titulado El Fruto De La Rama Más Alta, publicado en 2011, y que recogía parte de su obra pictórica más reciente, junto a texto poéticos inéditos, “algunos de ellos, más tarde, han sido letras de nuevas canciones”, reza la solapa del libro. Veremos si alguno de estos aparece prístino en nuevos temas. Porque aquí, sin embargo, las tornas se cambian. Encontramos una generosa colección de más de 150 poemas de verso libre (dos de ellos en prosa) y varias ilustraciones que salpimientan el resultado final, por cierto impreso siguiendo los parámetros de respeto al medio ambiente de la asociación Bosques Para Todos Para Siempre. Aunque ya me lo leí hace unos meses, he vuelto a sumergirme esta semana en sus páginas y lo he disfrutado mucho más. Será por la calma en la tormenta, imagino. Así que, siendo un habitual verso suelta de esta casa, del que hemos escrito tanto, me animo a compartir algunas impresiones.

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Mikel Erentxun. Almería. 24 de julio

 

Pocas veces abro la ventana a otras firmas en RockSesión. Por motivos personales de fuerza mayor, este fin de semana no podré cubrir los conciertos de Mikel Erentxun y Revólver en la Plaza de la Constitución de mi ciudad y será el periodista y director de Consultora Contraportada, Antonio Verdegay, quien os ofrezca las crónicas de ambos conciertos. Allá va la primera. Salud. Como si fuera un sumiller, Mikel Erentxun ha sabido degustar los diferentes estilos musicales a lo largo de su dilatada carrera de más de 35 años, para ofrecer las mejores canciones embotelladas en cada uno de sus 28 discos (12 compartidos con Diego Vasallo en el exitoso Dundan Dhu). Ahora con el poso que da la experiencia, este intelectual de la música disfruta regalando en cada concierto una selección de sus vivencias para deleite de los incondicionales seguidores que ha ido sumando a lo largo de las décadas. (FOTOS: José Antonio Holgado – Ayuntamiento de Almería)

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#Mis10de Little Richard

 

Como si hiciera falta un salvoconducto de autenticidad ante la proliferaciones de fanes cada vez que se produce la muerte de un ilustre famoso, recuerdo mi credencial de que #Mis10de Little Richard los llevé a twitter allá por marzo de 2017. Ayer, 9 de mayo, a los 87 años de edad, el rock despedía a uno de sus pocos pioneros todavía vivos. Quizá solo nos quede el bueno de Jerry Lee Lewis después de Chuck Berry cayera, precisamente, una semana antes de que hiciera la presente selección del reverendo Richard. “Soy el innovador. Soy el emancipador. Soy el creador. Soy el arquitecto del rock’n’roll”, llegaría a decir Richard Penniman, nacido un 5 de diciembre de 1932. Después de llamar al aquelarre de la diversión frenética en su debut de 1957, grabado en Nueva Orleans, Richard encontró la fe y se dedicó un tiempo a ser pastor del góspel. Perdería la comba de un mundo mucho más modernizado y los Beatles se lo llevaron de gira, pero nunca recuperó ese animal instinto que sentó más las bases del género. En 1986 se marcaría otro disco para el recuerdo. Lifetime Friend y su figura y su forma de moverse encima del escenario ha inspirado a miles de artistas de varias generaciones. En RockSesión, donde el RnR es vida, no podemos sino rendir homenaje a los mayores. Y Little Richard siempre tendrá un papel destacado entre los primeros jefes del invento. Salud.

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Álvaro Suite – La Xana

 

De un tiempo a esta parte ‘secundarios’ (perdón por el uso del término) o escoltas (mejor) de lujo de grandes estrellas de la escena rockera más personal, vienen presentando sus proyectos en solitario. Igor Paskual, guitarrista de Loquillo, es de los más avezados en ello, con tres discos ya a su espalda. También tenemos a Fon Román, histórico guitarrista de Piratas. Más conocido por el gran público, Ricardo Ruipérez, guitarrista de M-Clan, también ha hecho lo propio. El último en sumarse a esa notable lista de ilustres es Álvaro Suite, conocido por ser el más que solvente y sobrado de facultades guitarrista de Los Santos Inocentes, la banda que viene acompañando a Enrique Bunbury en los últimos diez años. Sin embargo, mientras que lo previsible podría ser encontrar un disco de calor fronterizo o de guitarras en primera línea, lo que nos ofrece son arreglos espaciales y generación de ambientes a través de un siempre afectado tratamiento vocal y unas canciones deudoras de nombres tan indiscutibles como distintos, como lo pueden ser David Bowie, The Beatles o Antonio Vega. Por el momento, le vale para salir de gira unas cuantas fechas antes de que vea la luz el nuevo disco de Enrique. El tiempo determinará si el recorrido de este viaje solista es de cercanías o de largo trayecto.

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Tributo a Sabina – Ni Tan Joven, Ni Tan Viejo

Aunque vosotros no lo sabéis (algunos sí), para mi planificación se ha hecho esperar más de la cuenta mi crítica a este Tributo a Sabina, titulado Ni Tan Joven, Ni Tan Viejo, que parafrasea en mutación el título de una de mis canciones preferidas del poeta, por cierto ausente en la selección de 25 temas, y que, en mi opinión, tampoco le hace justicia del todo al conjunto por aquello de las similitudes formales con el ‘Ni Chicha, Ni Limoná’, de Víctor Jara. Entiéndase, pues, el título, como un guiño intergeneracional y, quizá, de eternidad creativa, por aquello de que gusta desde a los prepúberes como a los que andan en la plena senectud. Desde Guitarricadelafuente (21 años) a Joan Manuel Serrat (76 años). Y en medio de ellos, cantantes y autores melódicos, canallas y canallitas (que no es lo mismo), rockeros, más poetas, poperos con y sin botas de cuero… todos conversos a versos a la religión de Joaquín Sabina. Es más fácil encontrar rosas en el mar (ausencia destacada que nos robó la salud) que discutirle la imponente colección de canciones de Sabina, que da para otros dos discos como este y, para los que le apreciamos, hasta un tercero. Tampoco será cuestión de ponerse a repasar nombres que nos gustarían (cada cual tendrá los suyos) como si fuera una concreción del pasodoble de amigos ausentes (Sí recuerdo que bandas de rock como Porretas o Benito Kamelas hicieron hace años sus versiones). La crítica va, rasa y al pie, comentando impresiones individuales de cada una de las 25 canciones. Y no pido perdón porque ya no le importa.

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