Archivo de la categoría: Críticas Remember

Adgar – Más Allá del Sol (2004)

 

Tras la querencia zeppeliana de Derby Motoreta’s Burrito Kachimba en la crónica del lunes, me vinieron influjo de guitarras afiladas y, de la siempre interminable lista de discos a los que le haría crítica completa, decidí hacer una selección mucho más heavy. Así, tras el análisis a los últimos discos de Dünedain, Eveth y Lujuria, de martes a jueves (y ojo a los #Mis10de de este fin de semana), tenía claro que la crítica remember de los viernes quería dedicarla a otra formación heavy. Pero heavy, de las de sonido de toda la vida. Y cuál fue mi sorpresa cuando al comprobarlo (porque confieso que me extrañó no haberlos elegido en estos casi ocho años de RockSesión) vi que el debut de los cántabros Adgar no había pasado por la sección. Mi historia con la banda, además de escuchar con atención todos sus discos y tenerles un fuerte aprecio, se cimenta en una mala noche, de esas que tenemos cualquiera (los torpes como yo, en más de una ocasión, incluso), de su vocalista por entonces, Ángel Rubin (que por cierto emprendió carrera en solitario hace unos años, aunque quizá no con la continuidad debida). El caso es que se debió de tomar al pie de la letra aquello que suelta Robe en el Iros Todos a Tomar Por Culo, lo de “esta noche me voy a poner como una burra a vuestra salud”. Y para que vean que no es una cosa mía, les dejo más abajo una crónica firmada por un redactor de The Sentinel.

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Circodelia – Circodelia (2002)

 

Circodelia regresó a los escenarios el pasado fin de semana, el último de septiembre. Lo hizo en las fiestas del barrio El Tubo, de Zaragoza. Diez años habían pasado de su último concierto. En 2009, debido a la salida de su último batería, Javier Planelles, y que Víctor Pérez, su vocalista y letrista, la cosa no dio para más, quizá también auspiciado porque ‘los mass media’ habían dejado de prestarle atención, después de haber convertido en 2002 a ‘Las Chicas de las Canciones’ en la segunda canción más radiada del año. Fundados entre 1994 y 1995, Circodelia era entonces una banda madrileña que venía curtiéndose en pequeños escenarios y locales, haciendo versiones de The Clash, los Stones, Faces… Puro hedonismo y tocar entre colegas. Llegaron los primeros temas propios y las primeras victorias en concursos. El famoso Villa de Madrid les supuso el espaldarazo definitivo y todo comenzó a ir demasiado rápido. Pep Record’s (la casa discográfica con la que debutó Malú en 1998) vio claro el filón y contó con el productor ‘de oro’ del momento: Alejo Stivel. Venía de subir en una catapulta la carrera de Joaquín Sabina con 19 Días y 500 Noches, antes hizo lo propio con el debut de La Oreja de Van Gogh, venía de subir al carro de la accesibilidad a M-Clan con Usar y Tirar. Llegaría el debut de El Canto del Loco, el equilibrio entre la canalla y lo popular de La Cabra Mecánica en Vestidos de Domingo… Entre otros muchos éxitos artísticos y comerciales. Todo cuadraba. Circodelia nacían bendecidos y el glam rock hizo el resto.

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Los Fresones Rebeldes – ¡Es Que No Hay Manera! (1997)

 

El verano nos ha dejado muchas pérdidas en el mundo musical. La de Íñigo Muguruza, la de Camilo Sesto y, también, la de Inés Bayo, vocalista del grupo Los Fresones Rebeldes. Encuadrados la etiqueta del tonti-pop, subgénero del indie, y de la potente factoría de Subterfuge Records, la banda se hizo un hueco a las primeras de cambio con su quizá único tema conocido más allá del circuito que es ‘Al Amanecer’. Una canción que siempre me hizo recordar a una banda, algo más punk, como Aerolíneas Federales, que también usaban las bases aceleradas, con voces femeninas y letras que, en su sencillez, jugaban a una bisoñez e ingenuidad impostada, lo que quiere decir que, en el fondo, están pensando todo lo contrario. Por eso quizá le tengo más cariño a Los Fresones que el que realmente merecían, pero así de subjetivas son estas cosas. Mucho más centrada en su trayectoria profesional como ilustradora española, sus escarceos musicales siempre fueron más por diversión que por profesión. Sin pretensiones, Las Blunders, Los Sobertanos, Los Popop o Los Colibríes… Por eso no parece extraño, ahora, que lo dejase en cuento vio que la cosa con Los Fresones Rebeldes se iba poniendo seria. De haber tenido mayor continuidad quién sabe si no los veríamos en el centro del estallido de la burbuja festivalera indie… O nunca es tarde, porque el grupo (sin ella) ha vuelto a los escenarios.

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Shinova – La Ceremonia de la Confusión (2011)

 

Un 96 sobre 100 le di a este disco en la crítica que hice para uno de los primeros números de la revista Rock Estatal, por abril de aquel año. Pongámonos en situación. Shinova, como cabecera, nació en 2008 y pronto publicó su estreno, bajo el nombre de Latidos. Unos tres años después saldría La Ceremonia de la Confusión, que os aseguro me pareció tan sobresaliente como la nota que les di (tenía 37 canciones compuestas cuando entraron al estudio). No es que sea como el Peligroso de Hamlet, pero sí que, a día de hoy, y por los avatares de las trayectorias artísticas, el grupo realizó un parón de tres años y cuando volvió lo hizo con cambios en la formación y también en el estilo. Pero siempre he defendido que el cambio no es tan radical hasta el punto de renegar de sus dos creaciones en su web o canal de YouTube y perfil de Spotify. El metal estiloso de la primera época no se aleja tanto de la emoción que transmite su poética actual, donde se perciben todavía ciertos ramalazos metálicos que les distinguen dentro de la cartelería ‘indie’ donde se les ha incluido. Y el año pasado los vi en Cooltural Fest con muy buenas sensaciones. Quizá repita este noviembre en Madchester Club. En cualquier caso, una vez más, etiquetas, como las fronteras, que dividen de manera artificial. Hoy quiero recuperar tanto la crítica que le hice a aquel álbum, como la entrevista que tuve con Gabriel de la Rosa, su vocalista de entonces y de ahora. Esta es la primera crítica remember de la temporada 2019-2020. Lee el resto de esta entrada

Supersubmarina – Electroviral (2010)

Tenemos buenos motivos para saltarnos la norma no escrita que dice que en verano os doy una tregua con las críticas de novedades y remember. En primer lugar, nos basta resumiendo que se trata de un discazo de sobradas dimensiones como para que no hiciera falta añadir nada más. Bien, a ello se suma que la idea de escribir sobre este álbum de Supersubmarina me rondó la cabeza en varias ocasiones, pero siempre pensé que encontraría un momento mejor. Así que, este año he decidido saltar mi propia norma para poner un punto de inflexión entre la cobertura del pasado The Juergas Rock Festival, del que hemos dado buena cuenta esta semana, y el próximo Cooltural Fest (15 al 18 de agosto, en Almería), que me volverá a tocar cubrir (desde dentro y desde fuera) como en su estreno el pasado año. Y también ‘celebrar’ que cada año que pasa del fatídico accidente (ya van 3) significa que falta menos para que vuelvan. Nos sirve para cambiar el pulso y el paso durante unas semanas, aunque ya sabéis los fieles que aquí tampoco es que nos importe mucho hablar un día de un disco de metal extremo y al día siguiente traer una crítica remember de Mónica Naranjo. No me cansaré de decirlo, bastantes limitaciones nos pone ya la vida, tal y como está montada, como para ponernos fronteras con las canciones. Electroviral dio en la diana perfecta poco después de aprendernos de memoria el Un Día En El Mundo de Vetusta Morla. Ahí descubrí(mos) que también, como en la pasada década, y como hace dos, en lo que lleva la etiqueta ‘indie’ se pueden encontrar cosas de lo más respetables. Allá vamos.

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Desera – Matices (2007)

Se empeña la actualidad en ‘obligarme’ a elegir las críticas remember de los viernes casi de manera automática. Ya llevamos varias semanas así, el ejemplo más claro es el del único disco en solitario (hasta la fecha) de Vikingo M.D. tras su expulsión de Narco. Pero, al menos, en esta ocasión el motivo es mucho más positivo o, al menos halagüeño. El 28 de noviembre de 2012 Desera anunciaba en un extenso comunicado su intención de despedirse de los escenarios. Por no haber, no hubo ni el tradicional concierto de despedida de rigor (mortis). Durante estos años su página ha ido compartiendo recuerdos, fotos… cada vez con publicaciones más separadas en el tiempo hasta que este pasado lunes, día 10, aparecía una foto de un micrófono en un estudio de grabación, con una letra impresa en un folio al fondo… Por el momento, nada más se sabe, pero a mí me vale para recordar este Matices, que fue su primer larga duración. Una elección que, además, adquiera mayor sentido si cabe si tenemos en cuenta que esta noche veré de nuevo a Los De Marras, grupo muy vinculado por el buen rollo y también porque Warrior, uno de sus guitarristas, viene de Desera. Todo tiene siempre muchos Matices.

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Vikingo M.D. – Aquí Estoy Yo (2005)

Movida semana la que nos ha deparado la escena musical del rock duro con lo acontecido en torno a Narco. El último fin de semana de mayo, la banda actuó en el festival Iruña Rock, sin que en el escenario compareciera Vikingo M. D., el que desde los comienzos de la banda ha sido el encargado de ‘la voz grave’ del grupo. Sin dar explicación, Panxo de Zoo echó una mano en todo lo que pudo, resultando un concierto que ha levantado tantas críticas como elogios. El silencio de más de una semana se rompió el pasado lunes, día 3, con una grabación de Vikingo difundida por el programa Mi Rollo Es El Rock. En ese audio, de apenas 50 segundos, el vocalista sevillano aseguraba haber sido expulsado del grupo. La bola de nieve en las formas de expresarlo comenzó a crecer hasta el punto que Narco se vio obligado a salir el día siguiente a puntualizar algunos aspectos a través de un comunicado que apunta a órganos vitales, pero sin disparar el gatillo, con el afán de que ‘se entienda’ que mejor dejarlo ya estar. Estos trances son duros y desagradables para todos, lo que está claro es que estas decisiones no se toman por capricho. Narco terminará su gira en este 2019 (recuerden, final glorioso en noviembre en Madrid) y Vikingo se buscará la vida, tal y como concluye en su audio. Ya lo hizo. Cuando salió (por voluntad propia) en 2004 el grupo decidió parar y él, tras meses en barbecho, regresó al año siguiente con este Aquí Estoy Yo. Veremos qué le trae el futuro pero, de momento, hoy era el claro elegido para la crítica remember de viernes.

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Censurados – El Tiempo Todo Locura (2007)

Llevo varias semanas hilvanando las críticas remember de los viernes en función de los discos de los que he hablado esta semana (algo casual o, al menos, no una regla fija, ya sabéis que también me gusta dejaros ‘picuetos’ con las elecciones), así que siguiendo esa tendencia, después de escribir ayer sobre Exceso, se me vino a la mente otra banda que, antes que ellos, también pegaron fuerte en esto del rock con matices poetas. Aunque a Censurados no se les puede encuadrar únicamente en ese círculo, si es que se les puede encasillar en alguna figura geométrica. Su sonido siempre tiró de una gama poliédrica que iba en proporciones variadas entre el rock peleón/urbano, el punk rock, el hard rock, algo de alternativo y pinceladas de metal. Velocidad, distorsión, voz gritada pero con elementos melódicos que después irían ganando peso con el paso de los discos. Hasta que llegó su fin… si bien ahora todo apunta a que volverán en este 2019. Moro, vocalista y bajista de Censurados, decidió emprender Tolbac, un proyecto, entre otros, con More ex Despistaos, no ha debido fructificar y parece que el regreso de Censurados es inminente. Mientras llega el nuevo disco, recordamos su debut con El Tiempo Todo Locura.

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Los Nikis – Marines a Pleno Sol (1986)

Estaba claro que alguna vez tendrían que aparecer por aquí y estaba claro que sus posibilidades eran casi de probabilidad plena después de citarlos, ayer, al hablar del primer larga duración de Carolina Durante. Y es que, como estos, Los Nikis tuvieron que vivir siempre con el estigma de ser minusvalorados por venir de familias acomodadas. Lo mismo que le ocurre a los citados Carolina, lo que le ocurre a Hombres G, y a muchos de La Movida, metiendo de manera injusta a todos en el mismo caso. Sobre todo cuando el resultado, la música, que es lo que nos importa, lo hay más que satisfactorio en muchos casos. Curiosamente, el bueno de Jorge Ilegal también viene de familia con abolengo pero, claro, como se te ocurriera toserle igual te embestía con el stick de hockey. Por eso de tocar punk-pop gracioso rollo Ramones pero con polos en lugar de con camisetas con leyendas, pues siempre quita caché. Sin embargo, Los Nikis entroncan con la actitud humorística y ácida de muchos grupos de la época, aunque con el paso del tiempo tomaran caminos distintos. Siniestro TotalGlutamato Ye-YéDinamita Pa Los PollosPistones, Aerolíneas Federales y tantos otros que, insisto, dignifican lo que tan de moda está denostar. Y luego vinieron los del brazo en alto a hacer suya la canción de marras, que pretendía todo lo contrario.

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Cuatro Gatos – Esférica (2005)

En una semana de ‘clásicos’, rematada con querencia de heavy, folk y rock progresivo del directo de Ñu, ayer, recordé gracias a la presencia en dicho concierto de Juan Miguel Rodríguez de la banda Cuatro Gatos. El mundo de la música, como cualquier otro, depende mucho de la suerte, del buen tino en la elección de compañeros de aventura y de las relaciones interpersonales. En el caso de Cuatro Gatos, el grupo que nos ocupa la cita semana con las críticas remember, la balanza siempre se ha vencido del lado de la bandeja más negativa. Mucho talento y enormes canciones que se han visto lastradas, a lo largo de toda su trayectoria, por constantes cambios de alineación, especialmente palpables en el vocalista. Porque para cualquier grupo su cantante representa un papel fundamental, puesto que interpreta lo que, con suerte –de nuevo- memorizarán sus seguidores y vitorearán en cada concierto. Hasta cinco vocalistas tuvo el grupo en un espacio de 6 años. Algo que da poca estabilidad y resta unas cuantas de ganas a esto de querer seguir creyendo en un proyecto. Nos acordamos de Esférica.

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