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Los Rebeldes y Pike Cavalero. Almería. 22 de diciembre

Con una veintena de discos publicados (entre directos y ediciones especiales), Carlos Segarra y sus Rebeldes son historia viva del rocanrol en España. Y es muy fácil decirlo, pero también lo es olvidarlo. Forma parte de esa corte de grupos que surgieron cuando había muy poco donde mirarse que no fuese extranjero. Y tienen el valor de no haber sucumbido nunca ni a modas ni al tiempo. Hay algo en su paso asociado a rutina y, en la música, a veces se asocia a la fina capa de olvido que dejan algunos. Por eso, desde aquí no nos cansaremos de reconocer los méritos a grupos como ellos. Cuatro décadas de rock tamizado de blues, de swing, de rockabilly, de estilo clásico. De grandes baladas y sensaciones de juventud primeriza. Ese sueño del que se ve con una banda de rocanrol. Segarra tiene la suya y tenemos la suerte de que la lleva compartiendo con los demás toda una vida. Anoche volví a verles después de casi 15 años… Y mereció la pena. A partir de este momento os dejo mi crónica de agencia realizada para el Área de Cultura del Ayuntamiento de Almería. Salud. Crearse altas expectativas es la vía más fácil para ir directos a la decepción. Pero cuando los galones y la música entran en acción con la maestría de una amplia gama de certeros ejecutores la jugada es ganadora incluso antes de repartir las cartas. Así ocurrió anoche con el arrasador paso de Los Rebeldes por Almería, en el marco de su gira de 40º aniversario sobre los escenarios. La cita se desarrolló en el Mesón Gitano de la capital, de carácter gratuito y con invitaciones agotadas, con la banda de Pike Cavalero como invitados y todo ello dentro de la programación especial de Navidad puesta en marcha por el Área de Cultura y Educación del Ayuntamiento de Almería.

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Los Fresones Rebeldes – ¡Es Que No Hay Manera! (1997)

 

El verano nos ha dejado muchas pérdidas en el mundo musical. La de Íñigo Muguruza, la de Camilo Sesto y, también, la de Inés Bayo, vocalista del grupo Los Fresones Rebeldes. Encuadrados la etiqueta del tonti-pop, subgénero del indie, y de la potente factoría de Subterfuge Records, la banda se hizo un hueco a las primeras de cambio con su quizá único tema conocido más allá del circuito que es ‘Al Amanecer’. Una canción que siempre me hizo recordar a una banda, algo más punk, como Aerolíneas Federales, que también usaban las bases aceleradas, con voces femeninas y letras que, en su sencillez, jugaban a una bisoñez e ingenuidad impostada, lo que quiere decir que, en el fondo, están pensando todo lo contrario. Por eso quizá le tengo más cariño a Los Fresones que el que realmente merecían, pero así de subjetivas son estas cosas. Mucho más centrada en su trayectoria profesional como ilustradora española, sus escarceos musicales siempre fueron más por diversión que por profesión. Sin pretensiones, Las Blunders, Los Sobertanos, Los Popop o Los Colibríes… Por eso no parece extraño, ahora, que lo dejase en cuento vio que la cosa con Los Fresones Rebeldes se iba poniendo seria. De haber tenido mayor continuidad quién sabe si no los veríamos en el centro del estallido de la burbuja festivalera indie… O nunca es tarde, porque el grupo (sin ella) ha vuelto a los escenarios.

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Los Rebeldes – Rock Ola Blues

Con una veintena de discos publicados (entre directos y ediciones especiales), Carlos Segarra y sus Rebeldes son historia viva del rocanrol en España. Y es muy fácil decirlo, pero también lo es olvidarlo. Forma parte de esa corte de grupos que surgieron cuando había muy poco donde mirarse que no fuese extranjero. Y tienen el valor de no haber sucumbido nunca ni a modas ni al tiempo. Hay algo en el paso del tiempo asociado a rutina y, en la música, a veces se asocia a la fina capa de olvido que ponen algunos. Por eso, desde aquí no nos cansaremos de reconocer los méritos a grupos como Celtas Cortos, como La Frontera o como Los Rebeldes. Gente con más de 30 años de carrera. Y, en el caso de Segarra y los suyos, nos cantan las cuarenta en este 2019. Cuatro décadas de rock tamizado de blues, de swing, de rockabilly, de estilo clásico. De grandes baladas y sensaciones de juventud primeriza. Todavía, cuatro décadas más tarde, las canciones de este Rock Ola Blues transmiten ese sueño del que se ve con una banda de rocanrol. Segarra tiene la suya y tenemos la suerte de que la lleva compartiendo con los demás toda una vida. Está lejos de ser su mejor disco, pero es el más reciente y eso merece el reconocimiento.

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Che Sudaka – Almas Rebeldes

No es la primera vez, ni seguro la última, que traigo aquí un nuevo disco de Che Sudaka desde que abrimos la persiana. La banda, expliqué muchas veces, es todo un reflejo del devenir del sistema, puesto que está formada por dos argentinos y dos colombianos, que se conocieron en Barcelona siendo inmigrantes ilegales y músicos callejeros. El triunfo de una música divertida, cimentada en la cumbia especialmente, “para pensar bailando”, como ellos dicen, ha sido aplaudido en todo el mundo, como demuestran sus giras internacionales, que los llevan a sitios tan dispares o (a priori) tan poco ‘calientes’ para esta música, como Polonia, Suecia, Noruega, Hungría, Austria, República Checa o Japón… con más de 1.300 conciertos. Embarcados en la celebración de su decimoquinto aniversario, llega este Almas Rebeldes que no viene a ser sino un recopilatorio en el que se han regrabado todas las canciones acompañados de alguna voz conocida para el gran público, como el maestro y referente Manu Chao o Amparo de Amparanoia, pero, sobre todo, por otra colección de músicos no tan populares, pero que conectan perfectamente con su filosofía más allá de fronteras o creencias. Ni siquiera son, posiblemente, las canciones que formarían parte de un grandes éxitos al uso. Pero es que, ¿aún no está claro?, ellos son Almas Rebeldes.

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La Raíz – El Lado De Los Rebeldes (2011)

Es extraño que un grupo tan joven como La Raíz protagonice mi crítica remember de los viernes. Joven, que no inexperto, pues superan ya los diez años sobre los escenarios. Pero hay motivos sobrados para ello. En primer lugar porque están a punto (ocho días) de reventar el Palacio de Vistalegre de Madrid para registrar su primer disco y DVD en directo. Es el momento porque, tras este segundo trabajo, Así En El Cielo Como En La Selva y Entre Poetas y Presos les ha hecho crecer de manera exponencial hasta convertirlos en el grupo del momento. En segundo lugar, porque este álbum lo merece. Pocos meses después de mi llegada a twitter ‘inventaba’ lo conocido como ‘tuitcríticas’ (primero de novedades, luego fueron las remember). Recuerdo que una chica aragonesa (no recuerdo el Nick, mis disculpas) me lo pidió. Escribí, en julio de 2011, lo siguiente en varios tuits: “Un disco tan fresco que podría sonar en las terrazas de verano en lugar de la tortura habitual. Este 2º disco afianza la senda y los pone en puertas del pelotazo musical, el 3º dictará sentencia”. Claro, luego en 2014, cuando me lo ‘repidieron’ dije: “Conocí el disco gracias a un tuitero. Supe que triunfarían”. A ver si al final se me va a dar medio bien esto…

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La Frontera – La Rosa De Los Vientos (1989)

Aunque hay gente que se empeña en demonizar nuestra música ‘comercial’ de los años 80, no me cansaré de reconocer y aplaudir el legado y labor de un buen número de bandas más que respetables para acercar un rock más comercial o accesible (o como demonios se le quiera llamar) al gran público. En ese gran cajón del podio entra gente tan dispar, pero con ese denominador común, como Seguridad Social, Los Rebeldes, Danza Invisible, Radio Futura, La Unión, Nacha Pop, Duncan Dhu, Los Secretos, Gabinete Caligari, Hombres G, La Guardia, Tahúres Zurdos, Pistones, 091, … y un larguísimo etcétera donde se encuentra, cómo no, La Frontera, la banda que han liderado desde el primer día el incombustible Javier Andreu y Tony Marmota. Un sello inconfundible a aires polvorientos, sureños, de western, bourbon, botas de punta, corbata de cordón, calavera de búfalo y todos los tópicos genuinos del género que, en nuestro país, nadie ha sustentado tantos años, más de treinta, como ellos. Pero La Frontera asumió todo ese imaginario después de demostrar que todo ello no impedía que en sus discos también hubiera espacio para otros matices y un lado más aperturista hacia a alguna concesión melódica, canciones de tempo elegante más allá del acelerón marchoso de bombo y caja, e incluso algunos arreglos souleros de metales. Todo ese ‘aperturismo’ y ese ejercicio que aumentó su registro sonoro y, con ello, el número de seguidores que compraba sus discos e iba a sus conciertos, se inicio con su cuarto trabajo, este La Rosa De Los Vientos.

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Meteosat – Espunk! (2000)

Vamos a hacer un ejercicio de reduccionismo máximo para entender el concepto de lo que representa la crítica remember que traigo este viernes a la web. A principios de los noventa la música ‘indie’ en España venía a ser gente de corte más bien triste, tocando mirándose los pies, cantando en inglés y con poca intención de buscar el más mínimo aporte de accesibilidad o alegría. Con el paso de los comenzarían a generarse subcorrientes diversas, que derivaron en escarceos diversos en más o menos escalas de separación de este movimiento inicial. Entre ellas, por ejemplo, se colaría Dover y su Devil, por otro entrarían los autores con verdadero talento para escribir y presentar estructuras musicales más líricas y, también, grupos que empezaron a acelerar el asunto a terrenos de garaje, de ahí, guatequero, y ¡ay!, comenzó a entrar la alegría comedido en colorismo de diseño. De ese movimiento ya escribimos aquí en su día de Los Fresones Rebeldes, de Undershakers y a buen seguro de alguno más, que la memoria ahora no me da. El caso es que en esa vorágine nació este grupo que, ironía pura, estaba formado por culturetas (entre ellos Ignacio Escolar de Público y eldiario.es y con quien coincidí en La Voz de Almería) que presentaban un tonti-pop (se llamaba así, aunque no comparto su definición) que tenía su clara influencia en sonidos más añejos, sobre todo Los Pegamoides. Sin ser a día de hoy referentes ni símbolo de nada, Meteosat sí que representa muchos tópicos de aquellos años y de la industria. Es un grupo que salta desde la independencia más genuina, que atrae ojos del negocio por su reconocimiento por Rockdelux, después por el periodista Jesús Ordovás, pasan de una a otra multinacional con una facilidad pasmosa, intentan cambiarles el público, lo venden como un producto de algo con lo que tampoco se ven y como nada funciona como nadie quiere al final muere con una velocidad igual de intensa. El caso es que ayer, escribiendo de Pantocrator, me acordé de ellos porque los escuché bastante en los años de la Complutense et voilà, aquí están.

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Fito & Fitipaldis – Cada Vez Cadáver

Bonita libertad la que te lleva a poder decidir el momento de sacar un disco, sin presiones del mundo exterior, ni agobios imperiosos por la necesidad. Una condición muy difícil de conseguir para buena parte de los artistas, más en unos tiempos en los que la venta de discos no es la de hace quince o veinte años, más todavía en el mundo del rock y que Fito se ha ganado a pulso con contrastados méritos a lo largo de su carrera. Siete años (uno más de lo que debería haber sido) han pasado desde que el pequeño gran artista bilbaíno publicara Huyendo Conmigo De Mí. Una espera que se ha hecho bastante más corta si tenemos en cuenta que a mitad del camino salió publicada esa excelente caja conmemorativa llamada Fitografía y que, con ella, la gira 20 años, 20 ciudades, con guinda final en el Royal Albert Hall de Londres. Cada Vez Cadáver viene a ser el Fito reconocible de siempre, ofreciendo una colección de canciones que nos suenan familiares desde la primera escucha, aunque no sea hasta varias escuchas cuando empiecen a quedarse en la memoria los estribillos, fraseos y puentes. No por ello significa que sea un álbum continuista porque a la séptima entrega desde el estudio con los Fitipaldis se le nota más nerviosa, más tensa y chispeante, quizá auspiciada por esa gira de fuertes emociones y sobre todo, por la forma de mezclar y grabar la voz, más cruda y natural. No está su habitual instrumental pero sí que está el sabor a blues y rock con olor a madera, a las melodías de riffs doblados o intrincados, acompañados del habitual saxo, las frases repletas de retruécanos y giros contrarios con las palabras y los sentidos y también la versión de rigor, en este caso Jorge Drexler, que entra a formar parte de la nómina de álbumes anteriores, con Los Secretos, Leño, Los Rebeldes, Extremoduro, La Cabra Mecánica, Krahe y sus propios Platero y Tú.

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Dogo y Los Mercenarios – Llueve En Sevilla (1988)

Los visitantes que más frecuentan esta casa ya saben que no ha sido un buen inicio de año para la escena rockera de nuestro país. Hace justo una semana despedíamos a Francisco Javier Hernández ‘Boni’, nuestro 8oni, de Barricada. Pero es, que, apenas seis días antes, hacíamos lo propio con Juanjo Pizarro, quizá menos mediático pero igual de relevante dentro de la escena musical alternativa en castellano. Los amantes de aquello del libreto físico sabrán que es el productor habitual de casi toda la discografía de Reincidentes. Hasta el punto era ‘de la familia’ que siempre participó casi por igual en las decisiones asamblearias del grupo e, incluso, llegó a salir en la portada del más que notable disco doble de la banda, Cosas De Este Mundo (como Carlos Domínguez Reinhardt, técnico de sonido), publicado allá por 2002, cuando Locomotive Music quiso ampliar su cartera exitosa heavy al mundo del punk rock. No le salió del todo bien, pero ese es otro tema. No sólo Reincidentes se vincula a su trayectoria profesional. Sumen Sacramento, Pata Negra, Dulce Venganza, Silvio, Gérmenes, Brigada Ligera, Entresuelos, Dulce Venganza, El Gitano, La Cabra y La Trompeta (sempiterno candidato a estar en la crítica remember de algún viernes) y productor también de bandas como Maita Vende Ca, Parachokes, Miguel Caldito o el disco de poesía musicada de Emiliano Domínguez Zapata, el hijo del cantaor El Cabrero. Incluso en los últimos tiempos se implicó en ayudar a una de tantas bandas que empiezan pero a las que él veía ‘ángel’ callejero (que no urbano, como bien han dicho por ahí), como es el caso de Yeska. Es quizá, como músico, Dogo y Los Mercenarios la banda en la que más se le pudo apreciar en la primera línea. Sirva para dejarle testimonio.

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Obús – Con Un Par

 

Es cierto que en el recopilatorio Siente El Rock and Roll incluyeron varios temas inéditos, pero casi nueve años después al fin ve la luz un nuevo larga duración de los madrileños Obús. Un disco completo de nuevas canciones, hasta doce, en el que vienen a demostrar que el tiempo no les aplaca ni la ira, ni la chulería, si su capacidad para ser ‘los que más’. Y lo confieso, después de que aquellas canciones del recopilatorio estuvieran muy lejos de su nivel, tenía muchísimas dudas (creo que razonables) sobre cómo sería este Con Un Par. La realidad es que estamos ante un álbum forjado con brío, mala hostia, un sonido espectacular y una fuerza que nos recuerda a los Obús de siempre… porque ellos nunca han cambiado, por más que a más de uno se le caliente la boca por reprocharle a Fortu sus escarceos televisivos. Paparruchadas, desde mi punto de vista. Cuando se ha subido a un escenario Fortu ha sido ‘nuestro Fortu’ de siempre, con un Paco Laguna que es más que un hermano y con unos más que solventes Carlos Mirat a la batería y Luis Hernández al bajo. No todo el álbum está al mismo nivel, eso está claro, pero la media es alta y el notable también, casi al borde del sobresaliente. Sí, ha sido difícil dejarlo fuera de las medallas del 5 de enero, y si lo he hecho ha sido porque he querido ‘premiar’ a otras bandas menos conocidas.

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