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Saratoga y Nocturnia. Madchester Club. 30 de noviembre

 

Noches de heavy metal de altos vuelos las que se están viviendo y viendo en la gira conjunta que están ofreciendo Saratoga y Nocturnia por casi una decena de ciudades de toda España. Los primeros, una banda que lleva siendo la primera la línea de la escena desde tiempo inmemoriales. La segundo, un grupo que, de alguna manera y entiéndase la forma de expresarlo, llevan siendo ‘eternos aspirantes’ a meterse en esa primera línea del frente. Tras Granada y Sevilla a comienzos del pasado mes de noviembre, Almería tuvo la suerte de ser la tercera ciudad de ver dicha gira, que todavía tiene por delante otras cinco ciudades: Vitoria (13 de diciembre, Sala Urban Concept), Donosti (14 de diciembre, Sala Doka), Madrid (11 de enero, sala La Riviera), Barcelona (17 de enero, sala Salamandra) y Castellón (18 de enero, sala Opal). Hubiese sido interesante que, al menos, los vocalistas compartieran un tema de cada banda, a  modo de colaboración pero, aviso a navegantes, no hay cruce de artistas en toda la velada. Quizá con la cosa más rodada pueda ser viable. Sea como fuere, no fue una noche fácil ni para unos ni para otros puesto que ambas bandas tuvieron problemas técnicos con algunos de sus instrumentos. Batería en el caso de Nocturnia y guitarra acústica en el caso de Saratoga. Pecata minuta, en cualquier caso, cuando las canciones son las que son.  Las fotos son de Juan Jesús Sánchez Santos para RockSesión.

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Lurte – Neopatria (2011)

No es que sean precisamente juglar-metal o medievales (porque tendría más sentido si hubiese sido de Lèpoka, por ejemplo), pero trabajar la crítica del último disco de Débler, Adictium, publicada ayer, me trajo a la memoria el disco que recupero hoy para la sección de las críticas remember de los viernes. Se trata de Lurte, una numerosa y asamblearia banda aragonesa que se caracteriza en lo musical, ante todo, por destilar un heavy metal folk sin la necesidad de usar ni una sola guitarra eléctrica. Quizá ahora no sorprenda tanto, pero cuando este disco llegó a mis manos para entrevistarles y hacerles la crítica en un número de la revista de Rock Estatal, de veras que sí que me voló la cabeza. No porque no entendiera cómo era posible el concepto, sino la fiereza de la consecución del resultado final. Puro heavy metal. Como ellos mismos tomaron como lema: “¡Demasiado Heavy para ser solo Folk!”. Eso sí, reconozco que les perdí la pista. Si esta Neopatria era la continuación de las entregas Dispierta Ferro (2006), Deus Lo Bol (2008) y Biellas Esferras (2010), tras este álbum llegarían Última Frontera (2013), Fierros D’a Baralla (2016) y V (2018), lo que significa que tengo unos cuantos discos pendientes para ponerme al día con ellos. Lo haré pero, por el momento, vamos a adentrarnos en el mundo de Neopatria, recuperando lo que publiqué en su día.

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Adgar – Más Allá del Sol (2004)

 

Tras la querencia zeppeliana de Derby Motoreta’s Burrito Kachimba en la crónica del lunes, me vinieron influjo de guitarras afiladas y, de la siempre interminable lista de discos a los que le haría crítica completa, decidí hacer una selección mucho más heavy. Así, tras el análisis a los últimos discos de Dünedain, Eveth y Lujuria, de martes a jueves (y ojo a los #Mis10de de este fin de semana), tenía claro que la crítica remember de los viernes quería dedicarla a otra formación heavy. Pero heavy, de las de sonido de toda la vida. Y cuál fue mi sorpresa cuando al comprobarlo (porque confieso que me extrañó no haberlos elegido en estos casi ocho años de RockSesión) vi que el debut de los cántabros Adgar no había pasado por la sección. Mi historia con la banda, además de escuchar con atención todos sus discos y tenerles un fuerte aprecio, se cimenta en una mala noche, de esas que tenemos cualquiera (los torpes como yo, en más de una ocasión, incluso), de su vocalista por entonces, Ángel Rubin (que por cierto emprendió carrera en solitario hace unos años, aunque quizá no con la continuidad debida). El caso es que se debió de tomar al pie de la letra aquello que suelta Robe en el Iros Todos a Tomar Por Culo, lo de “esta noche me voy a poner como una burra a vuestra salud”. Y para que vean que no es una cosa mía, les dejo más abajo una crónica firmada por un redactor de The Sentinel.

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#Mis10de WarCry

 

A finales de 2001, Víctor García y Alberto Ardines eran vocalista y baterista de Avalanch. La formación de heavy asturiana había lanzado ese año El Ángel Caído, posiblemente el mejor disco de toda su discografía previa y posterior y uno de los mejores del género de nuestro país. Un disco temático (que no monográfico) sobre la relación de dios con el hombre, y musicalmente una mezcla de heavy y power metal con mucho sentimiento. Una gira de brutal éxito elevaba a Avalanch a grandes niveles de popularidad. Pero las incomprensión hacia, por otra parte, las lícitas inquietudes artísticas del frontman acabaron por romper la formación en su mejor momento de crítica y público. Nadie podía creerlo. Víctor García, en aquel momento una de las mejores voces del heavy metal, junto a José Andrea y Leo Jiménez (y Pacho Brea), era expulsado del grupo. Los seguidores que no vivimos aquello como un ‘contigo o con ellos’ ganamos a una banda más. Avalanch siguió su camino con Ramón Lage y nació WarCry para quedarse y brindarnos una decena de discos épicos, emotivos, de fraseos antológicos y estribillos para corear hasta el final. Aunque no vibro igual con todos sus ‘formatos’ de canciones (y no hablo necesariamente de velocidad y doble bombo), WarCry siempre será una de mis bandas de cabecera. Por respeto a lo sentido y vivido con sus discos y en sus directos. Podría hacer un triple CD de 40 temas, pero estos son #Mis10de… al menos, hoy.

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#Mis10de Iron Maiden

Dentro de la planificación que hice para todo el mes reservé para el último fin de semana, los dos días del bonus track internacional, a las dos bandas que llegaron a la gran final del Mundial RockSesión en 2016. Los subcampeones, como saben las personas más viejas y lectoras del lugar, fueron los británicos Iron Maiden, que hicieron un campeonato de escándalo. El no ser un acérrimo fanático de la banda me ha permitido a lo largo de los años disfrutar de todas y cada unas de las alineaciones que ha tenido, especialmente con el tema sensible de los vocalistas. Aunque, seamos serios, comparado con otras bandas nacionales (y se me viene a la cabeza especialmente Avalanch) podemos concluir que lo suyo es más o menos ‘estable’. Dicho esto, la banda de la doncella de hierro, la de Eddie, que tantas y tantas camisetas, portadas y giras ha adornado durante más de cuatro décadas tiene un repertorio descomunal, haciendo fácil lo difícil: hacer del heavy metal algo accesible sin perder por ello la integridad y las formas del género. Eso sí, que es de las listas que más controversia genera también lo tengo asumido, pero hemos venido a jugar. Suban al avión de los Maiden, que despegamos.

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#Mis10de Héroes del Silencio

 

He comentado en más de una ocasión que a mí la época álgida de Héroes del Silencio me pilló ‘en otras cosas’. Cuando ellos estaban pegando los guitarrazos más fuertes que nunca en Avalancha y con su posterior directo de despedida, yo andaba sumergido en el mundo de la música electrónica. Con simpatía hacia el rocanrol siempre, sí, pero lo del rollo fanático que despertaba la H y la S entrelazada, aquello que parecía casi como una religión… me tiraba para atrás. De hecho a mí no me pareció mal del todo la aventura sintética de Radical Sonora, por la valentía y por el concepto en sí. Tres meses antes, The Prodigy había hecho saltar la banca con The Fat of the Land. Nos desviamos. Empecé a meterme de lleno en su discografía gracias a que Pequeño Cabaret Ambulante, su primer disco en directo en solitario me voló literalmente la cabeza. Entonces sí, fui a Pequeño, un disco del que algún día tendré que escribir y, más allá, a Héroes del Silencio. Metido ya de pleno en mundos rockeros y con los gritos de los acérrimos ya más tranquilos, pude apreciar lo que no supe en su momento. Quizá sea un ejercicio recomendable con determinados grupos (o solistas) que generan animadversión por lo encendido del momento. Es cuando más objetivo se puede ser, siempre y cuando nos liberemos de los prejuicios. Tras gritar en silencio ayer, claro, hoy tocaban los héroes.

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#Mis10de: una reedición por día en el mes de julio

Sí, amigas y amigos. Llevo clavada la espina de mi sección de #Mis10de que en Twitter, cada sábado y cada domingo, llevaba a mi TL una selección personal de diez temas de la banda o solista elegida en cada ocasión. Normalmente uno nacional el sábado y un internacional el domingo. Empezamos, concretamente, el 6 de octubre de 2012 con Avalanch. El día siguiente fueron, nada menos, que The Rolling Stones. Alcanzamos la nada desdeñable cifra de más de 400 selecciones varias. Pero las obligaciones laborales de distintos frentes y  también las personales (además de la necesidad de descanso) hicieron que la sección fuera cada vez más intermitente. Dado que el mes de agosto lo tengo ‘hipotecado’ a The Juergas Rock, a Cooltural Fest y que cubro casi en su totalidad los diez días de feria y fiestas de mi ciudad (esto incluye el concurso de dibujo de las 9 de la mañana, el de gastronomía de las 14 y el concierto de turno de las 22.00), aprovecharemos para recordar la sección durante todo el mes de Julio. Cada día reeditaré/revisaré en twitter un #Mis10de (se antojan cambios), y tendrá su entrada propia en la web. 31 en total. ¿De quién? Ahí tenéis un papel destacado. Tengo claras una quincena de bandas (porque sacaron discos nuevos, porque son los tótem de nuestra escena, porque me ha cambiado la visión, …, ya sabéis, esto no es una regla fija) pero podéis dejar las sugerencias que queráis en este post, en facebook o twitter. No podré atender a todas, pero igual me ayuda a discernir cuando dude entre varias opciones.

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Manolo Tena – Sangre Española (1992)

Reconozco que no era la crítica remember prevista para este viernes, ya que mi intención inicial era haber escrito ayer la crítica del nuevo álbum de Leiva y, siguiendo con la (relativa) coherencia del mes de marzo, rematar una semana de rock accesible (Nadye, NoProcede) (como las anteriores fueron de heavy metal –Avalanch, Sherpa, Leo, Mägo de Oz, Armando Rock- o rock clásico y estiloso –King Sapo, Los Zigarros, Santero y Los Muchachos, Derby Motoreta’s y Antonio Flores- o de punk –Kaótiko, Evaristo, Malos Vicios, Polanski y El Ardor…-) con un disco de un grupo que iba a generar algo de controversia, pero estoy dispuesto a asumir el riesgo de cara a la próxima semana. El caso es que hoy me quedé huérfano de ideas, hasta que un buen amigo de profesión, en una rueda de prensa, me recordaba que se habían cumplido tres años de la muerte de Manolo Tena. Escribí la crítica de su resurrección musical antes del fatal desenlace y, desde entonces, siempre me rondó la idea de traer un día el Sangre Española, el álbum que le dio el mayor éxito comercial de su carrera, no en vano despachó medio millón de copias vendidas en su momento, más otras 300.000 con el paso de los años. Ayer fue el día del aniversario de su deceso, así que, dada la coincidencia, era la mejor alternativa para abrir abril. Son, una vez más, Casualidades.

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Sherpa – Guerrero En El Desierto (2004)

Además de la acumulación de lanzamientos de las primeras espadas del heavy metal del país (Mägo de Oz, Leo Jiménez, Avalanch (en breve), José Andrea, Legado de Una Tragedia IV…) este primer trimestre del año nos trajo como grandes ‘bombas’ informativas, parafraseando al ‘butanito’, la despedida de Barón Rojo para el año 2020 y la irrupción de Los Barones. Que Barón Rojo lo deje me parece una decisión de lo más inteligente, teniendo en cuenta que los últimos años el ‘mínimo común aceptable’ ha bajado considerablemente. Viendo los derroteros, es normal que Armando de Castro haya dotado de mayor entidad a su proyecto Armando Rock, del que hablamos a comienzos de semana. Curiosamente, Los Barones (esto es, la otra mitad de la mítica y legendaria alineación: Sherpa y Hermes Calabria) tomaron la determinación de volver con el legado del Barón (y con temas nuevos, todavía por descubrir) a los escenarios casi de manera coincidente. Además del inconfundible vocalista y bajista y el baterista carismático, el cuarteto se completará con el inquieto y siempre recomendable Marcelo Valdés y Sergio Rivas a las guitarras. Aprovechando la semana heavy que llevamos y la dosis de actualidad, me apetece recuperar este Guerrero En El Desierto, que fue el primer disco de Sherpa tras quince años alejado de la primera línea.

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Legado de una Tragedia IV – El Secreto de los Templarios

Reconozco que es un hecho al que sucumbo con cierta facilidad. Siento una irresistible magia en la unión de palabras ‘ópera rock’ para que se me despierte la curiosidad y me acerque con más curiosidad si cabe a un nuevo disco si va guiado por ese calificativo. Desde el alfa y omega que es Jesucristo Superstar, pasando por David Bowie, The Who, Pink Floyd, Génesis, The Kinks, Queen, Dream Theater, Judas Priest, Avantasia… y, de aquí, los Mägo de Oz, incluso el Lubna de Mónica Naranjo y, cómo no, la saga de Legado de una Tragedia que, anunciada inicialmente como una trilogía alrededor de la figura de Edgar Alan Poe, sumergió al escritor norteamericano en un repaso biográfico en la primera entrega, en ‘La Divina Comedia’ de Dante en la segunda, y en el mito de Morfeo en la tercera. Cuando el círculo parecía cerrado, Joaquín Padilla, alma mater del Legado, emprende una cuarta aventura, desligada ya de Poe, donde pone el foco en uno de los temas más manidos y recurrentes de la imaginería del heavy metal: los templarios y la Edad Media. Caballeros, honor, guerra santa, secretos, traiciones… caldo de cultivo excelente para la épica del género, para los arreglos orquestales y para alimentar el mito.

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