Archivo de la categoría: Críticas Remember

Muchachito Bombo Infierno – Vamos Que Nos Vamos (2005)

 

Al hilo de la crítica remember de hace varias semanas, con la que ‘nos tiramos de cabeza’ a los leones con Melendi (aunque luego al final la sangre no llegó al río y salieron más aplausos que detractores), comentaba en redes sociales aquel movimiento y resurgimiento rumbero surgido entre finales del siglo pasado y principios de la década de 2000. Una fórmula triunfante que, como todas, acabó siendo agotada de tan manida. Pero antes del agotamiento, en su intención de sobrevivir, como los virus, se generaron mutaciones que permitieron alargar más el proceso. Una coctelera a la que se le echó a la rumba mestizaje y el ingrediente festivo de la vía Manu Chao. A saber (y en distintos grados), Los Delinquentes, Ojos de Brujo, Canteca de Macao, Amparanoia, El Puchero del Hortelano, Tomasito, Elbicho, Mártires del Compás, La Kinky Beat, Eskorzo, etcétera, etcétera. Como digo, cada uno puede estar más pegado a la rumba, otros al rock ska, otros a territorios de flamenco menos ‘adulterado’. El caso es que en esa amalgama de aquelarre buenrollista surgió otra estrella con fuerza, llamada Muchachito Bombo Infierno. Hoy Muchachito, a secas, el nombre artístico de Jairo Perera. Músico de calle que lleva más de dos décadas trasladándola a los escenarios y los discos. Ya era hora, nos acordamos por fin en la crítica remember de los viernes de su debut en Vamos Que Nos Vamos. Si alguien sabe pintar, que mientras lea la crónica se marque un dibujo.

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Melendi – Sin Noticias De Holanda (2003)

 

No es grave. Pero es un síntoma. Si llega un viernes y veis que la crítica remember es de Los Planetas, entonces sí, llamad a emergencias. Después de un mes de confinamiento la cabeza, ya de por sí bastante tocada, tiene sus alteraciones y, hoy, vienen en forma de crítica remember al que fuera el primer trabajo discográfico del asturiano Ramón Melendi Espina, Melendi para el mundo de la canción. Y, va, no nos la vamos  a dar de íntegros a estas alturas. Sí, este disco me gustaba en su día, hace ya 17 añitos del ala. En aquellos años la rumba vivía una nueva época dorada gracias sobre todo (y hablo de memoria, puede que haya algún otro causante más por el camino) al ’19 Días y 500 Noches’ de Joaquín Sabina, por el petardazo meteórico de Estopa. Ambos, de 1999. Al calor de aquello, como el amor al del bar, la rumba empezó a ser molona y cool. Se ponía sin miedo en los bares. Se recuperó hasta el ‘Mala’ de Marelu, se reivindicaron las figura de Bambino y Peret con sendos discos de versiones o duetos con bandas y solistas actuales. Se editaba un doble recopilatorio de Los Chichos. La Cabra Mecánica resucitó a María Jiménez, como Tarantino a Travolta. Todo se arrumbaba para el bien de la España del nuevo siglo que vivía en la algarabía plena de la felicidad lejos del castañazo inmobiliario. En ese calor festivo, Melendi, con su particular tesitura vocal, con una marginalidad medida en los textos y con unas formas de lo más familiares y aprehensibles dio en la diana con este estreno. Y el formato le duró tres discos más, antes de cambiar de tercio cuando la fórmula se agotaba. Hoy, acordándonos de los insolidarios holandeses, nos paseamos por Holanda con Melendi.

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Gurú Pendejo – Por La Cara (2010)

 

A los manchegos Gurú Pendejo los conocí cuando giraron de la mano de mis paisanos En Espera. Bandas jóvenes y emergentes que no tenían mayor pretensión que pasárselo bien sobre el escenario llevando una propuesta que aunque estaba claramente inspirada en referentes claros, tenían la suficiente dosis de creatividad propia como para que te cayeran en gracia y les vieras un punto diferente a los múltiples clones que se van sucediendo a lo largo de los años de las fórmulas triunfantes. Porque, claro, nos metemos mucho todos con las bandas que hacen tributos, pero no con las bandas que componen temas propios pero con estructuras, formas de cantar, riffs, arreglos de guitarra, crescendos y otras historias que son fácilmente identificables. Quiso el destino que pasados los años, conociera, con el grupo ya en letargo sine die, coincidiera laboralmente con Lalo Álvarez, su compositor, letrista y vocalista, en la familia de A La Carga Producciones, compartiendo momentos en The Juergas Rock Festival o Cooltural Fest. El caso es que el fin de semana pasada la banda dio señales de vida en redes sociales, aprovechando este confinamiento para recordar el tema adelanto de lo que iba a ser su siguiente disco a este Por La Cara, nunca publicado y compartir dos inéditos más. Como si nos faltara más pretexto para traerlos a la crítica remember del viernes.

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Flitter – La Vida Ke Cotxina Es (1998)

 

Los géneros musicales, salvo el folclore, no tienen denominación geográfica específica, lo que no significa que escuchando el sonido, las estructuras, las formas de proceder de una banda no nos permita identificar claramente su procedencia. Es el caso de Flitter, la banda navarra que, desde principios de los noventa y con un pequeño interludio temporal de mitad de la década del dos mil y hasta comienzos de la presente, viene desarrollando su metal contundente con tintes bailables, funkys, de solos thrasher y mucho morro. Como el del cerdo de la portada de este, su cuarto larga duración. Curioso ejemplo del tratamiento de las ‘K’ en grupos alternativos, porque en todas partes aparece titulado con doble k, pero no, misteriosamente la ‘C’ la respetaron y el título correcto es el de La Vida Ke Cotxina Es. En los últimos tiempos, tras dos contemporáneos álbumes como Rabioso y Depredador, la banda se embarcó en un generoso proyecto de ayuda a ProDeIn (Protección de los Derechos de la Infancia en Melilla), con Europa Huele a Muerto: Homenaje a Flitter, un doble disco con 30 canciones de Flitter, 42 bandas/artistas (entre ellos Marea, Rat-Zinger, Porco Bravo, Berri Txarrak...), 152 “musikaris”, 18 estudios de grabación…, que contó también con fiesta de presentación en directo. Este viernes, día de crítica remember, recordamos su álbum de 1998. Salud.

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Daniel Higiénico y la Quartet de Baño Band – Flipando En Colores (1996)

 

Que después de más de doscientas críticas remember haya tenido que ocurrir este confinamiento coronavírico para que le llegue su momeno, tiene su dosis de ironía. Pero es que, tras el receso de la pasada semana y, viendo cómo ha sido la actitud ‘ciudadana’ en los supermercados, agotando las existencias de papel de manera compulsiva, tenía claro que la primera crítica remember para este AC, previo al ansiado DC (antes/después del Covid 19), tenía que ser para Daniel Higiénico y, aquí, con la Quartet de Baño Band y su histórico Flipando En Colores. Daniel Soler es el alter ego que da vida a un personaje que ha hecho del sentido del humor y de capacidad para contar historias una forma de vida. No nos podemos quejar en nuestro país de la enorme colección de buenos autores que hacen del humor un arte (ya saben los fijos que tenemos devoción por unos cuantos). En el caso de Daniel Higiénico, sus canciones trascienden géneros y se mueve con total libertad (en este disco, uno solo de sus más de diez, los hay de todos los géneros) entre el blues, el rock, a veces hasta el metal, la rumba, la ranchera, el funk, la canción castellana medieval, etcétera y etcétera. Y que me perdone, porque sé que ha sacado recientemente un nuevo álbum (Esperando a Robin Hood), pero es que a Flipando En Colores se la debía desde que abrimos la persiana.

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Luz Casal – Luz V (1989)

 

Posiblemente sea la artista española con mayor empaque en el mundo del rock en castellano desde hace más de cuarenta años… Sea con estructuras arquetípicas del género como con sus lecciones de estilo en el bolero y otros arreglos más delicados. Ahora que se aproxima el Día Internacional de la Mujer, en RockSesión queremos dedicar la crítica remember de cada viernes a una artista intachable. Desde sus discos iniciales, donde su descaro pulía la falta de golpeo directo de las producciones de la época, Luz (1982), Los Ojos del Gato (1984) o Luz III (1985), hasta su cambio de tono, más cabal y arrebatado en Quiéreme Aunque Te Duela (1987), que terminaría en una explosión más distorsionada en este Luz V que nos ocupa. Quizá sea su disco ‘más completo’ y sin fisuras de la década siguiente, pero curiosamente no el más vendido. Superó las 300.000 copias en su momento, pero A Contraluz (1991) lo dobló y Como La Flor Prometida (1995) se plantó en casi el millón. Junto a Un Mar de Confianza (1999), con otros 600.000, son los cuatro discos más populares de Luz, la que le llevaron a un podio del que no se ha bajado, haciendo frente a los duros avatares que pone la vida por el camino. El vinilo llevaba diez temas, pero la pronta reedición en CD le añadió cuatro temas más.

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Décima Víctima – Décima Víctima (1982)

 

Desde el nombre de la banda a sus primeros Ep’s con canciones como ‘El Signo De La Cruz’, ‘Tan Lejos’, ‘El Vacío’, ‘La Razón de la Discordia’ o ‘Sumido En La Depresión’. Décima Víctima es uno de los grupos malditos de una época que tiene mucho más enjundia de la que los detractores se empeñan en renegar. Que sí, que la movida tuvo mucho petardeo pero es innegable que permitió surgir un poso subrepticio que dejó mucho más de lo que ‘la vertiente’ más cerril se empeña en creer. Un ejemplo de ello (de tantos) es el caso que nos ocupa para la crítica remember de este viernes: Décima Víctima. Una banda cuya actividad se limita a solo dos años, de 1981 a 1984… si bien su último concierto, incluso, fue en 1983. Dejaron por el camino dos Ep’s previos, el LP que nos ocupa, tres singles, un maxi y un segundo largo, titulado Un Hombre Solo. Este trío, venido con el tiempo a cuarteto, ya que la batería al inicio se realizaba con una caja de ritmos, presenta la escuela más opresiva del punk deprimente. Mucho más apesadumbrado que una new wave demasiado sintética, bebiendo de referentes claros como Killing Joke, Joy Division, Siouxsie and the Banshees… y en nuestro país los inicios de Gabinete Caligari o Derribos Arias, que tenían componentes en común con Décima Víctima en los iniciáticos Ejecutivos Agresivos.

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Carlos Ann – Descarado (2005)

 

Cabalgando siempre en la vanguardia y en la traslación del exceso noctámbulo y sustancial a las canciones, a veces muy electrónicas, otras muy distorsionadas, pero siempre con una afección histriónica entre la locura y el delirio, Carlos Ann es un artista al que le sienta a la perfección el más que manido adjetivo de poliédrico. Pero es que pocas veces adquiere tanto sentido como con en el caso que nos ocupa. Desde principio de los noventa viene dando guerra con formaciones de su Barcelona natal como Danzando Confuso o Analogic Emotion. Así, llegaría en el 99 el personal e introspectivo Día Especial, con que inicia una senda en solitario que tendría en Entre Lujos y Otras Miserias un paso definitivo en la introspección de su pop electrónico. Llega entonces la varita mágica de Enrique Bunbury, que lo enrola en las filas del proyecto Bushido, que reúne de manera tormentosa a cuatro desbordantes talentos. Además de los dos citados, a Morti y Shuarma de Elefantes. Un disco al que le falta muy poco para ser legendario y que presente, en su concepción poco frecuente en nuestro país, un referente indiscutible. Con esa ‘confianza’, Ann se embarcaría en liderar el proyecto homenaje-recitado a Leopoldo María Panero. Un doble psicotrópico y alucinógeno que ofrece los momentos necesarios de lucidez y perdición. Así, con más focos en su escenario, llegaría este Descarado, protagonista de la crítica remember semanal.

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Iván Ferreiro – Canciones Para El Tiempo y La Distancia (2005)

 

Él lo ha celebrado con la reedición remasterizada del disco y una espectacular caja con numerosísimo material, pero en RockSesión nos queremos acordar, en su quince aniversario, de la edición original de Canciones Para El Tiempo y La Distancia, el que supuso ser el debut en solitario del gallego Iván Ferreiro, tras su intensa y profunda etapa con Piratas. Una banda del todo incatalogable, que pasaba del pop más al uso a la experimentación más plena (siempre con sentido), que lo mismo te creaba un himno generacional por obligación de la casa discográfica (‘Años 80’), que se ponía electrónico dejando siempre sorprendidos a sus propios seguidores, que sabían que podían esperarse cualquier sorpresa o truco de magia a las menores de cambio. Tal es así, que en 2003 se encontraron con la peor de ellas, en el momento,  que era la disolución de la formación. Y digo en el momento porque el tiempo, tomado con distancia, ha demostrado que hemos ganado a un artista más total y más libre que nunca, hasta el punto de convertirse en todo un referente de calidad. Congracia con la música saber que algo así obtiene el reconocimiento del público, cuando lo masivo suele estar asociado en muchas ocasiones con la mediocridad. Iván Ferreiro pasó, de primeras, con este disco a ser uno más de la lista de ‘frontmans’ de bandas exitosas que lo intentan a solas (España debe ser líder en eso -aunque los motivos sean distintos-, Bunbury, Calamaro, Erentxun, Coque Malla, Leiva, Manolo García, Robe, Fito, Rulo, El Drogas…) pero pasó a ser, como los citados, único. Lee el resto de esta entrada

Malos Vicios – Por Amor Al Arte (2004)

 

Enfilando ya los treinta años de trayectoria musical, los castellonenses Malos Vicios tienen en su haber ya una buena colección de discos que tienen (creo que es opinión generalizada) en este Por Amor Al Arte su entrega más celebrada. Y eso que al principio fue algo incomprendido, porque tras los cuatro anteriores (Circo absurdo 1996, Tralla Records, El día menos pensao… 1999, El Lokal, Desde Levante, a piñón y to p’adelante 2000, Potencial Hardcore y Al mal tiempo… mala cara 2002, Maldito Records) se ‘acusó’ al disco que nos ocupa como un cambio demasiado brusco porque se habían dejado las síncopas y el ska por el camino. Lo de siempre. El caso es que con Por Al Amor Arte (eterno candidato a ser elegido crítica remember de los viernes que, por fin cae), Malos Vicios descubrió y equilibró sus distintas influencias para despachar un punk melódico con hechuras harcoretas que tenían mucho del sonido americano, pero (aquí la diferencia) con la suficiente personalidad como para no convertirse en un pastiche sucedáneo. Y por si faltase sello castizo, una de las mejores versiones divertidas que ha dado nuestra escena del punk rock, ‘La Mandanga’ de El Fary, convertida en ‘La Mandanguita’.

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