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Javier Krahe – Valle de Lágrimas (1980)

 

La música tiene numerosos poderes de su lado. A todos los conocidos asociados a sentimientos, también está el reconstituyente. Cada cual tendrá sus grupos o artistas señalados para ello. Cuando las semanas o los días se ponen difíciles en el ánimo, suelo tirar de uno de los tocayos de los que me siento más orgulloso. Y con quien me lo pasaba ya en grande con apenas cinco o seis años. Al hilo del artículo confidente y repleto de admiración que publiqué con motivo de la muerte de Leonard Cohen, ya reconocía que ese gusto y afición me ha venido por la vía materna. También esta semana ha tenido ese componente para que la crítica remember elegida este viernes sea Krahe. Lo recordaba hace unos días al analizar el Tributo a Sabina, Ni Tan Joven, Ni Tan Viejo. Se le echa de menos en ese banquete en el cancionero de su colega. El caso es que desde aquella bisoñez, este burlón ha sido siempre un guía frente a la estupidez. Un remanso de calma con el que sonreír desde el intelecto, la rima y la métrica cuidada. Después, quiso la fortuna y la noche que compartiera varias noches de conversación tras tres conciertos en el más que recomendable Cervezas del Mundo (conocido también como El Zaguán –ZH2ON-). Sumarían entre las tres noches menos de tres horas, pero lo pasamos tan bien que lo recuerdo como si fuese un familiar. “Tienes la cámara rota, me ha sacado demasiado viejo”, me dijo. Tocayo, no eras viejo, ya eras eterno.

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Quique González. Conversaciones (Arancha Moreno)

Es difícil no hacerse adicto a la bibliografía que viene publicando en los últimos tiempos la editorial Efe Eme y de la que aquí hemos escrito ya una decena de veces, sobre todo cuando encara en profundidad una serie de entrevistas – conversaciones con músicos que no es que sean esquivos, pero sí que denotan un distanciamiento notorio y evidente con la prensa o la exposición, sea innato, por aprendizaje, por defensa, desinterés o por seguridad, como una manera de salvaguardar el misterio de su universo creativo. O una mezcla variable de todas ellas en distintas proporciones, según la persona. Y en esa heroicidad en particular anda metida desde hace unos años Arancha Moreno, que completa con esta entrega con Quique González un póker de auténtico lujo que ya tenía los ases de Iván Ferreiro, Coque Malla y José Ignacio Lapido. A través de estas 250 páginas, con conversaciones realizadas la mayoría de ellas en el valle cántabro, que ha sido refugio, maestro y hogar del madrileño durante casi veinte años, y alguna en la ciudad, se realiza un viaje por los casi 25 años de carrera del músico, cuya conversación sorprende sobre todo por la cantidad y profusión de sus declaraciones, no tanto por sus opiniones, que ‘casan’ perfectamente con la imagen y la identidad que ha transmitido a lo largo de toda su carrera. Mientras que otros se crearon un personaje para ser estrellas del rock, Quique hace alarde de una naturalidad que amplía las explicaciones de lo que ya sabíamos. Que es un artista con unos códigos de honor casi en desuso (dinosaurio quizá también en eso, por desgracia) y que la canción, siempre, está por encima de otros intereses.

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La Frontera – La Rosa De Los Vientos (1989)

Aunque hay gente que se empeña en demonizar nuestra música ‘comercial’ de los años 80, no me cansaré de reconocer y aplaudir el legado y labor de un buen número de bandas más que respetables para acercar un rock más comercial o accesible (o como demonios se le quiera llamar) al gran público. En ese gran cajón del podio entra gente tan dispar, pero con ese denominador común, como Seguridad Social, Los Rebeldes, Danza Invisible, Radio Futura, La Unión, Nacha Pop, Duncan Dhu, Los Secretos, Gabinete Caligari, Hombres G, La Guardia, Tahúres Zurdos, Pistones, 091, … y un larguísimo etcétera donde se encuentra, cómo no, La Frontera, la banda que han liderado desde el primer día el incombustible Javier Andreu y Tony Marmota. Un sello inconfundible a aires polvorientos, sureños, de western, bourbon, botas de punta, corbata de cordón, calavera de búfalo y todos los tópicos genuinos del género que, en nuestro país, nadie ha sustentado tantos años, más de treinta, como ellos. Pero La Frontera asumió todo ese imaginario después de demostrar que todo ello no impedía que en sus discos también hubiera espacio para otros matices y un lado más aperturista hacia a alguna concesión melódica, canciones de tempo elegante más allá del acelerón marchoso de bombo y caja, e incluso algunos arreglos souleros de metales. Todo ese ‘aperturismo’ y ese ejercicio que aumentó su registro sonoro y, con ello, el número de seguidores que compraba sus discos e iba a sus conciertos, se inicio con su cuarto trabajo, este La Rosa De Los Vientos.

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Corizonas – III

En esto de la música cuando la excepcionalidad se convierte en rutina se acaban diluyendo los fuegos artificiales y el efectismo de la novedad. Frente a esa ‘ley de vida’ lleva peleando Corizonas desde hace ya unos diez años. Realmente, desde el momento en el que aquel cameo eventual entre Arizona Baby y Los Coronas acabó teniendo nombre propio fusionado. (Como Extrechinato y Tú, pero mejor). Tras una gira de versiones y algunas adaptaciones recíprocas (deuvedé y cedé en directo incluido), la prueba de fuego llegaría con el primer álbum de estudio, aquel antológico The News Today, que llegó casi sin descanso. Cuando ese furor comenzó a decaer, las bandas volvieron a sus proyectos para volver a los cinco años con una inesperada vuelta de tuerca… ¡pasarse al español! en Nueva Dimensión Vital. Un disco que, coincido con la opinión de la banda y me incluyo, pilló un poco a contramano a todos los que lo pasamos en grande con ellos hasta entonces. Y es que ese cambio de idioma vino aparejado con una limpieza de polvo sureño y fronterizo. Todo se hizo más sintético, más melódico, más cool, más neón. Que no digo que esté mal, pero la convivencia de unos temas y otros era tremendamente extraña. Otros nuevos cinco años después ahora llega este III que viene a ser un eslabón perdido entre ambos elepés. Mantiene el rock básico y primigenio del primero (aunque sin trompeta) pero reafirma su apuesta por el español. Un álbum en el que además tienen que afrontar la salida de Fernando Pardo, que decidió bajarse del barco y centrarse en Sex Museum y Los Coronas. Así, Corizonas parece seguir abocado a tener que reafirmarse en cada paso. Cuestión baladí porque igual que ‘los Cero‘ seguían teniendo a dios de su lado ellos tienen el talento.

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El Jueves – La Música Más ‘Kañera’ y ‘Koñera’ (1998)

En unos tiempos en los que se toma como normal que un disco lleve cerca de 30 semanas entre las primeras 20 o 30 posiciones de la lista de ventas y que no haya alcanzado todavía el Disco de Oro (al loro, hoy 20.000 copias frente a las 50.000 de antes, lo que viene a ser una media de 700 álbumes por semana para haberlo alcanzado ya), resulta casi sorprendente que incluso ‘agentes externos’ a la música se afanaran en lanzar recopilatorios y compilaciones varias de mayor o menor gusto hace unos veinte años. ¡Se vendían y eran rentables! Lo de los programas de televisión se ha podido mantener un poco más pero es que en aquellos tiempos lo hacían ¡hasta las revistas!, que se compraban ¡en los quioscos! Hecho el contexto, me apetecía empezar el mes de remembers con el primero de los álbumes que editó El Jueves en ese tránsito de un milenio a otro. El primero fue este La Música Más ‘Kañera’ y ‘Koñera’ (curioso lo de las comillas, siendo una revista tan irreverente, que hiciera falta señalar la excepcionalidad). Poco después llegarían las dos Versión Imposible que también tuvieron su importante tirón (especialmente el primero, el segundo era mucho más bizarro) que tarde o temprano acabarán pasando por aquí, si no cerramos el bar antes. En este álbum (que no está en plataformas digitales –Adjuntaré playlist hecha a cubrir tal agravio-) se reunían hasta 20 temas de una buena colección de bandas sobre todo rockeras y rocanroleras, pero también de personajes que han hecho del humor su bandera. Y, lo más destacable, con nombres de primerísima línea y bastante bien considerados por el circuito. ¿Cómo no los íbamos a comprar?

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Fito & Fitipaldis – Cada Vez Cadáver

Bonita libertad la que te lleva a poder decidir el momento de sacar un disco, sin presiones del mundo exterior, ni agobios imperiosos por la necesidad. Una condición muy difícil de conseguir para buena parte de los artistas, más en unos tiempos en los que la venta de discos no es la de hace quince o veinte años, más todavía en el mundo del rock y que Fito se ha ganado a pulso con contrastados méritos a lo largo de su carrera. Siete años (uno más de lo que debería haber sido) han pasado desde que el pequeño gran artista bilbaíno publicara Huyendo Conmigo De Mí. Una espera que se ha hecho bastante más corta si tenemos en cuenta que a mitad del camino salió publicada esa excelente caja conmemorativa llamada Fitografía y que, con ella, la gira 20 años, 20 ciudades, con guinda final en el Royal Albert Hall de Londres. Cada Vez Cadáver viene a ser el Fito reconocible de siempre, ofreciendo una colección de canciones que nos suenan familiares desde la primera escucha, aunque no sea hasta varias escuchas cuando empiecen a quedarse en la memoria los estribillos, fraseos y puentes. No por ello significa que sea un álbum continuista porque a la séptima entrega desde el estudio con los Fitipaldis se le nota más nerviosa, más tensa y chispeante, quizá auspiciada por esa gira de fuertes emociones y sobre todo, por la forma de mezclar y grabar la voz, más cruda y natural. No está su habitual instrumental pero sí que está el sabor a blues y rock con olor a madera, a las melodías de riffs doblados o intrincados, acompañados del habitual saxo, las frases repletas de retruécanos y giros contrarios con las palabras y los sentidos y también la versión de rigor, en este caso Jorge Drexler, que entra a formar parte de la nómina de álbumes anteriores, con Los Secretos, Leño, Los Rebeldes, Extremoduro, La Cabra Mecánica, Krahe y sus propios Platero y Tú.

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Rat-Zinger – X Años De Sangre y Moscas

De celebración en celebración, en este tránsito de junio a julio. Si ayer le echaba unas líneas al directo por el vigésimo aniversario de Non Servium hoy toca, como avancé, el décimo de esa apisonadora llamada Rat-Zinger. Un grupo que quien los ha visto en directo lo sabe de sobra. Con la intensidad de una locomotora rítmica que permite el brillo, por momentos y según el caso, de alguna estrofa incendiaria o algún adorno adictivo de guitarra. Y no hay fisuras en ellos por más que se le busque, porque pese a la velocidad y al toque agresivo generalizado, a veces más punk, otras más metal, otras más lúgubre y otras más hardcore, la sensación de verlos en la distancia corta es que su grado de concentración es mucho y su sonido, aunque bruto, está muy cuidado. Y es que lo de que ensayar es de cobardes es una mentira… o propio de quien no se toma su trabajo en serio. Ellos lo dejan claro en los comentarios con los que despiden este imprescindible DVD en directo, que se edita además con versión en audio y en doble vinilo. Un lujazo de lo más recomendable. Algo menos de una hora y media donde no hay concesiones al descanso, quizá solo una a la bajada de bpm en todo el metraje. Tampoco faltan los invitados de bandas bastante cercanas al espíritu y filosofía de la banda. Ni un repertorio que se va a las 27 canciones con una facilidad y una agilidad de quien parece ser una fábrica de rabia, éxitos, contagio de ritmo y de sangre borboteando por las venas. Un perfecto cierre a una década de, por más que digan, más aplausos y reconocimiento que trabas. O así lo vemos desde fuera. Porque Rat-Zinger no hay más que uno y sí, te los puedes encontrar por las calles más oscuras.

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Juan Antonio Canta – Las Increíbles Aventuras de Juan Antonio Canta (1996)

Ayer os traje la crítica del libro ‘Héroes Malditos’, de Eduardo Izquierdo. Un volumen que viene a repasar la trayectoria profesional y biografía de 33 artistas tocados por varita mágica de la desgracia. Fracasados en su empeño de hacerse querer a través de sus canciones, lograr el reconocimiento que con mucho menos calidad otros conseguían sin el menor esfuerzo… o incluso aprovechándose del suyo. Perdedores de la música como los hay en la vida. Cadáveres que pueblan el mundo sin la necesidad siquiera de que hayan fallecido. La típica estampa de el viandante al que acompaña un nube negra con rayito de tormenta mientras a su alrededor lucen destellantes y dentelladas de sol. En esa historia negra de la música, nuestro país también tiene una importante serie de nombres que se encuadrarían en una hipotética edición doméstica que su autor entrevé prometer. Hace unas cuantas semanas (el Viernes Santo, no hace tanto, y me parece un mundo) escribía de Silvio Rodríguez Melgarejo (citado como opción plausible en el propio libro), eso le impedía protagonizar de nuevo la sección, así que, como segunda posibilidad (demonios, ni para eso, Juan Antonio) llevo días recordando a Juan Antonio Canta, nombre popular para las listas negras de Juan Antonio Castillo Madico. Un cordobés que después de ‘triunfar’ en el rock más gamberro, canalla y vigoréxico como Pabellón Psiquiátrico (les debo una remember, recuerdo lo del “le metí una mano, le metí una pierna” como uno de los recuerdos musicales más impactantes gracias a una cinta de cromo azul y negra de mi hermano, diez años mayor) se embarcó en solitario, manteniendo la guasa, pero reforzando su porte póetico, irónico, de sabio gestor de las palabras (característica, por cierto, denominador común de otros tantos autores humorísticos, como Krahe, Juan Abarca o Antílopez). El caso es que el bueno de Juan se suicidó a los 30 años (fijaos, ni se le puede meter en el club de los 27 ni en la muerte de Jesucristo, se quedo a mitad de camino) por el escarnio popular de los 40 limones. Perra vida.

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Mamá Ladilla – Exhuma y Sigue

Cuando un cómico o monologuista nos cae en gracia (nunca mejor dicho) caemos en el error de empezar a verle tantas veces que, al final, el cartón piedra se hace patente y nos puede acabar resultando predecible y previsible y no hay nada que haga menos gracia que sabernos el final antes de escuchar el principio. Es una jodienda, si lo piensan, pero es algún pero tenía que tener estar tocado con la divina barita de la capacidad para hacer reír. A no ser que seas como Chiquito y el final no sirva para nada y lo importante sea el trayecto. El caso es que en el caso de los grupos que hacen del humor un arte… ¿se les exige más que a uno ‘convencional’? A fin de cuentas, todos conocemos a autores, bandas, escritores e, incluso, algún crítico musical (ejem) que parece llevar escribiendo la misma canción, el mismo disco, la misma novela o ensayo, o la misma crítica con pequeñas variaciones y no pasa nada. Sin embargo, a los del saco divertido, le pedimos constantemente chistes y ocurrencias máximas que nos evadan del este vil y cruel mundo por unos minutejos, cuanto menos, igualando su máxima cota y malla conocida. Como es lógico, esto jamás puede ser así porque ni siquiera el oyente es el mismo hoy, que ayer, menos todavía que hace años. Evolucionar adquiere otra dimensión y cada nuevo artefacto sonoro de este marco conceptual debe ser tomado con una cierta perspectiva, como el icono amarillo ese de una ceja levantada y la mano en la barbilla (o parte inferior del círculo, mejor dicho). El caso es que Mamá Ladilla, con Juan Abarca al frente, ajeno o no a todo este cacao, se ha marcado otro disco de estudio, titulado Exhuma y Sigue con que el nutre de doce nuevas coplas su henchido repertorio que ya supera el centenar de temas. No es poco.

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Travis Birds. Secret Show Cooltural Go! 10 de abril

Igual que me gusta ‘mover el árbol’ en redes sociales de manera sutil cuando se va a hacer pública una noticia en pocos días, algo de ese espíritu tenía el que haya sido esta semana que hoy muere cuando haya traído a la web la crítica de La Costa de los Mosquitos, el segundo disco de Travis Birds. Y es que, como parte del engranaje de Cooltural Fest, sabía que la cantautora madrileña iba a ser la encargada de alzar el telón de una nueva edición del ciclo de conciertos Cooltural Go!, que celebrará más de 50 fechas en Almería desde este mes de abril hasta el próximo mes de septiembre. Y tiene su aquel, porque lo hacía en el formato de ‘Secret Show’. Esto es: una original propuesta que hace que los asistentes no conozcan hasta apenas 24 horas antes dónde se va a celebrar el concierto en la ciudad y en el que hasta que el artista no aparece en escena, no sabe de quién va a ser la actuación. Una manera romántica de celebrar el ritual de la música en directo, dejándose sorprender y descubrir. Y Travis salió vencedora. Dejo a partir de este momento la crítica realizada como jefe de prensa del festival. Salud. (FOTOS: RockSesión)

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