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Boikot – Balkan Acoustic

Lo he escrito muchas veces y, en su escala, Boikot también es un poco víctima de ello. Bueno, es víctima de varias cosas. Vayamos poco a poco porque casi que una se enlace con otra y todas se retroalimentan. Como bien sabe el público veterano del lugar, los madrileños son una de esas bandas a las que se ‘les acusa’ de estar en todos los festivales (cuando había), se les culpa (por tanto) de hacer siempre el mismo concierto y, de camino, también se les pega otro viaje por decir aquello de que ‘estaban mejor antes’ y que ‘se han vendido’ por aquello del ‘triunfo transversal’ y un largo etcétera de acusaciones y atenuantes que, a la postre, les convierte en uno de los grupos más criticados del panorama ‘independiente’ (no indiependiente). ¿Por qué? Porque ya sabemos que todos los integristas del circuito no quieren triunfos masivos y, cuando se producen, se cuestiona por una supuesta pérdida de calidad. En fin, la misma historia que lleva repitiéndose a escala en el mundo de la música desde hace un siglo. Con muchas conversaciones por distintos backstages a cuestas, el bueno de Juankar me comentaba que lo de sacar disco estaba algo más complicado y que iban a apostar por otros formatos. En su intento de renovación constante, integraron un tiempo a Julio Maloa, sacaron singles con multitud de colaboraciones… Sangre fresca, nuevos formatos. La pandemia frenó un tanto ese desarrollo y, quizá algo tarde para mi gusto, el grupo reaccionó y pensó en darle una vuelta a parte de su repertorio con un sonido orgánico-balcánico (tiene su media docena de canciones en ese ambiente musical), sin distorsión y acústico. Les reconozco que desde el inicio me parecía buena idea, sobre todo porque muchas de esas canciones las conocí antes en versión original con Bregovic y Kusturica, y porque me imaginaba a todos los haters con espuma en los dientes (igual que con Reincidentes cuando sacaron su acústico en 2004). Pero es que el resultado es mejor de lo esperado.

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Rodrigo Mercado – Llueve

Canta Hamlet aquello de “sabes que tu progenitor goza de gran reputación. Procura, entonces, no fallar: lo siento hijo, así es la cruda realidad”. Rodrigo Mercado ha sido siempre consciente, porque así lo ha reconocido en numerosas entrevistas, que siempre vivirá con la marca de ser el hijo de quien es. (Rosendo Mercado, por si hay alguien de otro planeta leyéndonos). Una realidad que es tan positiva (estoy seguro que hay mucho cariño entregado sin recibo al madrileño solo por ello) como condicionante, por aquello de no poder igualar las gestas de tamaño mito de nuestra música. Pero, sinceramente, tampoco es necesario. Si bien eso se aprende con el tiempo y los años. Quizá por eso, o pura casualidad, Rodrigo comenzó su camino en el mundo musical alejado de su nombre propio (con Ganyahmun), alejado del rock, haciendo reggae, que posteriormente fue mutando al funk, al rap, al soul, a veces por momentos casi al spoken word. Siempre con un buen gusto elogiable, unas letras que también se salían de lo frecuentado. Con el paso de los años llegó un momento en el que todos los discos tenían alguna letra suya, cuando no un cameo. Iniciando su camino en solitario, Rodrigo fue buscando su propia senda, explorando nuevos caminos hasta que un día decidió coger la guitarra y empezar la composición con ella. Claro, así las canciones fueron cogiendo una organicidad propia, más rockera, al tiempo que Warner se echaba a un lado. Con la autogestión ‘obligada’, Rodrigo casi que suena más genuino que nunca en este EP llamado Llueve. Que sí, ahora sí, se mueve en territorios eminentemente rockeros. Bienvenido a casa.

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Rafa J. Vegas – Córtate El Pelo y Búscate Un Trabajo

Prometo que es la casualidad la culpable de que la publicación de esta reseña literaria coincida con el día en el que hemos conocido el cambio de look de Pablo Iglesias. Estupidez aparte, volvemos a intentar retomar el pulso de publicaciones que, a lo tonto, se nos ha acumulado bastante material del que plasmar impresiones. Cinco días. Además del nombre de un diario económico, ese el tiempo que me llevó devorar con voraz apetito los ya dos libros que ha publicado Rafa J. Vegas con Desacorde Ediciones. Ya saben, junto a Efe Eme, la editorial más recomendable y activa dentro de nuestro rocanrol. Mil Maneras De Volver al Hotel y Córtate El Pelo y Búscate Un Trabajo son los primeros volúmenes que firma el que durante 31 años, 9 meses y unos cuantos días ha sido la mano derecha de Rosendo sobre un escenario. El eterno bajista que ha escoltado a todo un referente del rock nacional con la misma discreción y compromiso con el que el carabanchelero se movía por la escena. Quizá con una importante dosis de cabezonería y demasiado recato y ausencia de atrevimiento, pero con la suficiente y patente honestidad para haberse granjeado el cariño del personal. Cinco días. Me llegaron los libros a tiempo para preparar la entrevista con público que tenía que hacerle el pasado domingo, 9 de mayo, en mi segunda cita con el Escenario Literario que ha organizado Crash Music (Cooltural Fest, Cooltural Go!, Festival Murmura y un largo etcétera), en una tarde en la que también contamos con la presencia de Kutxi Romero, de Marea, que además se echó cuatro temas antes de empezar ambos con la firma de ejemplares. Un rato de lo más agradable y que vino a confirmar todo lo que transmiten estas páginas, valioso testimonio de una manera de vivir. Está claro.

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Astrobahn – Fuego

Poco más de un mes lleva en la calle el Fuego de Astrobahn. Una de esas bandas con las que trabaja el sello discográfico Nooirax Producciones y cuyo catálogo, por estar tan fuera de tendencias y por dar cabida a tantísimas formaciones de rock independiente, instrumentales, oscuras, progresivas, stoner, contundentes y de esas amantes de desarrollos complejos, no ha caído en gracia siempre en esta casa, aunque no hayamos traído demasiados discos del sello (ya saben, es que es imposible escribir de todo lo que sale). En este caso se trata del tercer disco de este cuarteto madrileño que, con sangre nueva tras una ligera reestructuración en su alineación, afianza su apuesta por el rock alternativo que lo mismo se tira unas líneas melódicas accesibles que lo mismo endurece las texturas hasta afilar el punto a casi un territorio metálico o de noise o shoegaze, teniendo también un espectro oscuro, casi emo. Todo eso en menos de cuarenta minutos en estos ocho temas que dan vida a su Fuego. Parece casi normal tanta variedad en tan poco, como también la furia acumulada, si tenemos en cuenta que han pasado ya nada menos que ocho años desde el lanzamiento de su segunda entrega, titulada El Mundo Se Para, un nombre casi profético visto con los ojos por encima de la mascarilla de nuestro presente aletargado. Un sonido, aseguran, más directo y compacto con el que buscan su apuesta definitiva que les consolide en la escena. Si por los motivos que fueran no acabara siendo así, sin duda que al menos podrán decir que se han quedado bien a gusto.

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NoProcede. Moby Dick Club. 6 de marzo

Además de truncar vidas, que es lo más importante de todo, en lo que nos atañe en la web, que es la música, el crack pandémico ha hecho daño, retrasado, cambiado, alterado, frenado, complicado y puesto en riesgo los planes de numerosas bandas de nuestra escena. Discos, giras, trayectorias ascendentes… El caso de los madrileños NoProcede es un ejemplo de tantos y el que nos ocupa hoy. A lo largo de la semana veremos también cómo lo han afrontado otros tres grupos, siempre con el objetivo de mantener la llama encendida con sus seguidores, ofreciéndoles lo mejor de cada caso, en distintos formatos, como iremos repasando con Qverno, Los Hermanos Cubero y Morgan. Después de ir aumentando aforos en Madrid durante los años, tocando en salas cada vez más grandes, de ‘entradas agotadas’ en ‘entradas agotadas’, el cuarteto madrileño, formado por Javier Beltrán a la voz, Kike del C. Sanz en la guitarra, Fran Porras al bajo y Carlos Sánchez en la batería, venía de hacer lo propio en la sala Caracol y tenía firmados varios festivales antes de que el mes de marzo pasado acabará con las reglas del juego. Comenzó entonces ese travesía en el desierto, más o menos larga para cada uno, que de alguna manera terminó este pasado fin de semana, con la vuelta a los escenarios de su komodo, la mascota de su Morder y Esperar, último disco hasta la fecha y espaldarazo definitivo para el grupo. Primero una fecha, agotada con velocidad, luego una segunda, y finalmente, también la tercera. Tres ‘sold out’, uno en sala Moby Dick Club y dos en sala Vesta. Animados por DX Streaming el concierto del sábado se pudo ver en todo el mundo y, comprometidos desde el primer día con la causa noprocedil, ‘acudimos’ para hacer la crónica de su actual estado de forma.

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Sabicas – Rock Encounter with Joe Beck (1966)

Creo que no me falla la memoria si aseguro que, tras la de El Dúo Dinámico y su primer single lanzado al mercado en 1959, esta es la crítica remember de viernes más antigua de las más de 250 que llevamos ya en el zurrón. (Consulto sobre la marcha y veo que escribí de un recopilatorio de Lone Star que abarcaba los años de 1964 a 1970). Es posible que os suene este disco o, al menos, alguno de los dos nombres ‘titulares’ pero creo que habrá más del lado contrario. Vamos, como suele ser habitual, con la intrahistoria de porqué la elección de este álbum para la propuesta semanal. Saliendo al mercado el viernes 26 y domingo 28 pasados, tenía claro que lunes y martes debían ser para sendos lanzamientos de Hora Zulú y Califato ¾. Dos bandas que llevan a sus terrenos (rap, poesía y metal los primeros, breakbeat, alucinaciones y atmósferas ambientales los segundos) la esencia de la música flamenca y arabesca. Ahí están esos riffs de Paco Luque y ese repaso a distintos palos de Curro Morales y los suyos. También, dado el perfil arriesgado de Califato y por necesidad personal, decidí que el jueves era un buen día para analizar la fusión tradición-modernidad de C Tangana en El Madrileño y, como nexo de mezcolanza, el miércoles recuperé el último disco de Acid Mess. Unos asturianos que hacen una suerte de rock progresivo y stoner, con tintes metálicos pero con, también, algún escarceo flamenco en tempo, compás y coros. En una semana en la que hemos pasado fronteras de un lado para otro, demostrando que lo mejor que nos ofrece la música es saber que no hay compartimentos limitantes, que todo lo que se hace con sentido y criterio merece su reconocimiento o, al menos, escucharse sin prejuicios, dejándose sorprender. Modernidad, tradición, novedad, barreras… Es ahí donde entra este disco, considerado como la primera fusión real del flamenco con el rock (Después del tema ‘Flamenco’ de Los Brincos (al caer) y después de que Lionel Hampton o Charles Mingus lo hicieran desde el jazz).

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C Tangana – El Madrileño

Sabéis que en esta casa, con frecuencia, nos tomamos licencias más allá del nombre de la cabecera, porque no entendemos la música como una guerra de clanes y terrenos vallados sino como algo de lo que disfrutar, aprender y conocer sin demasiados prejuicios. (Ya lo dijo El Drogas, “los compartimentos estancos dicen mucho de la capacidad intelectual de quien los maneja”). Nos gustan las guitarras y la distorsión, sí, pero eso no impide que la gama se reduzca a eso. Por eso me gusta traer cosas ajenas, sobre todo cuando encuentro que el objeto en cuestión lo merece y necesito compartir impresiones. Hay decenas de ejemplos y, hoy, C Tangana y su disco El Madrileño entran a formar parte de ese grupo de anotaciones aparte. También reconozco que, como el salmón, me puede el ir contracorriente o, quizá, el sacar la espada de madera ante causas imposibles. Mis muros (rockeros de pro, incorruptibles) se llenan de numerosas críticas sin sustancia, de ese golpeo tendencioso que provoca cualquier artista cuando se le atribuyen todos los méritos a la sobreexposición en los medios de comunicación, al marketing y un largo etcétera y empieza esa rueda contraria de desprecio por el simple hecho de tener éxito. Una mezcla resultante del síndrome de Solomon y de la frustración que sienten por el triunfo de los demás. ¿Pensamos en nuestro rock? Mägo de Oz, Ska-P, Extremoduro, Héroes del Silencio, Pereza-Leiva,… Cualquiera que triunfa de manera ‘masiva’ se merece aquel famoso calificativo de ‘vendido’. Porque se tolera la victoria siempre y cuando no se salga de su ‘círculo de acción’ o ‘público potencial’. Por eso, cuando C Tangana se movía, de forma cronológica, en mundos de rap, trap y reguetón, era un personaje circunscrito a un cubículo determinado que no molestaba demasiado. Los problemas llegan cuando se rompen las fronteras. Y aquí, no nos gustan.

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Acid Mess – Sangre De Otros Mundos

Decía el pasado domingo que la semana venía cargada y tras Hora Zulú y su revisión de grandes éxitos de sus dos primeros discos pero con el sonido actual y la guía al complejo y sustancioso segundo álbum de Califato ¾ y tras anunciar que mañana jueves le vamos a dedicar unas cuantas líneas al último de C Tangana (no, que no es broma) la cosa no decae hoy con Acid Mess. Y, sí, es cierto que es sin duda el nombre que menos te suene de los cuatro pero, aunque lo haya descubierto ‘tarde’ (si es que poco más de tres meses después de su lanzamiento se equivale con ese calificativo en estos tiempos de consumo rápido), os aseguro que el poderío sonoro de esta banda asturiana merece la pena. Cinco años han tardado en volver con nuevo material, pero la espera ha servido para enriquecer su stoner iniciático en una suerte mucho más compleja donde se afila más el sentido progresivo que ya trabajaban, los estruendos, pero también las dinámicas hacia pasajes que (ojo a la novedad) esbozan querencia de raíz flamenca en los compases, coros y hasta palmas. En una casa donde adoramos tanto a Viaje a 800 o Atavismo, ese sonido no podría tener mejor recibimiento, completando precisamente esa gama de acercamientos representada esta semana tanto por los de Granada y Sevilla/Málaga de lunes y martes y por ‘el madrileño’ de mañana. Cada uno a su manera pero, demostrando, en suma, que no hay límites ni fronteras cuando las cosas se hacen con seso y trabajo. Sangre De Otros Mundos, allá vamos.

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La Cinta Del Canci (1999)

Como sabéis los más asiduos y longevos por estos lares, la crítica remember de los viernes tiene en sus centenarios una cita obligada con aquellos míticos recopilatorios que a tantos nos sirvió para descubrir y conocer nuevas bandas sobre las que indagar y, también, tender compilados a los mejores grupos del género como caja que tener a mano a la hora de pinchar música con los colegas. Me estoy refiriendo, claro está, a los míticos Los 100 de Tipo, de los que salieron tres volúmenes de cinco discos cada uno de ellos. Cuando la crítica de los viernes llegó a su primer centenario traje aquí el volumen uno y cuando llegamos al segundo centenario fue el turno del volumen dos. Está claro que el volumen tres llegará cuando lleguemos a las trescientas críticas recordatorias. ¿Y por qué esta introducción hoy? Claro está que no hemos llegado todavía a esa marca pero, hoy, con esta nueva entrada, llegamos al ecuador de ese camino. Esta es la crítica remember número 250 y ¿por qué no celebrarlo con un ‘hermano menor’ como este mítico recopilatorio con el título de otra sala igual de simbólica para la escena del rock más independiente y combativo? Podemos entrar en disquisiciones sobre ausencias, pero no sobre presencias: La Cinta Del Canci (demonios, si es una sala, ¿no debería haberse llamado La Cinta De La Canci?) reunía en un cedé a, posiblemente, las 16 bandas más populares del rock de trinchera, visto con los ojos de aquel entonces. Al loro: Reincidentes, Extremoduro, Ska-P, Platero y Tú, Soziedad Alkohólika, Rosendo, Tahúres Zurdos, Mamá Ladilla, Porretas, Boikot, Los Enemigos, Leño, Los Suaves, Mägo de Oz, Barricada y Siniestro Total. 1999. Están todos los que eran en ese momento.

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Vantroi – ¡¿…Otra Vez Frijoles?! (2001)

El movimiento se demuestra andando. Si ayer en la entrada sobre Rompan Todo (donde me marco una relación y playlist de cerca de 1.300 bandas de toda Latinoamérica) comentaba que, pese a que siempre han estado presentes, quería reforzar la entrada de bandas del otro lado del charco (ya tenemos por aquí mucho en #Mis10de y críticas o crónicas de Andrés Calamaro, Bersuit, La Vela Puerca, Molotov, Café Tacvba, La Beriso, Bulldog, Rata Blanca, Ariel Rot, Sepultura, Milongas Extremas, Aterciopelados…), me he tomado la palabra y, al día siguiente, siendo viernes, la crítica remember de la semana viaja a México para recordar a Vantroi. Banda mexicana nacida en 1992 en el DF y que, con este disco, los dos anteriores (¡No Nos Moverán!, de 1996, Bajo Palabra, de 1999) y el posterior (Para No Morir De Locos, 2005) tuvieron una muy estrecha relación con bandas, sellos y festivales de nuestra escena. Pasaron por Viña Rock, Aúpa Lumbreiras, Extremúsika, Festimad, Derrame y tantos otros. Tuvieron muy estrecha relación con Boikot –no olvidemos que coincide con la trilogía de La Ruta del Che, con la que los madrileños hicieron ‘américas’- o Canallas, con Fernando Madina de Reincidentes, que las ha producido varios discos, tocaron con todos las bandas del momento (alguna entrada se puede encontrar por ahí siendo los teloneros de ¡Extremoduro! en varias fechas), hasta que de alguna manera y por vicisitudes extramusicales un frenazo en seco les paró el recorrido. Va por la memoria de aquellas canciones y momentos vividos (algunos de ellos peligrosos, con armas de fuego de por medio, en una noche en la que también actuaban Canallas en su gira de despedida y un todavía sin disco… Albertucho) y porque ya les iba tocando.

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