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#Mis10de Seguridad Social

 

Antes de que llegara el rock de trinchera a mis oídos y, con ello, un progresivo aumento hacia sonidos más duros, sean metálicos o rítmicos, Seguridad Social representaba para mí, en mitad de los noventa y finales, el rock con descaro. Un rock acanallado pero con guiños de sentimiento. Muy mediterráneo y, por tanto, conectó muy fácil conmigo. Mis dos mejores amigos sentían lo mismo y aquel fabuloso directo doble, pero dividido en dos discos individuales (como el Human Touch – Lucky Town de Bruce Springsteen) me llegó por mi hermano. O sea, que al final tampoco parecía extraño que lo sintiera así. Y el caso es que, por más que pasen los años y las perspectivas, aquel directo y también sus canciones, siguen sonando diabólicamente potentes. Hay riffs y solos descomunales, pura actitud heredada de los inicios punk-ska del grupo, que poco a poco fue haciendo más latino su sonido, haciendo una rumba rock que seguía siendo igual de pintona. Un equilibrio perfecto, el pulso justo de una banda que suena bien, de un público que jalea a lo grande y de un repertorio abrumador. Por si fuera poco, además tienen una amplísima y digna colección de versiones. Grandes, Casañ y los suyos. En unos tiempos de sanidad coronavírica… Seguridad Social.

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Seguridad Social – Compromiso De Amor (1982-1995)

Imprescindible doble directo el que protagoniza hoy esta crítica remember de viernes y, acercándonos ya a los seis años de vida de esta web, es extraño que no hubiese estado aquí antes una de las bandas por las que siento más cariño desde la adolescencia (hice #Mis10de en mayo de 2014). Antes de que llegara el rock de trinchera a mis oídos y, con ello, un progresivo aumento hacia sonidos más duros, sean metálicos o rítmicos, Seguridad Social representaba para mí, en aquellos años, el rock con descaro, un rock acanallado pero con guiños de sentimiento. Muy mediterráneo y, por tanto, conectó muy fácil conmigo. Mis dos mejores amigos sentían lo mismo y este directo me llegó por mi hermano, o sea, que al final tampoco parecía extraño que lo sintiera así. Y el caso es que, escuchado hoy, con perspectiva, este directo sigue sonando diabólicamente rockero. Hay riffs y solos descomunales, pura actitud heredada de los inicios punk-ska del grupo, que poco a poco fue haciendo más latino su sonido, haciendo una rumba rock que seguía siendo igual de pintona. El caso es que este directo tiene el equilibrio perfecto, el momento justo de una banda que suena bien, de un público que jalea a lo grande y de un repertorio abrumador. Lee el resto de esta entrada

Quique González. Conversaciones (Arancha Moreno)

Es difícil no hacerse adicto a la bibliografía que viene publicando en los últimos tiempos la editorial Efe Eme y de la que aquí hemos escrito ya una decena de veces, sobre todo cuando encara en profundidad una serie de entrevistas – conversaciones con músicos que no es que sean esquivos, pero sí que denotan un distanciamiento notorio y evidente con la prensa o la exposición, sea innato, por aprendizaje, por defensa, desinterés o por seguridad, como una manera de salvaguardar el misterio de su universo creativo. O una mezcla variable de todas ellas en distintas proporciones, según la persona. Y en esa heroicidad en particular anda metida desde hace unos años Arancha Moreno, que completa con esta entrega con Quique González un póker de auténtico lujo que ya tenía los ases de Iván Ferreiro, Coque Malla y José Ignacio Lapido. A través de estas 250 páginas, con conversaciones realizadas la mayoría de ellas en el valle cántabro, que ha sido refugio, maestro y hogar del madrileño durante casi veinte años, y alguna en la ciudad, se realiza un viaje por los casi 25 años de carrera del músico, cuya conversación sorprende sobre todo por la cantidad y profusión de sus declaraciones, no tanto por sus opiniones, que ‘casan’ perfectamente con la imagen y la identidad que ha transmitido a lo largo de toda su carrera. Mientras que otros se crearon un personaje para ser estrellas del rock, Quique hace alarde de una naturalidad que amplía las explicaciones de lo que ya sabíamos. Que es un artista con unos códigos de honor casi en desuso (dinosaurio quizá también en eso, por desgracia) y que la canción, siempre, está por encima de otros intereses.

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M Clan – En Petit Comité

Cuando Tarque lanzó en otoño de 2018 su debut en solitario de título homónimo y también Ruipérez lanzó su álbum En La Distancia Corta un año más tarde, ambos emplazaban el regreso de M Clan a mitad de 2020 para celebrar el vigésimo aniversario de Sin Enchufe, el álbum que terminó de dinamitar la popularidad del grupo tras el éxito comercial previo de Usar y Tirar, Alejo Stivel mediante en ambos casos, que estaba de dulce tras haber relanzado la carrera de Joaquín Sabina y tras haber firmado otras grandes producciones, como ya hemos contado aquí en muchas ocasiones. Ya saben todos lo que ocurrió en marzo de 2020 así que aunque los planes tuvieron que alterarse bastante, sí que hicieron del condicionamiento una oportunidad, y aprovecharon esos conciertos de distanciamiento y mascarilla para salir mano a mano de gira acústica, íntima, personal… En Petit Comité, para retomar la sonoridad acústica y desenchufada, más minimalista si cabe de lo que se preveía. De aquellos conciertos especiales (de los que se pueden tener buen recuerdo, por el oasis que representaba entre tanta obligatoriedad, pero que jamás haya que vivirlos de nuevo) nace este álbum en vivo que, concretamente, recogen la actuación que ofrecieron en doble fecha en la sala Barts de Barcelona. Guitarras acústicas, cajón y armónicas para dar brillo y calor a un repertorio cada vez más infalible y poderoso. Auténticos clásicos en manos de dos grandes músicos y una voz excepcional. No fue lo previsto, pero fue muy bueno.

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La Pulquería – Corridos De Amor (2004)

Fue al hilo de la crítica de Santero y Los Muchachos la pasada semana cuando fui consciente de nuevo en que no había traído a La Pulquería a la crítica remember de los viernes. (Insisto una vez más en el concepto, que cerca de llegar a las trescientas retrospectivas, todavía queden bandas tan significativas por aparecer dice bastante de lo mucho y bueno que tiene nuestro rock). La Pulquería fue una banda valenciana que dignificó bastante eso a lo que se llamó mestizaje, en unos años en los que el formato no daba para más y la sorpresa brillaba por su ausencia. Sentados en un parque y bien de alcohol, jugando con las guitarras, comenzaron a tontear llevando rancheras a sonidos de rock, punk y heavy metal y poco a poco lo que comenzó como una broma etílica acabó siendo un pelotazo de lo más resultón y exitoso. Lo dejaron reflejado en cinco discos, del que Corridos De Amor fue el primero de ellos. Después vendría C’Mon Fandango en 2007, Hey, Ho, Chingón, un directo, en 2008, Fast Cuisine (la suma de tres EP’s) en 2010 y, tras un primer amago de adiós de casi tres años de duración, un último disco llamado Lobo De Bar, publicado en 2016. Desde entonces, Miguel Ángel Escrivá marchó con su hermano y se volcó en Santero y Los Muchachos y Gerard Sanz creó una banda bajo el nombre de su apodo de guerra ya en los años de La Pulquería, Huracán Romántica. Quizá ‘el problema’ fue que era difícil seguir dando contenido a una broma y los intentos por buscar otros aires o cosas un poco menos gamberras desnaturalizaron a un grupo que era pura combustión en directo. De hecho les recuerdo un Viña en el que posiblemente estaban más cargados ellos que el público. Que nos quiten lo bailao, que dirían Los Canallas y, años antes, El Mejorano.

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Lunavieja – Lunavieja

Llevaba un tiempo sin dar estopa de la buena y esta semana se me ha cruzado por la escucha de novedades pendientes el debut de esta banda malagueña, que no por ello de músicos noveles, llamada Lunavieja, que viene con una propuesta que no es que derroche originalidad en su concepto, pero sí que conquista con la precisión y accesibilidad de una ejecución tan sombría. Cogiendo como preceptos todos los arquetipos básicos de la brujería, los aquelarres, las tradiciones oscuras, la botánica, el folclore y las narraciones antiguas con recitados solemnes y algún que otro alarido y hoguera por el camino, Lunavieja presenta una suerte invocación – introducción inicial y siete cortes en los que la melodía de guitarra y la base rítmica te lleva con bastante seguridad por tramos que, partiendo del doom, se mueven entre la psicodelia, el stoner o, sencillamente, un metal denso y opresivo. Por si fuera poco, a su alineación de power trío (bajo, guitarra y batería) sumaron a un cuarto elemento que se sumó para aportar teatralidad en las voces y, además, también se encarga de sintes llenos de penumbra y más atmósfera. Cuelguen de sus altavoces un poco de estramonio y beleño, o tómenla en infusión, que se sabe cómo se entra en el bosque simbólico y bestiario de Lunavieja pero otra cosa es encontrar la salida entre tanta turbiedad, surrealismo y mística. El pasadizo ya está abierto. Play.

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Rock and Roll por Ucrania: Los Vinilos, Trifásico, Tru-Desert Trío, Los Summers y The Sun Rockets

A la tercera fue la vencida… aunque estuvo a punto de no serlo tampoco. El evento ‘Rock and Roll por Ucrania’ que había organizado el Área de Cultura y Educación del Ayuntamiento de Almería a beneficio de Cruz Roja y su línea de trabajo, apoyo y acogida del pueblo ucraniano se había fijado en primera instancia para el 17 de marzo. Fue entonces cuando la calima apareció por la Península. Se retrasó al 24 de marzo pero, en esta segunda ocasión, la lluvia provocó un nuevo aplazamiento para otra semana más, el 31 de marzo. Ayer, de nuevo la inestabilidad climatológica hacía temer el evento a mediodía, así que se apostó por llevarlo a cubierto para curarse en salud y, por fin, dar salida a un repóker de bandas locales que hicieron rugir guitarras, bajos y baterías de manera altruista para ayudar al pueblo ucraniano, a los civiles, que son los primeros que padecen la sinrazón de quienes ostentan el poder. Los Vinilos, Trifásico, Tru-Desert Trío, Los Summers y The Sun Rockets eran los invitados, además de la violinista ucraniana Nadia Rudenko. A partir de este momento os dejo la crónica realizada como redactor del Área de Cultura, a través de la agencia Contraportada / Pisadas en la luna. Salud. (FOTOS: José Antonio Holgado).

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La Frontera – La Rosa De Los Vientos (1989)

Aunque hay gente que se empeña en demonizar nuestra música ‘comercial’ de los años 80, no me cansaré de reconocer y aplaudir el legado y labor de un buen número de bandas más que respetables para acercar un rock más comercial o accesible (o como demonios se le quiera llamar) al gran público. En ese gran cajón del podio entra gente tan dispar, pero con ese denominador común, como Seguridad Social, Los Rebeldes, Danza Invisible, Radio Futura, La Unión, Nacha Pop, Duncan Dhu, Los Secretos, Gabinete Caligari, Hombres G, La Guardia, Tahúres Zurdos, Pistones, 091, … y un larguísimo etcétera donde se encuentra, cómo no, La Frontera, la banda que han liderado desde el primer día el incombustible Javier Andreu y Tony Marmota. Un sello inconfundible a aires polvorientos, sureños, de western, bourbon, botas de punta, corbata de cordón, calavera de búfalo y todos los tópicos genuinos del género que, en nuestro país, nadie ha sustentado tantos años, más de treinta, como ellos. Pero La Frontera asumió todo ese imaginario después de demostrar que todo ello no impedía que en sus discos también hubiera espacio para otros matices y un lado más aperturista hacia a alguna concesión melódica, canciones de tempo elegante más allá del acelerón marchoso de bombo y caja, e incluso algunos arreglos souleros de metales. Todo ese ‘aperturismo’ y ese ejercicio que aumentó su registro sonoro y, con ello, el número de seguidores que compraba sus discos e iba a sus conciertos, se inicio con su cuarto trabajo, este La Rosa De Los Vientos.

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Sergio Makaroff – Desastre Con Patas

Tras haber hablado aquí de más de un millar de discos (entre novedades y críticas remember) los últimos diez años y otros tantos en otros medios de comunicación desde hace veinte, uno todavía siente algo de esas mariposas en el estómago de los inicios cuando afronta la escritura de un disco de una de esas bandas autores que están en tu memoria desde tus primeros recuerdos musicales, pero de la que todavía no se había dado la ocasión. Es lo que me ocurre en un día como hoy, en el que os traigo la crítica del ya noveno trabajo de estudio del bonaerense Sergio Makaroff, de quien cantaba de niño su ‘Rock del Ascensor’ de Los Makaroff (banda que compartía con su hermano Eduardo y que, más tarde, en la adolescencia, cantaba abrazado a los colegas aquello de “oh, qué bolinga voy, qué contento que estoy”. Makaroff es de esos autores del imprescindible rock argentino que tiene una innegable, aunque olvidada demasiadas veces, influencia en el rock español. Igual que Moris desembarcó en España a mitad de los setenta haciéndose una influencia fundamental para los grupos ‘perdurables’ de la Movida, o Ariel Rot y Alejo Stivel desataban el fenómeno fan con Tequila, Makaroff viajó a España para quedarse en Barcelona y desde ahí forjar una trayectoria que rozó el éxito masivo con Un Hombre Feo, publicado en 1996 y eterno candidato a protagonizar una crítica remember de los viernes, pero que a la postre se ha desarrollado sin grandes altibajos, más allá de una desconexión en los entre finales de los ochenta y primera mitad de los noventa, con esa naturalidad de quien se deja llevar por las olas más que intentar doblegarlas a su parecer. Desastre Con Patas es una brillante nueva colección de canciones para un compositor que hace de la narración sencilla un ejercicio de fino humor, de cálido amor y de lúcida ironía, disfrutando el mero hecho de poder compartir historias, sin pretensiones ni grandilocuencias.

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Carlos Escobedo (Sôber): “Animamos a la gente a que se vuelva a enamorar de la música en directo”

Ahora que la denominada ‘sexta ola’ comienza a remitir y parece que ya de forma definitiva acercándonos al final de la pandemia, son muchas las bandas que este final de invierno y principio de primavera van a volver a los escenarios para empezar o retomar sus giras, con ganas de disfrutar ese reencuentro con un público que también debe ‘reactivarse’ y volver a las salas para que el circuito, eso que tanto han defendido con ‘Alerta Roja’ y ‘Hacemos Eventos’, salga de su propia UCI. Sin ir más lejos, este mismo fin de semana vivirá los inicios de gira de Gritando En Silencio, de Ciclonautas (tras su segunda triunfante vuelta de Argentina) y Sôber, que tras una serie de fechas en verano y un concierto el pasado mes de enero, comenzará la primera parte de la gira ‘Elegía Tour’ en Barcelona (sala Razzmatazz 2), este sábado, 5 de marzo. A continuación, seguirá por Oviedo, Burgos, Valencia y Valls (días 18, 19, 25 y 26 de marzo), Pamplona, Bilbao, Ponferrada, Málaga y Granada (días 6, 7, 14, 27 y 28 de mayo) y Santiago de Compostela (3 de junio). Después se abrirá una tanda de festivales y fechas de verano para volver con la gira a final de año, con Santander ya confirmada para el 28 de octubre. Cuando no está generando melodías está escribiendo letras o, si no, produciendo a alguna banda. Así pillamos a Carlos Escobedo esta mañana haciendo un parón en el estudio para atender la entrevista de RockSesión con motivo del inicio de la gira. (FOTOS: Javier Bragado)

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