Rupatrupa – La Utopía En Que Vivimos

Esta adorada profesión vocacional y pasional me regala en ocasiones algunos momentos a los que le doy una valoración muy especial. Uno de ellos es cuando un artista, una banda o su agencia me hacen llegar su nuevo material semanas, meses, a veces incluso más de un año, de que sea publicado. Es el caso que nos ocupa hoy. Un álbum que ha sonado en mi reproductor durante buena parte del verano de cara a realizar material promocional y también una entrevista exclusiva que publicaré la próxima semana y que, por fin, vio la luz el pasado viernes, 8 de septiembre. Rupatrupa tiene nuevo disco. Y es el primero. ¿Cómo es posible con todo lo que han conseguido hasta la fecha, llenando salas, pisando festivales, contando por cientos de miles sus oyentes? La historia de Rupatrupa es tan particular como lo son los tiempos en los que nos toca vivir. Forjados desde la valentía de tocar en la calle sin más pretensión que tener un mínimo con el que ganarse la vida, Rupatrupa ha crecido desde la más absoluta autogestión en los últimos años sin megalómanas pretensiones ni falsarias grandilocuencias. Grabando una primera maqueta casera que poder ofrecer a los viandantes interesados en llevarse sus canciones a casa (Directo En El Cuartito De La Lavadora), aprovechando las sesiones de grabaciones de vídeos para un canal de YouTube (Directo En SDMA), registrando una serie esbozos caseros en los tiempos más restrictivos de la pandemia (A Solas)… Y ahora, por fin, ocho años después de saltar a la vida pública, llega su verdadero primer disco: La Utopía En Que Vivimos.

Y quien probó a ver y a escuchar a Rupatrupa lo sabe: no hay trampa ni cartón, ni concesiones a lo que no apetece hacer en aras de resultar cómodo para quien escucha. No hay ni un solo minuto en el álbum, ni un solo arreglo, que no haya nacido de la inspiración, del trabajo y de la necesidad de expresar sentimientos, emociones, amores… y también temores.

Porque La Utopía En Que Vivimos no es un disco fácil. No lo ha sido en su gestación, ni en su concreción, ni en la producción, que Roberto se ha echado a la espalda con las mismas ganas de aprender como con las mismas dudas del creador empedernido, que nunca para de darle vueltas a su obra. Sale indemne del reto porque consigue lo más difícil: que nada suene procesado o enlatado, sino que la organicidad de su música siga estando presente en cada pliegue de sus acordes de guitarra, en cada saxo, en cada percusión de decenas de matices, acordeón y cuarteto de cuerdas, que también se estrena triunfal en ello.

En los doce cortes que contiene el primer disco de Rupatrupa encontramos temas que llevan en el zurrón de Roberto desde hace tres, ocho, diez… y hasta quince años. Canciones que han encontrado su forma para brotar con la misma fuerza arrolladora con la que fueron concebidas, gracias a las posibilidades que ofrece una excepcional banda que multiplica y de qué manera la capacidad de plasmarlas de manera fidedigna.

Y es en esa mirada de década y media donde nace la fuerza de la atemporalidad y potencia de unos textos más sociales que nunca, más directos y crudos, acusadores, potentes, nada amables, desgraciadamente imperecederos. Canciones donde se señala a quienes portan el mal de la xenofobia, la violencia social con los desfavorecidos, la capacidad del engranaje del poder para callar a quienes alzan la voz. Pero no se equivoquen, Rupatrupa no por ello ha perdido la poética que le caracteriza. El verso se afila y duele aún más en su rutilante belleza, enervando ante las injusticias con un verbo adecuado más que toda la discografía de un grupo punk con cientos de exabruptos.

Sin la más mínima distorsión en todo el álbum, Rupatrupa consigue excitar desde el arranque con la instrumental “Esperando En El Monte Gurugú”, con excelsas cuerdas que ahondan la pena de quien se encuentra alambradas y “El Miedo De Los Tontos” en lo que cree que es la puerta del paraíso. Hay rumba con aires de jazz y bossa brasileña como “Comando Antivandálico, Pero Violento”. Purita canción de autor de corte Leon Gieco o Víctor Jara en “La Cultura Del Miedo” o “La Utopía En Que Vivimos” o de Baez y Dylan en “En Guerra”.

Hay llamadas a la acción desde la rabia con temas como “Obedece”, con un espectacular desarrollo de siete minutos, donde se pueden notar hasta trazos de Metallica; también hay honores y apego al medio ambiente y al trabajo de la tierra, con la magnífica “La Colombia” o la canariona “Tonada De Las Campesinas”. El amor delicado se hace carne en la concisa “Interludio Para Mi Julita”. Se presenta “A Dos Palmos Del Suelo” como una de las mejores canciones del año con sus nueve minutos de ópera rock sui géneris, que recuerda a las obras maestras del mismísimo Roberto Iniesta, a quien hasta se le parafrasea con versos de “Qué Sonrisa Tan Rara”. Nos despide con la belleza del compás ternario, a lo Yann Tiersen, “El Vals Del Barquero” con los versos más hermosamente tristes y dolientes.

Rupatrupa ya tiene su primer disco.

Y es imposible salir de él indemne.

Lista de canciones – tracklist:

  1. Esperando En El Monte Gurugú
  2. El Miedo De Los Tontos
  3. Comando Antivandálico, Pero Violento
  4. La Cultura del Miedo
  5. En Guerra
  6. OBEDECE
  7. Interludio Para Mi Julita
  8. La Colombia
  9. A Dos Palmos Del Suelo
  10. La Utopía En Que Vivimos
  11. Tonada De Las Campesinas
  12. El Vals Del Barquero

Publicado el septiembre 14, 2023 en Críticas Discos y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. 4 comentarios.

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