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Igor Paskual – La Pasión Según Igor Paskual

 

Aficionado al romanticismo del deporte menos mercantilizado, como el fútbol de los 80 o la magia épica de las Olimpiadas, algo de olímpica tiene la carrera en solitario de Igor Paskual, que nos viene apareciendo cada cuatro años con nuevo disco. Tras Equilibrio Inestable en 2011 y Tierra Firme en 2015, (sin olvidar su Rugidos de Gato, libro) llega ahora La Pasión De Igor Paskual, si bien el álbum en su concepción estaba casi finiquitado desde hace más de un año. Y más por una cuestión de rodaje y práctica que de autolimitaciones, viene más liberado de corsés que nunca. Confiesa que sabía que iba a tardar tres álbumes en alcanzar el sonido que iba persiguiendo junto a su mano derecha Carlos Stro y el resultado no puede darle más la razón. Jugando con su apellido y afrontando con pulsión de vida la muerte de una persona muy querida (Jéssica M. de La Paz, bajista y asistente de producción de sus discos anteriores) Igor –nos- resucita a través del Rock (mayúscula voluntaria), transmitiendo un mensaje vitalista y rabioso. Sin pelos en la lengua ni correcciones políticas. Como viene haciendo desde el primer día que se subió a un escenario. En cuanto a las formas, encontramos un álbum sorprendentemente coherente en su multitud de registros. De la ampulosidad preciosista de ‘Inmortal’, al malditismo épico de ‘Waterloo’, al punk bilioso de ‘Ratas’ o a esa maravilla progresiva de nueve minutos de versión de ‘El Gavilán’ de Violeta Parra, que casi podría haber firmado King Crimson y que bien podría venderse como un disco, ella sola.

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Igor Paskual – Tierra Firme

Igor Paskual Tierra FirmeEl donostiarra de adopción astur lleva destilando una fuerte personalidad desde que, tras varios escarceos adolescentes, formara su propia banda, Babylon Chat, con menos de veinte años. La banda le sirvió para granjearse escenarios de todo pelaje, meterse en alguna que otra bronca porque nunca se achicó en su puesta en escena, no siempre bien entendida por cerriles de la hombría, y, ya en el cambio de milenio, llevarse el beneplácito del Loco, que lo reclutó para la última alineación de Los Trogloditas (ese mérito puede llevar a gala también Igor) y convertirse en una pieza fundamental del resurgimiento rockero del alto artista catalán, en parte también a la buena conjunción con el denostado Stinus. (‘Arte y Ensayo’, ‘RnR Actitud’, ‘Las Chicas del Roxy’, ‘El Hijo De Nadie’, ‘Memoria de Jóvenes Airados’, ‘Canción Del Valor’ o ‘Tatuados’ llevan su firma). Entre su Equilibrio Inestable, su debut, y este Tierra Firme, Igor Paskual ha ganado especial notoriedad (y seguridad, diría yo) firmando cada semana en El Comercio una columna de opinión siempre entre el notable y el sobresaliente, compilados en Rugidos de Gato. Por eso Tierra Firme tiene mucho ganado con respecto a su antecesor. Es la evidencia clara de estar ante el conductor de un tren de largo recorrido.

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Igor Paskual – Rugidos De Gato

Igor Paskual Rugidos de GatoSe le acumulan los lanzamientos en este semestre a Igor Paskual (hablaré de su segundo en solitario Tierra Firme, en breve), el guitarrista, compositor, productor, que saltó a la fama tras ganarse entrar en la última formación de Los Trogloditas, antes de que Loquillo desterrara el nombre de su lado, y que lo ha venido acompañando, desde entonces, desde hace más de una década. Antes se había granjeado una fama (y alguna que otra trifulca) con Babylon Chat (prometo traer una crítica remember de ellos para 2016) con un glam rock provocador y descarado. Además de todo eso, el chico escribe. Y hasta lo hace bien. Rugidos de Gato es su segundo libro, que viene de la mano de la editorial Efe Eme, y viene a compilar alguno de los mejores artículos que ha venido publicando desde 2009 en El Comercio de Gijón, el periódico de la ciudad que se convirtió en su hogar (practica un asturianismo militante) tras dejar San Sebastián en la niñez. Dos centenares de artículos donde hay mucha música, arte, viajes, cine, giras, política… No es necesario estar de acuerdo con él en cada texto para disfrutarlo.

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Tino Casal – Lágrimas De Cocodrilo (1987)

A veces tengo planificadas tres o cuatro semanas consecutivas, pero ya saben los más fieles del lugar que la elección de la crítica remember de los viernes tiene un punto azaroso bastante acusado. Es el caso de esta semana. La idea de traer a Tino Casal a la sección lleva rondándome desde el primer día (ya le dediqué un #Mis10de en twitter e incluía su Etiqueta Negra de 1983 en aquello de ‘un fav, un disco, tres canciones’) pero ha sido hoy cuando se ha concretado su presencia. Mera apetencia sobre todo, pero que viene motivada por escribir ayer de Manolo García que, como Tino, aúna a su faceta musical una gran producción pictórica y escultórica y, también, por una de las peticiones de tuitcríticas para este viernes, los alemanes Mono Inc, que a su metal y rock gótico añaden teclados y tintes electrónicos que me han hecho azuzar las ganas para elegir a este asturiano que perdió la vida en un accidente de tráfico, como otros grandes genios de la música de nuestro país… Jeanette, Jesús de la Rosa de Triana, Cecilia, Eduardo Benavente, Bruno Lomas, Manolo Caracol, Nino Bravo… Tantos. Tino Casal fue un artista total con una visión atrevida, completa y avanzada de lo que es la música y su tratamiento. Como en el caso de Camilo Sesto, el mundo heavy siempre le ha rendido pleitesía. Por ejemplo, Fortu habla maravillas de él, como productor de los primeros discos de Obús (también lo dejó por escrito en su autobiográfico Mil Demonios), también Leo Jiménez ha reivindicado su legado más allá de la versión que hizo Stravaganzza de ‘Eloise’ y también otros ilustres asturianos como el vocalista Víctor García (Warcry, Adventus, ex- Avalanch) o Igor Paskual no han dudado en recordar su figura con cariño y respeto. Era obligado que tuviera su lugar de honor en esta sección a apenas 6 días de lo que sería su 71º cumpleaños.

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Balmoral. Loquillo, por un instante, la eternidad (Javier Escorzo)

Una de las mejores cosas que me ha permitido conseguir al contar con una web de firma como es RockSesión, que se encamina a lo tonto a por su noveno aniversario en poco más de mes y medio (la inauguración ‘oficial’ se realizó a comienzos de marzo de 2012), es conocer y compartir opiniones con colegas de profesión y compañeros de pasión en el mundo del rock en su más amplia expresión. Sin fronteras ni limitaciones. El valor de la música más allá de opiniones tendenciosas o inquinas pueriles. Dejarse descubrir y empapar por las intenciones creativas de uno u otro autor, de cualquier banda. Desde lo más conservador a los más arriesgado. De lo más íntimo a lo más popular. Del culto al oculto. Uno de ellos es mi tocayo Javier Escorzo que, a su vez, junto a una de las dos editoriales más recomendables para el mundo del rock español, Efe Eme (la otra es Desacorde Ediciones, ya saben) ha gestado dentro de la Colección Elepé este Balmoral. Loquillo, por un instante, la eternidad, un libro en torno al punto de inflexión que supuso en la carrera del Loco su ‘verdadero’ primera álbum en solitario. El primero sin el peso de Los Trogloditas. Con el que se jugaba el todo o nada después de “deambular por estudios con presupuestos ciertamente irritantes”. Una colección que poco a poco se torna imprescindible, gracias a que ya lo hicieron (entre otros, puesto que cito los que he leído) Juan Puchades con 19 Días y 500 Noches de Joaquín Sabina, Josemi Valle con Rock & Ríos de Miguel Ríos o Luis García Gil con Mediterráneo de Joan Manuel Serrat. (No negaré que en ocasiones me ensueño haciendo lo propio con alguno… Nunca se sabe). Eso sí, para enfrentarse a su lectura es necesario dejarse de inquinas, tener ganas de situarse en el punto vital y artístico del protagonista y leer sin prejuicios. Porque la vida es de los que arriesgan.

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#Mis10de Leonard Cohen

 

¿Dónde está la salvación que el mortal busca?, cantaba Roberto Iniesta en una de las canciones viscerales de los primeros discos de Extremoduro (a quienes este fin de semana, entre otras cosas, debería haber visto por tercera y cuarta vez en esta aplazada gira de despedida). Quizá la única manera sea conseguir el tres en raya que supone la paz de corazón, cabeza y alma. No es poca cosa si por el viaje llevas acumuladas ‘muchas lanzas’, como canta el otro poeta Kutxi Romero con Marea, “y sus trozos fabricaron mi esperanza, tan sedienta porque al fondo de mi alma hay un pozo pero la soga no alcanza”. #Mis10de hoy vuelven a ser una necesidad. Quizá mi vida entera esté en esta web y en otras creaciones musicales a las que les doy acceso a muy pocos elegidos. Culmino la presentación con un fragmento del artículo que escribí por la muerte del canadiense, que también os comparto también aquí, al completo: Vivo con la obra de Leonard Cohen desde que tengo memoria musical. Me es grato ir encontrando a personas que, sin saber por qué, sintieron fascinación por él también desde niños. Entonces no se entienden los motivos, claro, pero da una sensación de comunidad reconfortante. Uno de los ilustres de esa lista es Igor Paskual, pero también muchos amigos tuiteros que durante años han confesado esa iniciación. Como en el caso del músico, fue mi madre la que lo escuchaba con frecuencia y, como mi tocayo Krahe, forma parte de mis recuerdos de las tardes de colegio mientras hacía los deberes (sin quejarme, sin quejarse). Ironía fina, tanto Krahe, como Cohen: voces cavernosas, cantantes tardíos, por casualidad hasta la H intercalada y, de postre, Javier casado con una canadiense. Recuerdo un casette, una cinta, ‘de las buenas’, de las negras, con sonidos que nunca le había escuchado a nadie. Llévenme al final.

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Álvaro Suite – La Xana

 

De un tiempo a esta parte ‘secundarios’ (perdón por el uso del término) o escoltas (mejor) de lujo de grandes estrellas de la escena rockera más personal, vienen presentando sus proyectos en solitario. Igor Paskual, guitarrista de Loquillo, es de los más avezados en ello, con tres discos ya a su espalda. También tenemos a Fon Román, histórico guitarrista de Piratas. Más conocido por el gran público, Ricardo Ruipérez, guitarrista de M-Clan, también ha hecho lo propio. El último en sumarse a esa notable lista de ilustres es Álvaro Suite, conocido por ser el más que solvente y sobrado de facultades guitarrista de Los Santos Inocentes, la banda que viene acompañando a Enrique Bunbury en los últimos diez años. Sin embargo, mientras que lo previsible podría ser encontrar un disco de calor fronterizo o de guitarras en primera línea, lo que nos ofrece son arreglos espaciales y generación de ambientes a través de un siempre afectado tratamiento vocal y unas canciones deudoras de nombres tan indiscutibles como distintos, como lo pueden ser David Bowie, The Beatles o Antonio Vega. Por el momento, le vale para salir de gira unas cuantas fechas antes de que vea la luz el nuevo disco de Enrique. El tiempo determinará si el recorrido de este viaje solista es de cercanías o de largo trayecto.

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Los Discos del Año 2019 de RockSesión

Es complicado ponerse a hacer listas así, porque siempre te queda la sensación de dejarte fuera gente que merece estar dentro. Así que, como siempre, ha de tomarse como una guía para acercarse a lo que no se conozca. O a darle otra oportunidad a un disco que no te llamó en la primera escucha. Tampoco ayuda el hecho de que por mis oídos pasen trabajos de cualquier género. También el hecho de que haya sido un año muy ajetreado me ha impedido escribir de todos los discos que hubiese querido, por eso hay algunos de los que no hay crítica completa. Pecata minuta. También excluyo como siempre EP’s (Lichis y Rubén Pozo, Sínkope, Onza, Los Acordes Rotos, Luter…) y directos (Josele Santiago, Piperrak, Los De Marras, Rosendo, Poncho K, Bunbury…). Entre las ausencias por diversos motivos, pero de los que recomiendo su escucha, os cito unos cuantos: Rocío Márquez, Kiko Veneno, los dos post-Raíz Nativa y Valira, el suma y sigue de The Buyakers, el nuevo camino de Vita Imana, los resurgimientos en solitario de Leo Jiménez y Jose Andrea, la vuelta al buen camino de Mägo de Oz o el disco a la altura de la leyenda de Obús. Por séptimo año, estos son los ochos oros, platas y bronces de RockSesión. Disparen al pianista.

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Vuestros Discos del Año 2019. Listas y playlists

 

Después de algo más de dos semanas de votaciones, ya tenemos los resultados definitivos tras vuestros numerosos votos y reparto de 3, 2 y 1 punto. La lista, vista con perspectiva más allá de los datos numéricos, ofrece un amplio catálogo de lo que musicalmente fue 2019. Con ella hemos elaborado dos playlists Spotify (hay unos pocos discos que no están) que ofrecen un variado abanico de sonidos al que os animamos que os acerquéis. Tanto de aquí, como de fuera. Ese es su principal valor. Descubrir. Esperamos que no os quedéis solo con lo que conocéis, sino que exploréis en aquellos grupos que están en la lista y que os sirva para apreciar cosas que os sorprendan y llenen, verdadero valor de este tipo de acciones. Los tres primeros en cada lista tienen tres temas, el resto de top 10 tienen dos temas cada uno. El resto uno. Recordad que la lista editorial de Discos del Año de RockSesión estará, como siempre, el 5 de enero. ¡Pasen!

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Lo Más Leído de 2019 en RockSesión

 

Otro clásico de los últimos días del año vuelve a las redes sociales de RockSesión. Este año, del 21 al 30 de diciembre desvelaremos, con cinco entradas al día, los 60 artículos más leídos del año. Son tantas las nuevas incorporaciones a esta casa y son tantos los que me preguntan por contenidos ya hechos que tengo la sensación de que ‘no está de más’. Además de en twitter y facebook, el ranking se irá actualizando en esta entrada cada día. Así repasamos el curso y también refrescamos la memoria a los indecisos que todavía no hayan votado en Los Discos del Año 2019. Recordad que podéis hacerlo hasta el 2 de enero, inclusive. El 3 de enero estará la lista definitiva y la playlist. El 5 de enero daré yo mis tradicionales Oros, Platas y Bronces.

Aquí iremos añadiendo el escalafón, seis puestos por día.

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