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Luz Casal – Solo Esta Noche

Resultan sorprendentes los vericuetos y trayectorias que va dibujando la vida y, como extrapolación a la música, las que ofrecen las carreras de algunos artistas que llevan en el imaginario colectivo tres o cuatro décadas. Que Solo Esta Noche sea el primer disco y deuvedé en directo de Luz Casal es tan increíble como cierto. Y no habrá sido por falta de ocasiones o por déficit de facultades. Sea como fuere, cuarenta años después de la publicación de su primer larga duración (Luz, 1982), la artista gallega aprovechó la exclusiva oportunidad que le concedió ofrecer un concierto el 21 de julio del pasado año en la Plaza del Obradoiro de Santiago de Compostela y acompañada por la Real Filharmonía de Galicia, bajo la dirección de Paul Daniel y con el trabajo del arreglista César Guerrero, para dar el ‘sí quiero’ y compartir al fin Solo Esta Noche. Toda una declaración de intenciones desde su título. (No olvidemos que algo así también haría El Drogas con aquel maratón de cinco horas, varios registros musicales y escenarios y una veintena de invitados al que tituló Un Día Nada Más). Con Luz siempre me pasa que me sobrecoge la entereza que ha demostrado siempre incluso cuando la salud le jugó dos manos malditas que superó con la misma presteza con la que es capaz de entrar en el corazón. Siguiendo con ejemplos, conectando con la disparidad de trayectorias, resulta paradigmático que, por otro lado, uno de los artistas con más directos y vídeos oficiales editados de nuestro país, Enrique Bunbury, se vea abocado a dejar los escenarios por problemas de salud y garganta a la hora de interpretar. Quién podría imaginar una cosa o la otra. Qué hacer cuando se vive siendo esclavo de la intensidad.

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Luz Casal – Luz V (1989)

 

Posiblemente sea la artista española con mayor empaque en el mundo del rock en castellano desde hace más de cuarenta años… Sea con estructuras arquetípicas del género como con sus lecciones de estilo en el bolero y otros arreglos más delicados. Ahora que se aproxima el Día Internacional de la Mujer, en RockSesión queremos dedicar la crítica remember de cada viernes a una artista intachable. Desde sus discos iniciales, donde su descaro pulía la falta de golpeo directo de las producciones de la época, Luz (1982), Los Ojos del Gato (1984) o Luz III (1985), hasta su cambio de tono, más cabal y arrebatado en Quiéreme Aunque Te Duela (1987), que terminaría en una explosión más distorsionada en este Luz V que nos ocupa. Quizá sea su disco ‘más completo’ y sin fisuras de la década siguiente, pero curiosamente no el más vendido. Superó las 300.000 copias en su momento, pero A Contraluz (1991) lo dobló y Como La Flor Prometida (1995) se plantó en casi el millón. Junto a Un Mar de Confianza (1999), con otros 600.000, son los cuatro discos más populares de Luz, la que le llevaron a un podio del que no se ha bajado, haciendo frente a los duros avatares que pone la vida por el camino. El vinilo llevaba diez temas, pero la pronta reedición en CD le añadió cuatro temas más.

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Luz Casal – Que Corra El Aire

Cerramos la semana de críticas de novedades con nombre de mujer (Chica Sobresalto, Christina Rosenvinge, Mercedes Ferrer) con la que, a buen seguro, puede ser considerada como la joya de la corona. Con la artista con mayor empaque en el mundo del rock en castellano desde hace más de cuarenta años… sea con estructuras arquetípicas como sus lecciones de estilo en el bolero. Después de hacer frente a las curvas del destino con pericia y ejemplaridad, escuchar a Luz Casal, en terrenos además tan vitalistas como los que se presentan en este decimoquinto álbum de estudio. Acompañada de gente tan contrastada como Depedro, el gran El Twanguero, o el propio Ricky Faulner, encargado de la producción y de las acústicas, Luz afronta el tema de la muerte con la misma entereza con la que ha hecho en su vida. De frente, mirándola a los ojos y sacando siempre enseñanzas de vida, ilusiones para latir en el presente. Aferrarse a él. Tras tres años sin gira, la gallega saldrá a la carretera con más de 20 fechas ya confirmadas, varias de ellas en su querida Francia, otras tantas ya con las entradas agotadas… prueba de que el público sigue necesitando de su halo para ser un poco más felices.

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Depedro – Antes De Que Anochezca

A finales de 2018, Jairo Zavala, con su nombre de cabecera solista, Depedro, emprendía un viaje iniciado con la publicación de Todo Va A Salir Bien. Un álbum grabado en directo en Estudio Uno, con colaboraciones estelares y remozando y reavivando parte de su repertorio más granado, con alguna incorporación inédita. Por aquel álbum, del que escribimos en su día, pasaron artistas como Luz Casal, Santiago Auserón, Coque MallaFuel FandangoVetusta Morla, Izal, Amparo Sánchez y Camilo Lara. Quienes conocían ya entonces la maestría y solvencia del artista no necesitaban de este sobresaliente trabajo para apreciar su obra, pero es cierto que, de forma objetiva, relanzó bastante su figura y la agenda comenzó a llenarse de más conciertos. A un 2019 nutrido le siguió una buena temporada de festivales, como por ejemplo Cooltural Fest de aquel año, y de cuyo concierto concluimos: “Los estilosos ritmos latinos de Depedro fueron los encargados de abrir las más de once horas de música el segundo día de festival. Sones que hacen del mestizaje un arte y genuino, sin devenir en los pastiches en los que ha ido derivando el término, Depedro celebró con Almería los diez años de su proyecto más personal”. Tres noches consecutivas en La Riviera (16, 17 y 18 de enero de 2020), en el marco de Inverfest, eran el cierre perfecto, con numerosos invitados (muchos del disco, otros nuevos) y la grabación de este disco en directo. Faltaban menos de tres meses para que la pandemia llegara a España (la foto de portada casi es un reflejo de la bendita ingenuidad de aquellos tiempos en la que nos creíamos que el virus no pasaría fronteras y se quedaría en China). Ahora, como cerrando una era negra, ve la luz este directo para cerrar el círculo y seguir la vida.

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Ilegales – La Lucha Por La Vida

Que Ilegales, con Jorge Martínez al frente, ha sido siempre un grupo indómito es de sobra conocido desde que su frontman andaba repartiendo mandobles (quizá la mayoría sin quererlo) o se paseaba con gabardina y stick de hockey por las calles. Después la cosa se remendó de manera socialmente aceptable, aunque eso no impidió que el bueno de Jorge demostrara en televisión que no se cortaba ni un pelo en sus opiniones incendiarias y con algo de natural aristocracia intelectual frente a la inmundicia generalizada. El caso es que para todo lo que se ha jugado la boca a lo largo de cuarenta años, Jorge sigue siendo capaz de reunir a una impresionante corte de rockeros, artistas más o menos coetáneos en el tiempo o cercanos en espíritu y hasta algún que otro opuesto a poco que descuelga el teléfono o menea el árbol. A falta de giras ‘en condiciones’, es lo que ha hecho para celebrar el cuadragésimo aniversario de su banda. Pero lejos de querer plantear un testamento apócrifo de grandes éxitos con figuras del momento, Ilegales ha querido retarse a sí mismo y a sus invitados a la mesa para grabar canciones inéditas (la mitad) o de muy reciente creación (la otra mitad), con solo una excepción, como veremos más abajo. Un disco que valdría la pena por sí mismo pero que se multiplica gracias a un compromiso palpable en cada una de las colaboraciones reunidas en La Lucha Por La Vida, que son, por orden de aparición: Loquillo, Josele Santiago, Coque Malla, Andrés Calamaro, Los Auténticos Decadentes, Iván Ferreiro, M-Clan, los dos guitarristas de Vetusta Morla, El Niño de Elche, Evaristo Páramos, Bunbury, Cycle con León Benavente, Carlangas de Novedades Carminha, Dani Martín, Luz Casal y Kutxi Romero. Con título inspirado en una trilogía de Pío Baroja… Ni tan mal, ¿no?

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Los Ruina – Savia Nueva

Con Los Ruina culmina esta semana de críticas de novedades, la primera completa del año, en la que he querido reverenciar a mi Almería natal ofreciendo varias propuestas de esos músicos que llevan años moviéndose en la escena local, algunos con más proyección más allá de los terrenos provinciales que otros. Antonio ‘El Caracoles’ es uno de esos legendarios de dicho circuito. Lo que Antonio Álvarez a la canción de autor y el pop de querencia beatleliana, Juan Trece al blues o JJ Fuentes al rock de autor pero a la rumba de ascendencia canalla, que le emparenta con el rock. Un gusto que alcanzó su mayor proyección con el grupo llamado El Lunático, de quien hablaremos mañana en la crítica remember de los viernes por redondear la temática geográfica semanal. Hoy es el turno del grupo con el que sigue en la brecha después de que dicha formación durmiera un letargo prolongado que no tiene fecha para despertar. Los Ruina es un proyecto en el que suma sus formas de hacer a la guitarra y composición con Fini Torres, de la banda Calandria Club. Un grupo en el que figuraba precisamente Juan Trece, además de José Luis Carrión, con quien comparte banda en Minutos Robados. Al final las interconexiones de la escena local son múltiples en una endogamia musical de lo más sana. En este debut, que se ha ido forjando sin prisa ni pausa desde 2018 hasta el mes de mayo del pasado 2021, encontramos ocho temas de querencia aflamencada, pero sin que por ello se rechace transitar por pasajes de rock, reggae, swing y jazz, pop, algún que otro arabesco y hipismo vario. Algo así como una fusión – mestizaje pero sin los mensajes internacionalistas y utópicos en los que se suele perder el género. Sin pretensiones.

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Silvio y Sacramento – Fantasía Occidental (1988)

Es imposible resumir en unas cuantas líneas lo que era Silvio Fernández Melgarejo (1945-2001), como músico, artista, bohemio, culto (porque lo era), cantante, capillita, futbolero, alcohólico, desapegado a lo material, improvisador profesional, surrealista no militante y genio y figura, en suma, como muestran sus incontables anécdotas y su vida, tan intensa como partida en dos a partir de una falla que rompió el eje del espacio tiempo en su forma de morir diariamente. Porque si Evaristo cantaba aquello de “yo quiero morirme de lo que tengo”, Silvio murió, como se dijo en su entierro, “de sí mismo”. Su fama y divinización se circunscribe a la Andalucía Occidental en su inmensa mayoría, aunque su condición de ‘artista de artistas’ hace que sea considerado un referente de culto y en muy alta estima por nombres tan dispares como Miguel Ríos, Kutxi Romero (lo tiene pintado en la entrada de su Kutxitril), Luz Casal, Enrique Bunbury (que versionó uno de sus temas más populares en el proyecto de Los Chulis), Joaquín Sabina o Santiago Auserón, como inolvidables son sus entrevistas con Jesús Quintero. Hasta Califato ¾ lo lleva en la portada de su último álbum. Y, cómo no, toda la corte de ‘alumnos’ del humor nacido en los años 90 (la carrera musical de Silvio es más intensa de 1980 a 1993, cuando graba Al Este del Edén con Luzbel -1980-, Barra Libre con dicha banda -1984, y Fantasía Occidental y En Misa y Repicando, 1988 y 1990 con Sacramento –banda en la que estaban el recientemente fallecido Juanjo Pizarro y Andrés Herrera Pájaro, de quien ya he escrito varias veces), véase El Sevilla o Pepe Begines, quien llegó a escribirle varias canciones para intentar resucitarlo de su primera gran caída a principios de los 90. Disco que nunca llegó a grabar, puesto que estaba siempre tan borracho e hinchado que solo pudo grabar media canción en siete meses. De aquella salió tras más de dos semanas en el hospital. En 1999 grabaría, casi como terapia, un lúcido A Color (1999) con Los Diplomáticos, pero tanta actividad ‘formal’ acabaría minando sus fuerzas, hasta que entre el alcohol, el tabaco y comer poco o nada lo llevó a morir en octubre de 2001. “¿Le importaría a usted que yo me muera?”, decía siempre por sorpresa. Le llegó entonces el día, pero se convirtió en mito antes.

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Rulo –Tres Acordes y La Verdad (África Egido)

No ha querido el azar que me cruce todavía con Rulo por una cuestión de trayectorias divergentes. Sí que pude ver a La Fuga con la alineación ‘clásica’ (Diego, va por ti la metareferencia) en varias ocasiones pero cuando me metí mucho más de lleno en la profesión, Rulo ya había decidido salir la banda y, con La Contrabanda, pocos festivales del género hacía al principio, tampoco las giras del cántabro han pasado jamás por Almería… En definitiva, se dejó de dar la casuística que ha llevado que, de alguna manera, haya podido coincidir y conocer con todos aquellos que escuchaba en los viajes, en los años de estudio, en aquellos infinitos domingos que juraba cambiar de vida. Saben los más viejos del lugar que aquí solo tenemos un estigma (que termina por ‘netas’ y empieza por ‘pla’ y, lo reconozco, ya es casi más por alimentar a la bestia que inquina real, los años me están haciendo blando en mis cruces) por lo que siempre he huido de la calificación categórica y simplista que demoniza a unos por bajar el nivel o, al protagonista que nos ocupa, no seguir haciendo las mismas canciones quince años después. La crítica gratuita y sencilla. La ausencia de comprensión hacia las necesidades vitales y artísticas de un músico. Porque, que nadie se engañe, Rulo no salió de La Fuga ‘para hacer pasta’. Como tampoco lo hizo Coque, ni Iván, ni Bunbury, ni Mikel, ni Manu, ni Manolo, ni El Drogas… (sólo se me ocurre un caso conocido, Andrés, otro me pasa por la mente, pero como no estoy seguro del todo, lo dejaremos correr). Que luego a más de uno la jugada le saliera bien, es otro tema. Por eso y más, tenía ganas de entrar en Tres Acordes y La Verdad este libro de largas conversaciones entre mi compañera África Egido (con quien compartí años en la revista de Rock Estatal) y Rulo. Un viaje por el tiempo, desde los inicios hasta el presente.

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#Mis10de Amparanoia

 

Sin proclamas vacuas ni sectarismos polemistas, en RockSesión nos sumamos a la conmemoración del Día Internacional de la Mujer un año más. Lo hacemos con contenidos. Ayer compartía la crítica remember del quinto disco de estudio de Luz Casal, quizá la artista que ha sufrido aquello del ‘techo de cristal’ en el mundo del rock. Hoy, día para un grupo nacional, la elegida es Amparo Sánchez, alma de Amparanoia. Que por cierto, ayer tuvo lanzamiento. Después de tres años de intensa gira internacional como Amparanoia, dos años al frente de Mamita Records y una carrera reconocida como productora, Amparo Sánchez reactiva su faceta en solitario produciendo y publicando Hermanas, un álbum junto a la poeta brasileña Maria Rezende, editado en noviembre de 2019, y coincidiendo con la tercera edición de su autobiografía La Niña y el Lobo, el 6 de marzo publicará la BSO La Niña y El Lobo Vol.1. Aquí retomamos y remozamos un poco el #Mis10de hecho hace unos años en twitter. Buenas vibraciones y ganas de que la sonrisa no abandone los rostros aunque vengan mal dadas. Sus ritmos cálidos, a veces cercanos al son, otras a la rumba, otras al ska o la patchanga lo hacen posible. Feliz día. (FOTO: Juan Jesús Sánchez Santos para RockSesión)

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Manolo Tena – Sangre Española (1992)

Reconozco que no era la crítica remember prevista para este viernes, ya que mi intención inicial era haber escrito ayer la crítica del nuevo álbum de Leiva y, siguiendo con la (relativa) coherencia del mes de marzo, rematar una semana de rock accesible (Nadye, NoProcede) (como las anteriores fueron de heavy metal –Avalanch, Sherpa, Leo, Mägo de Oz, Armando Rock- o rock clásico y estiloso –King Sapo, Los Zigarros, Santero y Los Muchachos, Derby Motoreta’s y Antonio Flores- o de punk –Kaótiko, Evaristo, Malos Vicios, Polanski y El Ardor…-) con un disco de un grupo que iba a generar algo de controversia, pero estoy dispuesto a asumir el riesgo de cara a la próxima semana. El caso es que hoy me quedé huérfano de ideas, hasta que un buen amigo de profesión, en una rueda de prensa, me recordaba que se habían cumplido tres años de la muerte de Manolo Tena. Escribí la crítica de su resurrección musical antes del fatal desenlace y, desde entonces, siempre me rondó la idea de traer un día el Sangre Española, el álbum que le dio el mayor éxito comercial de su carrera, no en vano despachó medio millón de copias vendidas en su momento, más otras 300.000 con el paso de los años. Ayer fue el día del aniversario de su deceso, así que, dada la coincidencia, era la mejor alternativa para abrir abril. Son, una vez más, Casualidades.

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