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Vetusta Morla – Cable A Tierra

La banda madrileña continúa cumpliendo con su metrónomo de llegar con nuevo disco con una media de tres años largos o cuatro cortos y así lo hace una vez más con su quinta entrega, Cable A Tierra. Aunque la cuenta del número del álbum difiere de donde situemos el listón, porque como bien sabemos eso no significa no tener más material suyo en esos intervalos de tiempo porque podemos sumar otros cinco de por medio entre el par de directos (el sinfónico y el del Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid allá por 2015), dos bandas sonoras (de videojuego y de La Hija, del director almeriense Manuel Martín Cuenca) y esa auto-revisión de Mismo Sitio, Distinto Lugar (MSDL) que publicó en 2020. Vetusta Morla presenta el álbum como una deconstrucción del folclore de ambos lados del charco para reconstruirlo a partir de sonidos y lenguajes contemporáneos, entre la electrónica y la tradición y con un halo de popularidad que viene, como es habitual, con un revestimiento conceptual algo más elevado, equilibrando entre lo críptico y lo explícito. Me resulta fascinante la expectación que presentan sus lanzamientos sabiendo que va a haber un significativo porcentaje de prensa dispuesta a darles palos hagan lo que hagan, como si así purgaran la pureza del rock, se exorcizaran de las posibles influencias que hayan podido provocar en otros grupos de mejor o peor calidad y, de paso, señalaran la paja en ojo ajeno desde la arrogancia de la viga propia. Todavía hay quien confunde la parte por el todo y quien discurre con un alarmante reduccionismo que, a la postre, es lo que viene a explicar ciertas irrupciones en la opinión pública y en política. En esta casa nos parece un álbum sobresaliente en su planteamiento e intachable en su ejecución.

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Vetusta Morla – MSDL Canciones Dentro De Canciones

 

Ejercicio valiente (que no es sólo cuestión de suerte) al que se somete Vetusta Morla en el proyecto MSDL Canciones Dentro De Canciones, en el que vienen a revisar de cero las mismas diez canciones que dieron forma a su celebrado (como todos) Mismo Sitio, Distinto Lugar, publicado en noviembre de 2017 y del que dimos buena cuenta en su momento en esta casa. De las múltiples maneras de hacer las cosas, la banda de Tres Cantos no iba a elegir la sencilla. Esto es, lo que pudiera ser tomado algo así como un ‘aprovechamiento’, una elaboración de cocina rápida en el microondas, Vetusta Morla lo ha convertido en una auténtica delicia artesanal en la que se prescinde casi en la totalidad de los efectos más electrónicos de su hermano mayor, para dotar a las canciones de un mayor peso orgánico e instrumental clásicos. Sí, están los mil matices de percusiones, panderetas, cencerros, dobles y triples voces en los coros armónicos, capas de guitarras, pero todo sonando a banda tomándose muy en serio su oficio. Como si hiciera falta demostrarle a todos a aquellos que intentan meterlos ‘en el mismo saco’ de la banalidad indie que, por otra parte, tanto les debe, que lo de ellos va por otros derroteros. Y lo hacen por enésima vez. Las letras vuelven a relucir, las emociones ahondan en surcos antes apuntados y dejan supurar las heridas mortales que provocaban sus versiones primeras. Etiología de la música, pero al servicio del buen gusto y de un combo que aúna por igual meditación y visceralidad. Larga vida. La merecen.

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#Mis10de Vetusta Morla

 

Justo dentro de un mes, el próximo 17 de agosto en Cooltural Fest, tendré el placer de ver por tercera vez a Vetusta Morla, un grupo que ha dinamitado cualquier tipo de cortapisa en torno a las etiquetas para ser, desde mi punto de vista, uno de los mejores de la última década. Para quienes les gusta tener todo compartimentado y, por tanto, meten por error o por ignorancia a todos en el mismo saco, podríamos decir que Vetusta Morla es el ejemplo más claro de que no todo el indie es desechable. Pero, insisto, no me atrevería yo a meterlo ahí, porque creo que su propuesta artística es mucho más elevada. Y todo ello con cuatro discos de estudio en apenas nueve años, cinco si incluimos el del videojuego Los Ríos de Alice que sale (todavía más) de los márgenes de la normalidad. Además, conscientes de que su sonido ha sido imitado por decenas de grupos, algunos un éxito vacuo, que les está valiendo para encabezar festivales desde hace un par de años, Vetusta Morla siempre va más rápido y hacia delante, como han hecho en el maquinal y electrónico Mismo Sitio, Distinto Lugar. Para que me entiendan los lectores menos puestos, como lo que podría pasar a Robe/Extremoduro con su evolución frente a la colección de clones. Sea como fuere, como aquí no nos plegamos a declaraciones ni sellos, en este especial de reediciones de #Mis10de en el mes de julio no podían faltar. Sea.

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Vetusta Morla – Mismo Sitio, Distinto Lugar

Dice el aforismo que cuando se alcanza la cima de algo, el siguiente paso sólo puede ser de descenso. Después de que reventaran el Palacio de Deportes en el fin de gira de La Deriva, con más de 15.000 personas en su interior (15.151, según el título del álbum en directo), parecía que los de Tres Cantos tenían difícil volver a sorprender, volver a hacer uno de sus pequeños saltos mortales con su cuarto disco de estudio al uso (consideremos Los Rios De Alice como ‘otra cosa’). Aunque era conocido que en su año sabático ya estaban dando forma a las nuevas canciones, la llegada de este Mismo Sitio, Distinto Lugar se anunció en los estertores del verano, el primer single llegó pocos días después y el pasado día 10 veía la luz. Diez temas, dos menos que sus tres hermanos, que nos hacían encogernos de hombros una vez escuchados sus dos adelantos. Con el disco dando vueltas y vueltas en el reproductor en los últimos diez días, puedo asegurar que Vetusta Morla (Juan Pedro Martín, ‘Pucho’ –voz-, David García ‘El Indio’ –batería-, Álvaro B. Baglietto –bajo-, Jorge González -percusiones y programaciones-, Guillermo Galván  y Juan Manuel Latorre –guitarra y teclados-) sigue escalando.

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Vetusta Morla – 15151

Vetusta Morla 15151Dice Enrique Bunbury en varias de las últimas entrevistas promocionales al hilo de su lanzamiento ‘MTV Unplugged, El Libro de las Mutaciones’ (del que hablaremos aquí otro día de estos), que Vetusta Morla es el mejor grupo del país en este momento. No anda desencaminado. Alejándonos de estilos, solo Extremoduro, Fito y Fitipaldis y ellos son los tres nombres ‘guitarreros’ que pueden llenar decenas de pabellones y grandes recintos en una misma gira. ‘15151’ es el disco doble especial que ha sido editado por la propia banda (Pequeño Salto Mortal) y distribuido por el Grupo Prisa. Fue grabado el 23 de mayo en la parada madrileña de la gira de presentación de La Deriva (que tuve la suerte de ver en agosto de 2014), su último trabajo en estudio hasta la fecha y nos acerca a una banda en plenitud de condiciones. Tanto de dentro a fuera, como de fuera hacia dentro. Con tan solo tres álbumes (Un Día En El Mundo, Mapas y La Deriva, dejaremos a parte Los Ríos de Alice), Vetusta Morla se meten en el Olimpo de nuestro rock con seso, buenas construcciones y sin techo conocido.

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Beach Hotel – Ruido

Más de treinta años dedicados a la música y aunque no haya habido nunca un éxito comercial o un estallido de popularidad, tan feliz de seguir presentando nuevas canciones y en múltiples proyectos, además de en solitario. Antonio Álvarez es un músico almeriense, afincado en Granada, de esos que engrandecen y dignifican una escena local. Ya hablamos de él por aquí en otras dos ocasiones. Primero con el lanzamiento de su disco en solitario Libre Asociación De Ideas y, posteriormente, con motivo del concierto de presentación. Ahora, mientras prepara nuevos conciertos (como el que dará este sábado en la sala Clasijazz de Almería), acaba de publicar la primera referencia junto a la banda Beach Hotel, donde le acompañan Mané Mielgo y Palen. Ruido es su título y viene con siete nuevos temas que refuerzan su intención por narrar historias a la vieja usanza, con aires crípticos, con espíritu de los Bob Dylan, José Ignacio Lapido o Joaquín Sabina (de la época con Pancho Varona, eso sí), pero algo más contemporáneo en las formas, tirando a un rock alternativo que por momento (casi) roza algunos arreglos y melodías casi indies. Hoy nos vamos a este Beach Hotel de portada oscura.

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Australian Blonde – Pizza Pop (1993)

Quizá fuera por Nicole Kidman, o por Kylie Minogue, o Cate Blanchet. Quizá fuera una manera visionaria de predecir el advenimiento de Naomi Watts o Margot Robbie. No importa. Porque sea como sea Australian Blonde siempre será la banda del “Chup Chup” que reventó la primera mitad de los noventa primero gracias a la popularidad la película Historias del Kronen (1995), de Montxo Armendáriz a partir de la novela del escritor José Ángel Mañas (cosas de la vida, he compartido encuentros con ellos en los últimos años gracias a la cobertura del Festival Internacional de Cine de Almería) y después a su utilización para campañas publicitarias de Pepsi, en un tiempo en lo que eso era sinónimo de difusión extrema. Si no que se lo digan a la canción de Cherry Coke, que trascendió más que la propia bebida, como la de The Radical Fruit Company, o a todas esas bandas que se incluían en aquellos recopilatorios, con aquel canto de cisne que fue el titulado Generation Next, con Undrop, Dover, Los Fresones Rebeldes, Killer Barbies, Undershakers, Cornershop, Smash Mouth, Sexy Sadie… Y donde también estaba Prodigy, Marilyn Manson, White Zombie, Molotov o Sonic Youth. Demonios, pensar que eso era un porcentaje amplio de “comercialidad” dice mucho. También estaba en ese disco el tema de marras, el que abre este Pizza Pop con el que Australian Blonde. Sumen a todo eso el poder de atracción que tenía por entonces, por encima de sus compañeros-competencia, el sello Subterfuge Records (como ocurre hoy con Sonido Muchacho en el post punk y con El Dromedario Records en el rock) y, demonios, que la canción era terriblemente pegadiza. Punta de lanza de un sonido guitarrero, sin entrar en el grunge, accesible sin entrar en el pop. Se le vino a llamar entonces indie, aquí con denominación de origen Xixón Sound. Menuda coctelera.

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Parquesvr – Si No Fuera Por Estos Momentos, Sería Por Otros

Llegué tarde a su escucha como para traeros en 2019 la crítica de Talego Quini, el debut de Parquesvr, a quienes tenía marcados en rojo desde ese momento, gracias a temas como ‘Tom Petty’, ‘Lance Armstrong’, ‘1992’ o ‘Puretrap’. Temas en los que un corrosivo humor, que nos conecta a otros grandes del género como Juan Abarca y sus Mamá Ladilla, sus hijos putativos Gilipojazz, se presentaba con un rock adusto, cortante y bastardo en su promiscuidad con todo tipo de géneros con personalidad propia. Más adelante, pegaban un repaso del bueno en el single ‘Pero’ a todos aquellos del “no soy machista, pero… No soy racista, pero…” a ritmo de salsa vigoréxica. Por eso, tenía claro que, si mantenían el nivel, su segunda entrega iba a acabar entrando por la puerta grande a esta casa. Así, Si No Fuera Por Estos Momentos, Sería Por Otros se presenta reforzando todo el descaro que la banda ha venido anticipando también en forma de singles previos y que nos ofrecen un combo que partiendo del rock deja que la locura y la ironía sardónica de sus letras impregnen y lleven la presentación formal a donde les pida el cuerpo. Hace tiempo que ‘el rockerío clásico’, a veces excesivamente purista, debería entender que la contemporaneidad de las formas y la apertura en los esquemas es una excelente forma de permitir que, precisamente, el rock no muera. Así lo hemos escrito tiempo atrás con los recomendadísimos (cada uno por distintos motivos) León Benavente, Biznaga, Vetusta Morla, Triángulo de Amor Bizarro, Airbag, Nudozurdo, Carolina Durante, Los Punsetes, Ángel Stanich, Inc, Mausoleo, Sandré, Pantocrator, Depresión Sonora, La La Love You, El Columpio Asesino, Kitai, Sexy Zebras, Varry Brava… Nombres que no pasarían ‘el filtro’ del festival tipo Viña Rock, ni el de la supuesta superioridad moral del rock americano, pero que están muy por encima de eso que más de uno, por encima del hombro, encuadra en el indie.

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Depedro – Antes De Que Anochezca

A finales de 2018, Jairo Zavala, con su nombre de cabecera solista, Depedro, emprendía un viaje iniciado con la publicación de Todo Va A Salir Bien. Un álbum grabado en directo en Estudio Uno, con colaboraciones estelares y remozando y reavivando parte de su repertorio más granado, con alguna incorporación inédita. Por aquel álbum, del que escribimos en su día, pasaron artistas como Luz Casal, Santiago Auserón, Coque MallaFuel FandangoVetusta Morla, Izal, Amparo Sánchez y Camilo Lara. Quienes conocían ya entonces la maestría y solvencia del artista no necesitaban de este sobresaliente trabajo para apreciar su obra, pero es cierto que, de forma objetiva, relanzó bastante su figura y la agenda comenzó a llenarse de más conciertos. A un 2019 nutrido le siguió una buena temporada de festivales, como por ejemplo Cooltural Fest de aquel año, y de cuyo concierto concluimos: “Los estilosos ritmos latinos de Depedro fueron los encargados de abrir las más de once horas de música el segundo día de festival. Sones que hacen del mestizaje un arte y genuino, sin devenir en los pastiches en los que ha ido derivando el término, Depedro celebró con Almería los diez años de su proyecto más personal”. Tres noches consecutivas en La Riviera (16, 17 y 18 de enero de 2020), en el marco de Inverfest, eran el cierre perfecto, con numerosos invitados (muchos del disco, otros nuevos) y la grabación de este disco en directo. Faltaban menos de tres meses para que la pandemia llegara a España (la foto de portada casi es un reflejo de la bendita ingenuidad de aquellos tiempos en la que nos creíamos que el virus no pasaría fronteras y se quedaría en China). Ahora, como cerrando una era negra, ve la luz este directo para cerrar el círculo y seguir la vida.

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Biznaga – Bremen No Existe

Llevo muchos años ‘alertando’ a quienes por sistema rechazan todo aquello que va al saco del ‘indie’ (véase esta categorización a través del tipo de festival donde tocan o por los medios de comunicación que hablan de ellos de manera mayoritaria) que se están perdiendo a una serie de bandas de lo más recomendables. Los ejemplos se pueden contar por decenas, cada uno con sus particularidades específicas. Que si León Benavente, Vetusta Morla, Triángulo de Amor Bizarro, Airbag, Nudozurdo, Carolina Durante, Los Punsetes, Ángel Stanich, Inc, Chica Sobresalto, Love of Lesbian, Los Hermanos Cubero, Mausoleo, Sandré, Sidonie, Depresión Sonora, La La Love You, Alice Wonder, María De Juan, El Columpio Asesiono, Kitai, Sexy Zebras, Varry Brava, Novedades Carminha… En fin… Que como veis la cosa da para mucho. En esa lista de elementos recomendables que no deben circunscribirse a un engranaje excluyente podéis añadir, desde sus comienzos, a Biznaga. Desde su demo y primer EP de hace diez años, rabiosamente punk, a esa búsqueda equilibrada con la melodía forjada con Centro Dramático Nacional (2014), Sentido Del Espectáculo (2017) y Gran Pantalla (2020). Siempre amantes del desencanto y el descreimiento hacia una sociedad en la que sobreviven pero en la que no creen (ni tampoco en su generación, como plasmarán de manera explícita en este álbum), Biznaga terminan de trazar la línea de separación conceptual con su mundo en este Bremen No Existe, trayendo como referencia la Ítaca soñada por los animales que escapaban del sacrificio. Por si hubiera dudas de las intenciones (ya lo decía Bart hace 20 años, “gracias a la televisión no recuerdo ni lo que ha pasado hace ocho minutos”) lo refuerzan en el subtítulo: “Música para otra generación perdida”.

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