Archivos Mensuales: mayo 2022

Neurastenia – Todo Es Mentira (1996)

Como bien sabéis las personas más fieles del lugar, hay ocasiones en las que la crítica remember de los viernes tiene mucho que ver con lo que pasa ‘en el terreno de juego’ los jueves, cuando en Twitter abro el turno de peticiones de tuitcríticas que hago los viernes desde hace ya más de diez años. Con un tuit en la tarde del jueves abro el plazo y las cinco primeras sugerencias que llegan son las que se ‘tuitcritican’ al día siguiente. Cada semana es un mundo, pero lo habitual es que el cupo se cubra con cierta rapidez, por lo que no es difícil que más de un tuitero esté varias semanas (o meses) sin poder ‘colar’ su petición. Es lo que viene ocurriendo con este disco de Neurastenia, el primero que sale con mayores y medios y con un sello más grande, tras cuatro previos entre maquetas, demos y otros más modestos en la década anterior. Así que por compensar la fidelidad (así soy yo, amiguis) y porque de alguna manera este disco siempre me ha estado rondando la cabeza a la hora de traerlo, me parece buen momento para rendirle honores y hablar un poco del álbum y de la banda. Además, tanto el título, Todo Es Mentira, como el nombre de cabecera del grupo, que se define como “neurosis que se caracteriza por fuertes síntomas depresivos, tendencia a la tristeza y gran inestabilidad emotiva”, se me hacen muy apropiados para esta semana. Y lo dejo para el final, aunque muchos Robe-Extremo-adictos ya lo sabrán (ya os la incluí en aquella playlist compilatoria llamada CoROBEraciones) es una de la bandas que han tenido el placer de contar con la colaboración de Roberto Iniesta, concretamente en la canción ‘Miro La Ventana’. En fin, que entre unas cosas y otras, aquí estamos. Con la Neurastenia y con Todo Es Mentira. ¡Ponlo!

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Boni – Nada Más

Escribía hace unos días, al hilo del doble concierto de despedida de Siniestro Total desde el Wizink Center que “Julián Hernández y Miguel Costas, que dejó la banda en el 94, y el resto de músicos han dado un ejemplo magistral de cómo se debe actuar en situaciones que merecen enterrar divisiones, ofreciendo la despedida perfecta para quienes soñaban volver a verles en escena juntos”. Un concepto similar se puede aplicar a este doble cedé y triple vinilo en el que hasta 26 bandas (que realmente son 27 porque uno de los temas reúne a dos) rinden honores a Boni, nuestro Boni, fallecido en enero de 2021. Lo hacen por méritos propios, porque su legado merece ser recordado, reivindicado y redifundido para los distintos seguidores de cada uno de los grupos participantes. Pero también porque el álbum tiene una labor altruista de cara a la familia de Boni, puesto que los beneficios serán para ellos. Un trabajo descomunal que se ha gestado gracias a la cabeza siempre pensante y leal, sujeta a códigos de honor hoy en peligro de extinción, de Kutxi Romero, que ha tirado de rock-agenda (además de de Kolibrí para la parte técnica) para reunir a esta jauría de aullidos para rendir tributo a una de las figuras esenciales de nuestra música (Muchas de ellas me las puso en su móvil en aquella tarde – noche – madrugada de agosto pasado). Por eso hay mucha escuela navarra, mucho grupo cercano al universo cercano a Berriozar, pero también sus viejos compañeros, sus alumnos más aventajados, otros nombres más lejanos y hasta alguna sorpresa fuera del género. Como decía, la ocasión lo merecía (en esta casa le despedimos con un artículo de esos de corazón en el teclado) y la persona todavía más. M-Clan, Rosendo, Rulo y La Contrabanda con Fito Cabrales, Tahúres Zurdos, Izal, Miss Octubre, Los Zigarros, Sínkope, Reincidentes, Ciclonautas, Dikers, Leize, Malaputa, El Drogas, Marea, Rozalén, Sôber, Tropa Do Carallo, La Fuga, Jesús Cifuentes de Celtas Cortos, Bocanada, Koma, Desakato, Parabellum, Porco Bravo y Uoho se suman a la pleitesía, que culmina con un inédito del propio Boni. Pasión por el ruido.

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La Vela Puerca – Discopático

“Aquel que ostenta la enfermedad de los discos. Ésta afecta al disco intermusical que se encuentra formado por una sustancia vinílica llamada LP. Está alojada entre cada surco y su función es proporcionar felicidad a los oídos”. Así definen los uruguayos La Vela Puerca el significado de Discopático, el título elegido para el que viene a ser su octavo disco de larga duración, que llega cuatro años después de Destilar. Como me contaba Sebastián Cebreiro la semana pasada en una entrevista en exclusiva concedida a RockSesión, es un disco hijo de la pandemia, puesto que el impedimento a salir de gira les ha hecho tener más tiempo que nunca para trabajar y rodar las canciones en su local y estudio, regándolo así de arreglos de teclados y un no buscado equilibrio entre las canciones enérgicas y poderosas con la introspección habitual. La Vela Puerca son, desde el principio (1995) y hasta hoy: Sebastián Teysera ‘Enano’ (voz y guitarra), Sebastián Cebreiro ‘Cebolla’ (voz), Carlos Quijano ‘Coli’ (saxo tenor), Santiago Butler (guitarra), Rafael Di Bello (guitarra) y Nico Lieutier (bajo), con Alejandro Piccone ‘Ale’ (trompeta y flügel) desde el 98, José Canedo ‘PP’ (batería) desde 2004 y Diego Méndez (teclados), desde 2014. Ellos se han encargado de la producción con el apoyo de Alejandro Vázquez y, el resultado, aunque lejos de la mítica mística de los cuatro primeros discos, sí que eleva el nivel con respecto a sus dos predecesores, Érase y Destilar. “Discopático es un reflejo perfecto de lo que vive este grupo humano con respecto a la música y por eso terminamos inventándole un concepto a esa palabra que no existe, para un poco identificarnos a nosotros mismos con ella”. Esta sí sería una dulce pandemia.

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Rubén Pozo – Vampiro

Trabajando este disco me venía constantemente, a modo de titular, uno de los versos del segundo movimiento de Mayéutica, de Robe, ‘Mierda de Filosofía’, ese que dice: “volver a lo primario”. Quizá sean las palabras que mejor definen la nueva entrega del madrileño Rubén Pozo, que viene con su cuarto disco en solitario, quinto si contabilizamos el Mesa Para Dos con Lichis. Y traigo lo de primario porque así lo evoca la escucha de este álbum de diez temas en los que Rubén confiesa haber querido reducir todo (hasta el tiempo dedicado en la composición) para que las canciones reflejen de la manera más fidedigna posible el estado de ánimo en el que fueron concebidas. Sin importar que muchos versos puedan ser mejorables o que algunas canciones se sustenten en todo su metraje en apenas tres acordes sencillos (que no fáciles). Así, el trabajo de producción apuntado por José Nortes en Habrá Que Vivir, que naturalizó el punto científico – artificial de Nigel Walker en En Marcha, gana todavía más enteros en esta entrega, haciendo que, pese a ser un disco predominantemente acústico, no caiga en los clichés del género y se deslizan varias eléctricas en algunas canciones e incluso un saxo en otro de los cortes. Para completar la sensación normalizada, en el disco encontraremos a su hijo Leo tocando la batería en otro tema y contando con una amiga no profesional (Ana Diego) para hacer los coros. Como guinda, un enfoque reflexivo dual (para dentro y hacia fuera) en letras muy certeras de Pozo en, sin lugar a dudas, un disco cantado mejor que nunca. No parece extraño que, dicho todo esto, se acumulen por ahí comentarios  en el mundo digital asegurando que es su mejor trabajo.

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Andrés Calamaro. El Ejido. 14 de mayo

Después del regreso a los escenarios en México hace unas semanas, primeros asaltos de una gira que se prevé cuantiosa, movida y heterogénea, Andrés Calamaro inició el pasado sábado su periplo en España en el Teatro Auditorio de El Ejido. Una plaza ‘extraña’, toda vez que se trata de la tercera ciudad de la provincia almeriense, pero que vino a engordar un tanto la solera estelar del municipio, que presume, como bien sabe y referenció el propio Andrés, de haber traído a The Rolling Stones (y hacerles tomar gazpacho para loa de las hortalizas de la zona) o haber celebrado un festival que reunió a nombres propios tan poderosos como Guns N’ Roses, Placebo, Pretenders, Deftones o Fun Lovin’ Criminals, además del propio Calamaro con Ariel Rot, allá por 2006. Tantas ganas como interrogantes, que se disolvieron pronto, para un concierto que acabó siendo una pura celebración de vida gracias a un especialmente feliz y comunicativo artista, por momentos pletórico, pues, como a Sabina, le sobraban los motivos. Se reencontraba al fin con los escenarios de nuestro país, al día siguiente recibía la Medalla de la ciudad de Madrid con motivo de la festividad de San Isidro, la nueva crew de sonido cumplió con creces (salvo una mínima incidencia en el segundo tercio de concierto) y además se encontró con un público bastante caliente, con presencia argentina, que elevó el nivel de los coros cuando era preciso y necesario. Tal era la sensación de comodidad que hasta compartió muchas de sus opiniones asalmonadas (es decir, contracorriente) a veces con más tino que otras, pero siempre con su particular Honestidad Brutal de sinceridad, sin que sea necesario estar de acuerdo en todo con él para disfrutar de una propuesta musical fantástica. Andrés inicia gira en España en un momento de dulce. Si pueden no se lo pierdan. (FOTOS: Jesús Amat, cedidas por cortesía a RockSesión).

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La Vela Puerca: “con Discopático inventamos un concepto a una palabra que no existe para poder definirnos”

El rock del otro lado del charco ofrece siempre un aporte de frescura, por las voces, por la filosofía de las canciones, por ese toque ‘futbolero’ que ofrecen sus conciertos (solo hay que ver directos de gente como Bersuit, La Beriso, Cuarteto de Nos, Auténticos Decadentes y un sinfín de nombres donde incluso se vive distinto hasta los del propio Andrés Calamaro -la lista es infinita, les recomiendo que pasen por mi playlist con miles de bandas de todo el continente). La Vela Puerca en ese sentido siempre ha sido uno de ‘mis niños mimados’. Desde que me metiera de lleno en su discografía tras despertarme la curiosidad ver a Fernando Madina de Reincidentes, hace muchos años, con una camiseta de la banda, se convirtió en mi banda de rock latinoamericana favorita. Por su regularidad, por su honestidad y por su capacidad de emocionar desde una aparente sencillez. Después, la cabra tira al monte quizá, se hicieron amigos de la familia Marea y sus idas y venidas a España han sido frecuentes. Como la que arrancan este fin de semana y que les llevará a diez ciudades de la Península en apenas dieciséis días. Lo hacen presentando nuevo álbum, Discopático, del que escribiré también este mes. La Vela Puerca son, desde el principio y hasta hoy: Sebastián Teysera ‘Enano’ (voz y guitarra), Sebastián Cebreiro ‘Cebolla’ (voz), Carlos Quijano ‘Coli’ (saxo tenor), Alejandro Piccone ‘Ale’ (trompeta y flügel), Santiago Butler (guitarra), Rafael Di Bello (guitarra), Nico Lieutier (bajo), José Canedo ‘PP’ (batería) y Diego Méndez (teclados).  Antes de subirse al avión hablo con Sebastián ‘Cebolla’ y esto es lo que me cuenta sobre el disco, la gira y la forma de entender la música.

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Leone – Canciones de Amor y Odio vol. 2

Con un nombre de banda en clara referencia al director de cine que elevó a mito a Almería como plató natural, con mucho de tino y algo de guasa, Leone se autodefine como una banda de rock, con influencias del bolero, la copla, el surf, el western, la canción mediterránea y, en general, la música en español, como también ‘reivindican’ “el bar español y el plato redondo”. Leído esto, uno se puede esperar una suerte de Gabinete Caligari versión lejano oeste folclórico, pero nada de eso. En un mundo musical donde las fronteras se rompen de manera constante, es complicado definir esa sensación en la que algo que se escucha tenga la capacidad de recordar a media docena de géneros y referencias y, a su vez, que sea imposible de circunscribir cada una de las canciones a un nombre propio o etiqueta única. Es el caso de Leone, banda madrileño-almeriense que, poco más de año después, viene con la segunda parte de su Canciones de Amor y Odio, de mano de nuevo del más que recomendable sello discográfico Clifford Records. Como apunté entonces, en el primer volumen, de donde también extraigo esta introducción ambivalente, Leone borda la emoción entre la pena, el dolor, el desengaño, la falta de superación y las ganas de volver (o recaer) al amor, y el recuerdo a los amigos perdidos en el camino con ese tono grave y solemne, que le sienta como espuela a la bota a su propuesta artística, melodías y desarrollos que parecen curtidos por el desamor, el clavel en la solapa, la copa de brandy, el sol en la piel y las madrugadas interminables. Once temas nuevos que disparan haciendo nuevas muescas en la memoria.

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Manolo García – Desatinos Desplumados

Como decíamos ayer… Desatinos Desplumados es el segundo de los discos que Manolo García ha lanzado de manera simultánea e independiente, emulando así a los foráneos Guns N’ Roses o Bruce Springsteen, que hicieron lo propio en septiembre de 1991 y marzo de 1992, respectivamente. Ayer viajamos con el barcelonés al lado eléctrico desplegado en Mi Vida En Marte que, en términos generales, también fue compuesto con anterioridad a este hermano siamés, que ofrece una faceta mucho más orgánica, acústica y rumbera que, quizá por ello, le esté haciendo ser considerado superior en los foros de opinión. Es curioso que en la lista de ventas haya sido al contrario, Mi Vida En Marte ha entrado al número uno y Desatinos Desplumados al número dos, en cualquier caso superando así ambos a sus potentes compañeros coincidentes en la fecha de salida, Loquillo y su Diario De Una Tregua y Rammstein con Zeit, y a los tótems de la revisión modernista de lo castizo, Rosalía con Motomami y C Tangana con El Madrileño. Quizá el tiempo haga que se cambien las tornas. ¿El secreto de esta preferencia popularizada? Que si teníamos a un Manolo certero en el equilibrio de textos y arreglos eléctricos en el álbum comentado ayer, en el de hoy toda su capacidad para conmover llega de manera más directa y diáfana si cabe, sobre todo por la querencia aflamencada que tan bien le sienta, por un trabajo de coros y segundas voces delicioso y con otro compensado ejercicio de inmediatez de guitarra española con algún otro arreglo de piano más barroco. Trece canciones más para dar un total de 27 composiciones que confirman la trayectoria ascendente dibujada desde Todo Es Ahora.  

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Manolo García – Mi Vida En Marte

Que Manolo García fuese el artista español que repitiera la idea que en su día hizo Guns N’ Roses con Use Your Illusion I y II en 1991 o Bruce Springsteen con Human Touch y Lucky Town apenas seis meses después es algo que no vimos venir ninguno. Casi un año después de la edad con la que Rosendo decidió cortarse la coleta y comenzar su ansiada jubilación, el bueno del barcelonés redobla su ya de por sí torrencial y cuantiosa poesía verborreica apostando por lanzar el mismo día dos discos distintos, con los títulos Mi Vida En Marte y Desatinos Desplumados, de catorce y trece temas cada uno de ellos. En términos generales, es el que traigo hoy aquí el primero en el tiempo, puesto que son canciones que Manolo remata, concluye o le son válidas de ideas y anotaciones que va realizando en la gira de Geometría del Rayo, que a su vez tuvo su deuvedé en directo, más una edición especial triple, más un posterior directo Acústico, Acústico, Acústico que seguía muy influenciado por dicho álbum. No es que Manolo tenga una actividad social intensa, puesto que todos conocemos su carácter campestre, alejado de ruidos y redes, pero los tiempos de pandemia y el parón de conciertos le llevaron a incentivar la creatividad hasta el punto de no quedar solo contento con un disco, sino que una vez encaminado apostó por tirar de rama más acústica y desnuda de ideas y canciones más recientes para otra entrega más, que acabará siendo Desatinos Desplumados, del que hablaremos otro día, como ya hicimos (orden cronológico inverso) con el poemario El Fin Del Principio, y los discos Acústico, Acústico, Acústico, Arena En Los Bolsillos (1998), Geometría del Rayo, Todo Es Ahora (En Directo), Todo Es Ahora y Nuevas Mezclas (1987). Sea.

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Siniestro Total. Últimos conciertos. Wizink Center, 6 y 7 de mayo

Ahora que han remitido los últimos dolores musculares de darlo todo en el doble concierto de despedida de Siniestro Total en Wizink Center solo nos queda decir… ¡que nos quiten lo bailado! Curiosos tiempos en los que vivimos en los que a un personaje público le hace falta morirse para que sea considerado un genio irrepetible, sea cine, literatura, filosofía, pintura, escultura y, ay, claro que también, la música. La última llamada de Siniestro Total, una banda que había reducido sus conciertos a las llamadas de festivales (por cierto los grandes del pim pam pum y el trompeteo festero ignorándolos casi de manera sistemática durante una década) y fiestas patronales de localidades con tradición de ‘noche rockera’, puesto que ‘el mercado’ de salas tampoco es que dé para demasiado, provocó un delirio colectivo que les llevó a vender más entradas para un concierto en el que solo actuaban ellos de toda su carrera. Por partida doble. En primer lugar con una fecha, la del viernes, 6 de mayo, para la que despacharon unas 14.000 entradas en apenas seis días. Se lo pensaron un poco y al final acabó saliendo una segunda cita versión redux (desde el principio no se podían adquirir las localidades de grada laterales ni superiores centrales) pero con otras casi 9.000 vendidas. El cariño mostrado por el público los meses previos y el vivido en el Wizink ha sido abrumador. Superando con creces a un cierto sector cansino (que todo grupo tiene) que ha intentado buscar una supuesta confrontación, incluso en el ‘velatorio’ de la banda, entre los Julianistas y los Costistas. Ellos, Julián Hernández y Miguel Costas, que dejó la banda en el 94, y el resto de músicos han dado un ejemplo magistral de cómo se debe actuar en situaciones que merecen enterrar divisiones, ofreciendo la despedida perfecta para quienes soñaban volver a verles en escena juntos o, en mi caso, por vez primera. Un aquelarre de dos días en los que todo lo bueno compensa con creces los peros. (FOTOS de Rubén G. Herrera para RockSesión).

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