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La Cabra Mecánica – Cuando Me Suenan Las Tripas (1997)

La Cabra Mecanica Cuando Me Suenan Las TripasMiguel Ángel Hernando, más conocido como Lichis, es el alma y guía espiritual de La Cabra Mecánica. Un grupo ya extinto por voluntad de su propio creador. Si se hiciera una encuesta popular aleatoria casi todo el mundo citará como su canción más conocida ‘La Lista De La Compra’ (con la colaboración y resurrección de María Jiménez) perteneciente a Vestidos De Domingo. Un álbum majestuoso de poco más de media hora de duración que además contenía otros himnos como ‘Felicidad’, ‘Todo A Cien’ o ‘Fábula Del Hombre Lobo y La Mujer Pantera’. Fue su tercer álbum y el más vendido de su discografía pero, antes de eso, La Cabra (Lichis) ya se había granjeado fama y curtido en el mundillo de la fusión multicultural con Maleza y con La Cabra. Después de tocar varios años en directo aparece en el 97 su debut, Cuando Me Suenan Las Tripas, un catálogo de costumbrismo deslenguado y con multitud de ropajes sonoros. Va por él.

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Cincuenta años del ‘pequeño gran rockero’, Fito Cabrales

fitoFito Cabrales cumple hoy 50 años. Medio siglo para el pequeño gran rockero de nuestra escena. Aunque buena parte del público que lo veneraba se hace cruces y maldice el sino por cómo ha evolucionado su obra creativa en la última década, nadie le discute su importante influencia y su notoriedad a lo largo de toda su carrera. Platero sigue generando reverencias con solo nombrarlo. Ahí quedó la composición poetizada del Extrechinato y Tú, en la que fue parte fundamental. Y acumula en su carrera con Fitipaldis una notable colección de discos. El rocanrol suele vivir en una urgencia en la que envejecer está mal visto y, si lo consigues, lo está que lo hagas madurando. O adaptando tu música a tus nuevas necesidades o apetencias. Fito ha sido víctima de todo ello, como también le ha tocado a Rulo, y le tocará a las futuras estrellas del mañana. Valgan estas líneas de felicitación.

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Sopa de Cabra – Sopa de Cabra (1989)

sopa-de-cabra-1989Los aniversarios redondos tienen como ventaja que animan a los grupos a volver a coger la carretera. Lo ideal es disfrutar de los grupos en su momento, claro, pero cuando por edades diferentes o por otros motivos varios no has podido hacerlo nunca, es algo que, en cierta manera, es agradable. Por mucho que diga Fito para no reunir a Platero que si se suben al escenario ya no son los mismos de entonces. Claro, pero reconforta y apacigua. Sopa de Cabra (nombre tomado del disco de los Stones, Goats Head Soup) es un grupo nacido en Girona allá por 1986, tras despachar miles de copias de su maqueta, este disco homónimo y epónimo, marcaría su debut y el inicio de una época dorada que le llevaría a meter más de 60.000 personas en tres citas en el Palau Sant Jordi, a sonar en Los Cuarenta (‘Si et quedes amb mi’), a vender 30.000 discos fuera de Cataluña, 110.000 allí, y un largo recorrido de méritos para un grupo que, mayoritariamente, canta en catalán. Y no pasaba nada. Ya en este debut había canciones en castellano… y en el 93 les llamaron vendidos por fichar por BMG Ariola. Nada nuevo bajo el sol. El caso es que ese resurgir de Sopa de Cabra me vale de excusa para que pasen por la pasarela de la crítica remember de los viernes, sección que todavía no habíamos abierto en este curso.

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Fito & Fitipaldis – Cada Vez Cadáver

Bonita libertad la que te lleva a poder decidir el momento de sacar un disco, sin presiones del mundo exterior, ni agobios imperiosos por la necesidad. Una condición muy difícil de conseguir para buena parte de los artistas, más en unos tiempos en los que la venta de discos no es la de hace quince o veinte años, más todavía en el mundo del rock y que Fito se ha ganado a pulso con contrastados méritos a lo largo de su carrera. Siete años (uno más de lo que debería haber sido) han pasado desde que el pequeño gran artista bilbaíno publicara Huyendo Conmigo De Mí. Una espera que se ha hecho bastante más corta si tenemos en cuenta que a mitad del camino salió publicada esa excelente caja conmemorativa llamada Fitografía y que, con ella, la gira 20 años, 20 ciudades, con guinda final en el Royal Albert Hall de Londres. Cada Vez Cadáver viene a ser el Fito reconocible de siempre, ofreciendo una colección de canciones que nos suenan familiares desde la primera escucha, aunque no sea hasta varias escuchas cuando empiecen a quedarse en la memoria los estribillos, fraseos y puentes. No por ello significa que sea un álbum continuista porque a la séptima entrega desde el estudio con los Fitipaldis se le nota más nerviosa, más tensa y chispeante, quizá auspiciada por esa gira de fuertes emociones y sobre todo, por la forma de mezclar y grabar la voz, más cruda y natural. No está su habitual instrumental pero sí que está el sabor a blues y rock con olor a madera, a las melodías de riffs doblados o intrincados, acompañados del habitual saxo, las frases repletas de retruécanos y giros contrarios con las palabras y los sentidos y también la versión de rigor, en este caso Jorge Drexler, que entra a formar parte de la nómina de álbumes anteriores, con Los Secretos, Leño, Los Rebeldes, Extremoduro, La Cabra Mecánica, Krahe y sus propios Platero y Tú.

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Lichis, Arco, Guiu Cortés y Mr. Kilombo. Final de Cooltural Go! 18 y 19 de septiembre

Con el deseo de que ‘los coolters’ siempre recuerden el amor a la musica desplegado durante cinco meses, el ciclo de concierto de Cooltural Fest, Cooltural Go! echó este fin de semana el telón definitivo a su segunda temporada. Y es que este mediano festival almeriense tiene corazón de gigante y una pasión inusitada (con la que nos sentimos tan identificados) por la música en directo que no ha habido pandemia que haya podido con él. Si ya el pasado verano organizaron una veintena de conciertos desde julio a septiembre (de los que se tuvieron que caer los últimos por una subida de la incidencia en lo que vino a ser -creo- la tercera ola), este 2021 la apuesta se multiplicó por tres y ha desarrollado una programación con más de 50 convocatorias (entre secret shows, ruta gastromusical, cooltural kids, cooltural comedy, conciertos principales…) con más de 70 grupos y artistas en los escenarios. Casi nada, para lo que ha costado. Aquí el hashtag #culturasegura lleva luciendo más de quince meses. Después de tanto, como decía, este fin de semana tocaba cerrar con un ‘secret show’ de Lichis y con el fin de fiesta de Lichis, Arco, Guiu Cortés (Niño de la Hipoteca versión más íntima) y Mr. Kilombo. ¿Qué deparará 2021? ¿Habrá Cooltural Fest en su edición festival normalizada? ¿Habrá otro nuevo ciclo Cooltural Go!? Estaremos para contarlo en cualquier caso. A  partir de este momento, os dejo con la crónica realizada como redactor del Área de Cultura del Ayuntamiento de Almería, mediante Pisadas En La Luna, y jefe de prensa de Cooltural Fest. Salud. (FOTOS: Cooltural Fest).

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Juan Antonio Canta – Las Increíbles Aventuras de Juan Antonio Canta (1996)

Ayer os traje la crítica del libro ‘Héroes Malditos’, de Eduardo Izquierdo. Un volumen que viene a repasar la trayectoria profesional y biografía de 33 artistas tocados por varita mágica de la desgracia. Fracasados en su empeño de hacerse querer a través de sus canciones, lograr el reconocimiento que con mucho menos calidad otros conseguían sin el menor esfuerzo… o incluso aprovechándose del suyo. Perdedores de la música como los hay en la vida. Cadáveres que pueblan el mundo sin la necesidad siquiera de que hayan fallecido. La típica estampa de el viandante al que acompaña un nube negra con rayito de tormenta mientras a su alrededor lucen destellantes y dentelladas de sol. En esa historia negra de la música, nuestro país también tiene una importante serie de nombres que se encuadrarían en una hipotética edición doméstica que su autor entrevé prometer. Hace unas cuantas semanas (el Viernes Santo, no hace tanto, y me parece un mundo) escribía de Silvio Rodríguez Melgarejo (citado como opción plausible en el propio libro), eso le impedía protagonizar de nuevo la sección, así que, como segunda posibilidad (demonios, ni para eso, Juan Antonio) llevo días recordando a Juan Antonio Canta, nombre popular para las listas negras de Juan Antonio Castillo Madico. Un cordobés que después de ‘triunfar’ en el rock más gamberro, canalla y vigoréxico como Pabellón Psiquiátrico (les debo una remember, recuerdo lo del “le metí una mano, le metí una pierna” como uno de los recuerdos musicales más impactantes gracias a una cinta de cromo azul y negra de mi hermano, diez años mayor) se embarcó en solitario, manteniendo la guasa, pero reforzando su porte póetico, irónico, de sabio gestor de las palabras (característica, por cierto, denominador común de otros tantos autores humorísticos, como Krahe, Juan Abarca o Antílopez). El caso es que el bueno de Juan se suicidó a los 30 años (fijaos, ni se le puede meter en el club de los 27 ni en la muerte de Jesucristo, se quedo a mitad de camino) por el escarnio popular de los 40 limones. Perra vida.

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Guardafuegos – Lo Que Tenga Que Ser

Como ya sabéis, en RockSesión no solo fijamos los ojos y, en este caso, los oídos a lo que podríamos denominar ‘equipos de la Superliga’, por traer el símil de actualidad, sino que sabemos que la grandeza de nuestro rock, de la música en general, viene determinada por todas esas bandas que, sin grandes delirios de grandeza, ensayan con la misma ilusión o más del que se sabe que va a estar en casi todos los festivales, que va a vender discos contados por miles y cuyos videoclips y reproducciones se computan por cifras mareantes. He de confesar que me gusta. Y les suelo dedicar el mismo tiempo y atención de escucha. Es lo justo, es lo cabal, es lo necesario y lo más honesto. Aunque sea consciente de que ese tiempo ‘invertido’ (el mismo, escaso siempre y buscado con calzador entre el resto de tareas) no se traduce en el mismo número de visitas, clicks, lecturas… Pero, insisto, no todo se mide en cosas cuantificables. O, al menos, no es mi mundo ese. Por eso, más allá del análisis de las obligadas referencias que todos esperáis, me gusta dejar esa puerta abierta a esos grupos con encanto, como es el caso que nos ocupa hoy con los tarraconenses Guardafuegos. Debutaron en 2016 con un EP homónimo y dos años después publicaron Mientras Todo Cambia. Ahora llega Lo Que Tenga Que Ser.

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C Tangana – El Madrileño

Sabéis que en esta casa, con frecuencia, nos tomamos licencias más allá del nombre de la cabecera, porque no entendemos la música como una guerra de clanes y terrenos vallados sino como algo de lo que disfrutar, aprender y conocer sin demasiados prejuicios. (Ya lo dijo El Drogas, “los compartimentos estancos dicen mucho de la capacidad intelectual de quien los maneja”). Nos gustan las guitarras y la distorsión, sí, pero eso no impide que la gama se reduzca a eso. Por eso me gusta traer cosas ajenas, sobre todo cuando encuentro que el objeto en cuestión lo merece y necesito compartir impresiones. Hay decenas de ejemplos y, hoy, C Tangana y su disco El Madrileño entran a formar parte de ese grupo de anotaciones aparte. También reconozco que, como el salmón, me puede el ir contracorriente o, quizá, el sacar la espada de madera ante causas imposibles. Mis muros (rockeros de pro, incorruptibles) se llenan de numerosas críticas sin sustancia, de ese golpeo tendencioso que provoca cualquier artista cuando se le atribuyen todos los méritos a la sobreexposición en los medios de comunicación, al marketing y un largo etcétera y empieza esa rueda contraria de desprecio por el simple hecho de tener éxito. Una mezcla resultante del síndrome de Solomon y de la frustración que sienten por el triunfo de los demás. ¿Pensamos en nuestro rock? Mägo de Oz, Ska-P, Extremoduro, Héroes del Silencio, Pereza-Leiva,… Cualquiera que triunfa de manera ‘masiva’ se merece aquel famoso calificativo de ‘vendido’. Porque se tolera la victoria siempre y cuando no se salga de su ‘círculo de acción’ o ‘público potencial’. Por eso, cuando C Tangana se movía, de forma cronológica, en mundos de rap, trap y reguetón, era un personaje circunscrito a un cubículo determinado que no molestaba demasiado. Los problemas llegan cuando se rompen las fronteras. Y aquí, no nos gustan.

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Pereza – Animales (2005)

Si una banda nace del mero hedonismo de juntarse para tocar canciones de Leño, nada puede salir mal. Después de casi 1.500 entradas en la web, después de haber escrito de los discos en solitario de Rubén (también con Lichis), de Leiva, haciendo referencia a ellos al escribir de Buenas Noches Rose o de Sidecars… Iba siendo hora de que un disco de Pereza asomara el hocico por las críticas remembers de los viernes. Y si de morro hablamos, qué mejor que este Animales de dual portada, cambiante en las múltiples ediciones posteriores que ha tenido el disco. No es para menos. Aunque en términos globales (porque también depende del día y el estado de ánimo) considero que su mejor disco es Aproximaciones, fue con este álbum con el que el dúo se colocó en el centro del foco de (quizá) la última gran época dorada del guitarreo inundando las radiofórmulas, antes de que las programaciones latinas se comieran a la distorsión. Lo he escrito ya más de una vez. Benditos tiempos en los que ‘lo comercial’ era Pereza, El Canto del Loco o La Oreja de Van Gogh, como antes lo fueron Piratas, M-Clan o Los Rodríguez o, más atrás, La Frontera, Seguridad Social, Hombres G, La Guardia o Gabinete Caligari. Por no hablar de cuando Los 40 fijaron su atención en los Dover, Extremoduro, La Fuga con Rulo o Marea. (¿En qué maldito momento se jodió todo?). Animales simboliza también el equilibrio entre los dos discos iniciáticos, más ‘primitivos’ (con los que abrían para bandas más rudas como Enemigos, Siniestro Total o hasta Porretas) y la posterior vuelta de tuerca, donde al guitarreo marca de la casa añadieron una dualidad de complejidad compositiva, a la vez que sobriedad acústica o, del otro lado, la búsqueda de singles descarados destinados a ampliar cada vez más el círculo. El tiempo le ha dado más valor si cabe a lo firmado.

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Dogo y Los Mercenarios – Llueve En Sevilla (1988)

Los visitantes que más frecuentan esta casa ya saben que no ha sido un buen inicio de año para la escena rockera de nuestro país. Hace justo una semana despedíamos a Francisco Javier Hernández ‘Boni’, nuestro 8oni, de Barricada. Pero es, que, apenas seis días antes, hacíamos lo propio con Juanjo Pizarro, quizá menos mediático pero igual de relevante dentro de la escena musical alternativa en castellano. Los amantes de aquello del libreto físico sabrán que es el productor habitual de casi toda la discografía de Reincidentes. Hasta el punto era ‘de la familia’ que siempre participó casi por igual en las decisiones asamblearias del grupo e, incluso, llegó a salir en la portada del más que notable disco doble de la banda, Cosas De Este Mundo (como Carlos Domínguez Reinhardt, técnico de sonido), publicado allá por 2002, cuando Locomotive Music quiso ampliar su cartera exitosa heavy al mundo del punk rock. No le salió del todo bien, pero ese es otro tema. No sólo Reincidentes se vincula a su trayectoria profesional. Sumen Sacramento, Pata Negra, Dulce Venganza, Silvio, Gérmenes, Brigada Ligera, Entresuelos, Dulce Venganza, El Gitano, La Cabra y La Trompeta (sempiterno candidato a estar en la crítica remember de algún viernes) y productor también de bandas como Maita Vende Ca, Parachokes, Miguel Caldito o el disco de poesía musicada de Emiliano Domínguez Zapata, el hijo del cantaor El Cabrero. Incluso en los últimos tiempos se implicó en ayudar a una de tantas bandas que empiezan pero a las que él veía ‘ángel’ callejero (que no urbano, como bien han dicho por ahí), como es el caso de Yeska. Es quizá, como músico, Dogo y Los Mercenarios la banda en la que más se le pudo apreciar en la primera línea. Sirva para dejarle testimonio.

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