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Tequila – Adiós, Tequila! En Vivo

En RockSesión hemos respetado siempre a los padres del invento. Cada género y subgénero tiene los suyos y está claro que hablando de rocanrol en castellano, Tequila tiene que tener un nombre de oro. De 1976 a 1982, la banda argentino-madrileña se llevaba la chulería rockera de Miguel Ríos a un terreno más alocado, juvenil y hedonista. Destilando éxito tras éxito en discos que eran un desenfreno de ritmos stonianos más acelerados de lo que pudiera hacer, por ejemplo, Burning, otros históricos. En 2018, tras escarceos esporádicos, Ariel Rot y Alejo Stivel deciden marcarse una gira de las ‘de verdad’, de despedida.  Como resultado de aquella treintena de fechas, llegó como colofón la grabación en septiembre del pasado año este doble CD y DVD en directo y, con él, la prolongación de fechas para 2019. A los dos inconfundibles argentinos, se les suma Julián Kanevsky (guitarra), David Salvador (bajo), Luis Prado (teclados) y Christian Chiloé (batería). Esa noche, en el Wizink Center, sumaron las colaboraciones de gente cercana en estilo y espíritu como Juancho de Sidecars, Carlos Tarque de M-Clan, Leiva y Fito Cabrales.

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La Pulquería – Corridos De Amor (2004)

Fue al hilo de la crítica de Santero y Los Muchachos la pasada semana cuando fui consciente de nuevo en que no había traído a La Pulquería a la crítica remember de los viernes. (Insisto una vez más en el concepto, que cerca de llegar a las trescientas retrospectivas, todavía queden bandas tan significativas por aparecer dice bastante de lo mucho y bueno que tiene nuestro rock). La Pulquería fue una banda valenciana que dignificó bastante eso a lo que se llamó mestizaje, en unos años en los que el formato no daba para más y la sorpresa brillaba por su ausencia. Sentados en un parque y bien de alcohol, jugando con las guitarras, comenzaron a tontear llevando rancheras a sonidos de rock, punk y heavy metal y poco a poco lo que comenzó como una broma etílica acabó siendo un pelotazo de lo más resultón y exitoso. Lo dejaron reflejado en cinco discos, del que Corridos De Amor fue el primero de ellos. Después vendría C’Mon Fandango en 2007, Hey, Ho, Chingón, un directo, en 2008, Fast Cuisine (la suma de tres EP’s) en 2010 y, tras un primer amago de adiós de casi tres años de duración, un último disco llamado Lobo De Bar, publicado en 2016. Desde entonces, Miguel Ángel Escrivá marchó con su hermano y se volcó en Santero y Los Muchachos y Gerard Sanz creó una banda bajo el nombre de su apodo de guerra ya en los años de La Pulquería, Huracán Romántica. Quizá ‘el problema’ fue que era difícil seguir dando contenido a una broma y los intentos por buscar otros aires o cosas un poco menos gamberras desnaturalizaron a un grupo que era pura combustión en directo. De hecho les recuerdo un Viña en el que posiblemente estaban más cargados ellos que el público. Que nos quiten lo bailao, que dirían Los Canallas y, años antes, El Mejorano.

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Santero y Los Muchachos – Royal Cantina

Como tantas bandas, los hermanos Escrivá, Miguel Ángel y Josemán, también tuvieron que ir adaptando sus planes sobre la marcha a la par que se iban desarrollando los acontecimientos y las incidencias de la pandemia. Con un excepcional Rioflorido como segundo trabajo discográfico, el grupo demostró en eléctrico todas sus capacidades melódicas y armónicas en su propuesta musical que podemos situar entre finales de los años cincuenta y principio de los setenta, pero que no por ello está exento de variedad, como ya ocurriera en su anterior entrega. Por el viaje tendremos el denominador común de country rock que no se achanta si tiene que tamizarse con aderezos de bolero, blues, ranchera y hasta algún arreglo celta… Ahora vienen con este disco doble, no por duración sino por concepto, en el que ofrecen su lado ‘continuista’ en la propuesta por la distorsión justa y el buen gusto en Royal y el lado más crudo, acústico y menos procesado de Cantina. Parece lógico que el grupo opte por mostrar sus dos caras y no rechace ninguna de ellas si tenemos en cuenta que el año pasado, dadas las circunstancias, decidieron apostar por un formato reducido y desenchufado para sus conciertos. De ese espíritu nos llevan a Cantina, canciones de bar… Pero es que Royal viene a ser lo mismo porque hay músicas e historias que salen por igual del corazón que de la confesión con un buen amigo en una barra. El mayor logro de esta doble concepción es que funcionan bien por separado pero, a la vez, podríamos intercalar los temas con total aleatoriedad que el resultado seguiría siendo igual de coherente. Siguen envidando a grandes, los Santero.

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Sergio Makaroff – Desastre Con Patas

Tras haber hablado aquí de más de un millar de discos (entre novedades y críticas remember) los últimos diez años y otros tantos en otros medios de comunicación desde hace veinte, uno todavía siente algo de esas mariposas en el estómago de los inicios cuando afronta la escritura de un disco de una de esas bandas autores que están en tu memoria desde tus primeros recuerdos musicales, pero de la que todavía no se había dado la ocasión. Es lo que me ocurre en un día como hoy, en el que os traigo la crítica del ya noveno trabajo de estudio del bonaerense Sergio Makaroff, de quien cantaba de niño su ‘Rock del Ascensor’ de Los Makaroff (banda que compartía con su hermano Eduardo y que, más tarde, en la adolescencia, cantaba abrazado a los colegas aquello de “oh, qué bolinga voy, qué contento que estoy”. Makaroff es de esos autores del imprescindible rock argentino que tiene una innegable, aunque olvidada demasiadas veces, influencia en el rock español. Igual que Moris desembarcó en España a mitad de los setenta haciéndose una influencia fundamental para los grupos ‘perdurables’ de la Movida, o Ariel Rot y Alejo Stivel desataban el fenómeno fan con Tequila, Makaroff viajó a España para quedarse en Barcelona y desde ahí forjar una trayectoria que rozó el éxito masivo con Un Hombre Feo, publicado en 1996 y eterno candidato a protagonizar una crítica remember de los viernes, pero que a la postre se ha desarrollado sin grandes altibajos, más allá de una desconexión en los entre finales de los ochenta y primera mitad de los noventa, con esa naturalidad de quien se deja llevar por las olas más que intentar doblegarlas a su parecer. Desastre Con Patas es una brillante nueva colección de canciones para un compositor que hace de la narración sencilla un ejercicio de fino humor, de cálido amor y de lúcida ironía, disfrutando el mero hecho de poder compartir historias, sin pretensiones ni grandilocuencias.

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JJ Fuentes. Teatro Apolo. 4 de febrero

Hace un par de semanas os escribía del segundo disco de este autor rockero almeriense. Anoche tuve la oportunidad de cubrir el concierto de presentación y, a partir de este momento, os dejo la crítica realizada para el Área de Cultura y Educación del Ayuntamiento de Almería. Salud. El roquetero JJ Fuentes fue el encargado, anoche, de iniciar la serie de conciertos de artistas y bandas almerienses que presentarán sus nuevos trabajos discográficos gracias al firme apoyo decidido del Área de Cultura y Educación del Ayuntamiento de Almería, que sigue al lado de los creadores locales, más si cabe en estos tiempos de pandemia. Corazón de fuego y miel es el título del segundo álbum de JJ Fuentes, que sonó anoche en su totalidad junto con varios temas de su prometedor estreno titulado Cuestión de honor. Una noche en la que estuvo acompañado de por su productor, Ángel Peñalver en la guitarra y pedal steel, José Trujillo a la batería, Álex Martínez al bajo y Juan Antonio Hernández en coros, percusiones y acústica. Un cantautor rockero reafirmó anoche su querencia por las letras regadas de referencias literarias, cinematográficas y culturales para presentar historias de sentimientos tan universales como el amor, la pérdida, la ilusión, el desengaño o la reflexión. Después de, como tantas bandas, ver recortada la gira de presentación de su debut a causa de las primeras fases y olas de la pandemia, decidió trabajar en nuevas canciones, de las que doce se reúnen en ‘Corazón de fuego y miel’ donde gana en accesibilidad en las melodías y en los estribillos, encontrando un equilibrio con ese tono sobrio y cuidado de los textos, que le emparentan de manera irremediable con nombres como José Ignacio Lapido, Hendrik Röver de Los Deltonos o el lado más circunspecto de Carlos Tarque y M-Clan. Una música que quizá se presenta muy arquetípica en las formas pero con un resultado que admite muy pocas pegas.

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Bunbury – El Puerto

Que en los casi diez años de vida que tiene esta casa (los cumplirá a comienzos de marzo de 2022) haya escrito una veintena de artículos y críticas sobre la figura, discos, documentales, directos, giras o selección de temas de Enrique Bunbury, tanto en solitario como con Héroes del Silencio, como en sus proyectos con Bushido, Carlos Ann y Panero o Calamaro dice mucho de la notoriedad, de la relevancia y de la importancia del músico. Es un hecho irrefutable, además de demostrar su constante movimiento en búsqueda de algo nuevo que ofrecer a su público, que anda soliviantado en los últimos tiempos (¿quién no?, ¿quizá?) por distintos motivos. Que si el derrotero estilístico, que sus opiniones extra musicales… En fin. Ya saben, la furia y el ruido, que diría William Faulkner. En esta casa, por lo general, nos hemos abstraído con frecuencia de las opiniones personales de todos y cada uno de los artistas y bandas que han pasado por este escaparate. ¿Acaso conocen las opiniones sobre todos los temas de los músicos o cantantes de sus bandas favoritas? Lo que ocurre con Bunbury, y se viene notando, es que su hartazgo está saltando claramente a sus creaciones y su descreimiento ante los derroteros que viene tomando la opinión pública de un tiempo a esta parte ha inundado ya su forma de contar las cosas en las canciones y también en ese estreno con la poesía literaria de Exilio Topanga. Dos lanzamientos cercanos en el tiempo que refuerzan esa hiperactividad que tuvo el pasado año con la publicación de dos discos de estudio, Posible y Curso De Levitación Intensivo. A falta de gira, Bunbury se exorciza creando y desde aquí deseamos que pronto pueda hacerlo desde el escenario. Que falta hace.

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Andrés Calamaro – Dios Los Cría

Recurso de sobra conocido el de marcarse un disco de grandes éxitos remozado con colaboraciones. Pero, como ante todo en la vida, las cosas pueden hacerse bien, mal o regular. Pero es que, además, Andrés Calamaro tiene tanto repertorio y tipo de canciones en su currículum que le da para hacer otros cinco discos de este corte, con artistas diferentes en cada uno de ellos. Aquí ha optado por algo así como el smoking y lo clásico, con canciones llevadas a piano y voz, principalmente, con guitarras acústicas, algunas cuerdas y tipo crooner. Algo así como sus Romaphonic Sessions pero aderezado de grandes estrellas. Por tanto, al situarnos en la escucha y crítica del disco, hay que tener en cuenta que el artista y cantor ha optado por un sentido homogéneo y conceptual que hace que por momentos se antoje previsible pero, por otro, bastante grato y apacible durante todo el metraje. Desde aquí, que nos quedamos con todas sus facetas musicales (las opiniones personales sobre otros temas, libre es todo el mundo de tener las que considere), jaleamos a Andrés para que en unos cuantos meses reúna a una corte más noctámbula y bullanguera (no olvidemos que el propio Calamaro cantó en los tributos de Barricada y Def Con Dos, por dar dos ejemplos) para que saquen lustre a las seis cuerdas electrificadas y al bombo y caja. Dicho esto, con la misma técnica que empleé para el homenaje de Ni Tan Joven Ni Tan Viejo de Joaquín Sabina, vamos con la crítica, tema a tema, de cada una de las colaboraciones y revisiones. Y en el último trago, nos vamos.

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Mon Laferte – Seis

Aunque desde que abrimos las puertas de RockSesión la cantante y artista chilena ha publicado otros cuatros discos de estudio previos: Tornasol en 2013, Mon Laferte, vol. 1 en 2015, La Trenza en 2017 y Norma en 2018, además del directo Sola Con Mis Monstruos en 2020, no ha sido hasta entrar en Seis, su nueva referencia discográfica, cuando decidí que ya era hora de que entrara por la puerta grande en esta casa. Aunque entre 2012 y 2014 tuvo dos escarceos con el heavy metal (Abaddon y Mystica Girls), la conocí con el álbum de 2015, después de ‘tropezar’ con ella en YouTube. Un disco en que recordaba el estilo de la música que escucha su abuela (de hecho ‘El Cristal’ está dedicada a ella) y de rocambolesca historia para su grabación, puesto que tuvo que andar con enganches de electricidad y con ayuda de sus amigos. Una revisión latina de la canción pasional, con alma de rock, con mucho de soul y swing y una actitud desbordante y cantinera que encontró en ‘Tu Falta De Querer’ su explosión más certera llegando al metal de ventas en México (donde reside) y Chile (país de origen). Fue a partir de ahí cuando llegarían las grandes inversiones posteriores, las colaboraciones de Juanes (‘Amárrame’) o Enrique Bunbury (‘Mi Buen Amor’) y las cifras milenarias se multiplicaron, también alcanzando Perú, Ecuador y Colombia. En su entrega pretérita se lanzó a un álbum conceptual, narrando las fases del amor… desde el ‘Ronroneo’ inicial, desbordante de sensualidad, hasta la decisión de la ruptura de ‘Funeral’ y el adiós de ‘Si Alguna Vez’. Todo ello con la visceralidad y entrega marca de la casa. Así, ahora nos llega Seis, un disco que no se presenta como temático o conceptual per se, pero que bien podría serlo: el simbolismo poderoso de la mujer con una fina capa de ironía que se desliza también en cierta crítica al neoliberalismo y una forma de amar y cantar tan intensa que traspasa la piel. Sin duda es ya la mejor artista femenina de toda Latinoamérica en nuestros días.

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TNT Band – Compañero

¿Os acordáis? Os intento resumir. TNT Band es esa banda gallega de la que os conté hace un par de años, con la crítica de su debut, Parte Colectivo, que lanzaron con apenas 16 años. Dos años antes, cuando el cuarteto tenía 14 años de media, el padre de uno de ellos me escribió porque les hacía ilusión que les diera unas cuantas opiniones sobre su maqueta. Bien. El tiempo pasó y aquellos adolescentes se estrenaron con un disco que se movía entre el clasicismo de AC/DC y con vertiente española entre la sabiduría de Platero y Tú y el descaro de los Tequila más gamberros. En aquel texto, firmado el 30 de enero de 2019, además de contar la historia que ahora os he resumido, lo despedía, a modo de nuevo acicate y deseo personal, diciendo que nos veíamos con el segundo disco. Y aquí está (aunque Correos haya tenido a bien hacerme entrega de él 14 días después de su franqueo desde Vilagarcía de Arousa). Con una estrenada mayoría de edad, Iñaki Fernández, Carlos Galbán, Manu Esperón y Sergio Di Natale dan un paso adelante con Compañero, titulado así en honor al Rocky, casi un quinto integrante de la banda porque, tal y como detallan en los agradecimientos, ha estado con el grupo desde el primer ensayo y vivió toda la composición y maquetación de este álbum. No deja de ser un pequeño detalle más, transmitido también en los textos del debut y de esta segunda entrega, de que TNT Band todavía respira una sana transparencia que le lleva a dedicarle el disco a una mascota, cantar contra el bullying, rendir honor a Federico García Lorca, a los enfermos de Alzheimer, a la diversidad sexual y por una vida con más ilusiones que lastres. Bienvenidos de nuevo, esta es vuestra casa.

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Vantroi – ¡¿…Otra Vez Frijoles?! (2001)

El movimiento se demuestra andando. Si ayer en la entrada sobre Rompan Todo (donde me marco una relación y playlist de cerca de 1.300 bandas de toda Latinoamérica) comentaba que, pese a que siempre han estado presentes, quería reforzar la entrada de bandas del otro lado del charco (ya tenemos por aquí mucho en #Mis10de y críticas o crónicas de Andrés Calamaro, Bersuit, La Vela Puerca, Molotov, Café Tacvba, La Beriso, Bulldog, Rata Blanca, Ariel Rot, Sepultura, Milongas Extremas, Aterciopelados…), me he tomado la palabra y, al día siguiente, siendo viernes, la crítica remember de la semana viaja a México para recordar a Vantroi. Banda mexicana nacida en 1992 en el DF y que, con este disco, los dos anteriores (¡No Nos Moverán!, de 1996, Bajo Palabra, de 1999) y el posterior (Para No Morir De Locos, 2005) tuvieron una muy estrecha relación con bandas, sellos y festivales de nuestra escena. Pasaron por Viña Rock, Aúpa Lumbreiras, Extremúsika, Festimad, Derrame y tantos otros. Tuvieron muy estrecha relación con Boikot –no olvidemos que coincide con la trilogía de La Ruta del Che, con la que los madrileños hicieron ‘américas’- o Canallas, con Fernando Madina de Reincidentes, que las ha producido varios discos, tocaron con todos las bandas del momento (alguna entrada se puede encontrar por ahí siendo los teloneros de ¡Extremoduro! en varias fechas), hasta que de alguna manera y por vicisitudes extramusicales un frenazo en seco les paró el recorrido. Va por la memoria de aquellas canciones y momentos vividos (algunos de ellos peligrosos, con armas de fuego de por medio, en una noche en la que también actuaban Canallas en su gira de despedida y un todavía sin disco… Albertucho) y porque ya les iba tocando.

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