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Dover – Devil Came To Me (1997-2013)

DoverDover Came To Me es el título que se le ha dado a la reedición remasterización del disco que cambió la vida a la banda madrileña y, por qué no decirlo, a miles de personas. Aprovechando el quince aniversario de su lanzamiento (aunque al final ha venido a salir a los dieciséis), aparece este lanzamiento que, más allá de cuestionable afán recaudatorio, tiene suficientes ingredientes para que valga la pena. Además del disco remasterizado y un bonus track editado, el álbum se completa con un segundo disco con un directo extraído del doble concierto que Dover ofreció en la Sala El Sol de Madrid los días 8 y 9 de marzo, con ‘sold out’, por cierto. 20 temas en hora y cuarto que duraron aquellos bolos, el setlist completo. En tercer lugar un DVD con siete temas de aquellas noches entre los que se intercalan entrevistas al grupo, entrevistas individuales, los videoclips y tres temas del directo de noviembre del 97 en el Palacio De Deportes de la Comunidad. Y ver todo eso te reconcilia con una época… y con ellos.

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Ranking de presencias en Viña Rock y playlist 25º aniversario

27 de abril de 1996: Extremoduro, Los Enemigos, Los Porretas, Australian Blonde, Platero y Tú, Lagartija Nick, Manolo Kabezabolo, Los Planetas, Mercromina, Pelotazo, Próxima Apertura, Cara B y Dogmáticos. Estas son las bandas que formaron el cartel del ‘Primer festival nacional de música apocalíptica Viña Rock’, celebrado en el campo de fútbol de Villarrobledo, en Albacete. El inicio de una saga que cumple este año su vigesimoquinto aniversario después de los obligatorios barbechos de 2020 y 2021, pandemia mediante. ¿En cuántas ocasiones te has preguntado el número de veces que ha habrá estado determinada banda en el festival? ¿Quieres hablar con conocimiento de causa y con los datos en mano? Como después de 11 años consecutivos estando al pie del cañón este año no cubriré el festival, se me ocurrió computar numéricamente esos datos y, ya puestos, hacer una playlist conmemorativa por sus Bodas de Plata, situando a los grupos por orden de presencia en el festival. Los datos son más que curiosos porque, personalmente, me sorprende la incuestionable variedad que presenta la lista (hasta 892 nombres, incluyendo también los escenarios de rap, reggae, etcétera). Tenéis aquí la lista completa, abrumadora y muy significativa. Al menos me lo parece. Como curiosidad, también merece tomar consciencia que artistas como Estopa, Pereza o Bunbury han pasado por Villarrobledo. No os hago más spoilers. Os invito a leer la lista de nombres y cifras con calma y dejaros sorprender por lo mucho o poco de cada cual. Os dejo con el Ranking de presencias en Viña Rock y playlist 25º aniversario. Salud.

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Meteosat – Espunk! (2000)

Vamos a hacer un ejercicio de reduccionismo máximo para entender el concepto de lo que representa la crítica remember que traigo este viernes a la web. A principios de los noventa la música ‘indie’ en España venía a ser gente de corte más bien triste, tocando mirándose los pies, cantando en inglés y con poca intención de buscar el más mínimo aporte de accesibilidad o alegría. Con el paso de los comenzarían a generarse subcorrientes diversas, que derivaron en escarceos diversos en más o menos escalas de separación de este movimiento inicial. Entre ellas, por ejemplo, se colaría Dover y su Devil, por otro entrarían los autores con verdadero talento para escribir y presentar estructuras musicales más líricas y, también, grupos que empezaron a acelerar el asunto a terrenos de garaje, de ahí, guatequero, y ¡ay!, comenzó a entrar la alegría comedido en colorismo de diseño. De ese movimiento ya escribimos aquí en su día de Los Fresones Rebeldes, de Undershakers y a buen seguro de alguno más, que la memoria ahora no me da. El caso es que en esa vorágine nació este grupo que, ironía pura, estaba formado por culturetas (entre ellos Ignacio Escolar de Público y eldiario.es y con quien coincidí en La Voz de Almería) que presentaban un tonti-pop (se llamaba así, aunque no comparto su definición) que tenía su clara influencia en sonidos más añejos, sobre todo Los Pegamoides. Sin ser a día de hoy referentes ni símbolo de nada, Meteosat sí que representa muchos tópicos de aquellos años y de la industria. Es un grupo que salta desde la independencia más genuina, que atrae ojos del negocio por su reconocimiento por Rockdelux, después por el periodista Jesús Ordovás, pasan de una a otra multinacional con una facilidad pasmosa, intentan cambiarles el público, lo venden como un producto de algo con lo que tampoco se ven y como nada funciona como nadie quiere al final muere con una velocidad igual de intensa. El caso es que ayer, escribiendo de Pantocrator, me acordé de ellos porque los escuché bastante en los años de la Complutense et voilà, aquí están.

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Nat Simons – Felina

Lo queramos o no, en este país sigue siendo más complicado si cabe hacerse un hueco y obtener reconocimiento si cantas en inglés que en español. Las excepciones, como en casi todo, las hay. Tenemos a Dover, tenemos a Morgan, a Angelus Apatrida y Crisix en el lado más afilado… Pero está claro que no es lo habitual. Son muchos los grupos que empezaron en Shakespeare y terminaron en Cervantes, como Love Of Lesbian, Marlango, Corizonas… Una lista a la que suma ahora Nat Simons, que tras Home On High (Audiomatic Producciones, 2013) y Lights (El Dromedario Records – Autoeditado, 2018) ataca ahora con Felina (El Dromedario Records, 2021). Un cambio de registro que, a la postre, no solo se ha limitado al mero aspecto idiomático, sino que, con mayor amplitud de miras, ha llegado a la música, que ha sacudido ese aura polvorienta de la canción de género americana, para bañarse de una sonoridad sintética, de neón y glam, para lo que se ha valido de grandes nombres destacados del presente expertos en la materia, como Eduardo Baos de León Benavente, entre otros, o Igor Paskual, guitarrista de Loquillo, solista y antes también en Babylon Chat de los que algún día tendré que escribir al fin en la crítica remember de los viernes. Y como referente en el horizonte, el camaleón de los ojos de distinto color, David Bowie, de quien toma no solo algunas formas sonoras sino también ese impulso creativo de creación de un personaje en forma de alter ego que cuenta una ascensión y caída, como Ziggy Stardust. Con todos estos mimbres y mucha dedicación, Nat Simons presenta un disco corto pero muy aprovechado. Melodías directas y pegadizas, sin desmerecer la distorsión y el empaque, que abren una puerta de posibilidades y de crecimiento realmente amplias. El tiempo dirá.

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Razkin – Norte

En el primer trimestre del año pasado veía la luz el disco epónimo de Pedro Fernández Razkin. Venía a ser una manera más (también hubo libros y conferencias de por medio) de aprovechar el tiempo en barbecho que se había dado La Fuga. Poco después llegó la pandemia, el confinamiento y sus efectos posteriores, que vinieron a alargar y afianzar ese camino en solitario, con conciertos acústicos en pequeño formato (alguno de ellos abriendo para Kutxi Romero) y, también, para seguir escribiendo canciones y canciones que fueron incorporándose y completando el repertorio… y también dejando clara la necesidad de que debían ser editadas en un segundo trabajo. Hete aquí que, conflicto habitual en el mundo de la música, ese crecimiento de la carrera en solitario se antoja bastante incompatible con la banda con la que llevaba doce años trabajando. Renuncia voluntaria o empujón hacia la puerta, La Fuga vuelve a quedarse sin vocalista como ya les pasara con Rulo (aquello de “ya no sé en qué esquina de la foto salir”) y Razkin sube varios peldaños de la escalera con un álbum que, con sus similitudes, se presenta mucho más diferente de su hermano mayor. Y es que aunque se comparta el mismo estudio y productor (esto es, el archiconocido Javi San Martín y Estudios Sonido XXI), el resultado es mucho más potente que el primero. Si en el debut se tiraba por un formato más íntimo, de acústicas, blues y baladas más folk, digamos punto cercano a lo cantautor, en este Norte hay una voluntaria intención de sonar a solista de banda de rock. Que parece lo mismo, pero no lo es. Así, Norte ofrece un amplio catálogo sónico que va del rock melódico hasta la cierta querencia pop, del punto cantinero hasta el tango canónico, el indie y hasta una versión del mito Camarón de la Isla y su simbólica La Leyenda del Tiempo (con Kutxi, nada menos). Y el resultado global no es nada malo.

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Pereza – Animales (2005)

Si una banda nace del mero hedonismo de juntarse para tocar canciones de Leño, nada puede salir mal. Después de casi 1.500 entradas en la web, después de haber escrito de los discos en solitario de Rubén (también con Lichis), de Leiva, haciendo referencia a ellos al escribir de Buenas Noches Rose o de Sidecars… Iba siendo hora de que un disco de Pereza asomara el hocico por las críticas remembers de los viernes. Y si de morro hablamos, qué mejor que este Animales de dual portada, cambiante en las múltiples ediciones posteriores que ha tenido el disco. No es para menos. Aunque en términos globales (porque también depende del día y el estado de ánimo) considero que su mejor disco es Aproximaciones, fue con este álbum con el que el dúo se colocó en el centro del foco de (quizá) la última gran época dorada del guitarreo inundando las radiofórmulas, antes de que las programaciones latinas se comieran a la distorsión. Lo he escrito ya más de una vez. Benditos tiempos en los que ‘lo comercial’ era Pereza, El Canto del Loco o La Oreja de Van Gogh, como antes lo fueron Piratas, M-Clan o Los Rodríguez o, más atrás, La Frontera, Seguridad Social, Hombres G, La Guardia o Gabinete Caligari. Por no hablar de cuando Los 40 fijaron su atención en los Dover, Extremoduro, La Fuga con Rulo o Marea. (¿En qué maldito momento se jodió todo?). Animales simboliza también el equilibrio entre los dos discos iniciáticos, más ‘primitivos’ (con los que abrían para bandas más rudas como Enemigos, Siniestro Total o hasta Porretas) y la posterior vuelta de tuerca, donde al guitarreo marca de la casa añadieron una dualidad de complejidad compositiva, a la vez que sobriedad acústica o, del otro lado, la búsqueda de singles descarados destinados a ampliar cada vez más el círculo. El tiempo le ha dado más valor si cabe a lo firmado.

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El Meister – Fuego En Castilla

 

De la misma manera que hay quienes hacen de la crisis una oportunidad, de la desgracia una experiencia enriquecedora, de la necesidad una virtud o de su capa un sayo, Javier Vielba tiene entre sus dones reconocidos y notorios hacer de lo aparentemente árido o, por generalizar, inicialmente aburrido, una suerte de divertimento entre la inteligencia y la locura. Saltó a la primera línea de la música independiente (que no indie) con Arizona Baby, rock sureño propio de barbudos de terrenos pantanosos (esto es, lo contrario a lo que podríamos calificar de ‘madre de las juergas’), lo hizo con Corizonas, donde tuvo el indudable mérito de poner su voz al grupo de rock y surf instrumental Los Coronas, no contento con eso se los llevó al castellano y, además, como guinda, emprendió carrera en solitario para seguir sorprendiendo en las formas. Y este Fuego En Castilla viene a ser su segundo como El Meister donde, nada menos, pasa por un tapiz de modernidad la juglaresca castellana de otros siglos, dándole ese mantra de unir modernidad y tradición, concepto propio de primero de crítica culinaria. Siempre alejado de cualquier atisbo de pretenciosidad y con una naturalidad apabullante. La misma con la que consigue lo mencionado líneas arriba y quien lo ha visto en directo con cualquier de sus fórmulas lo sabe. Larga vida porque, sin duda, estamos ante un tipo que lleva tiempo sin poder ocultar su brillantez.

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Tako – Hilo de Cobre

Suma y sigue. Sin grandilocuencias y con un empecinamiento encomiable, los aragoneses Tako vuelven a recuperar el paso de un disco cada dos años, después del agujero entre Las Campanas de la Vergüenza y 30 Pasos. Hilo de Cobre el decimoctavo trabajo de los de Ejea de los Caballeros. Otra colección de canciones donde el rocanrol, a veces más veloz, otras más lírico, se presenta sin artificios ni modas. Sin que ello signifique que su música sea inmovilista, desde los inicios, pasando por ese trallazo que fue el Veneno, o los lanzados en los últimos años. Diez temas que vienen de nuevo con la producción de Dani Alcover (ya saben, (Dover, La Cabra Mecánica, Depedro, Sugarless, Vacazul, Super Skunk, Habeas Corpus, Héroes del Silencio, Sex Museum, Corizonas… y un largo etcétera) y confirmando la senda alcista del quinteto (Mariano Gil «Rones», guitarra y voz; Nacho Jimenez «Macartur», teclado y coros; Fernando Mainer, -sí, el de Mägo de Oz-, bajo y coros; Iñigo Zubizarreta –sí, el S.A.-, guitarras; y Teto Viejo –Ars Amandi, Uróboros-, batería) que va a por la mitad de su tercera década de vida aprobando con nota en el máster del noble arte de hacer canciones y sobrevivir.

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La Raíz – Nos Volveremos a Ver

Diversas vicisitudes profesionales están haciendo que la acumulación de discos de los que quiero escribir sea ya lo bastante extensa como para llegar al mes de mayo, pero hoy tenía que sacar un rato para concluir sobre este DVD y doble CD en directo de los de Gandía, La Raíz. Y digo hoy porque, hoy, hemos vuelto a recibir otra noticia que pone en peligro una libertad tan elemental como la libertad de expresión, ya que el Tribunal Supremo ha ratificado la sentencia de tres años y seis meses de cárcel al rapero Valtonyc por la letra de varias canciones. Creo que no es ni necesario explicar que no hace falta estar de acuerdo con las aseveraciones que puedan hacer artistas, actores, ciudadanos… personas… sobre cualquier asunto, para defender el derecho a que puedan decirlo. Pero es más preocupante si cabe cuando se encuentra además un palpable doble rasero entre quienes son castigados y quienes son despachados con una palmadita en la espalda. La Raíz ha compartido una de las frases de las canciones que conforman este directo histórico (que refleja el ‘no hay entradas’ del todopoderoso Palacio de Vistalegre): “seremos el preso libre entre rejas y no callaremos hasta que ruede su corona”. Lee el resto de esta entrada

Sonic Toys – Un Plan Mejor

Sonic Toys Un Plan MejorNavarra es un arma de doble filo para el rocanrol. Es una cantera inagotable, existe un caldo de cultivo constante, un público receptivo a escuchar… Pero también es un territorio algo sectario, donde el que se sale un poco de madre pronto es ‘apodado’, si se enfila en un ‘bando’ se le cierran automáticamente las puertas de algunas salas de la comunidad y alrededores… Etcétera, etcétera. Y quizá también sea un lugar poco dado a riesgos de estilo. Bajo ese marasmo de peculiaridades nace Sonic Toys, una banda que rompe con cualquier tipo de convencionalismo de la zona y se desmarca especialmente en esta segunda entrega, con un rocanrol divertido, accesible, con guiños de electrónica en los efectos y distorsiones y (oh) modernidad. Después de la adusta carta de presentación de Rock. Un Plan Mejor, nos trae al trío formado por Álex Sanz en voz y guitarra, Xabi Jareño en la batería y Adrián Vallejo a cargo del bajo y coros con las ideas mucho más claras y las influencias marcadas de nombres que van de Muse (del que toman el concepto de power trío con bajo muy presente y distorsionado) a Queen Of The Stone Age.

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