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Brasi. Teatro Apolo. 29 de diciembre

Dice el historial de Crónicas Conciertos que esta es la entrada número 26 de la sección en este particular y tan condicionado 2021. Teniendo en cuenta que a la web no llega ni una cuarta parte de los eventos que tengo que cubrir para el Área de Cultura de mi ciudad, da vértigo pensar que han rondado el centenar… con la que cae. En 2020 fueron casi otros tantos. Y, toco madera, por ahora el coronavirus me ha dejado tranquilo. Esto viene a dar un granito de arena más y un recordatorio, al menos, de que la Cultura Segura es un hecho indiscutible. Ahora que se debaten nuevas medidas, reducciones de aforo y demás… Que se tenga en cuenta. De naturaleza optimista para cosas que no tengan que ver conmigo de manera directa, estoy convencido de que el virus está dando sus últimos coletazos con una cepa menos virulenta que, entre su propagación, la tercera vacuna, la vacunación infantil… hará que la primavera y el verano se presenten bastante halagüeños. Hecha esta consideración global a modo de balance rápido, anoche fue el almeriense Brasi el que tuvo ‘el honor’ de ser mi último concierto del año. En lo personal tiene su aquel, ya que iba a verle en directo en 2019, justo el día que falleció mi padre. Así que para mí tuvo mucho de catarsis verle ayer con su banda y, además, con un sonido tan espectacular y una propuesta mucho más sólida que la que ya iba apuntando bien a su paso por Cooltural Fest en 2018 o, años antes, en la presentación de su debut allá por 2015. Músicos y artistas como Brasi son necesarios porque, desde su modestia, son pequeños guardianes de rock más llano, más natural. Dos guitarras muy presentes, un bajo que no solo usa una cuerda, una batería muy presente y canciones sin ampulosidad ni barroquismos, pero con letras elaboradas. A por otro año de conciertos, compas.

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Brasi. Teatro Apolo. 25 de septiembre

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Igual que ocurre con Leño o Rosendo y el rock urbano; con Extremoduro y el rock poeta; Triana y Medina Azahara y el rock andaluz; Joan Manuel Serrat y los cantautores; o Vetusta Morla y el indie resultón; hay nombres que marcan a toda una legión de grupos y vocalistas que hacen que sus influencias sean tan marcadas, que es difícil o tomarlos en serio o diferenciar sus propuestas. Pereza y, desgajando el dúo, Leiva en particular han generado un camino claro por el que muchos jóvenes músicos quieren andar. Algunos andan siguiendo la estela sin mirar a los lados, por miedo a caer, pero los hay que tan solo aprovechan el pavimento para, a partir de ahí, crecer y buscar su propio camino. Anoche, el cantante almeriense Brasi presentaba en el Teatro Apolo de la ciudad su álbum debut Marcaje al Hombre, un disco de diez temas que bebe del universo Pereza, algo de Fito y levemente de Sabina. Pero el directo demostró que había algo más.

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The Dry Mouths – Thödol

La dinámica de trabajo lleva a abordar escuchas y ‘trabajadas’ de discos de manera casi sistemática, al objeto de poder traeros aquí una crónica más o menos certera de las emociones que despierta. En esa bendita costumbre, a veces ‘lo que toca’ no es lo que más te apetece, pero hay otras que uno encuentra una comunión perfecta entre el oficio de contar y el arte de escuchar. No hay nada como cuando un disco te llega con sus emociones en el momento idóneo y preciso. Y con The Dry Mouths es cierto que me viene ocurriendo con frecuencia tanto con los discos como con los conciertos que me ha tocado cubrir, y vuelve a pasar con su nuevo trabajo lanzado hace apenas diez días, este Thödol que vuelve a la senda de lo completamente instrumental. Después de liberar dos discos en los que todavía se sentía el calor de su bajista Andy Reyes, Memories From Pines Bridge y Lo-Fi Sounds For Hi-Fi People, el trío aborda en este Thödol un ejercicio conceptual en torno al Libro Tibetano de los Muertos, que viene a ser como una guía para moribundos y para recientemente fallecidos para encontrar el camino a la reencarnación. Es fácil caer en la impostación y el postureo ante tan magno reto, pero con The Dry Mouths no hay ni medianías ni brindis gratuitos. La banda consolidada ya con Víctor Gutiérrez como bajista, acompañando a Josh Morales a la batería y Christ O. Rodríguez a la guitarra (y esta vez también sitar y sintetizadores) ofrece un viaje de meditación real y efectivo, que ofrece paz entre sonidos de guitarras, baterías rituales, atmósferas epatantes y una ejecución de alta categoría.

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En Clave de Soul. Teatro Apolo. 5 de marzo

Como vengo contando desde el comienzo del año, casi en una línea o sección temática paralela, las últimas semanas, entre unas cosas y otras, han sido las más prolíficas en cuanto a la concentración de entradas dedicadas a bandas, grupos y solistas de mi Almería natal. Esos héroes alejados de los grandes focos que se mueven, se curten y se trabajan todo el circuito local y provincial, con algunas esporádicas salidas, con la misma ilusión de quien llena el Wizink Center. No son los únicos. En cada una de las capitales de provincia, en cada región, hay bandas que valen mucho la pena y que merecen ser vistos y escuchados aunque ellos no protagonicen grandes lanzamientos. Y por eso aprovecho la enésima oportunidad para pediros que no les deis la espalda. Desde que abrimos RockSesión hace justo diez años (mañana lo celebramos con un artículo específico) hasta hoy he ido aumentando ese ‘cariño’ y esa atención a estas bandas. No me importa que tenga menos visitas. Lo merecen. Como lo merecen todos esos grupos de notables propuestas que se le pegan una y otra vez con el desprecio de las salas y la callada por respuesta de los festivales (no hay nada que haga más daño que la indiferencia ante una ilusión o alusión interpelada). Me pasa también con ‘bandas menores’ de las que aquí escribo con igual atención que las grandes consolidadas: la sensación de gratitud y hasta de sorpresa que después transmiten es más que suficiente. Por eso, si desde el 30 de diciembre hasta hoy, han pasado por aquí Brasi, JJ Fuentes (por partida doble), Antonio Álvarez (por partida doble), Lepanto, Los Ruina, El Lunático, Juan Trece, El Bombo o The River Band… Hoy es el turno para En Clave de Soul, y aunque es cierto que el género se nos va un poco de mano, el cuarto concierto ‘almeriense’ en el Teatro Apolo del mes también merecía estar. Os dejo a partir de este momento la crónica que he realizado para el Área de Cultura y Educación del Ayuntamiento de Almería. Sea.

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El Bombo – El Disco

Estoy convencido de que no he escrito con tanta continuidad sobre bandas locales en los alrededor de veinte años de periodismo y crítica musical como lo que vengo realizando de manera constante y regular desde el pasado mes de enero hasta este mitad de febrero (de hecho el viernes se avecina otro concierto más). Desde el 30 de diciembre hasta hoy, han pasado por aquí Brasi, JJ Fuentes (por partida doble), Antonio Álvarez, Lepanto, Los Ruina, El Lunático, Juan Trece, The River Band… Y hoy es el turno para otro más, El Bombo. Es el nombre artístico bajo el que encontramos a Diego Teruel Soler, de quien ya hemos escrito al ser una de las dos voces principales de No Potable. Un grupo que, antes de la pandemia, había llegado a traspasar hacía tiempo los límites provinciales para colarse en festivales como el Weekend Beach de Málaga. Un formato que les viene como anillo al dedo como bien sabe el público de The Juergas Rock Festival (han estado en casi todas las ediciones), el del Solazo Fest (dos de dos). El caso es que el parón pandémico hizo que Diego retomara algunas canciones propias y les diera una forma mucho más rica en matices y menos veloz o encorsetado que el ska de tintes épicos, entre Ska-P y La Raíz, de No Potable. Presenta en El Disco diez temas de lo más sorprendentes, adictivos y melódicos, que se mueven con soltura en territorios accesibles de rumba rock, actitud casi ‘garrapatera’ y pinceladas varias que van del rap metal al funky e incluso el pop a secas. Honestamente, muchísimo más de lo que esperaba. Es de esos álbumes que uno sabe que hace unos años hubiese vendido copias como churros.

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Toundra – Hex

Si ya es difícil que te hagan caso haciendo rocanrol, imaginad si lo tuyo es post-rock, post-metal o post-hardcore instrumental. Siempre habrá quien tenga debilidad personal por algún otro nombre menos conocido o asociado a alguna vivencia o por alguna compresible otra razón, pero creo que es opinión generalizada que Toundra es la banda de rock instrumental más importante de nuestro país de manera casi indiscutible. Seguro que la más reconocida fuera de nuestras fronteras. En sus primeros quince años de vida, los madrileños se han marcado una serie de joyas que demuestran seso, técnica, capacidad emotiva y una facilidad para captar la atención que ya quisieran para sí más de un vende-historias con micro. IV (el último disco de los cuatro primeros, numerarios) fue el cénit esa senda, abriendo un camino más espectral o espacial. Después llegaría el voraz y árido Vortex, liberados en apariencia de la secuencia romana, para volver ahora a retomarla de manera simbólica con Hex. Por el medio, un disco como Exquirla junto a El Niño de Elche y aquella maravillosa locura que fue darle banda sonora a la película muda alemana ‘El Gabinete del Doctor Caligari’, de Robert Wiene. Un disco, el presente, dividido claramente en dos partes. Una primera conceptual bajo el título de ‘El Odio’, corte de 22 minutos dividido en tres partes y una segunda donde Toundra da una vuelta de tuerca a su propia forma de ser explorando por terrenos ignotos hasta la fecha como algo de loops de electrónica o saxo (violines o trompetas sí que habían empleado antes). El resultado es un disco furioso y pasional que, a partir de la oscuridad, intenta alcanzar luz al final de un camino lleno de ira, ruido, polución y, en definitiva, poco humanista. Posiblemente su techo viene marcado por su propio estilo, pero ellos no lo acusan a la hora de generar emociones. Un disco sobresaliente para un cuarteto con mucho que decir sin tener que usar la palabra.

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Los Discos del Año 2021 de RockSesión

Tómese esta selección como una guía para acercarse a lo que no se conozca. O a darle otra oportunidad a un disco que no te llamó en la primera escucha. Es complicado emplearse a hacer listas así, porque siempre te queda la sensación de dejarte fuera gente que merece estar dentro. Tampoco ayuda el hecho de que por mis oídos pasen trabajos de cualquier género y que esta casa se vaya tomando más licencias controladas… ya que si escribiera de todo lo que escucho… se nos iría de las manos. Lo que sí os aseguro es que pocas web de listas pueden decir haber escuchado el 100% de los más de 100 discos que habéis votado en la otra lista popular, más otros tantos que ni aparecen votados. Empiezo con las exclusiones. Como siempre, no hay EP’s (Bunbury, Javi Robles…) ni directos. No he querido incluir una serie de discos que, aunque nuevos, son regrabaciones de grandes canciones originales de antaño, como los de Calamaro (con colección de invitados), Arco, Hora Zulú, Boikot, Saratoga, Dani Martín o incluso Mar de Fondo –cuyas tres canciones más destacadas lo son- o los de versiones de Medina Azahara y Miguel Campello o el mastodonte a la inversa de Saurom, con su cuádruple de otras bandas versionándolos. En ‘otras músicas’, mención especial para Mon Laferte, Zoo, Oques Grasses, Maria Arnal y María Rodés y quiero apuntar algo sobre El Madrileño de C Tangana. Cuando publicó el disco muchos críticos ‘respetables’ y medios ‘generalistas’ se encogían de hombros, se mofaban… después lo han acabado incluyendo en las listas a lo mejor del año. Aquí, en una web de rock, dimos la cara por el disco cuando lo más probable es que nos la partieran. No está en la lista por no desviarnos demasiado en esas ‘otras músicas’, por cuadrar la situación, pero estaría. Termino con mención para la constancia infalible de gente como Love of Lesbian, Los De Marras, Mamá Ladilla, El Reno Renardo y Los Benito o el nuevo regreso de Evaristo en Tropa do Carallo. Dicho esto, vamos, por noveno año: estos son los ochos oros, platas y bronces de RockSesión (todos llevan su enlace a crítica completa). Disparen al pianista.

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14º Happy Moy Fest. The Dry Mouths, Adiós Caballos, Baläte y Gazelle Thomson

Aunque como periodista, crítico y cronista llevo con esto ‘de los rocanroles’ unos veinte años, es cierto que me ‘implicación’ con la escena local se ha ido reforzando con el paso de los años, gracias a llevar, desde hace más de siete, la comunicación del Área de Cultura del Ayuntamiento de Almería. Así, a los consabidas críticas y crónicas de grupos de alcance nacional, he podido ir completando conocimiento y experiencias de mano de grupos de la ciudad y provincia, que a su vez me ha permitido aprender más y conocer a otros círculos en torno al mundillo. Anoche, era una de esas satisfacciones. Ver cuatro grupos de la ciudad tocando en una plaza céntrica. Además con viejos amigos como Mati y Pepe, dueños de La Caverna y La Calle, y el propio Moy, ‘el culpable’ de esta locura. Allí anduvimos. A partir de este momento, os dejo con la crónica realizada como redactor del Área de Cultura del Ayuntamiento de Almería. Salud.

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RockSesión, en el programa de radio ‘Generación Playlist’

Aunque lo de escribir ha ido siempre de serie, mis primeras prácticas profesionales en el mundo del periodismo fueron en la radio, en Cadena Cope. Servicios informativos, presentación de matinales… Tres veranos. Después, los comienzos como redactor también, en la Cadena Ser, otro par de años y medio, con las mismas funciones. Aunque allí también (en la primera generación ‘multimedia’ del país por entonces) me dedicaba a la televisión (Localia) y al papel (La Voz de Almería). De aquello viene a hacer casi 15 años. Y aunque he realizado numerosas entrevistas ante público o presentado eventos, hay algo de morriña de ondas y encanto cuando un programa de radio me invita a ser ‘el guía’ de una de sus emisiones, como ocurrió hace un tiempo con El Vuelo del Fénix de Radio 3, o en hacerme una entrevista como ha pasado en distintas emisoras de distinto alcance. La última ha sido ‘Generación Playlist’, un programa de Onda Local de Andalucía que, con Rafa Sánchez al frente, que me propuso empezar un ciclo de ‘paseos’ por la escena rockera de Andalucía empezando, claro, con ‘la A’ de mi Almería. No exagero si les digo que nos ha costado algo más de un año llevarlo a cabo por incompatibilidad de agendas y temas varios, pero llegó el día. Os dejo la descripción que han hecho del programa y, más abajo, el link para escucharlo: “Os sugerimos un paseo sonoro por la provincia de Almería, disfrutando de sus bandas, asomándonos a su escena musical. Y no se nos ocurría mejor cicerón que Javier M. Alcaraz ‘El Chayi’, uno de los mejores periodistas musicales de este país, al que seguro que conocéis por sus escritos para La Voz de Almería, Rock Estatal o, sobre todo, su portal web RockSesion. #GP123Almeria”.

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Andrés Calamaro – Dios Los Cría

Recurso de sobra conocido el de marcarse un disco de grandes éxitos remozado con colaboraciones. Pero, como ante todo en la vida, las cosas pueden hacerse bien, mal o regular. Pero es que, además, Andrés Calamaro tiene tanto repertorio y tipo de canciones en su currículum que le da para hacer otros cinco discos de este corte, con artistas diferentes en cada uno de ellos. Aquí ha optado por algo así como el smoking y lo clásico, con canciones llevadas a piano y voz, principalmente, con guitarras acústicas, algunas cuerdas y tipo crooner. Algo así como sus Romaphonic Sessions pero aderezado de grandes estrellas. Por tanto, al situarnos en la escucha y crítica del disco, hay que tener en cuenta que el artista y cantor ha optado por un sentido homogéneo y conceptual que hace que por momentos se antoje previsible pero, por otro, bastante grato y apacible durante todo el metraje. Desde aquí, que nos quedamos con todas sus facetas musicales (las opiniones personales sobre otros temas, libre es todo el mundo de tener las que considere), jaleamos a Andrés para que en unos cuantos meses reúna a una corte más noctámbula y bullanguera (no olvidemos que el propio Calamaro cantó en los tributos de Barricada y Def Con Dos, por dar dos ejemplos) para que saquen lustre a las seis cuerdas electrificadas y al bombo y caja. Dicho esto, con la misma técnica que empleé para el homenaje de Ni Tan Joven Ni Tan Viejo de Joaquín Sabina, vamos con la crítica, tema a tema, de cada una de las colaboraciones y revisiones. Y en el último trago, nos vamos.

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