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Rosalía – Motomami

Prometo que después de ‘desahogarme’ en su día con la crítica kilométrica de El Mal Querer en noviembre de 2018 e, incluso, con la de C Tangana de marzo de 2021, no tenía pensado volver a salirme tanto de guion en la línea, ya de por sí amplísima, de RockSesión. Al final, tras consultarlo con una encuesta no vinculante en Twitter este pasado fin de semana (en la que las dos opciones del ‘sí’ ganaron a las dos opciones del no por un 56,5 % – 43,5%) me lanzo a escribir unas líneas sobre el tercer larga duración de Rosalía tras el citado El Mal Querer y Los Ángeles, de 2017. Convertidas las redes sociales en una amplia barra de bar en la que todo el mundo suelta su granito de arena sobre cualquier tema sin preguntarse antes si va a aportar algo constructivo al asunto –no hablo ya siquiera de respeto, educación o conocimiento en la materia-, como bien sabréis y habréis podido leer cada vez que se ha compartido alguna novedad, un fragmento o un nuevo tema del disco, hasta su lanzamiento definitivo el pasado viernes, todo lo que hace Rosalía (convertida, objetivamente, en una estrella internacional admirada en todo el mundo con tan solo 28 años) parece venir aparejado a una especie de manteo público donde parece que quien hace la gracia más ofensiva es el que gana. Llamadme defensor de causas perdidas (algún amigo ya me lo decía desde hace muchos años) pero a mí esas cosas me siguen enervando porque es sano, lógico y respetable que no todo tenga que gustarte a algo por imposición promocional o por seguir la corriente del agua, pero de ahí a las faltas de respeto y a echar por tierra el trabajo de casi tres años de una artista que dice pasar 14 horas en el estudio hasta dejar cada arreglo como quiere y que cuando tiene que preparar una coreografía se pasa 4 o 5 horas bailando durante un mes y medio, pues qué quieren que les diga, prefiero a una persona que se esfuerza en ‘crear’ justo eso en ‘lo que cree’, que quien, con la excusa del no me gusta, ofende y ridiculiza.

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Rosalía – El Mal Querer

Aunque las fronteras estilísticas de esta casa son bastante permeables y laxas, es cierto que, a priori, no tenía pensado escribir sobre este El Mal Querer, el segundo larga duración de la artista catalana Rosalía. Aquí os suelo traer muchas cosas claramente rockeras, metaleras, heavys o punkis, con alguna licencia personal cuando considero que por actitud o matices, se puede encuadrar colindante o merece especial atención por el público de estos sectores. Por un lado, para guardar una línea editorial algo coherente y, por otro, porque dados mis amplios gustos e investigaciones musicales podría caer en el peligro de que acabara escribiendo de todo menos de Rock (en mayúscula, englobando toda distorsión guitarrera). Uno de los estilos que más frecuento es el flamenco, escuchado con naturalidad desde la infancia y profundizando en él con dedicación casi obsesiva durante más de una década, consciente de que es imposible abarcar toda su inmensa grandeza. Pero ahí vamos, con lo suficiente para que enerven algunos comentarios que uno oye o lee. La ignorancia es atrevida. Asociado a ello, hay tantos aspectos que comentar del fenómeno Rosalía, de su imagen, de todo lo que está generando, que decidí hacerla. Aunque lleva mucho más. Con una estructura como la de su álbum. Si son 11 canciones/capítulos, os lo divido en 11 temas/ejes argumentales. Dejen prejuicios y bilis en la entrada y también el hype y el fanatismo. Lee el resto de esta entrada

Manolo García – Desatinos Desplumados

Como decíamos ayer… Desatinos Desplumados es el segundo de los discos que Manolo García ha lanzado de manera simultánea e independiente, emulando así a los foráneos Guns N’ Roses o Bruce Springsteen, que hicieron lo propio en septiembre de 1991 y marzo de 1992, respectivamente. Ayer viajamos con el barcelonés al lado eléctrico desplegado en Mi Vida En Marte que, en términos generales, también fue compuesto con anterioridad a este hermano siamés, que ofrece una faceta mucho más orgánica, acústica y rumbera que, quizá por ello, le esté haciendo ser considerado superior en los foros de opinión. Es curioso que en la lista de ventas haya sido al contrario, Mi Vida En Marte ha entrado al número uno y Desatinos Desplumados al número dos, en cualquier caso superando así ambos a sus potentes compañeros coincidentes en la fecha de salida, Loquillo y su Diario De Una Tregua y Rammstein con Zeit, y a los tótems de la revisión modernista de lo castizo, Rosalía con Motomami y C Tangana con El Madrileño. Quizá el tiempo haga que se cambien las tornas. ¿El secreto de esta preferencia popularizada? Que si teníamos a un Manolo certero en el equilibrio de textos y arreglos eléctricos en el álbum comentado ayer, en el de hoy toda su capacidad para conmover llega de manera más directa y diáfana si cabe, sobre todo por la querencia aflamencada que tan bien le sienta, por un trabajo de coros y segundas voces delicioso y con otro compensado ejercicio de inmediatez de guitarra española con algún otro arreglo de piano más barroco. Trece canciones más para dar un total de 27 composiciones que confirman la trayectoria ascendente dibujada desde Todo Es Ahora.  

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Despistaos – Ilusionismo

Después de escribir ayer de un álbum, en principio, tan fuera de la línea editorial como el Motomami de Rosalía, ¿cómo podría darle continuidad a la salida de tiesto o a la puesta de los nervios de los más puristas? ¿Qué tal trayendo a una de las bandas más acusadas de haberse ‘vendido’ dentro de nuestro rock? Un término que, por otra parte, siempre me recuerda a aquel tema homónimo de Evaristo que decía: “Nunca serás un vendido, tú nunca te venderás. Es porque a ti, ‘so cretino’, nadie te quiere comprar”. Pues sí, Despistaos ‘cometió’ la terrible falta de salirse de ‘lo establecido’ y hacer que su rocanrol inicial, entre lo poético, lo etílico y lo urbano, se abrazara primero a baladas melódicas, después a algunos matices country y, finalmente, melodías y arreglos más pop y edulcorados que sirvieron para hacerles ganar popularidad (y, con ello, bastante más dinero) pero perder puntos en la autenticidad que reglan los cánones de la integridad. Visto con perspectiva, el cambio fue gradual y coherente (¿acaso hay algo más coherente y honesto que acabar cantando aquello con lo que una banda se sienta más cómoda?) y tras un parón de seis años tras Las Cosas En Su Sitio y su regreso en 2019 con Estamos Enteros, han ‘sobrevivido’ a la pandemia, con más tiempo para escribir y dar forma a esta décima entrega, titulada Ilusionismo, donde quizá naturalizan más todas sus influencias y empacan más las formas al haberse grabado con toda la banda tocando a la vez y no por fases, para dar un resultado no tan crudo como el del debut, pero bastante disfrutable para los oídos más abiertos a terrenos más suaves.

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Miguel Campello – Con Todos Mis Respetos

Hay artistas por los que parece no pasar nunca el tiempo. Para muchos eso puede tener una connotación negativa, por aquello de hacer siempre lo mismo y acabar siendo una mueca repetida de épocas pasadas que nada tienen que ver con las facultades del presente. Pero también tiene su cara positiva cuando su capacidad de llegar al público, su compromiso con la música y las virtudes de su garganta mantienen su efectividad del mismo modo a como se ganaron la notoriedad. Valga esta entrada que escribí al inicio de una crónica hace apenas dos meses y medio para presentar el nuevo disco de Miguel Campello, el que fuera líder, compositor y cantante de elbicho. Con este Con Todos Mis Respetos despacha su ya sexto trabajo discográfico de estudio en solitario, el séptimo si incluimos su álbum en directo. En términos generales podemos decir que ‘ha tardado’ en marcarse una de esas licencias que todo artista solista suele concederse -algunos hasta el abuso, incluso- como es el de hacer un disco con versiones de sus canciones favoritas. Un recurso a priori poco original (como puede ocurrir con los discos de grandes éxitos de duetos o el de antiguas regrabadas al nuevo sonido…) pero que, como en todo, cuando está hecho con cariño, respeto, conocimiento y talento, el resultado suele estar a la altura del reconocimiento obtenido con los éxitos propios. Así, el ilicitano recoge en este disco hasta doce de las que han marcado sus vivencias musicales y entiendo, claro está que son apenas una representación de todo lo que podría ser. Alaska, Serrat, Antonio Vega, Los Chunguitos, Manuel Alejandro por partida doble, Extremoduro, Lole y Manuel, Jeanette, Quique González, Triana y Francis Cabrel son los autores elegidos.

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Vanesa Martín. Recinto de Conciertos de Almería. 14 de agosto

En estos camino de diez años que está a punto de cumplir esta casa, en constante ejercicio de funambulismo profesional, personal, emocional y un largo etcétera, nunca hemos escondido las cartas de que el gusto musical va mucho más allá de los términos rock, punk, metal o heavy. Así, a lo largo de los años han sido muchas las concesiones que quizá sean impensables para cualquier web del género que se dé golpes de pecho para mantener una autenticidad inquebrantable como si de un ejercicio de pureza aria se tratara. Aquí hemos escrito de Alejandro Sanz, de Mónica Naranjo, de Antonio Orozco, de Rosalía, de C Tangana, Emilio Aragón, cantautores, indies, flamencos y rumberos, por no hablar de ese #Mis10de que tanto tiempo me ocupaba y que poco a poco fue cayendo en la desidia por falta de segundos, respuesta y ganas. El caso es que como mi trabajo me viene que ni pintado, puesto que tengo que cubrir cientos de actividades culturales al año, la agenda y la programación me permiten concesiones a todos los campos, como, el viernes Miguel Campello o, anoche, Vanesa Martín. La canción melódica es un arte en sí misma, desde los Camilo (Sesto, no el del bigote que, por cierto, es de lo mejor de la música ‘latina’ que uno puede tolerar en estos tiempos), Nino Bravo… pasando por las Malú y un largo etcétera. No me negarán que mejor eso que el reggaetón. Por eso, decido traer esto aquí. Un gesto simbólico. Y porque sé que muchas de las personas que me leen también son un poco como yo en este sentido. A partir de este momento, os dejo con la crónica realizada como redactor del Área de Cultura del Ayuntamiento de Almería. Salud. (FOTOS: José Antonio Holgado para Contraportada – Pisadas En La Luna)

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La M.O.D.A. – Ninguna Ola

La Maravillosa Orquesta del Alcohol se despedía en 2019 con el reconocimiento unánime de público, crítica y colegas de profesión, además de una cifra de kilómetros y conciertos casi impensable hoy, para hacer de 2020 un año, como el buen tequila, reposado. La intención original era realizar tres o cuatro conciertos y a trabajar en disco nuevo. Pero, claro, las reglas del juego se cambiaron al compás de contagios y restricciones y los planes cambiaron levemente. Así que lo que era un año para desintoxicarse ha servido para crear un disco sorprendente, arriesgado, maduro (pese a lo manido del adjetivo en las críticas) y terapéutico desde una crudeza que a más de un oyente cogerá a contrapié. Porque poco queda de las canciones tabernarias y festivas del estreno y con el paso de los discos y la confianza en los textos y en la libertad creativa que otorga un público que ha sabido ir recibiendo los nuevos estímulos, la cosa se ha ido haciendo más densa y críptica. En esta entrega, que se hizo merecedora de medalla en Los Discos del Año de esta casa, a las letras afiladas de David Ruiz se le suma la producción de Raül Refree, del que hemos hablado mucho de sus virtudes y de su pulcritud y quirúrgica precisión a la hora de exprimir desde el minimalismo (Miedo de Albert Pla, Los Ángeles de Rosalía, Firmamento de Rocío Márquez, María Rodés, Sílvia Pérez Cruz, Josele Santiago…). Hace unos días lo decía de Bunbury, si Curso De Levitación Intensivo es un álbum hijo de este año pandémico, Ninguna Ola es su exorcismo final y la apertura de una libertad conceptual mucho más arriesgada. Deambula mucho más por el alambre, haciendo del funambulismo un arte, que lo ya apuntado el en sobresaliente Salvavida (De Las Balas Perdidas). La música como ejercicio valiente. Salvemos a los creadores, los de verdad, los que están en peligro de extinción.

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Entrevista a El Drogas: “los compartimentos estancos dicen mucho de la capacidad intelectual de quien los maneja”

 

Son las once menos cuarto de la mañana del sábado, 25 de enero, y habíamos quedado con Enrique Villarreal, ‘El Drogas’, a las once en punto en el siempre acogedor e imponente Teatro Cervantes. Había liquidado la crónica de León Benavente de la noche anterior en apenas media hora por no llegar tarde. Juan, mi fotógrafo, y yo nos tomamos un café en un bar que está en ese punto en el que no se sabe si está abriendo o cerrando o si es que han entrado a robar la noche anterior. Deducimos que está abierto finalmente y mientras nos tomamos un café en la lluviosa mañana vemos a El Drogas y a su socia Mamen en la terraza de enfrente. Pañuelo verde, con su guitarra en la funda, con la mayor de las naturalidades. Antes de la hora, recibo la llamada de Mamen para decirme que ya estaban en la puerta. Vamos a la cita y, tras un par de llamadas, alguna errónea incluida (nervios mandan) consigo dar con la persona que llama al encargado de abrirnos las puertas. Nos ubicamos en el camerino y nos quedamos Enrique, Juan y yo. “¿Para cuánto tenéis?”, me pregunta Mamen. “Pues supongo que una media hora”, respondo. Mamen me mira con cara de extrañada y Enrique ya me avisa, “media hora… ya veremos”. Yo, que valoro mucho el tiempo de las personas y todavía soy de sentir las mariposas en estómago ante conversaciones que soportan mucha responsabilidad, enciendo dos grabadoras (siempre temí que una me falle) y comienza una conversación que dio para mucho, que fue un placer y un maravilloso aprendizaje que me llevo para siempre. Y quiero pensar que cerró algunas heridas. (FOTOS: Juan Jesús Sánchez Santos para RockSesión).

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Lo Más Leído de 2019 en RockSesión

 

Otro clásico de los últimos días del año vuelve a las redes sociales de RockSesión. Este año, del 21 al 30 de diciembre desvelaremos, con cinco entradas al día, los 60 artículos más leídos del año. Son tantas las nuevas incorporaciones a esta casa y son tantos los que me preguntan por contenidos ya hechos que tengo la sensación de que ‘no está de más’. Además de en twitter y facebook, el ranking se irá actualizando en esta entrada cada día. Así repasamos el curso y también refrescamos la memoria a los indecisos que todavía no hayan votado en Los Discos del Año 2019. Recordad que podéis hacerlo hasta el 2 de enero, inclusive. El 3 de enero estará la lista definitiva y la playlist. El 5 de enero daré yo mis tradicionales Oros, Platas y Bronces.

Aquí iremos añadiendo el escalafón, seis puestos por día.

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Los Discos del Año 2018 de RockSesión

Es complicado ponerse a hacer listas así, porque siempre te queda la sensación de dejarte fuera gente que merece estar dentro. Así que, como siempre, ha de tomarse como una guía para acercarse a lo que no se conozca. O a darle otra oportunidad a un disco que no te llamó en la primera escucha. Tampoco ayuda el hecho de que por mis oídos pasen trabajos de cualquier género. También el hecho de que haya sido un año muy ajetreado me ha impedido escribir de todos los discos que hubiese querido, por eso hay algunos de los que no hay crítica completa. Pecata minuta. También excluyo como siempre EP’s (Lichis, Desakato, Konsumo Respeto…) y directos (Robe, Belo, Coque Malla…). Entre las ausencias por diversos motivos, pero de los que recomiendo su escucha, os cito unos cuantos: Rocío Márquez y Fahmi Alqhai, Pájaro, Lichis, Soleá Morente, La Tremendita, Hermanos Cubero, Morgan, Nacho Vegas, Christina Rosenvinge, Nixon, Miss Octubre, Los Nastys, Surfin Limones o Saratoga. Por sexto año, estos son los ochos oros, platas y bronces de RockSesión. Disparen al pianista.

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