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#Mis10de Triana

Triana entró en la historia de la música a la primera. El listón con su debut, El Patio, estuvo tan alto desde el principio que lo que vino después no fue peor (y el Hijos del Agobio casi lo iguala) pero era imposible superarlo. Jesús de la Rosa a la voz, teclados y texto, ‘Tele’ a la batería y percusiones, y Eduardo Rodríguez a la guitarra española, son la esencia de Triana. Un trío de creatividad extrema que solo truncó un maldito accidente de tráfico. Como curiosidad recordaré que en aquel primer disco la formación para las grabaciones se completó con Manolo Rosa al bajo, y (ojo) Antonio García de Diego, quien años después sería uno de los músicos y compositores fundamentales para Joaquín Sabina, a la guitarra eléctrica. No hay palabras para definir su exquisita creatividad. Allá por 1975, con aún el dictador vivo, debutaron dos años antes que Leño, antes de la explosión hard rock y heavy de finales de los setenta. Si bien Miguel Ríos ya había hecho algún escarceo de fusión de rock con raíces andaluzas, y que Smash o Gong tenían cierto encanto y similitud, es con Triana cuando se produce un terremoto de creatividad que hermana el rock progresivo y el flamenco con una naturalidad pasmosa. Como si hubieran nacido para eso. Surgiría Alameda, Imán, Mezquita, Guadalquivir, Medina Azahara, Veneno con Raimundo y Kiko Veneno… Casi nada.

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Triana – Hijos Del Agobio (1977)

Triana Hijos del AgobioAndan las aguas revueltas por el Guadalquivir simbólico de la memoria de Triana, la banda que, formada por Jesús de la Rosa, Eduardo Rodríguez Rodway y Juan José Palacios «Tele”, sentó cátedra en la conjunción de las tendencias progresivas del rock británico de la época, con la raíz andaluza, mezclada entre la ‘pena negra’ y el existencialismo lisérgico. El caso es que a Rodway, el que fuera guitarrista del trío, compositor y único componente vivo del grupo (tras el trágico accidente de Jesús de la Rosa en el 83 y el fallecimiento de Tele hace poco más de 14 años, en 2002), a sus 71 años (con todo lo que eso conlleva) le ha dado por ponerse belicoso y emprender una campaña para que no se utilice el nombre de la banda en vano. Y es que en los últimos tiempos no es extraño ver de nuevo el nombre de Triana en algunos carteles. Aunque la noticia la incluía tras verla en redes en Rock Estatal el 27 de junio, ayer fue publicada por Eldiario.es y subida a Menéame… Parece ser que legalmente tienen todo el derecho a hacerlo, pero qué queréis que os diga para los que sentimos veneración por los seis discos de estudio del grupo, para quienes para siempre nos volaron la cabeza con su sonido, ver el nombre de Triana sin que esté en la banda ninguno de sus componentes originales, auténticos, verdaderos. Llámenme romántico. El Patio fue una de las primeras críticas remember de esta web y ante tanto ruido, me apetecía seguir la senda del camino alumbrado por la vela de Triana con su sucesor, Hijos del Agobio.

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Triana – El Patio (1975)

No hay palabras para definir la excepcionalidad del remember de esta semana. Lo mejor (si aún tienes el delito de no conocerlo) es darle al play y dejarse llevar por 39 minutos sublimes de texto y música. Allá por 1975, con aún el dictador vivo, ve la luz ‘El Patio’ de Triana, para más grandeza, su debut. Algo más de tres años antes del debut de Leño (grabado en diciembre de 1978, publicado en 1979), antes de la explosión hard rock y heavy de finales de los setenta. Antes de todo eso, está ‘El Patio’. Uno de los discos fundamentales en la historia del rock.

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Los Estanques y Anni B Sweet – Burbuja Cómoda y Elefante Inesperado

Siempre me ha alegrado y reconfortado, más allá de si el resultado final después es mayor o menor trascendente, eso de que solistas o bandas decidan apostar por lanzar un proyecto conjunto un poco ‘sin venir a qué’. Con las giras estamos más acostumbrados. Dos nombres propios con mucho en común que deciden cruzar repertorios, compartir temas, en fin… Todo eso que hemos visto hacer a grupos o artistas que con una dilatada trayectoria buscan sumar algún estímulo en lo personal y en el bancario. Es bastante menos frecuente en lo que a trabajos de estudio se refiere, aunque, piedra a piedra y gota a gota, la balsa se va construyendo y llenando. Tenemos todos los registros de colores posibles y con resultados de lo más variopinto. Como caso extremo (del malo) a Lou Reed con Metallica (aunque no creo que fuese para tanto) o los muy positivos de Arizona Baby con Los Coronas, por citar uno de muchos, como bien podría ser el de Enrique Bunbury con Nacho Vegas, el de Albert Pla con Pascal Comelade, en fin… Un largo etcétera. En ese ámbito, lo que iba a ser primero un single puntual, venido a más a epé, se ha consolidado con un larga duración de pleno derecho y el primer disco conjunto de Los Estanques con Anni B Sweet. Dos nombres propios con el suficiente empaque propio como para no tener que inventar otro término y como para que de primeras no nos chirríe su unión, pues ambos han hecho gala siempre de una completa libertad para evolucionar en sus propias carreras como para encontrar nexos de unión y compartir esta Burbuja Cómoda y Elefante Inesperado.

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Sevilla Distorsión – Sevilla Distorsión

Más madera. Si ayer traía a la web el segundo larga duración de los almerienses Compro Oro, y hacía referencia a otras bandas de la nueva generación de raigambre flamenca como Derby Motoreta’s Burrito Kachimba o Califato ¾ (de hecho colabora en uno de los temas Rosana Pappalardo) o RomeroMartín, bien podrían valer dichas referencias para el caso que nos ocupa hoy, el de Sevilla Distorsión. Una banda de crecimiento vertiginoso puesto que en apenas tres años se han hecho con su círculo de fieles seguidores gracias a sus conciertos explosivos y un sonido que han venido en auto bautizar como ‘psyco cani’.  ¿Y esto de qué va? Bien. Cojan como voz un timbre más flamenco que rockero, pero con más cuerpo y cazalla que un cantaor al uso. Ejemplo… Un Chico Ocaña de Mártires del Compás o un Manuel Chaparro de Califato más afinado y versátil. En guitarras, imaginen la furia incendiaria del rock andaluz derivado del más orgánico de Triana, Medina, Smash, etcétera. Sumen ciertas derivaciones jazzísticas de aquellas que podría hacerse Elbicho, pero mucho más salvajes en las formas y con unas dinámicas bastante más complejas. Con esos nombres como base, el abanico de elementos conocidos es todavía mayor, porque hay guasa de Pata Negra y Kiko Veneno, rumba rock accesible por la vía de las maquetas de Estopa, mucho de progresivo que conecta con las influencias más anglosajonas (la tipografía tipo Yes ya da pistas). Una bomba de relojería que viene con diez cortes (nueve temas y una introducción) que quizá se antoja descontrolada por momentos, pero que nos ofrece otra muesca más que sumar al círculo mencionado.

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Ilegales – La Lucha Por La Vida

Que Ilegales, con Jorge Martínez al frente, ha sido siempre un grupo indómito es de sobra conocido desde que su frontman andaba repartiendo mandobles (quizá la mayoría sin quererlo) o se paseaba con gabardina y stick de hockey por las calles. Después la cosa se remendó de manera socialmente aceptable, aunque eso no impidió que el bueno de Jorge demostrara en televisión que no se cortaba ni un pelo en sus opiniones incendiarias y con algo de natural aristocracia intelectual frente a la inmundicia generalizada. El caso es que para todo lo que se ha jugado la boca a lo largo de cuarenta años, Jorge sigue siendo capaz de reunir a una impresionante corte de rockeros, artistas más o menos coetáneos en el tiempo o cercanos en espíritu y hasta algún que otro opuesto a poco que descuelga el teléfono o menea el árbol. A falta de giras ‘en condiciones’, es lo que ha hecho para celebrar el cuadragésimo aniversario de su banda. Pero lejos de querer plantear un testamento apócrifo de grandes éxitos con figuras del momento, Ilegales ha querido retarse a sí mismo y a sus invitados a la mesa para grabar canciones inéditas (la mitad) o de muy reciente creación (la otra mitad), con solo una excepción, como veremos más abajo. Un disco que valdría la pena por sí mismo pero que se multiplica gracias a un compromiso palpable en cada una de las colaboraciones reunidas en La Lucha Por La Vida, que son, por orden de aparición: Loquillo, Josele Santiago, Coque Malla, Andrés Calamaro, Los Auténticos Decadentes, Iván Ferreiro, M-Clan, los dos guitarristas de Vetusta Morla, El Niño de Elche, Evaristo Páramos, Bunbury, Cycle con León Benavente, Carlangas de Novedades Carminha, Dani Martín, Luz Casal y Kutxi Romero. Con título inspirado en una trilogía de Pío Baroja… Ni tan mal, ¿no?

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Vega – Mirlo Blanco

Más alto, más lejos, más fuerte. El lema olímpico original bien vale para representar el triunfo personal e individual de una persona que ha visto todo negro a su alrededor, hasta el punto de querer abandonarlo todo, y que, sin embargo, acaba sacando las ganas, el valor y la valentía para superar el trance y encontrar nuevos estímulos con los que seguir, con más brío y reafirmación propia su camino. Más alto, más lejos, más fuerte. Es el caso de Vega, la artista cordobesa que se vio ofreciendo un concierto de despedida (sin ser comunicado con anterioridad) en octubre de 2019 que, sin embargo, acabó siendo el bello comienzo de una nueva etapa, mucho más decidida, mucho más libre si cabe. Se alinearon los astros con el cariño de los compañeros de profesión, con un público que agotó entradas meses antes, con el resultado de la grabación y, especialmente, con las reconstituyentes emociones vividas durante la histórica velada. Uno no puede huir de lo que es, así que Vega entendió entonces que no era el momento, que había que seguir cantando porque la llama seguía encendida por más decepciones, contratiempos, sinrazones, discriminación negativa y cansancio de llevar todo autogestionado llevara encima. Ni siquiera una pandemia que truncó la gira de continuación que vino aparejada al lanzamiento de aquel directo ha podido con la entereza de Vega. Armada con su gente de confianza, grabando a la vieja usanza, partiendo de lo que iba a ser su canción de despedida como base, ofrece en Mirlo Blanco su décimo trabajo discográfico de estudio, el quinto de manera independiente. Un álbum de doce canciones de atmósferas distintas pero con el sentimiento común de la autodeterminación y el poder de la voluntad como medida de éxito.

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Bloque – Hombre, Tierra y Alma (1979)

Como si de una conexión neuronal se tratara, escribir ayer de Topo y recordar a Asfalto y aquel final de la década de los setenta me trajo a la mente que casi diez años después de que abriéramos la persiana, todavía no había traído a la crítica remember de los viernes a esta excelente formación cántabra. Lo que dice mucho y bien, aproximándonos  a las trescientas críticas en esta sección del inabarcable número de ‘meritorios’ que tiene nuestro rock y nuestra música. A Bloque se le ha encuadrado habitualmente en el mismo movimiento que dichas bandas y aunque es cierto que comparten muchos elementos en común, como el mensaje humanista y ecologista, lo cierto es que el paso del tiempo les ha conferido un punto de rock primigenio y callejero (sumándolo a Leño, Coz y compañía) que no termina de ser correcto. Los de Torrelavega vinieron a ser la respuesta santanderina a las influencias de nombres como The Allman Brothers Band y también Yes o King Crimson. Pero, claro, cuando ellos empezaron a publicar el disco el género ya había declinado en el mundo anglosajón y España no les acompañó en demasía porque, por ese retraso cultural de la dictadura, aquí a principios de los 80 la cosa se sectorizó entre movida y rock urbano o hard rock macarra. Jose Carlos Molina y Ñu sí supieron adoptar esa actitud a su propuesta más compleja, pero Bloque se quedó un tanto descabalgado y acabaría sucumbiendo en 1983, tras despachar cuatro discos. Este Hombre, Tierra y Alma fue su segunda entrega, apenas un año después de su debut epónimo. Y es que venían muy rodados puesto que ya tocaban para grandes auditorios desde 1975. Hoy nos acordamos de ellos.

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Brasi. Teatro Apolo. 29 de diciembre

Dice el historial de Crónicas Conciertos que esta es la entrada número 26 de la sección en este particular y tan condicionado 2021. Teniendo en cuenta que a la web no llega ni una cuarta parte de los eventos que tengo que cubrir para el Área de Cultura de mi ciudad, da vértigo pensar que han rondado el centenar… con la que cae. En 2020 fueron casi otros tantos. Y, toco madera, por ahora el coronavirus me ha dejado tranquilo. Esto viene a dar un granito de arena más y un recordatorio, al menos, de que la Cultura Segura es un hecho indiscutible. Ahora que se debaten nuevas medidas, reducciones de aforo y demás… Que se tenga en cuenta. De naturaleza optimista para cosas que no tengan que ver conmigo de manera directa, estoy convencido de que el virus está dando sus últimos coletazos con una cepa menos virulenta que, entre su propagación, la tercera vacuna, la vacunación infantil… hará que la primavera y el verano se presenten bastante halagüeños. Hecha esta consideración global a modo de balance rápido, anoche fue el almeriense Brasi el que tuvo ‘el honor’ de ser mi último concierto del año. En lo personal tiene su aquel, ya que iba a verle en directo en 2019, justo el día que falleció mi padre. Así que para mí tuvo mucho de catarsis verle ayer con su banda y, además, con un sonido tan espectacular y una propuesta mucho más sólida que la que ya iba apuntando bien a su paso por Cooltural Fest en 2018 o, años antes, en la presentación de su debut allá por 2015. Músicos y artistas como Brasi son necesarios porque, desde su modestia, son pequeños guardianes de rock más llano, más natural. Dos guitarras muy presentes, un bajo que no solo usa una cuerda, una batería muy presente y canciones sin ampulosidad ni barroquismos, pero con letras elaboradas. A por otro año de conciertos, compas.

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Medina Azahara – Llegó El Día

Se acabaron hace tiempo los calificativos para elogiar la longevidad de la banda cordobesa Medina Azahara. Camino del noveno lustro de trayectoria ininterrumpida, Llegó El Día viene a ser el vigesimoprimer disco de estudio del grupo. El trigésimo – no sé cuántos si incluimos los directos, los recopilatorio oficiales, las ediciones especiales con deuvedés y/o extras, los recopilatorios no oficiales (ya saben). No hay en España ni un caso como el de ellos. Ninguno. Hay formaciones de ‘su camada’ en activo, pero casi todas han tenido un tiempo en barbecho, idas, venidas… Ni siquiera los proyectos en solitario de su fundador, Manuel Martínez, y de su guitarrista fijo desde 1989, Paco Ventura, han empañado el proyecto común que es leyenda por derecho propio. Con sus vicios y sus muchas virtudes. Entre ellas, las de ser el mejor representante de la escuela de Triana, pese a que pronto su querencia a la distorsión del hard rock y al heavy les separará un tanto del aire germinal de los Jesús de la Rosa, Eduardo Rodríguez Rodway y Juan José Palacios ‘Tele’. Un trío que se convirtió en símbolo de un movimiento musical sin paragón, complejo y rico en formas y esencia, en unos años que acabarían siendo un légamo de modernismo veloz (y muchas veces atroz). A lo largo de su carrera, Medina Azahara ha versionado numerosas canciones de su discografía pero es ahora cuando ‘oficializa’ su amor a Triana con un disco íntegro, con diez temas, y una gira especial que le llevará por una treintena de fechas durante 2022. Y a eso, sumen el dolor de la pérdida reciente de Manuel Martínez ‘Mart’, vocalista y alma de Estirpe, productor, excepcional e inquieto creador y músico, hijo de Manuel. Trágica pérdida, como la de Jesús de la Rosa. ‘Mortal y Rosa’, como el libro que Paco Umbral escribió con motivo de la enfermedad y muerte de su hijo de cinco años, que he releído por tercera vez en este no-puente para intentar salir del estado ágrafo en el que me sumía. Buscar sentido, buscar seguir para no ser un Bartleby y compañía como los de Melville y Enrique Vila-Matas. Vamos.

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