Javier Ruibal. Conversaciones (Luis García Gil)

Vieja conocida editorial, viejo conocido autor y viejo conocido artista. Los tres con una garantía de calidad incuestionable. Ante esto, ¿cómo no va a resultar atractivo el nuevo volumen publicado por Editorial Efe Eme en el que Luis García Gil conversa largo y tendido con Javier Ruibal? Con ese tratamiento cercano y confidente marca de las tres casas viene este Conversaciones con el artista gaditano, que viene a sumarse a una larga lista donde ya figuran otros ilustres como Ana Curra, Quique González, Iván Ferreiro, José Ignacio Lapido, Coque Malla o Jorge Martínez de Ilegales. En esta nueva entrega, Luis García Gil, reputado analista de la obra, vida y gracia del ya añorado Joan Manuel Serrat (entre otros), se sitúa de nuevo junto a un autor imprescindible, por lo único, del que ya diseccionó su figura en el libro Javier Ruibal, más al sur de la quimera, publicado en 2012. Si entonces eran artistas, literatos y periodistas como Miguel Ríos, Juan Echanove, Fernando González Lucini, Magda Bonet, Fernando Lobo, Martirio, David de María, David Broza, Juan Luis Cano, Juan José Téllez y Felipe Benítez Reyes quienes hacían un poliédrico retrato coral de nuestro protagonista, ahora, sin más intermediario que la pregunta que tira del hilo, esta publicación nos trasmite de forma más directa las consideraciones del Ruibal sobre la canción, la música, su carrera, la poesía, la creación, influencias y confluencias, compañeros, lugares y su visión social, con la mirada reflexiva de quien ha buscado más siempre el arte por sí mismo que el conflicto.

El libro se estructura en cuatro grandes bloques, cuatro grandes conversaciones registradas en las estaciones de primavera, verano, otoño e invierno. Antes, Luis García Gil se zambulle a modo de introducción en un análisis ligero en las formas pero con enjundia en el contenido en el desarrollo cronológico de su discografía. Una puesta en situación para refrescar ‘los contenidos mínimos’, no por arrogancia, sino para garantizar así un disfrute mayor del resto de la lectura.

El desarrollo de las conversaciones, a grandes rasgos, presenta una línea temporal bien definida desde la infancia y los primeros años iniciáticos, de Cádiz a Sevilla, de Sevilla a Barcelona y de Barcelona a Madrid. Sobre estos primeros años Ruibal afronta sin tapujos las cicatrices de una infancia marcada por cierta falta de afecto, lo que a la postre, al final del libro, reflejará el motivo del porqué tantas historias de amor en sus canciones. Aunque sea de una manera ensoñada y haciendo más lírica la realidad.

Hay en Javier, en su forma de hablar una profunda calma. Y es una de las grandes satisfacciones del libro. Que todas las opiniones expresadas, de su interior, del exterior, de la profesión o de cualquier asunto, están pronunciadas desde una sabiduría práctica firme pero permeable a reconocer que a veces todo depende de los momentos, del cómo o del quién. Por ejemplo, cuando desarrolla cómo afronta la creación buscando un sello propio lejos de imitar todo lo anglosajón de turno de la canción de autor o de ofrecer una vertiente mucho más musical y armónica frente a la tónica habitual imperante en los tiempos de sus inicios, con esa visión estereotipada del cantautor plomizo que prioriza texto a la plasticidad de la música.

En la música de Ruibal se encuentran con una naturalidad que no sería posible forzar elementos del rock, del cantautor, de la música india, la arábigo andalusí, también el sentido de latido folclórico latino, con mucho de querencia brasileña, el flamenco y también el compás guasón del carnaval. Y escuchada su discografía a la par que la lectura del libro se entiende aún más lo que ha querido siempre con su música y sus canciones: transmitir alegría, emociones, belleza poética de querencia Alberti, Jiménez o Lorca, con ese jugo de la poetización flamenca que viene de los tiempos de Lole y Manuel.

Creo que el primer y cuarto encuentro son los más disfrutables. El primero por lo comentado de los primeros años, desde el anonimato a los primeros pasos. El cuarto porque la mirada se eleva de manera más conclusiva para, por ejemplo, recorrer ciudades vitales en su cancionero (como Barcelona, Estambul, Lisboa, Sevilla, Buenos Aires o La Habana), artistas admirados que fueron finalmente grandes amigos (como Miguel Ríos, Kiko Veneno, Almudena Grandes, Joaquín Sabina, Javier Krahe –qué bello es siempre leer sobre él, se le echa tanto de menos, todavía llego a fuego las tres noches postconcierto que tuve la suerte de conversar buenos ratos-, Chicho Sánchez Ferlosio, Pablo Carbonell, Jorge Drexler, Martirio o Labordeta.

La mirada política final, desde la Transición hasta nuestros días, o la situación del sector musical en nuestros días completan una entretenida lectura que nos reconforta en la grandeza de una voz, un letrista y un músico al que ya le sabíamos grande.

Publicado el diciembre 28, 2022 en Actualidad y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

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