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Leiva – Nuclear

Sin prisa pero sin pausa, sigue Leiva forjando la senda de su trayectoria artística en solitario, después de que por salud y amistad decidiera dejar a un lado su aventura en pareja con Rubén Pozo en Pereza. En este tiempo, Leiva ha ido ganándose una reputación o simpatía por viejos tótems del rocanrol y él, que ante todo es una persona con la cabeza bien amueblada, ha sabido ir aprendiendo de los fracasos, de los errores y también de los aciertos, para hacerse con una base sólida de incondicionales. Está claro que ni se le puede acusar de vivir de las rentas (cuatro discos en siete años), ni de que no saber aprovechar sus oportunidades. Sea con Loquillo, Ariel Rot, Johnny Cifuentes (aunque aquello acabara mal) o Joaquín Sabina (y Benjamín Prado), con quien se hizo una uña más de su carne en la composición, gestación y producción de Lo Niego Todo, posiblemente, el último disco del poeta jiennense. Esa vampirización constructiva le lleva a firmar en Nuclear un disco que mira hacia dentro (a su manera) y mejora considerablemente las letras con respecto a su antecesor. Un pequeño paso más dentro de una sinonimia. Y es que Nuclear trae todo lo que se espera de Leiva. La impostura vocal de los fraseos, los medios tempos, los estribillos y melodías pegadizas. Parece sencillo, pero él, en la facilidad, sigue reinando y haciéndose fuerte. Lee el resto de esta entrada

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Leiva y Los Zigarros. 19 de agosto

“Ya comprendí la situación, hermano soy del rocanrol”, cantaba Barón Rojo allá por los años ochenta. Como en el póker, las dobles parejas de hermanos con los Conejo Torres, Leiva y Juancho, y los Tormo Martín, Ovidi y Álvaro, en Los Zigarros, hicieron las delicias de los amantes del rock más clásico, ese que es solo rocanrol pero nos gusta, anoche, en el nuevo recinto de conciertos del Ferial de la Vega de Acá. Era la primera de las cinco convocatorias que se desarrollarán en este espacio durante #AlmeriaenFeria, organizadas por el Área de Cultura, Educación y Tradiciones del Ayuntamiento de Almería. Más de dos mil personas asistieron a un espectáculo en el que el protagonismo tenía las formas curvadas de Fenders y Gibsons. Un manual de estilo a lo Kubrick, un ejercicio de género canónico donde los riffs se engarzaron uno tras otro, con solos rítmicos cabalgando sobre las bases estilosas y estribillos de golpeo inmediato. (Crónica que he realizado para el Área de Cultura. Fotos: Eva Zetta).

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Leiva – Monstruos

leiva-monstruosRompe Leiva con la tipografía de la carpeta de portada en su tercera entrega en solitario desde que las andanzas de Pereza decidieran bifurcarse en caminos diferentes. Al menos en la del título del disco, no en la de su nombre que, como un martillo pilón, busca refrendarse como un referente indiscutible del rock masivo, aunque se nos presente más delicado. Sin duda lo es, tal y como se demuestra con las expectativas que rodean cada uno de sus lanzamientos. Tras un desnaturalizado Diciembre y un notabilísimo y atinado Pólvora, el tercer trabajo del madrileño viene a cerrar lo que denomina como una trilogía, si bien las similitudes propiamente dichas son escasas. En esta ocasión se aleja de los mandos para dárselos en su totalidad a Carlos Raya (que coprodujo el anterior), que tira de Joe Blaney para la ingeniería. Dos nombres propios intachables, pero de una personalidad y ‘modus operandi’ tan marcados (sobre todo en la interpretación guitarrera de Raya) que el peso es muy alto en el resultado final. Hay menos sobresaltos sonoros en el álbum que tira de minimalismo seco en guitarras y arreglos. Poquitos, los justos, mucho hammond y naturalidad en la forma de cantar. No es un paso atrás, pero es un paso más corto.

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Leiva – Pólvora

Leiva PolvoraHay casos puntuales, al menos a mí me pasa, en los que el personaje musical te cae mejor que la música que hace. Nunca tuve demasiada devoción por Pereza (y si al final me gustan varias canciones fue casi después de su escisión), y de entre Leiva y Rubén, en sus primeros álbumes en solitario, me quedé con el del segundo. Quizá por aquello de haber formado parte de aquella superbanda llamada Buenas Noches, Rose, tan infravalorada y tan gigantesca. Leiva siempre me generó simpatía, por actitud, por coherencia en sus palabras… No es poco. Pero su música, y en especial la de su primer disco en solitario, me dejó bastante frío, quizá la culpa la tiene el título, por aquello de Diciembre (la gracieta estaba fácil). Ahora regresa con este Pólvora y… ¿Han cambiado las sensaciones?

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Rubén Pozo – Lo Que Más / Leiva – Diciembre

Los dos integrantes de Pereza decidieron de forma amistosa no sacar disco de la formación en 2012. En febrero salía ‘Diciembre’ de Leiva, y en marzo ‘Lo Que Más’ de Rubén Pozo. Había cierta curiosidad por ver qué de nuevo podrían ofrecernos uno y otro que no pudieran hacer ya en Pereza, donde la vertiente pop de Leiva prima en muchas ocasiones sobre el lirismo de Rubén. Vamos al detalle.
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Manolo Tena – Sangre Española (1992)

Reconozco que no era la crítica remember prevista para este viernes, ya que mi intención inicial era haber escrito ayer la crítica del nuevo álbum de Leiva y, siguiendo con la (relativa) coherencia del mes de marzo, rematar una semana de rock accesible (Nadye, NoProcede) (como las anteriores fueron de heavy metal –Avalanch, Sherpa, Leo, Mägo de Oz, Armando Rock- o rock clásico y estiloso –King Sapo, Los Zigarros, Santero y Los Muchachos, Derby Motoreta’s y Antonio Flores- o de punk –Kaótiko, Evaristo, Malos Vicios, Polanski y El Ardor…-) con un disco de un grupo que iba a generar algo de controversia, pero estoy dispuesto a asumir el riesgo de cara a la próxima semana. El caso es que hoy me quedé huérfano de ideas, hasta que un buen amigo de profesión, en una rueda de prensa, me recordaba que se habían cumplido tres años de la muerte de Manolo Tena. Escribí la crítica de su resurrección musical antes del fatal desenlace y, desde entonces, siempre me rondó la idea de traer un día el Sangre Española, el álbum que le dio el mayor éxito comercial de su carrera, no en vano despachó medio millón de copias vendidas en su momento, más otras 300.000 con el paso de los años. Ayer fue el día del aniversario de su deceso, así que, dada la coincidencia, era la mejor alternativa para abrir abril. Son, una vez más, Casualidades.

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Los Zigarros – Apaga La Radio

Sin prisa pero sin descanso, Los Zigarros suman y siguen en su camino por el rocanrol más clásico y genuino destinado a públicos mayoritarios. Y es meritorio que lo hagan sin perder un ápice de autenticidad y que, incluso, como es el caso, sea con cierta valentía y arrojo para endurecer ciertos sonidos, sacrificar las tonadas más bailables y aprehensibles por otros territorios más de vieja escuela. A estas alturas, después de dos discos que se colaron ambos en las medallas de los Discos del Año de esta casa, negar que estos chicos valencianos nos caen en gracia es absurdo. Pero claro, el status (con Quo y sin Quo) hay que mantenerlo con buenas canciones, buenos álbumes y buenos directos. Y de todo ello siguen en plena forma Álvaro y Ovidi Tormo, a las guitarras, con Adrián Ribes a las baquetas y Nacho Tamarit al bajo. Diez temas en poco más de media hora con Apaga La Radio que les coloca un peldaño por encima de su propia dinámica. Textos accesibles, guitarras que nunca decaen y unos compañeros de viaje de lo más solventes para una banda que lleva camino de convertirse en imprescindible… si es que no lo es ya.

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Tequila – Adiós, Tequila! En Vivo

En RockSesión hemos respetado siempre a los padres del invento. Cada género y subgénero tiene los suyos y está claro que hablando de rocanrol en castellano, Tequila tiene que tener un nombre de oro. De 1976 a 1982, la banda argentino-madrileña se llevaba la chulería rockera de Miguel Ríos a un terreno más alocado, juvenil y hedonista. Destilando éxito tras éxito en discos que eran un desenfreno de ritmos stonianos más acelerados de lo que pudiera hacer, por ejemplo, Burning, otros históricos. En 2018, tras escarceos esporádicos, Ariel Rot y Alejo Stivel deciden marcarse una gira de las ‘de verdad’, de despedida.  Como resultado de aquella treintena de fechas, llegó como colofón la grabación en septiembre del pasado año este doble CD y DVD en directo y, con él, la prolongación de fechas para 2019. A los dos inconfundibles argentinos, se les suma Julián Kanevsky (guitarra), David Salvador (bajo), Luis Prado (teclados) y Christian Chiloé (batería). Esa noche, en el Wizink Center, sumaron las colaboraciones de gente cercana en estilo y espíritu como Juancho de Sidecars, Carlos Tarque de M-Clan, Leiva y Fito Cabrales.

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Sidecars. Maestro Padilla. 1 de febrero

‘Condenado’ (entre comillas, lo destaco) a vivir siempre a la sombra del calificativo de ‘hermano de’ (Leiva), anoche Juancho se ganó para siempre mi respeto por todo su trabajo en Sidecars. Nunca he escondido mis simpatías hacia Pereza (no devoción). Tampoco que siempre me gustó más Rubén que José Miguel. Ni que Pólvora es un disco excepcional de principio a fin. No hay mejor manera de vivir la música (de vivir, a secas, más bien) que hacerlo sin prejuicios, dejándose sorprender, de mezclar las impresiones de un personaje de su creación, etcétera. Escuché bastante los dos primeros discos de Sidecars pero después ‘me desconecté’ de ellos (ya saben, el día a día y tener que escuchar decenas de discos nuevos al mes, acaba relegando la reincidencia y las nuevas oportunidades. Anoche, esa fina capa de polvo se borró de un plumazo viéndoles con la gira de teatros de Cuestión de Gravedad. Me resultaron honestos, sin imposturas, una banda de rock haciendo lo que le gusta. Si es que los Stones al final siempre tienen razón. Os dejo, a partir de aquí, mi crónica de agencia del concierto. (FOTOS: Jose Antonio Holgado).

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Tarque – Tarque

Me quedo con la autodefinición que en su día me hizo Iñaki Antón para hablar del debut de Inconscientes: “un disco disfrutón” para aplicarlo al que supone el estreno en solitario de Carlos Tarque. Un trabajo de título epónimo compuesto por diez temas, al grano, y en el que se rodea de su viejo amigo Carlos Raya en la producción y guitarras, además de los también conocidos (especialmente desde Para No Ver El Final -2010-) ‘Chapo’ González al bajo y Coki Giménez a la batería. Un cuarteto tirando de riñón e hígado para despachar una decena de temas de rock puro y duro, acá más duro, allá más vacilón… Tan fácil de decir como complicado de realizar con la solvencia y credibilidad con la que el vocalista tira de sus influencias más clásicas. Un paréntesis adrenalínico de dos años antes de que en 2020 M-Clan regrese para celebrar las dos décadas del histórico Sin Enchufe, punto de inflexión en la vida de una banda llena de matices. Aunque esa es otra historia.

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