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Exceso – Rimas y Rock

Más tiempo del deseable ha pasado para que tengamos nuevo trabajo de Exceso. La banda catalana se erigió como uno de los más firmes candidatos al podio del rock tras dos sobresalientes álbumes  Niebla Y Hollín (2010) y Canciones del Segundo Origen (2012). Discos poderosos en las formas, con amplitud de registros a terrenos del rock a la querencia arrumbada, de poesía y una eléctrica manera de narrar las cosas. Pero el tiempo, como también ha ocurrido con los ocho de Marea, es relativo, y al final los siete años que han transcurrido hasta el lanzamiento de este Rimas y Rock se han pasado tan veloces como crueles. Puesto que en un mundo en el que los mp3, visualizaciones, tendencias y reproducciones fagocitan la importancia de la creación, la memoria se difumina mes a mes. En este tiempo, Ferrán Exceso ha seguido peleándose escenarios a base de muchos conciertos acústicos, lo que ha mantenido viva la llama y las ganas de volver a vibrar. Acompañado de Miguel del Pino a la guitarra y producción, Robin Pascual al bajo y Txabi Linares a la batería, Ferrán nos trae de vuelta a una banda que viene con ganas de morder y de recuperar el tiempo perdido y su meritorio hueco.

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Los Discos del Año 2020 de RockSesión

Como siempre, ha de tomarse como una guía para acercarse a lo que no se conozca. O a darle otra oportunidad a un disco que no te llamó en la primera escucha. Es complicado emplearse a hacer listas así, porque siempre te queda la sensación de dejarte fuera gente que merece estar dentro. Tampoco ayuda el hecho de que por mis oídos pasen trabajos de cualquier género y que esta casa se vaya tomando más licencias controladas… ya que si escribiera de todo lo que escucho… se nos iría de las manos. Lo que sí os aseguro es que pocas web de listas pueden decir haber escuchado el 90% de los 170 discos que habéis votado, más otros tantos que ni aparecen votados. También excluyo como siempre EP’s (Mala Reputación, Código Vinagrio, Lendakaris…) y directos (Sôber, Leiva, La Polla Records, Whisky Caravan…). Entre las ausencias por diversos motivos, pero de los que recomiendo su escucha, os cito unos cuantos: las delicatesen de Sílvia Pérez Cruz y Juan Perro, los incontables proyectos colaborativos de Rocío Márquez, las delicias folk de Tanxugueiras o Balkan Paradise Orchestra, las sorpresas de Ginebras o El Meister, la constante media alta de Def Con Dos, Rozalén, Saurom, Triángulo de Amor Bizarro, el crecimiento de Sidecars, Aphonnic, Desvariados, Free City o las gratas confirmaciones de Versoix, Sin Mala Intención y Los Estanques o la canción heavy del año de Lords of Black. Mención de honor para ellos, vamos, por octavo año: estos son los ochos oros, platas y bronces de RockSesión. Disparen al pianista. (PD: intentaré que los discos que no tienen crítica completa en esta selección la tengan a lo largo del mes de enero).

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Somas Cure – La Colmena

Decía el viejo eslogan televisivo de una marca neumática aquello de que la potencia sin control no vale de nada. También es aplicable a las faltas que tiraba Roberto Carlos. Y, trayéndolo a la música, que es lo que nos atañe, nos es aplicable a las bandas de corte metalero que se afanan y empeñan en atronar sin medida. A los vocalistas que aprovechan sus facultades interpretativas de agudos o guturales ultra terrenales para ir siempre con la dinámica por las nubes. Ese error es más patente si cabe en los inicios, cuando la juventud permite los excesos sin que se resienta el fondo (algo así como le pasaba a Ronaldinho con las fiestas, que al principio se las podía permitir y la juventud le mantenía el físico pero que, con los descuidos y el paso de los años, ya no podía volver a ser el mismo. Hoy tengo el día deportivo, por lo visto). La templanza, virtud concupiscible del alma para Platón, junto a la sabiduría y el coraje, son fundamentales para contener ese torbellino y, de eso, Somas Cure sabe desde su nacimiento hace ya diez años, tal y como ha venido además puliendo disco a disco, tras Parseval, más negro; Equilibrium, el nombre ya da pistas; Mitos, ya rotundo diamante; y Éter, su disco, hasta la fecha más abierto y, precisamente, incorpóreo en la dificultad de su circunscripción. Hace casi un año empezaban a mover los hilos de este quinto trabajo de estudio, con la presentación de un primer adelanto al que sucedieron tres más. Hace apenas diez días, al fin, veía la luz esta La Colmena que sigue siendo un derroche de filosofía musical bien entendida. Todos los ingredientes están, pero combinados con los galones de quien sabe manejar sus fortalezas. Llevo años diciéndolo, Somas Cure es de lo mejor de la escena metalera española y así debe quedar escrito.

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Lülu – Saudade

 

La saudade es uno de los términos más complicados de definir debido a la cantidad de matices y al componente emocional indescriptible que siente quien lo padece. Tristeza, soledad, morriña por algo vivido que se sabe que nunca va a volver o que será casi imposible. Y esa es la historia, que cala. Pena que inunda e impregna el corazón y cada hecho menos de la vida, como esa humedad de la cercanía del mar en el invierno que se cuela en el cuerpo, tan mágica e inexplicable. Una amplia mancha que infecta por igual el seso y los pulmones, dificultando la respiración, imposibilitando la meditación y el encuentro de una solución a tanto mundo gris. Una aflicción que no deja espacio para el descanso, como cuando uno se empeña en vivir en dirección contraria a lo que dice el corazón y que acaba consumiendo y pudriendo por dentro. Todo eso es lo que quiere transmitir este ambicioso Saudade. El nuevo y más ambicioso proyecto de Lülu, quien fuera vocalista y líder principal de la banda Forraje, eterna referencia del rock poeta, por debajo de podio copado por Extremoduro y Marea (tanto Robe como Kutxi colaboraron con la banda gallega en su momento). Una canción de 16 minutos de duración que, por ende, nos conecta de forma directa con el concepto de Pedrá, aunque esté más cerca en las formas de La Ley Innata, aunque, a la postre, no sea ninguna de las dos cosas. Es un viaje de largo recorrido, una confesión, un desahogo naturalizado pese a los cuantiosos cambios de tempo y estilo y que, pese a todo, es pura autenticidad, creíble, empática y, por momentos, mágica. Porque no hay nada que cure más en este mundo que la paz del corazón. El que la lleva la entiende.

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Bunbury – Posible

 

Costumbre para los seguidores, necesidad para el artista, lleva Enrique Bunbury reinventándose en cada uno de sus trabajos discográficos de estudio desde que decidiera poner fin al camino del exceso de Héroes. Sobran los motivos, que diría el autor de su última versión (Donde Habita El Olvido en el Tributo a Sabina), para reconocerle méritos pero, sin duda, el hacer que una legión de seguidores en todo el mundo siga con la atención de siempre cada uno de sus pasos pese a la amplia gama de registros alcanzados es un caso casi único en la escena musical. Por eso, también porque siempre se ha caracterizado por una visión adelantada a su tiempo, sumen su inquietud constante y, por último, porque de conformista ha tenido bien poco, su actitud encomiable le ha valido cierta unanimidad en el aplauso (que no es nada fácil en estos tiempos): te puede gustar más o menos su nueva propuesta, pero siempre se cimenta en la búsqueda, el conocimiento, la experimentación testada y mucho seso detrás. A ello, hay que añadir que a Enrique le ha sentado bien el cambio de decena. No le gusta que comparemos sus discos en términos de mejor o peor pero, considero que es algo objetivo, la curva vuelve a dibujar una trayectoria ascendente, superando incluso la emoción contenida de un Expectativas de por sí sobresaliente. Con Posible ‘se saca’ de alguna manera la espina de los sintetizadores y la electrónica, refuerza la mirada circunspecta de su predecesor y aumenta la oscuridad propia de quien ve la vida con cierto desencanto romántico que impone el paso de los años, pero siempre manteniendo el halo de luz que da la bondad.

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Kike Babas & La Desbandá – ¡Akelarre! En Directo

 

El 26 de enero de 2018, el madrileño Kike Suárez ‘Babas’ citó a seguidores, acólitos y amigos de jarana a la sala Cats de la capital, tan alejada, por cierto, de los barrios de donde saca el muestrario de excesos marginales dibujados en sus canciones, para celebrar sus 25 años en el mundo artístico, donde ha sido casi de todo. Desde periodista, escritor, realizador y productor de documentales, videoclips, presentador radiofónico y, además, cantar y escribir canciones en King Putreak, The Vientre, Huevos Canos, La Banda del Cante Pirata, Kike Suárez & La Desbandada, remozada ahora a Kike Babas & La Desbandá. Bajo esta cabecera, cambia de discográfica para publicar con El Dromedario Records este ¡Akelarre! En Directo que viene en uno de esos formatos ‘pejigueros’ para quienes les gusta tener todo más ‘ordenadito’. Un disco con doce temas, que se acompaña con la descarga digital del vídeo del concierto, que incluye un tema más, y un set acústico de siete temas, tampoco recogido en el audio. Toma Toc. Más allá de esas preferencias ante lo más o menos convencional (que, por otra parte, nunca ha ido demasiado con el personaje) el disco en directo es bastante sobrio. Hay pocos excesos y el nivel de ejecución se percibe concentrado en todo el metraje. De hecho, la mezcla da poca concesión al público durante las canciones, que brillan en su crudeza bastarda que tan bien manejan. Un divertido ¡Akelarre! En Directo.

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#Mis10de Black Sabbath

 

Después del recordatorio musical al incuestionable legado de Barón Rojo, polémicas aparte, deslizando por el historial apareció pronto su compañero de baile internacional para compartir fin de semana: los míticos Black Sabbath, con su formación más clásica y fundamental, Terry ‘Geezer’ Butler al bajo, Bill Ward a la batería, Tony Iommi a las guitarras y Ozzy Osbourne a la voz. Y aunque la lista incluirá temas del siglo XXI (un par, no nos pasemos), está claro que el grueso y lo mejor de su carrera se encuentra en sus dos primeros discos, Black Sabbath y Paranoid, también Master of Reality y, como canto de cisne antes del desbarre final por las consecuencias de los excesos, el Volumen 4, que se iba a llamar Snowblind, por si hacía falta dar pistas sobre de qué iba la historia. Si Led Zeppelin puede ser tomado como el precursor del heavy metal por su sonido afilado y los agudos, Black Sabbath tiene el honor de aportar la oscuridad siniestra, algo impostada, pero impactante para aquellos años, completando el círculo y fundando, quizá sí, en mayor grado, el género. No sería el único porque lo denso y la tonalidad de las guitarras también inspiraron de forma clara al grunge. Su aura negra, casi con más recursos jazzísticos que de blues, caló hondo no sólo para el resto de formaciones de su generación, sino que su influencia ha llegado a nuestros días. Ave, Sabbath.

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Los Enemigos – Bestieza

 

Hay con Los Enemigos una sensación de eterno retorno. Viajar por sus discos es navegar entre bisagras que abren puertas que se interconectan entre sí y, de veras, poco importa que hayan estado varios años ‘de parón’, que volvieran de gira, que se marcaran un disco con todos sus ingredientes conocidos en la coctelera (lo que le restó algo de identidad) en La Vida Inteligente y que ahora, vengan desenfrenados, acelerados, más livianos y frescos. Todo es familiaridad con el cuarteto, si bien en esta ocasión viene remozado en una de sus guitarras y en la producción. Manuel Benítez decidió dedicarse exclusivamente a Porretas y su salida a las seis cuerdas ha dado paso a la entrada de David Krahe, guitarrista de Los Coronas, Corizonas y habitual en los últimos tiempos de Josele Santiago, como bien queda registrado en su último directo Conde Duque. Santiago vuelve a firmar guitarras, voz principal (menos uno) y los temas, compartiendo autoría en tres de ellos con el almeriense Fino Oyonarte, bajista. La batería corre a cargo de Chema Pérez. La producción en este caso viene refrescada por un productor emergente y viejo conocido de la banda, como es Carlos Hernández, antiguo técnico de sonido y actualmente responsable de la producción de bandas como nuestros aplaudidos Carolina Durante y Airbag y Triángulo de Amor Bizarro. Con estos mimbres y liberados de las inquietudes personales, Enemigos firma la continuación lógica de Nada, de hace nada menos que más de veinte años.

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Carlos Ann – Descarado (2005)

 

Cabalgando siempre en la vanguardia y en la traslación del exceso noctámbulo y sustancial a las canciones, a veces muy electrónicas, otras muy distorsionadas, pero siempre con una afección histriónica entre la locura y el delirio, Carlos Ann es un artista al que le sienta a la perfección el más que manido adjetivo de poliédrico. Pero es que pocas veces adquiere tanto sentido como con en el caso que nos ocupa. Desde principio de los noventa viene dando guerra con formaciones de su Barcelona natal como Danzando Confuso o Analogic Emotion. Así, llegaría en el 99 el personal e introspectivo Día Especial, con que inicia una senda en solitario que tendría en Entre Lujos y Otras Miserias un paso definitivo en la introspección de su pop electrónico. Llega entonces la varita mágica de Enrique Bunbury, que lo enrola en las filas del proyecto Bushido, que reúne de manera tormentosa a cuatro desbordantes talentos. Además de los dos citados, a Morti y Shuarma de Elefantes. Un disco al que le falta muy poco para ser legendario y que presente, en su concepción poco frecuente en nuestro país, un referente indiscutible. Con esa ‘confianza’, Ann se embarcaría en liderar el proyecto homenaje-recitado a Leopoldo María Panero. Un doble psicotrópico y alucinógeno que ofrece los momentos necesarios de lucidez y perdición. Así, con más focos en su escenario, llegaría este Descarado, protagonista de la crítica remember semanal.

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Los Discos del Año 2019 de RockSesión

Es complicado ponerse a hacer listas así, porque siempre te queda la sensación de dejarte fuera gente que merece estar dentro. Así que, como siempre, ha de tomarse como una guía para acercarse a lo que no se conozca. O a darle otra oportunidad a un disco que no te llamó en la primera escucha. Tampoco ayuda el hecho de que por mis oídos pasen trabajos de cualquier género. También el hecho de que haya sido un año muy ajetreado me ha impedido escribir de todos los discos que hubiese querido, por eso hay algunos de los que no hay crítica completa. Pecata minuta. También excluyo como siempre EP’s (Lichis y Rubén Pozo, Sínkope, Onza, Los Acordes Rotos, Luter…) y directos (Josele Santiago, Piperrak, Los De Marras, Rosendo, Poncho K, Bunbury…). Entre las ausencias por diversos motivos, pero de los que recomiendo su escucha, os cito unos cuantos: Rocío Márquez, Kiko Veneno, los dos post-Raíz Nativa y Valira, el suma y sigue de The Buyakers, el nuevo camino de Vita Imana, los resurgimientos en solitario de Leo Jiménez y Jose Andrea, la vuelta al buen camino de Mägo de Oz o el disco a la altura de la leyenda de Obús. Por séptimo año, estos son los ochos oros, platas y bronces de RockSesión. Disparen al pianista.

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