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León Benavente – Era

A León Benavente, como le ocurrió a Toundra y Carolina Durante, dos de las bandas de las que he escrito también esta semana, le pilló el estallido de la pandemia en pleno despliegue de gira de presentación de su disco Vamos A Volvernos Locos, publicado apenas seis meses antes de aquel famoso fin de semana de mitad de marzo. Le dio tiempo, al menos, de iniciar la gira de salas y teatros (por suerte pude verlos a tiempo en enero, después de las magníficas sensaciones de su directo festivalero de unos años antes) pero ‘se cargó’ toda la agenda de festivales que se los rifaban, como es normal. Quien los ha visto en directo lo sabe. Son puro fuego y gasolina en una catarsis de euforia, de ejecución enérgica, como un trueno de distorsión, técnica y modernismo. Con las progresivas olas han ido ofreciendo alguna que otra fecha en estos tiempos mientras que daban forma a las diez canciones que, al fin, salen en su cuarto larga duración, titulado Era. Lo que no vimos venir ni críticos ni seguidores era esta vuelta de tuerca a su concepción musical, dicen, por no aburrirse y seguir manteniendo nuevos estímulos. Y es que si uno esperaba la liberación de una furia contenida en forma de canciones vocalmente intensas y de contundencia rítmica y guitarrera, León Benavente presenta un álbum que descoloca en las primeras escuchas precisamente por la ausencia de guitarras al uso y de unas fórmulas rockeras más al uso. Está pero no es lo que prima. En un decidido cambio de roles entre el cuarto, Era representa un salto al vacío con mucho electrónica haciendo el rol de cuerdas de acero, una contención muy acusada en el trabajo vocal y una capacidad melódica y armónica cimentada en tempos algo más pausados. ¿Significa eso que León Benavente se han hecho puretas y sentado la cabeza? En absoluto, sencillamente, han ido un par de pasos por delante, como suelen hacer los más valientes o los más temerarios.

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León Benavente. Almería. 24 de enero

 

Me tenían ganados con un par de temas, pero desde que los vi en directo en 2017, están en mi podio de ser una de las mejores bandas que se pueden ver en directo. Anoche lo volvieron a hacer. Escribí ya con su tercer disco (medalla en mis discos del año) que no traicionan la autenticidad que les ha encumbrado, con un sonido que combina tantas cosas que es imposible encasillarlo por más que lo intenten. Y solo hay que poner una dosis mínima de atención a sus canciones (sin prejuicios) para darse cuenta de ello. Si a su imponente ejecución, con César Verdú a la batería y percusiones, Luis Rodríguez a la guitarra y Eduardo Baos al bajo y sintetizadores, se le suma la gran capacidad lírica de Abraham Boba (voz, órgano, percusión…), el resultado es el que es. Que es una de los grupos más recomendables de toda esa escena en el saco sin fondo que se ha dado por llamar indie. Es un fallo y falla de ese sistema porque son muchísimo más. Gente que está ahí como podría estar en cualquier otro sitio. Espíritus libres y creíbles. Os comparto, a partir de este momento, la crónica realizada como agencia del Área de Cultura: Treinta segundos. Ese es el tiempo exacto que tardó el público que abarrotó anoche el Auditorio Municipal Maestro Padilla en levantarse de sus asientos y ponerse a bailar con la energía musical de León Benavente. Un concierto que, enmarcado en la gira de presentación de su último trabajo discográfico de estudio, el tercero, ‘Vamos a Volvernos Locos’, también pertenecía a la programación del Invierno Cultural puesta en marcha por el Área de Cultura y Educación del Ayuntamiento de Almería y a las actividades que Cooltural Fest desarrolla a lo largo del año. (FOTOS: José Antonio Holgado).

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León Benavente – Vamos a Volvernos Locos

 

Tercer larga duración para el cuarteto León Benavente. El difícil disco que viene tras la explosión definitiva de público que supuso su anterior y espectacular gira (doy fe). Quizá sea por esa dosis extra de responsabilidad, la banda se recluyó del ruido para no traicionar la autenticidad que les ha encumbrado, con un sonido que combina tantas cosas que es imposible encasillarlo por más que lo intenten. Y solo hay que poner una dosis mínima de atención a sus canciones (sin prejuicios) para darse cuenta de ello. Si a su imponente ejecución, con César Verdú a la batería y percusiones, Luis Rodríguez a la guitarra y Eduardo Baos al bajo y sintetizadores, se le suma la gran capacidad lírica de Abraham Boba (voz, órgano, percusión…), el resultado es el que es. Que es una de los grupos más recomendables de toda esa escena en el saco sin fondo que se ha dado por llamar indie. Pero, lo he escrito alguna vez, ellos, como Novedades Carminha, como Carolina Durante… son fallos y fallas en el sistema. Gente que está ahí como podría estar en cualquier otro sitio. Espíritus libres y creíbles. Siendo cuatro tipos, han optado porque todas las colaboraciones tengan voz de mujer: Amaral, María Arnal, Miren Iza (Tulsa), pero también Sara Condado y coros de Malena Morón, Martina Morón, Anna Mir… Así escuchamos Vamos a Volvernos Locos.

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León Benavente, Airbag y Novedades Carminha. Pulpop 2017. 8 de julio

Mejor sonido y más ambiente para la segunda jornada del Pulpop. Tras cumplir con el deber cubriendo otra actividad previa, llegamos a la plaza de toros de Roquetas de Mar, el tiempo justo para ver terminar a los británicos The Spitfires y situarnos para ver a la terna principal, tan heterogénea como de valores seguros: Airbag, con casi veinte años surfeando con espíritu ramoniano y haciendo del cine y los cómics canción; Novedades Carminha y su dinámica bailonga y tropical; y, entre ellos, León Benavente, el grupo al que tenía más ganas y con dos discos y un par de Ep’s llenos de canciones vibrantes. Tres nombres que se asocian al circuito indie pero que cualquier rockero de ‘postín’, con un poco de oído y criterio, querría para sí tras verlos en acción. Y es que cuando la calidad es notoria, ningún tipo de etiqueta, las limitantes, tiene sentido. (FOTOS: Juan Jesús Sánchez Santos para RockSesión).

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Ilegales – La Lucha Por La Vida

Que Ilegales, con Jorge Martínez al frente, ha sido siempre un grupo indómito es de sobra conocido desde que su frontman andaba repartiendo mandobles (quizá la mayoría sin quererlo) o se paseaba con gabardina y stick de hockey por las calles. Después la cosa se remendó de manera socialmente aceptable, aunque eso no impidió que el bueno de Jorge demostrara en televisión que no se cortaba ni un pelo en sus opiniones incendiarias y con algo de natural aristocracia intelectual frente a la inmundicia generalizada. El caso es que para todo lo que se ha jugado la boca a lo largo de cuarenta años, Jorge sigue siendo capaz de reunir a una impresionante corte de rockeros, artistas más o menos coetáneos en el tiempo o cercanos en espíritu y hasta algún que otro opuesto a poco que descuelga el teléfono o menea el árbol. A falta de giras ‘en condiciones’, es lo que ha hecho para celebrar el cuadragésimo aniversario de su banda. Pero lejos de querer plantear un testamento apócrifo de grandes éxitos con figuras del momento, Ilegales ha querido retarse a sí mismo y a sus invitados a la mesa para grabar canciones inéditas (la mitad) o de muy reciente creación (la otra mitad), con solo una excepción, como veremos más abajo. Un disco que valdría la pena por sí mismo pero que se multiplica gracias a un compromiso palpable en cada una de las colaboraciones reunidas en La Lucha Por La Vida, que son, por orden de aparición: Loquillo, Josele Santiago, Coque Malla, Andrés Calamaro, Los Auténticos Decadentes, Iván Ferreiro, M-Clan, los dos guitarristas de Vetusta Morla, El Niño de Elche, Evaristo Páramos, Bunbury, Cycle con León Benavente, Carlangas de Novedades Carminha, Dani Martín, Luz Casal y Kutxi Romero. Con título inspirado en una trilogía de Pío Baroja… Ni tan mal, ¿no?

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Siniestro Total, despediremos a los ‘viejos rockeros viejos’

“Hay que saber irse de una fiesta antes de que se vayan los demás”. Así dice uno de los estribillos de ‘Viejos Rockeros Viejos’, tema que forma parte de Era, el último disco de estudio de León Benavente, donde se ríen de sí mismos y su particular forma de sentirse cuando hacen gala de su condición rockera. No dista en demasía del “Hay que saber retirarse a tiempo” pronunciado hoy por Julián Hernández en la rueda de prensa que, junto a Javier Soto y Miguel Costas, ha dado hoy Siniestro Total sobre su concierto de despedida el próximo 6 de mayo en el Wizink Center de Madrid, bajo el subtítulo de ’40 Años Sin Pisar La Audiencia Nacional’. Que teniendo en cuenta que en el 88 ya cantaban aquello de “…y yo que viejo”, nos han aguantado más de lo que se podía imaginar entonces. Ha costado congelar algunas agendas para las que suelo trabajar, ha costado mover algunos pocos hilos, pero puedo confirmar ya que RockSesión estará ahí para contarlo y es de justicia que así sea. En primer y principal lugar por la propia relevancia de la banda. Siniestro Total ha representado el Rock con mayúscula en todas sus ‘desviaciones’. Desde la querencia acedecídica hasta el folk de raíz propia, de la fase ‘caca-culo-pedo-pis’, como alguna vez la ha llamado Julián en algún directo, hasta las múltiples referencias culturales y sociales elevadas e infrecuentes en el género en nuestro país. Del sentido del humor más corrosivo y la fiesta más bullanguera y etílica al blues más elevado y sofisticado. En segundo lugar, y en lo personal, porque Siniestro Total es uno de los primeros recuerdos rockeros de mi infancia, con los vinilos de mi hermano (Menos Mal Que Nos Queda Portugal o el Surfin CCCP con Os Resentidos, él con 14 años, yo con 4) sonando por casa de mis padres. Mi hermano se bajó del barco cuando Miguel Costas se fue, pero a mí me quedó Siniestro Total para siempre, disfrutando todas y cada una de sus épocas. Alegrándome el día… Había que estar. Y estaremos. (FOTO de la rueda de prensa Miguel Paubel – La Trinchera. Foto de la banda – Ricky Dávila).

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Nacho Vegas – Mundos Inmóviles Derrumbándose

Que Nacho Vegas es un tipo frágil y con una sensibilidad artística casi extrema es algo que viene demostrando en sus canciones desde que hace ya algo más de veinte años tomara un camino en solitario dejando atrás sus iniciáticos comienzos en Eliminator Jr y Manta Ray. Parece increíble que alguien tan tímido haya sido capaz de contar experiencias biográficas de todo tipo, como vino realizando de manera brutal en su primera década como solista, hasta que con el EP Cómo Hacer Crac sus textos viraron hacia un mundo exterior que analiza con una mirada crítica y activista. En esos márgenes llegarían todavía los álbumes Resituación y Violética o el EP Canciones Populistas. Lo turbio de sus canciones pasó de ser la historias de perdedores en constante transpiración por los excesos y delirios a cantar sobre los, también excesos, de los poderosos frente ‘a la calle’ como concepto amplio y, sobre todo, hastiado. En estas lides, de por medio con un romance fácilmente reprochable entre uno y otro bando (“siempre hay dos bandos”, ya lo cantaba el propio Vegas) el asturiano se vio afectado mentalmente por las idas y venidas de la pandemia casi un año después de su inicio y decidió solucionar ese bloqueo marchándose de Gijón a un pueblo costero del cantábrico con su mejor amigo. Es entonces cuando encontró la mejor de las maneras de las que un creador puede ver la luz, que es entonando la creatividad y cosechando y recolectando la gran mayoría de canciones que forman parte de esta nueva entrega, cuatro años después del anterior de inéditas, aunque ya el recopilatorio Oro, Salitre y Carbón. Diez Años De Marxophonismo incluía media docena.

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Carolina Durante – Cuatro Chavales

Ni se escondían antes, ni lo hacen ahora. Ni se les subieron aires de grandeza cuando el éxito viral les hizo crecer a una velocidad irreal, ni tampoco se achican porque ahora las reproducciones de sus canciones estén muy lejos de ser millonarias. ‘Detectamos’ en su día madera de punk y pasotismo frente a las opiniones de los demás en Carolina Durante y lo siguen demostrando así en Cuatro Chavales, su segundo larga duración tras el epónimo de 2019, uno de nuestros discos del año en aquel curso. Si en aquel disco daban un paso adelante restando pretenciosidad haciendo gala de entereza guitarrera y sobrada de actitud, Cuatro Chavales es una vuelta de tuerca más al mismo concepto. Canciones sin artificios, que suenan crudas, potentes, rudas, aguerridas. Con un descreimiento total hacia el presente, con una dosis de realismo hacia el pasado idealizado, con una mirada irónica y mordaz hacia lo que intentaron que fueran y todo ello con un nivel lírico que no busca grandilocuencias pero que araña cuando dice de entrar en terrenos más filosofales, de una pesadumbre sin poca salida. La pandemia les cortó las alas en el mayor momento de popularidad, en pleno estallido de, posiblemente, una burbuja cimentada en ese par de éxitos generacionales de lo que ellos mismos se ríen en el primer corte del disco. Ahora, con el mismo morro y descaro, se marcan doce temas de una calidad media de lo más notable. Melodía y accesibilidad con aires de languidez, sorna y muralla de sonido. Al segundo largo Carolina Durante se confirman como un maravilloso verso suelto en el engranaje de los carteles coloristas. Una falla en el sistema del moderneo indie, como León Benavente, Los Punsetes o Novedades Carminha, que además muestra el realismo de ser conscientes de que todavía no han hecho nada y les queda mucho por recorrer y crecer todavía tras estos convulsos cinco primeros años. Se celebra.

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Los Discos del Año 2021 de RockSesión

Tómese esta selección como una guía para acercarse a lo que no se conozca. O a darle otra oportunidad a un disco que no te llamó en la primera escucha. Es complicado emplearse a hacer listas así, porque siempre te queda la sensación de dejarte fuera gente que merece estar dentro. Tampoco ayuda el hecho de que por mis oídos pasen trabajos de cualquier género y que esta casa se vaya tomando más licencias controladas… ya que si escribiera de todo lo que escucho… se nos iría de las manos. Lo que sí os aseguro es que pocas web de listas pueden decir haber escuchado el 100% de los más de 100 discos que habéis votado en la otra lista popular, más otros tantos que ni aparecen votados. Empiezo con las exclusiones. Como siempre, no hay EP’s (Bunbury, Javi Robles…) ni directos. No he querido incluir una serie de discos que, aunque nuevos, son regrabaciones de grandes canciones originales de antaño, como los de Calamaro (con colección de invitados), Arco, Hora Zulú, Boikot, Saratoga, Dani Martín o incluso Mar de Fondo –cuyas tres canciones más destacadas lo son- o los de versiones de Medina Azahara y Miguel Campello o el mastodonte a la inversa de Saurom, con su cuádruple de otras bandas versionándolos. En ‘otras músicas’, mención especial para Mon Laferte, Zoo, Oques Grasses, Maria Arnal y María Rodés y quiero apuntar algo sobre El Madrileño de C Tangana. Cuando publicó el disco muchos críticos ‘respetables’ y medios ‘generalistas’ se encogían de hombros, se mofaban… después lo han acabado incluyendo en las listas a lo mejor del año. Aquí, en una web de rock, dimos la cara por el disco cuando lo más probable es que nos la partieran. No está en la lista por no desviarnos demasiado en esas ‘otras músicas’, por cuadrar la situación, pero estaría. Termino con mención para la constancia infalible de gente como Love of Lesbian, Los De Marras, Mamá Ladilla, El Reno Renardo y Los Benito o el nuevo regreso de Evaristo en Tropa do Carallo. Dicho esto, vamos, por noveno año: estos son los ochos oros, platas y bronces de RockSesión (todos llevan su enlace a crítica completa). Disparen al pianista.

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Nat Simons – Felina

Lo queramos o no, en este país sigue siendo más complicado si cabe hacerse un hueco y obtener reconocimiento si cantas en inglés que en español. Las excepciones, como en casi todo, las hay. Tenemos a Dover, tenemos a Morgan, a Angelus Apatrida y Crisix en el lado más afilado… Pero está claro que no es lo habitual. Son muchos los grupos que empezaron en Shakespeare y terminaron en Cervantes, como Love Of Lesbian, Marlango, Corizonas… Una lista a la que suma ahora Nat Simons, que tras Home On High (Audiomatic Producciones, 2013) y Lights (El Dromedario Records – Autoeditado, 2018) ataca ahora con Felina (El Dromedario Records, 2021). Un cambio de registro que, a la postre, no solo se ha limitado al mero aspecto idiomático, sino que, con mayor amplitud de miras, ha llegado a la música, que ha sacudido ese aura polvorienta de la canción de género americana, para bañarse de una sonoridad sintética, de neón y glam, para lo que se ha valido de grandes nombres destacados del presente expertos en la materia, como Eduardo Baos de León Benavente, entre otros, o Igor Paskual, guitarrista de Loquillo, solista y antes también en Babylon Chat de los que algún día tendré que escribir al fin en la crítica remember de los viernes. Y como referente en el horizonte, el camaleón de los ojos de distinto color, David Bowie, de quien toma no solo algunas formas sonoras sino también ese impulso creativo de creación de un personaje en forma de alter ego que cuenta una ascensión y caída, como Ziggy Stardust. Con todos estos mimbres y mucha dedicación, Nat Simons presenta un disco corto pero muy aprovechado. Melodías directas y pegadizas, sin desmerecer la distorsión y el empaque, que abren una puerta de posibilidades y de crecimiento realmente amplias. El tiempo dirá.

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