Archivo del Autor: elchayi

#Mis10de Judas Priest

 

Digno final para cerrar una semana en la que hemos desempolvado los sonidos más afilados, que desde siempre nos han gustado en esta casa pero que, dada nuestra amplitud de miras, acaba en ocasiones relegados a otros territorios del metal, del rock, del más competente indie o del mundo autor. Hablar de Judas Priest es hacerlo de una de las mejores bandas del género y si de territorios cortantes hablamos, su sonido es uno de los mejores ejemplos. Como ocurrió ayer con el guiño nacional a Ángeles del Infierno. Su discografía presenta pocas fisuras o deslices. Hubo quienes no se tomaron muy bien su coqueteo maquinal, pero la media es altísima. En las dos fases de Halford, además. Incluso a Tim Owens hay que quererle aunque no haya ninguna canción suya en esta selección de diez temas. Hoy es de esos días donde vamos a tiro hecho, pero es que es imposible sacar a ninguna de estas canciones. Es decir, podemos debatir sobre las que no están, pero la grandeza de estos diez cortes para la historia del heavy metal habla por sí sola. Buen domingo, amigos.

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#Mis10de Ángeles del Infierno

 

En esta especial semana heavy (ya saben, Dünedain, Eveth, Lujuria, ayer la crítica remember de Adgar) tenía que haber dos #Mis10de igual de afilados. Hoy uno nacional y mañana un internacional. La elección del grupo de aquí apuntaba poco a poco al centro de la diana de Ángeles del Infierno. ¿Por qué? En primer lugar porque da la casualidad que Lujuria en su último trabajo discográfico incluye una versión de la canción ‘El Principio del Fin’. El segundo motivo también está relacionado con el propio contenido de la semana. Y es que en aquel histórico concierto del que hablaba ayer de Adgar lo mejor fue la versión del ‘Maldito Sea Tu Nombre’ con el que cerraron su particular actuación como teloneros de Tierra Santa. Por todo eso y porque es una señora banda, que siempre (como dice Sancho) se la olvida en la memoria víctima de la eterna dicotomía entre Barón Rojo y Obús. Por ello, nos subimos a lomos de la bestia, sacamos nuestro lado romántico e invocamos a las manos cornúpetas para disfrutar de esta nueva revisión de #Mis10de. Pasen. Benditos sean vuestros nombres.

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Adgar – Más Allá del Sol (2004)

 

Tras la querencia zeppeliana de Derby Motoreta’s Burrito Kachimba en la crónica del lunes, me vinieron influjo de guitarras afiladas y, de la siempre interminable lista de discos a los que le haría crítica completa, decidí hacer una selección mucho más heavy. Así, tras el análisis a los últimos discos de Dünedain, Eveth y Lujuria, de martes a jueves (y ojo a los #Mis10de de este fin de semana), tenía claro que la crítica remember de los viernes quería dedicarla a otra formación heavy. Pero heavy, de las de sonido de toda la vida. Y cuál fue mi sorpresa cuando al comprobarlo (porque confieso que me extrañó no haberlos elegido en estos casi ocho años de RockSesión) vi que el debut de los cántabros Adgar no había pasado por la sección. Mi historia con la banda, además de escuchar con atención todos sus discos y tenerles un fuerte aprecio, se cimenta en una mala noche, de esas que tenemos cualquiera (los torpes como yo, en más de una ocasión, incluso), de su vocalista por entonces, Ángel Rubin (que por cierto emprendió carrera en solitario hace unos años, aunque quizá no con la continuidad debida). El caso es que se debió de tomar al pie de la letra aquello que suelta Robe en el Iros Todos a Tomar Por Culo, lo de “esta noche me voy a poner como una burra a vuestra salud”. Y para que vean que no es una cosa mía, les dejo más abajo una crónica firmada por un redactor de The Sentinel.

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Lujuria – Somos Belial

 

Siete años ha tardado Lujuria en volver a ofrecer a sus seguidores un nuevo larga duración, si bien el tiempo sin tener material nuevo que echarse a los oídos no ha sido tanto, teniendo en cuanta las versiones o colaboraciones en las que se ha podido escuchar a Óscar Sancho o, incluso, el EP de cuatro temas Esta Noche Manda Mi Polla (que incluía dicho tema homónimo, ‘Mi Primer Condón’, ‘Ménage À Trois’ y ‘Mil Dudas Me Asaltan’). Eso sí, nada de aprovechamiento, ninguna de esas canciones, publicadas en 2015, han sido incluidas ‘como relleno’ en este Somos Belial. Dicho con el mayor de los cariños que le tengo a ambas bandas, reconocido públicamente, Lujuria vienen a ser los A Palo Seko del heavy metal. No terminan de sonar siempre bien, Óscar no es un virtuoso de la técnica vocal (aunque quizá sí lo sea si tenemos en cuenta que exprime al máximo sus justas facultades), quizá sus textos no son un ejemplo de creatividad literaria… pero tienen los corajes (por no utilizar el término en  cuestión) en su sitio, defendiendo con fe ciega lo que hacen, trasladando un mensaje claro de libertad desde hace 30 años y con una enconada defensa constante, no de su cabecera, sino del mundo del heavy metal y del rock independiente contra viento y marea. Por eso, el carisma suple cualquier carencia y por eso es una banda de las más queridas de la escena.

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Eveth – Puerta Áurea

 

Compartía hace unos días en twitter uno de esos miles de memes que uno se encuentra por redes sociales. Venía a explicar los varios de los distintos subgéneros del metal haciendo una comparativa en torno a la bestia. Decía, por ejemplo, que en el viking metal “mueres luchando contra la bestia para ir al Valhalla”, que en el speed metal “cabalgas sobre la bestia”, que en el folk metal “vives con la bestia en el bosque” o que en el death metal “tú eres la bestia”. Bien, en esa terminología sencilla pero clarificadora, encontramos la expresión máxima de las nuevas intenciones de Eveth, que sigue forjando y mejorando su propuesta en esta cuarte entrega, a base de canciones de heavy metal clásico y power metal melódico. Esto es, “aceptas que hay una bestia” y “vives para luchar contra la bestia”. Y eso es lo que esconde la Puerta Áurea, y solo un vistazo a los títulos lo dejan bien claro: ‘Los XII Caballeros’, ‘Por Convicción’, ‘Entre Las Sombras’, ‘Cruzado’, ‘Ker’, ‘Skål’ o ‘Guerreros de Odín’ (mucho de Valhalla en estas dos). No engañan a nadie, ofrecen lo que prometen y dan lo que quieren ofrecer. Riffs y ritmos clásicos, melodías vocales con grandes fraseos y estribillos explosivos. Eveth pelea para adelantar líneas en el frente del heavy metal y el objetivo está bien conseguido con un disco que apenas presenta fisuras.

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Dünedain – Memento Mori

 

Siempre he defendido que el heavy metal es uno de los géneros musicales, al menos en nuestro país, en los que más difícil es despuntar y, quizá por ello, donde más se percibe la inexperiencia, la falta de medios o, sencillamente, la falta de técnica o precisión en la ejecución. Lo es porque exige mucho más que un rock urbano donde cualquier voz es válida (ya dijo Molina aquello del “raca, raca”), que un punk donde prima el humor corrosivo, o el hardcore donde la velocidad también esconde las posibles carencias. En el heavy metal, con querencia también al power melódico, es mucho más complicado ‘salir del paso’. Las melodías vocales y sus armonías, los agudos, la combinación de riffs pegadizos con el equilibrio con los solos de guitarra, las bases rítmicas… Insisto, cuando una de las patas del banco flojea, es donde más se nota el escenario de cartón piedra. Por eso, si echamos un vistazo a los carteles de los últimos 15 años y también a los números, nos encontramos que la primera línea sigue siendo prácticamente la misma. Que es un mal endémico ese, sí, pero aquí se nota más. Desde hace ya más de una década siempre cité a Dünedain y Zenobia como las dos bandas que por sonido, por canciones, por hechuras, llamaban a esa puerta (aunque la puerta del metal hace años que cambió a Latinoamérica, donde se sigue manteniendo esa pasión). Y Memento Mori viene a confirmar esa creencia. No tenían nada que consolidar ni demostrar, pero a cada paso que dan es más evidente que ellos ya son Champions League.

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Derby Motoreta’s Burrito Kachimba. Madchester Club. 5 de octubre

 

Lo malo de cuando un grupo tiene un solo disco es que es imposible dibujar sobre el papel una línea evolutiva que permita identificar una dirección, un recorrido, una trayectoria que nos ofrezca más matices, más argumentos… más canciones para tener una visión más plena. Las bandas con un solo trabajo en la calle son una fotografía congelada. Un instante. Una única bala. Una propuesta que tomas o dejas. Y la de Derby Motoreta’s Burrito Kachimba (DMBK) nos fascinó desde la primera escucha por sus fuertes vinculaciones con el rock de raíces, andaluzas, con guiños orientales por la vía Zeppeliana y otras muchas más cosas, como, dicho está por todas partes, King Gizzard & The Lizard Wizard. Decir que un sonido tan enjundioso ‘está de moda’ es un poco atrevido. Lo que sí es cierto que la sustancia que transmite su propuesta y su directo se va expandiendo como el líquido viscoso y psicodélico que sale del tubo de escape del coche de la portada de su debut epónimo. Por eso celebré al máximo que DMBK apostara por pegarse una buena tanda de fechas extra antes de ponerse a grabar lo que será su segundo disco y, entre ellas, que pasara por la siempre olvidada (para estas cosas) Almería. Y dudaba de la respuesta del respetable, pero fue una fantástica entrada en Madchester Club. Si hasta ellos parecían sorprendidos, imaginadme a mí, que conozco el percal. El mejor resumen que se puede decir del concierto es el final: una gran cola para adquirir el disco o vinilo de la banda. Algo también poco frecuente en estos tiempos del streaming. (FOTOS: Juan Jesús Sánchez Santos para RockSesión. Se pueden usar libremente citando autoría y medio de comunicación).

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#Mis10de AC/DC

 

Estuvieron cerca de entrar en la sección internacional de la sesión de revisiones del pasado mes de julio. Pero al final los ocho elegidos fueron The Rolling Stones, The Beatles, Iron Maiden, Led Zeppelin, Queen, Metallica, Muse y Bruce Springsteen. Estaba claro que a ellos no les podía faltar demasiado y me parecía una pareja de altura para el fin de semana en el que hemos despedido a Burning de los escenarios. AC/DC es una banda (de las pocas) a las que les sienta bien el sota-caballo-rey. Y es que no hay fórmulas matemáticas en esto del Rock. Igual que somos capaces de vilipendiar a un grupo o artista por hacer siempre lo mismo, somos capaces de elogiar esa virtud en otros. El caso es que los australianos afrontaron con valentía la pérdida de Bon Scott con un descomunal Brian Johnson y los hermanos Young se encargaron de poner riffs al asunto. Curiosamente, su famosa Gibson SG protagoniza mi tatuaje de dos guitarras cruzadas. Que después Axl Rose aceptara el reto de cantar con la banda, no lo comparto, pero tampoco soy de los que se sumaron a la cruzada y el escarnio. Sea como fuere, hoy reedito #Mis10de AC/DC, que tiene un par una bajada y subida de posiciones y poco más. Espero que lo disfrutéis.

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#Mis10de Burning

 

Hoy en La Riviera Burning dice adiós para siempre, 45 años después de sus comienzos. Nadie hay como Stanley Kubrick para ejemplificar la capacidad de realizar un género predefinido, marcando en tu creación los arquetipos de forma clara y canónica. De romanos con ‘Espartaco’, ciencia ficción con ‘2001 Odisea En El Espacio’, bélica con ‘La Chaqueta Metálica’ o ‘Senderos de Gloria’, terror con ‘El Resplandor’, cine negro con ‘Atraco Perfecto’, thriller psicótico con ‘La Naranja Mecánica’. Si pusiéramos en sus manos la creación de un grupo que recogiera a la perfección el rock ampuloso y socarrón de The Rolling Stones, Kubrick inventaría a Burning. Una banda marcada por el 9 de mayo. El día en el que se fueron Toño Martín (1991) y Pepe Risi (1997), dos de los miembros legendarios de formación y del rock en España, junto con Johnny Cifuentes, que ha mantenido con estoicidad en pie el legado de un grupo por el que es imposible no sentir simpatía. Y los seguidores no son los únicos. También los músicos. No conozco caso de alguien que hable mal de una banda que en 1974 hizo suyas las lecciones foráneas para llevarlas al castellano. Es cierto que esa hercúlea tarea se le otorga a Miguel Ríos, pero Burning aprovecha la senda abierta y fagocita a su manera el desarrollo Stones para tamizarlo de casticismo y chulería madrileña, macarrerío socarrón que no pierde elegancia pero que engancha, hace bailar y disfrutar. Incluso en discos como Pura Sangre (se llevó uno de nuestros oros en 2013) demostró Cifuentes que estaba a la altura.

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Circodelia – Circodelia (2002)

 

Circodelia regresó a los escenarios el pasado fin de semana, el último de septiembre. Lo hizo en las fiestas del barrio El Tubo, de Zaragoza. Diez años habían pasado de su último concierto. En 2009, debido a la salida de su último batería, Javier Planelles, y que Víctor Pérez, su vocalista y letrista, la cosa no dio para más, quizá también auspiciado porque ‘los mass media’ habían dejado de prestarle atención, después de haber convertido en 2002 a ‘Las Chicas de las Canciones’ en la segunda canción más radiada del año. Fundados entre 1994 y 1995, Circodelia era entonces una banda madrileña que venía curtiéndose en pequeños escenarios y locales, haciendo versiones de The Clash, los Stones, Faces… Puro hedonismo y tocar entre colegas. Llegaron los primeros temas propios y las primeras victorias en concursos. El famoso Villa de Madrid les supuso el espaldarazo definitivo y todo comenzó a ir demasiado rápido. Pep Record’s (la casa discográfica con la que debutó Malú en 1998) vio claro el filón y contó con el productor ‘de oro’ del momento: Alejo Stivel. Venía de subir en una catapulta la carrera de Joaquín Sabina con 19 Días y 500 Noches, antes hizo lo propio con el debut de La Oreja de Van Gogh, venía de subir al carro de la accesibilidad a M-Clan con Usar y Tirar. Llegaría el debut de El Canto del Loco, el equilibrio entre la canalla y lo popular de La Cabra Mecánica en Vestidos de Domingo… Entre otros muchos éxitos artísticos y comerciales. Todo cuadraba. Circodelia nacían bendecidos y el glam rock hizo el resto.

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