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Adventus – Morir y Renacer

Mucho movimiento en el mundo del heavy metal en los últimos tiempos, con varias nuevas formaciones con viejos conocidos de la escena. La salida de Carlitos y Frank de Mägo de Oz derivando en Runa Llena; el ‘supercombo’ Alderaan, con el bajista de Saratoga, Niko del Hierro; el teclista Manuel Ramil (Avalanch, Warcry, Sauze, Adventus); el guitarra de Warcry, Pablo García, Manuel Seoane (Mägo de Oz, entre otros muchísimos), Txus (Mägo de Oz) y Patricia Tapia (Mägo de Oz y Khy); o, también, el caso que nos ocupa, Adventus, que tiene además su propia intrahistoria. Resumiendo la jugada, recordemos que Manuel Ramil (teclados), Fernando Mon (guitarra) y Alberto Ardines (batería) formaban parte de Warcry, la banda liderada por su reconocible y sobresaliente vocalista Víctor García, hasta 2008 el primero, hasta 2007 los otros dos. En el caso del baterista hasta siendo miembro fundador. Bien, estos tres músicos, entre otras cosas, formaron Suaze. Un grupo que contó en la voz con Toni Amboaje y que no tuvo el recorrido esperado. El bajo corría a cargo de Luis Melero… que también está en este Adventus. Y, como guinda, Víctor a las voces. Simplificamos en que es la misma formación de Sauze solo que con Víctor a la voz o que es el Warcry de 2007 pero sin la guitarra de Pablo y cambiando el bajo de Roberto García por el de Melero. Sin olvidar que Víctor, Alberto y Manuel también tienen su particular pasado con Avalanch… Lo dicho, una combinación, sin duda, de lo más sorprendente por lo inesperado. ¿Y el resultado? Pues no se parece a ninguna de las tres bandas, que es el principal valor de este debut de Adventus. Que, pese a todo, han logrado tener un sello propio. Y ya veis que no era nada fácil con tanto pasado cruzado.

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Tino Casal – Lágrimas De Cocodrilo (1987)

A veces tengo planificadas tres o cuatro semanas consecutivas, pero ya saben los más fieles del lugar que la elección de la crítica remember de los viernes tiene un punto azaroso bastante acusado. Es el caso de esta semana. La idea de traer a Tino Casal a la sección lleva rondándome desde el primer día (ya le dediqué un #Mis10de en twitter e incluía su Etiqueta Negra de 1983 en aquello de ‘un fav, un disco, tres canciones’) pero ha sido hoy cuando se ha concretado su presencia. Mera apetencia sobre todo, pero que viene motivada por escribir ayer de Manolo García que, como Tino, aúna a su faceta musical una gran producción pictórica y escultórica y, también, por una de las peticiones de tuitcríticas para este viernes, los alemanes Mono Inc, que a su metal y rock gótico añaden teclados y tintes electrónicos que me han hecho azuzar las ganas para elegir a este asturiano que perdió la vida en un accidente de tráfico, como otros grandes genios de la música de nuestro país… Jeanette, Jesús de la Rosa de Triana, Cecilia, Eduardo Benavente, Bruno Lomas, Manolo Caracol, Nino Bravo… Tantos. Tino Casal fue un artista total con una visión atrevida, completa y avanzada de lo que es la música y su tratamiento. Como en el caso de Camilo Sesto, el mundo heavy siempre le ha rendido pleitesía. Por ejemplo, Fortu habla maravillas de él, como productor de los primeros discos de Obús (también lo dejó por escrito en su autobiográfico Mil Demonios), también Leo Jiménez ha reivindicado su legado más allá de la versión que hizo Stravaganzza de ‘Eloise’ y también otros ilustres asturianos como el vocalista Víctor García (Warcry, Adventus, ex- Avalanch) o Igor Paskual no han dudado en recordar su figura con cariño y respeto. Era obligado que tuviera su lugar de honor en esta sección a apenas 6 días de lo que sería su 71º cumpleaños.

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Sphinx – Mar De Dioses (2003)

El tema este de la ‘pequeña’ pandemia que nos ha tocado vivir y que muchos se toman importante o banal en función de lo que diga o haga el del bando de enfrente, en lo que al mundo musical se refiere, ha trastocado decenas, cientos, de proyectos musicales, de lanzamientos, giras, años sabáticos que se han roto, o frenado el impulso de nuevas andanzas. Sphinx es uno de los muchos ‘damnificados’ (si es que se puede usar esa palabra cuando miles de personas han perdido a sus seres queridos sin poder darse un abrazo). La banda gaditana, de parón indefinido desde 2014, anunció su regreso a la escena en noviembre de 2019. El grupo lo explicaba así: “Nuestro largo camino comenzó en 1992, y tras recorrerlo durante 22 años, en septiembre de 2014, anunciamos nuestra separación indefinida. Tal como os dijimos en esa despedida, era necesario e imprescindible tomarnos un descanso para retomar fuerzas y recuperar la ilusión que habíamos derrochado y que acabamos perdiendo en ese camino, no exento de dificultades. No han sido pocos los amigos que nos han pedido a lo largo de estos 5 años de silencio, que la banda volviera. Y eso, junto a la nostalgia por Sphinx que se ha ido apoderando de nosotros en los últimos meses, ha provocado que estemos de nuevo llenos de ilusión y de ganas por volver a despertar a la durmiente magia de la esfinge”. Llegaron unas primeras fechas confirmadas (Sevilla, Madrid, Leyendas del Rock), pero todo se rompió al soltarse la cadena que ataba al reloj a las horas. Hoy recordamos su segundo disco, aunque también aconsejo de manera fervorosa el siguiente, Paraíso En La Eternidad.

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Sôber – La Sinfonía del Paradÿsso. Directo en Las Ventas

 

Cierre del círculo el que realiza Sôber con la edición del concierto final de la gira que vino motivada por la reedición sinfónica de Paradÿsso, el disco que hizo tocar la cima de popularidad, crítica y ventas a la banda allá por 2002. Y así debe ser. Cuando un grupo realiza el esfuerzo de realizar adaptaciones sinfónicas de su repertorio, como la realizada por la Orquesta de Cámara de Siero, con dirección de Manuel Paz en aquel disco de estudio, qué menos que marcarse una grabación en vivo como sueñan casi todos pero solo hacen los muy grandes. En España no tenemos demasiados casos y los que hay, por lo general, han sido bastante modestos. Destacaría, junto a Sôber, las de Celtas Cortos en In Crescendo (quizá ‘fácil’ por la ya de por si instrumentación característica de la banda) y la de WarCry. Y tiene mérito lo de la banda del acento circunflejo porque si ya es complicado de por sí el mundo de los directos en estos tiempos donde todo el mundo ‘da por fichado’ con ver a los grupos una hora en un festival, más si cabe si hablamos del montaje escénico y de personal que requiere un concierto sinfónico. Así que, entiendo, que debe de haber mucho de autorrealización y gustazo personal en todo lo que rodea a esta sublimación de los once cortes de Paradÿsso y otros cinco temas que completan el repertorio, sumando dos a aquella visión del estudio. La guinda viene con colaboraciones, escasas pero emotivas por distintos motivos, como las de Morti, Ruth Lorenzo, Alberto Marín y Manuel Reyes senior, además del popular Jorge Marrón.

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Fausto Taranto – La Reina de las Fatigas

 

Lo malo del dolor es que no por no hablar de él deja de existir. Algo así pasa con el anunciado tercer disco de los granadinos Fausto Taranto, después de que todo un genio de la guitarra como Paco Luque (Hora Zulú) saliera de un proyecto que puso en marcha junto a Ismael de la Torre (voz y letras), Quini Valdivia (guitarra) y Miguel Martínez (bajo). Adrián Barros se sumaría más tarde como componente consolidado en la batería. Por el camino, dos majestuosos discos, uno más callejero, como El Círculo Primitivo, otro más ‘de laboratorio’ y complejo como El Reflejo del Espanto. El propio Luque se encargó en aclarar que nada tenía que ver que Hora Zulú grabará nuevo disco con su salida de Fausto (“por una serie de razones personales, mis días como miembro fundador de Fausto Taranto han llegado a su fin, a partir de este momento y sin trascender ningún detalle del por qué he tomado esta decisión, solo tengo que decir que nada tiene que ver conque Hora Zulú publique nuevo disco”).  Por su parte, Fausto aseguraba que “No vamos a poner ningún impedimento. Aquí no hay ningún problema, ni lo ha habido, ni tampoco ninguna discusión, al final somos todos amigos y cada uno elige su camino, lo cual es muy respetable”. Claro, lo queramos o no, las dudas sobre cómo afrontaría el grupo la salida de un referente indiscutible era más que razonable. No ya por cuestionar sus capacidades, sino por mera curiosidad estilística, formal y, por qué no, inmaterial. Así, La Reina de las Fatigas era, posiblemente, la entrega más importante de su carrera. Primera semana a la venta y se cuela en el puesto 24 de los más vendidos. ¿Y el resultado? Pasen.

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#Mis10de Avalanch (con Ramón Lage)

 

Avalanch es una de las bandas más grandes que ha dado el heavy metal nacional. Lo es así pese a que pocas formaciones (nacionales) han pasado tantos avatares por el camino, pero saliendo siempre triunfante gracias al decidido e incansable trabajo de un genio, muchas veces incomprendido, como lo es Alberto Rionda. Cuatro vocalistas le contemplan y, tal es la situación, que en esta remodelación de #Mis10de, con entrada propia en la web, he decidido que es de justicia separarlos por vocalistas, especialmente en los casos de Víctor García (después Warcry) y de Ramón Lage, pues sus registros son del todo diferentes y, además, la modalidad de canciones también. Así que habrá diez temas de Ramón, hoy. Como también los habrá de Víctor y de Isra Ramos… mientras dure su camino. Hay que tener en cuenta que Juan Lozano tan solo publicó un disco en castellano. Por eso hago la excepción de incluir el ‘Juego Cruel’, versión Ramón, en el décimo puesto, como reconocimiento a aquel tema. Sin más preámbulos, vamos con #Mis10de Avalanch, versión Ramón Lage. (por cierto, Avalanch fue el primer #Mis10de de la historia en Twitter).

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Adgar – Más Allá del Sol (2004)

 

Tras la querencia zeppeliana de Derby Motoreta’s Burrito Kachimba en la crónica del lunes, me vinieron influjo de guitarras afiladas y, de la siempre interminable lista de discos a los que le haría crítica completa, decidí hacer una selección mucho más heavy. Así, tras el análisis a los últimos discos de Dünedain, Eveth y Lujuria, de martes a jueves (y ojo a los #Mis10de de este fin de semana), tenía claro que la crítica remember de los viernes quería dedicarla a otra formación heavy. Pero heavy, de las de sonido de toda la vida. Y cuál fue mi sorpresa cuando al comprobarlo (porque confieso que me extrañó no haberlos elegido en estos casi ocho años de RockSesión) vi que el debut de los cántabros Adgar no había pasado por la sección. Mi historia con la banda, además de escuchar con atención todos sus discos y tenerles un fuerte aprecio, se cimenta en una mala noche, de esas que tenemos cualquiera (los torpes como yo, en más de una ocasión, incluso), de su vocalista por entonces, Ángel Rubin (que por cierto emprendió carrera en solitario hace unos años, aunque quizá no con la continuidad debida). El caso es que se debió de tomar al pie de la letra aquello que suelta Robe en el Iros Todos a Tomar Por Culo, lo de “esta noche me voy a poner como una burra a vuestra salud”. Y para que vean que no es una cosa mía, les dejo más abajo una crónica firmada por un redactor de The Sentinel.

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Avalanch – El Secreto

Aunque es posible que haya habido que esperar un poco más que lo inicialmente previsto cuando se anuncio el regreso de Avalanch, por fin tenemos entre manos el primer disco de estudio de la banda en los últimos ocho años. Eso es mucho tiempo como para decir que la espera ha valido la pena pero, sí que es cierto que el resultado final está lo bastante conseguido como para una vez más tener que reconocer a Alberto Rionda su imponente habilidad para crear rotundas canciones de power metal melódico, con tienes sinfónicos y combinando la épica con el tono romántico que siempre ha caracterizado a sus melodías y a sus vocalistas. Y es que Avalanch también tiene ‘el mérito’ de ser uno de los grupos que más ha tenido que renacer de sus cenizas y afrontar constantes cambios de alineación. Quién sabe, igual tanto movimiento ha servido siempre de estímulo, pero también uno puede cavilar qué hubiese sido de ellos con una mayor estabilidad. Sea como fuere, aplaudimos a rabiar el regreso a los sonidos que nos han hecho volar a lo largo de los años. Algo que ya retomó en Alquimia, pero que ahora perfecciona en este El Secreto.

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Sherpa – Guerrero En El Desierto (2004)

Además de la acumulación de lanzamientos de las primeras espadas del heavy metal del país (Mägo de Oz, Leo Jiménez, Avalanch (en breve), José Andrea, Legado de Una Tragedia IV…) este primer trimestre del año nos trajo como grandes ‘bombas’ informativas, parafraseando al ‘butanito’, la despedida de Barón Rojo para el año 2020 y la irrupción de Los Barones. Que Barón Rojo lo deje me parece una decisión de lo más inteligente, teniendo en cuenta que los últimos años el ‘mínimo común aceptable’ ha bajado considerablemente. Viendo los derroteros, es normal que Armando de Castro haya dotado de mayor entidad a su proyecto Armando Rock, del que hablamos a comienzos de semana. Curiosamente, Los Barones (esto es, la otra mitad de la mítica y legendaria alineación: Sherpa y Hermes Calabria) tomaron la determinación de volver con el legado del Barón (y con temas nuevos, todavía por descubrir) a los escenarios casi de manera coincidente. Además del inconfundible vocalista y bajista y el baterista carismático, el cuarteto se completará con el inquieto y siempre recomendable Marcelo Valdés y Sergio Rivas a las guitarras. Aprovechando la semana heavy que llevamos y la dosis de actualidad, me apetece recuperar este Guerrero En El Desierto, que fue el primer disco de Sherpa tras quince años alejado de la primera línea.

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José Andrëa y Uróboros – Bienvenidos al Medievo

Puede que no sea conveniente escribir algo así a dos días de que Mägo de Oz publique su nuevo doble disco de estudio, Ira Dei, pero como en esta casa no tenemos que hacer la pelota a nadie en función de la publicidad que pone, como ocurre en otros portales del ejército del heavy metal, no tengo reparo en afirmar que siempre fui mucho más de José Andrëa que de Txus (aunque es para quitarse el sombrero en su opinión dada sobre este álbum -una cosa no quita la otra-). Y es que hubo un tiempo en que esta voz me hizo volar tanto que, de alguna manera, le tengo el cariño propio de quien tiene asociadas muchas vivencias y sensaciones a su escucha. Reconozco que su última fase en Mägo no fue buena, que su primer disco en solitario dio un giro hacia un hard rock pantanoso que no era lo que ‘esperábamos’, que llegaron los duros problemas de salud que dieron pie a recuperar la fe con Resurrección. Llegaron más conciertos, engrasar la máquina y recuperar toque en el directo La Paz, Donde Todo Es Posible. Así, espadas en todo lo alto para esta tercera entrega donde, ahora sí, encontramos al Andrëa que todos hubiésemos imaginado en 2012.

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