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La Cinta Del Canci (1999)

Como sabéis los más asiduos y longevos por estos lares, la crítica remember de los viernes tiene en sus centenarios una cita obligada con aquellos míticos recopilatorios que a tantos nos sirvió para descubrir y conocer nuevas bandas sobre las que indagar y, también, tender compilados a los mejores grupos del género como caja que tener a mano a la hora de pinchar música con los colegas. Me estoy refiriendo, claro está, a los míticos Los 100 de Tipo, de los que salieron tres volúmenes de cinco discos cada uno de ellos. Cuando la crítica de los viernes llegó a su primer centenario traje aquí el volumen uno y cuando llegamos al segundo centenario fue el turno del volumen dos. Está claro que el volumen tres llegará cuando lleguemos a las trescientas críticas recordatorias. ¿Y por qué esta introducción hoy? Claro está que no hemos llegado todavía a esa marca pero, hoy, con esta nueva entrada, llegamos al ecuador de ese camino. Esta es la crítica remember número 250 y ¿por qué no celebrarlo con un ‘hermano menor’ como este mítico recopilatorio con el título de otra sala igual de simbólica para la escena del rock más independiente y combativo? Podemos entrar en disquisiciones sobre ausencias, pero no sobre presencias: La Cinta Del Canci (demonios, si es una sala, ¿no debería haberse llamado La Cinta De La Canci?) reunía en un cedé a, posiblemente, las 16 bandas más populares del rock de trinchera, visto con los ojos de aquel entonces. Al loro: Reincidentes, Extremoduro, Ska-P, Platero y Tú, Soziedad Alkohólika, Rosendo, Tahúres Zurdos, Mamá Ladilla, Porretas, Boikot, Los Enemigos, Leño, Los Suaves, Mägo de Oz, Barricada y Siniestro Total. 1999. Están todos los que eran en ese momento.

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El Drogas. El Documental

Conscientes de que la situación no permitía mucho más recorrido en cines, hace unas semanas EiTB emitía El Drogas. El Documental, el estreno cinematrográfico de Natxo Leuza, centrado en la figura de uno de los símbolos del rock español como es Enrique, por más que su modestia real, no impostada, le impida reconocerlo. Viviendo lejos de ‘la zona Norte’, se me ofrecía al fin la posibilidad (ya está en otras plataformas, como Movistar) de ver una película que, en apenas 80 minutos, recorre la vida de El Drogas a una velocidad de vértigo. Esto es, claro, que se hace corta. Candidata a 8 premios Goya, nominado en los premios Forqué, habiendo participado en la Sección Zinemira del Festival Internacional de Cine de San Sebastián… Ante todo, más allá de esos méritos, me quedo con esa nueva semilla de calidad para que el Rock (con mayúscula) y sus protagonistas también sean objeto de propuestas narrativas sencillas pero bien trabajadas como es el caso. Es un ejercicio de puesta en valor que, personificado en este caso en el magnético Enrique, debe ir calando como algo habitual, más que infrecuente, que supere al típico montaje rápido que viene como extra en el DVD de cualquier directo. ¿Cuántos documentales ‘serios’ hay sobre nuestra escena? Es precisamente, una vez más, el Norte quien va avezado. Si repasamos, así a bote pronto, la cinta sobre Eskorbuto (Generación Anti Todo, que tengo pendiente), el 160 Metros sobre la escena a los dos lados de la ría bilbaína o, moviéndonos un poco, el Mi Vida Entre Las Hormigas del asturiano Jorge Martínez de Ilegales. Así las cosas, el visionado del documental ofrecerá muy pocas sorpresas para quien haya seguido a El Drogas a lo largo de su carrera. No hay trampa ni cartón. No hay personaje. Hay una persona con unos valores claros y una actitud encomiable ante la vida.

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Kike Babas & Kutxi Romero – La Sangre Al Río

“Palabras y agasajos de ida y vuelta”. No engañaba el algodón y tampoco lo hace el subtítulo de este libro epistolar entre dos truhanes, dos señores, como Kike Suarez ‘Babas’ y Kuxti Romero. Nuevo libro editado por la familia de Desacorde Ediciones, que se ha convertido en habitual de esta casa si tenemos en cuenta que en el último mes también les he dedicado unas líneas al España En Guerra de Albert Pla, al Ni Política, Ni Religión, Ni Fútbol, de Óscar Sancho de Lujuria y, más atrás, Mil Demonios de Fortu Sánchez de Obús o Qué Dura Es La Vida Del Artista de Evaristo Páramos. La Sangre Al Río es una compilación que viene a dar orden y valor (fija, limpia y da esplendor) a la relación profesional y personal de ambos personajes, punta de lanza de la escena rockera en nuestro país, cada uno en sus competencias, muchas y variadas, como poetas, letristas, artistas, vocalistas, escritores y demás virtudes talentosas. De ninguno de los dos es necesario explicar demasiado si eres habitual por estos lares. Solo hay que dejarse llevar y disfrutar como espectador silente de cómo se narra o se infiere, a partir de las misivas, el crecimiento y fortalecimiento de una verdadera relación de amistad y compadreo, puesto que, esto es así, nada une más en el mundo que cuando notas a las primeras de cambio que hablas el mismo lenguaje, sientes fuego por las mismas cosas o, como diría mi padre, están tocados del mismo ala. Quien entiende la amistad así sabe de lo que hablo. Todo ello bien datado, documentado, con un generoso reportaje fotográfico y una cronología que nos hace sentir que el tiempo vuela y, por otro, que seguimos vivos pese a tamaño recorrido. Contagiado del tono de la lectura y para que intuyáis qué encierran estas páginas, les mando mi carta a modo de crítica inusual.

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Dogo y Los Mercenarios – Llueve En Sevilla (1988)

Los visitantes que más frecuentan esta casa ya saben que no ha sido un buen inicio de año para la escena rockera de nuestro país. Hace justo una semana despedíamos a Francisco Javier Hernández ‘Boni’, nuestro 8oni, de Barricada. Pero es, que, apenas seis días antes, hacíamos lo propio con Juanjo Pizarro, quizá menos mediático pero igual de relevante dentro de la escena musical alternativa en castellano. Los amantes de aquello del libreto físico sabrán que es el productor habitual de casi toda la discografía de Reincidentes. Hasta el punto era ‘de la familia’ que siempre participó casi por igual en las decisiones asamblearias del grupo e, incluso, llegó a salir en la portada del más que notable disco doble de la banda, Cosas De Este Mundo (como Carlos Domínguez Reinhardt, técnico de sonido), publicado allá por 2002, cuando Locomotive Music quiso ampliar su cartera exitosa heavy al mundo del punk rock. No le salió del todo bien, pero ese es otro tema. No sólo Reincidentes se vincula a su trayectoria profesional. Sumen Sacramento, Pata Negra, Dulce Venganza, Silvio, Gérmenes, Brigada Ligera, Entresuelos, Dulce Venganza, El Gitano, La Cabra y La Trompeta (sempiterno candidato a estar en la crítica remember de algún viernes) y productor también de bandas como Maita Vende Ca, Parachokes, Miguel Caldito o el disco de poesía musicada de Emiliano Domínguez Zapata, el hijo del cantaor El Cabrero. Incluso en los últimos tiempos se implicó en ayudar a una de tantas bandas que empiezan pero a las que él veía ‘ángel’ callejero (que no urbano, como bien han dicho por ahí), como es el caso de Yeska. Es quizá, como músico, Dogo y Los Mercenarios la banda en la que más se le pudo apreciar en la primera línea. Sirva para dejarle testimonio.

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Bunbury – Curso De Levitación Intensivo

No le molesten. Con estas tres palabras terminaba el pasado 5 de enero el texto con el que argumentaba la merecida medalla de oro en Los Discos del Año 2020 para esta casa para Posible, el disco que lanzó el pasado mes de mayo. Vale que viene azuzado por su manager Nacho Royo y la ausencia de gira por causas covídicas pero, a la vieja escuela, como ya casi nadie hace, como en los tiempos de su admirado Dylan, Bunbury se marca la machada de publicar dos discos de temas inéditos el mismo año. Como si fuera una dupla de Self Portrait y New Morning, Planet Waves y Before The Flood o Desire y Hard Rain. Por cierto, todos los títulos podrían ser perfectamente válidos para la pareja de figuras del maño. Y es que Enrique está enfadado. No se le nota de manera descarada como podría pasar con un Andrés o un Loco, porque su profesionalidad es extrema hasta para mantener la educación siempre en niveles casi estoicos. Por eso, no me atrevo a decir el grado, pero se intuye que mucho. Tiene motivos para ello o, al menos, es admirable que todavía mantenga la capacidad de indignación y sorpresa ante la masa deforme que espera cualquier resbalón o salida del guión de lo que se considera lo correcto para empezar con la lapidación y escarnio público. Nombres sobran. No hay un solo día en el que más de una ‘tendencia’ venga de lo que ha dicho tal o cual, o lo que no ha dicho… o lo que se han inventado. Entiendo a Enrique. Y lo digo desde la más cómoda posición de quien ha logrado sobrevivir al margen de haters durante todos estos años de exposición más pública (salvo un par de amenazas de punkis de esos que son tan antisistema como su beneficio propio requiere, alguna que otra banda a la que le debió sentar mal alguna bolsa de algo o por el error cometido a la hora de analizar en su día el fin de Barricada). Así, Curso de Levitación Intensivo es el honesto y respetuoso desahogo de un buen artista y un artista bueno, que el orden de los factores, en este caso, no siempre da el mismo resultado.

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Boni no se va, nos lega su eterna pasión por el ruido (1963-2021)

Boni, en su actuación en solitario en Viña Rock de 2016 (FOTO: Marina Ginés para RockSesión)

Enero no ha empezado bien para el rock de casa. El 2 de enero se conocía el fallecimiento de Juanjo Pizarro, nombre histórico para el rock sevillano, como productor e integrante en la sombra de Reincidentes, también fundamental en nombres como Def Con Dos, Dogo y Los Mercenarios, Silvio, Pata Negra, Claustrofobia o El Ángel. Hoy, seis días después y tres días después de su cumpleaños, la página oficial de Facebook de Boni, voz y guitarrista fundador, junto a Enrique Villarreal, de Barricada, anuncia: “Lamentamos comunicar que hoy, día 8 de enero de 2021, Fco. Javier H.L. ‘8oni’ ha fallecido en Iruña a los 58 años de edad. Su familia agradece las muestras de cariño”. Y tanto que han llegado. En forma de miles de mensajes de los seguidores de su banda madre, también de compañeros y colegas de profesión, coetáneos o alumnos de una escuela que bebió en primera instancia de Rosendo Mercado, pero que pronto comenzó a ganar una entidad e identidad propia en esa suerte de dream team en el que se convirtió Barricada (con Fernando Coronando y Alfredo Piedrafita como cuarteto fundamental). Un grupo tan grande e imprescindible que, desde el primer momento, supimos que su adiós no era el que merecía. La ruptura que partió en dos el corazón de la trinchera barriquera y de la que, por suerte (hoy hay que darlas y mucho), una foto en el backstage de un concierto de Rosendo en 2019, sirvió para cerrar de manera caballeresca y cordial el asunto, con El Drogas y Boni abrazados y enterrando el hacha de guerra. Hoy esa foto es más importante que nunca. Porque consuela y nos hace pensar que el dueño de los riffs afilados y la voz aguardentosa se ha podido ir en paz por esa herida sanada. Por ese ofrecimiento de El Drogas de “me tiene para lo que quiera”. El propio Boni reconoció más tarde que fue un error seguir sin Enrique. Se te quiso, se te quiere y se te querrá, Boni. Y tu pasión por el ruido pervivirá siempre en miles de barriqueros.

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CoROBEraciones

 

El pasado sábado, el insomnio y la inquietud me llevó a madrugar más de la cuenta y para paliar la espera de la puesta en marcha del día se me ocurrió recuperar en algunos grupos la crítica remember que hice un su día del debut de Fito & Fitipaldis, el A Puerta Cerrada, en el que Roberto Iniesta colaboraba echándose unas estrofas en ‘Trozos de Cristal’, una de las canciones que mejor representa al Cabrales de su primera fase en solitario, de un tono y tesitura que iría dejando atrás en el resto de discos. El caso es que se me ocurrió titular el post como ‘una de las coROBEraciones’ y en twitter pronto surgió la idea de por qué no hacer una entrada o un hilo con las colaboraciones del extremeño. No es algo nuevo, en absoluto. Ya en 2001, en época universitaria, me dio por reunir colaboraciones y rarezas no editadas en varios recopilatorios caseros. A día de hoy existen listas de reproducción en YouTube (que suman directos pirata, inéditos y otras grabaciones varias –errores incluidos-) pero, pese a todo, ¿por qué no dedicarle una entrada propia y playlist en RockSesión mientras esperamos a que nos den el halo de esperanza de nuevas fechas en el horizonte? Todas las que están lo son, si bien faltan algunos temas que no están en Spotify, como los de Capitán Caverníkola, Sin Vergüenza o Chorra’N’Rock (después Malsujeto), que os dejo en vídeo. Añado también sus participaciones en los tributos de Tequila, Leño, Rosendo, Barricada y Joaquín Sabina. Allá vamos. Play.

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Razkin – Razkin

 

Al final, lo que era una rareza se ha convertido en una costumbre. Sin orden cronológico ni por notoriedad, tenemos a RobeExtremoduro, KutxiMarea, QuiniBenito Kamelas, FitoPlatero, y, aunque fuese por otras circunstancias, Rulo y La Fuga o El Drogas y Barricada. Era uno de los pocos solistas de bandas rockeras ‘de cabecera’, también la banda de la luna, que todavía no había emprendido un proyecto paralelo en solitario. Pedro Fernández Razkin continúa así con la tendencia, presentando en este trabajo epónimo su estreno discográfico en solitario, después de haber dado el salto a la fama de Mr. Fylyn a La Fuga (con quienes lleva ya tres trabajos de estudio y dos en directo) y después de haber hecho también sus pinitos literarios con Pedradas, publicado por Desacorde Ediciones, que pasa por ser la editorial de los rockeros del país (Kutxi, Evaristo, Fortu, El Drogas, Alfredo Domeño, Rafa J. Vegas, Luter, Dr. Sapo…). En este estreno nos ofrece diez temas donde su voz se torna ya en una inconfundible más y donde se libera de gran manera en las canciones, que se antojan más naturales y libres, sin corsés, con respecto a lo que nos tiene acostumbrados con la banda. Venía el disco además con una gran gira bajo el brazo, antes de que el coronavirus pusiera patas arriba toda la agenda musical del país.

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Aphonnic – La Reina

 

Lo escribí en su momento, con la crítica a otros discos o en la crónica de la oportunidad que tuve de verlos en un Viña Rock, pero Aphonnic me volaron la cabeza el día que los conocí, con la canción ‘Ahora Que Tengo 33’. Corría el año 2013, el álbum era Héroes y aquel tema se me metió bajo la piel de una manera que hizo que les pusiera (imagino que para siempre) la pestaña de seguimiento a estos vigueses. Después llegaría el feroz Indomables, donde se abrazó sin ambages al recurso melódico de coreos muy abiertos, una fórmula tan de moda que pasa por ser usado desde el power-pop, al indie, a las singstar de turno y que poco a poco también se ha ido infiltrando en el rock y metal patrio. Creía (escribí) que tanta edulcoración había echado a perder la esencia metalera de la banda, pero, tras varios meses… ego te absolvo a peccatis tuis in nomine Lemmy Kilmister. Aphonnic ha encontrado una vía que evoluciona en su sexto de estudio, La Reina. Mantiene esos arreglos, pero ya no brillan centellean tanto, sino que se sumergen con mayor naturalidad en la oscuridad y se da una vuelta de tuerca más a una presencia de teclados más latente y dinámica en ocasiones, casi rozando lo industrial, o más atmosférica en otras, lo que refuerza una patente emotividad en sus letras y en la intensidad de unas canciones que no se guardan nada. Enfoques, también, nada comunes completan un disco que les confirma como uno de los grupos metaleros más sólidos de la década que vendrá.

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Fuel Fandango – Origen

 

“Haz florecer esta tarjeta. Sumérgela en un recipiente con 5 mm de agua. A la semana, trasplántala a una maceta. Riégala y mantenla bajo el sol” (todavía no lo he hecho). Con estas instrucciones de uso se desliza del libreto de Origen un presente de visita que  viene a sintetizar la pulsión de vida que quiere transmitir la decena de cortes que conforman el cuarto larga duración del dúo formado por Nita (Cristina Manjón) y Ale (Alejandro Acosta). Como viene siendo habitual en Fuel Fandango, se han tomado el tema con la calma y la sabiduría consabida de que las prisas no son buenas consejeras. Lo han hecho así en cada una de sus entregas. Tras el prometedor EP1 llegaría el debut epónimo en 2011, dos años pasarían hasta el Trece Lunas (2013), tres al Aurora (2016) y casi cuatro para este Origen, que pasa por ser su primer álbum íntegramente en castellano, después de que el anterior ya estuviera en más del 50%. Con la precisión cirujana que ha caracterizado toda su obra, Fuel Fandango consigue en este trabajo el más difícil todavía. Cargar las tintas en la dualidad electrónica-flamenca sin que ninguna de las dos rompa el equilibrio atmosférico que consiguen. Por el camino, mantienen los pasajes ‘chill-out’ o desarrollan cierta grandilocuencia hímnica, todo ello guiado, como apuntaba al inicio, de cantos que buscan la vida desde su germen. No es que sea un tratado filosófico pero, para un disco de música comercial que se cuela en el número uno de los más vendidos, no está mal.

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