Conversaciones Ilegales (Efe Eme, 2019)

Aunque devoré el libro en apenas día y medio de la pasada Semana Santa, me guardé la crítica para un día como hoy, festivo. Día del Trabajador. Y el día en el que nació, en 1955, Jorge María Martínez García, Jorge Ilegal para el mundo del Rock con mayúscula. En unos tiempos en los que todo lo artístico se prefabrica con moldes de éxitos vacuos, leer a Jorge, siempre sin morderse la lengua y entrando a todas las bregas (como ha hecho siempre) reconstituye con el espíritu romántico de los que siempre soñamos en la adolescencia con ser putas estrellas del rocanrol. Un rol que tiene un mucho de arrogancia. Pero uno puede ser arrogante con conocimiento de causa y mucho de seso, o ser un bocachancla de la astracanada declaratoria que luego se desdice o que busca el titular y el ruido sin base intelectual que le dé una base (ponga el lector los ejemplos que quiera a estas posturas tan fácilmente identificables). Si al poder del personaje y el artista (porque las fronteras, como en tantos otros casos, son estériles) les suman la capacidad para escuchar y conversar que viene demostrando Carlos H. Vázquez en toda su trayectoria profesional y la cuidada edición de Editorial Efe Eme, cuyo catálogo es de obligada lectura, encontramos que este Conversaciones Ilegales es un gran tesoro para maridar con un buen vino y la justa distorsión. (Por cierto, esta entrada la completo con una más que aconsejable playlist, donde se recogen las canciones de Ilegales que encabezan cada uno de los capítulos y los grupos, influencias, odios y amores que cita Jorge en el libro).

Como enseñan los viejos manuales del oficio, Carlos permite que Jorge vaya animándose a lo largo del libro siguiendo un hilo, más o menos, cronológico, sin que su papel vaya más allá de conseguir más información y un relato interesante. Empezando por una situación genérica musical y otra por las letras, tenemos retazos de infancia, adolescencia, juventud que llega hasta nuestros días en su espíritu irredento. Por el camino, peleas, supervivencia, ascenso, olvido, irregularidades, resurrecciones y, especialmente, una coherencia identificable.

No hay refrán más estúpido que el de nunca es tarde si la dicha es buena. Porque hay cosas que si no están a su tiempo, de nada valen. La historia de Ilegales parece haberse querido apartar de los grandes focos que identifican y etiquetan, pero es en los últimos años cuando ha quedado erecta, mientras a todos los falsos mitos se les va viendo la gomaespuma y la escenografía. Ilegales no era tan moderno como los de la Movida. Ni siquiera se podían encuadrar en la réplica del temblor que vino desde la ácida Galicia. Ni sus canciones contenían los exabruptos nihilistas de la ría de Bilbao. Ni de la suburbial faja de la Ciudad Condal.

Ilegales se forjó en la dureza minera, como una isla de donde sólo emergió Jorge y los compañeros de viaje que, dentro de sus problemas varios de la indigestión de éxito y drogas, siempre han dado lo mejor de sí en la banda (por la cuenta que les traía), siempre el acorde y el pulso certero, siempre evitando que el grisú de la efervescencia innecesaria matara silenciosamente el poder de la palabra de Martínez en sus letras.

Porque en el mundo del rock se alaba (me incluyo, por supuesto) el poetismo de la vía Dylaniana, Vegas y Manuel, sin salir de Asturias, y los consabidos Iniesta, Sabina, Domínguez, Romero o Íñiguez, pero siempre se ha olvidado y dejado de lado la cruda fotografía congelada por gente como Jorge Martínez, capaz de conseguir el frame perfecto de lo que está alrededor y de lo que quema en el interior. Porque esa es una de las claves y sensaciones que nos ofrece este Conversaciones Ilegales. Que detrás de Jorge Ilegal hay un mundo interior inmenso, alimentado por su especial pasado, con palacios y generales de por medio, y con una eléctrica hiperactividad cerebral. Se le nota en la mirada y en el discurso.

Alejado del circuito de festivales subyugados a la moda del trompeteo y los ripios, me alegro de que, por fin, en menos de dos meses, pueda verlos en directo por primera vez. Curiosamente en el festival que, de alguna manera, me inoculó el veneno por este mundillo, el Candil Rock.

Con porte de guerrero y una militancia de compromiso con la creación cada vez más fuerte, Jorge cumple hoy 64 años, exprimidos con la inteligencia de quien sabe controlar su destino antes de que la muerte ataque por todos los frentes y no sirva ponerse de lado. Cuando llegue ese momento, dentro de varias décadas, estoy convencido de que le dará un buen puñetazo en la cara y después se irá henchido de satisfacción donde las voces llaman y perpetuo es el frío.

 

Playlist basada en las confesiones de Jorge Martínez y la selección de temas Ilegales de Carlos H. Vázquez.

 

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Publicado el mayo 1, 2019 en Actualidad y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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