Archivos Mensuales: octubre 2021

Robe. Murcia. 15 de octubre

La plaza de toros de Murcia fue anoche escenario de una nueva parada de la gira Ahora Es El Momento, con la que Roberto Iniesta y ‘sus Robe’ se están reencontrando en directo con el público cuatro años después de la gira Bienvenidos Al Temporal en su doble formato (el de teatros y el de recintos al aire libre posterior. Era mi tercera cita con ellos tras estar y cubrir el inicio de la gira en Granada y su tercer concierto de la lista, tras el de Valencia, en Rivas Vaciamadrid. Como he explicado en más de una ocasión aquí y en mi cuenta personal en Twitter, en la medida de lo posible me gusta repartir asistencia en las giras de grandes de nuestro rock como Fito, Marea o el propio Robe o Extremoduro para ver cómo evolucionan las canciones y cómo va rodándose la banda. (Especialmente palpable fue la citada primera gira de Robe). Así, tras los primerizos conciertos comentados, tras siete más (Fuengirola, San Fernando, Sevilla, Mérida, Santander, doble Plasencia) anoche tocaba viajar a Murcia. Y sí, lo cierto es que se nota el rodaje porque la banda está cada vez más a gusto. Las interacciones ‘ensayadas’ o ‘programadas’ se mantienen pero se gana en miradas y bromas internas constantes durante la actuación. Le han dado muchos ‘palos’ a Robe por aquello que dijo en la rueda de prensa sobre que ahora siente que es más un grupo que nunca. No hay nada más que verlos en escena para saber de qué habla. Y, cómo tuvo que aclarar, eso no significa que los músicos que ha tenido a izquierda, derecha o detrás fuesen peores. Por dar el ejemplo básico más claro, es como decir que un determinado equipo juega más como equipo y otro es de individualidades. Entrado y salido de este jardín, concluiré la introducción reforzando las ideas de que el grupo está de dulce, que Mayéutica es una bestialidad que se pasa volando y eso hace que la gira sea de lo más adictiva. Que visto el inicio y el ecuador, dan ganas de irse a Barcelona al fin de fiesta, vaya.

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Razkin – Norte

En el primer trimestre del año pasado veía la luz el disco epónimo de Pedro Fernández Razkin. Venía a ser una manera más (también hubo libros y conferencias de por medio) de aprovechar el tiempo en barbecho que se había dado La Fuga. Poco después llegó la pandemia, el confinamiento y sus efectos posteriores, que vinieron a alargar y afianzar ese camino en solitario, con conciertos acústicos en pequeño formato (alguno de ellos abriendo para Kutxi Romero) y, también, para seguir escribiendo canciones y canciones que fueron incorporándose y completando el repertorio… y también dejando clara la necesidad de que debían ser editadas en un segundo trabajo. Hete aquí que, conflicto habitual en el mundo de la música, ese crecimiento de la carrera en solitario se antoja bastante incompatible con la banda con la que llevaba doce años trabajando. Renuncia voluntaria o empujón hacia la puerta, La Fuga vuelve a quedarse sin vocalista como ya les pasara con Rulo (aquello de “ya no sé en qué esquina de la foto salir”) y Razkin sube varios peldaños de la escalera con un álbum que, con sus similitudes, se presenta mucho más diferente de su hermano mayor. Y es que aunque se comparta el mismo estudio y productor (esto es, el archiconocido Javi San Martín y Estudios Sonido XXI), el resultado es mucho más potente que el primero. Si en el debut se tiraba por un formato más íntimo, de acústicas, blues y baladas más folk, digamos punto cercano a lo cantautor, en este Norte hay una voluntaria intención de sonar a solista de banda de rock. Que parece lo mismo, pero no lo es. Así, Norte ofrece un amplio catálogo sónico que va del rock melódico hasta la cierta querencia pop, del punto cantinero hasta el tango canónico, el indie y hasta una versión del mito Camarón de la Isla y su simbólica La Leyenda del Tiempo (con Kutxi, nada menos). Y el resultado global no es nada malo.

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Fito Mansilla – La Memoria Incendiaria

Entre la lista de cosas y causas pendientes se encontraba, además de varios discos lanzados justo al comienzo del verano (Benito Kamelas, Sôber, Javi Robles…) este tercer elepé de Fito Mansilla. Cierto, el álbum se publicó hace aproximadamente un par de años y medio pero entró en la lista de futuribles en el concierto de Robe en Rivas Vaciamadrid, ya que uno de esos fieles seguidores que ya tiene esta casa me avisó porque quería hacerme entrega de un obsequio. Dicho presente fue el disco que nos ocupa, La Memoria Incendiaria, tercer trabajo de estudio de este cantautor rockero que cuenta en su haber con tres epés (Lugares Perdidos, Nómadas y La Tormenta) y otros dos discos anteriores (Días Dorados y Pulsiones). Con el subtítulo de “Diario de un viaje inacabado”, este trabajo fue incluso editado por Warner Music que, lamentablemente, no apostó después por una correcta promoción que le permitiera llegar más lejos. Para este álbum Mansilla contó con colaboración de postín de artistas más o menos cercanos en la propuesta, como son Jorge Marazu, Marwan y Rebeca Jiménez. Además, hay que destacar que a los metales y arreglos de cuerdas que pueblan algunas canciones, Fito contó con la participación de Mara Barros en los coros y de Gino Pavone (habitual durante bastante tiempo en las grabaciones de Extremoduro) en las percusiones. Pese a todo, como decía, la promoción fue bastante escasa si bien Fito ha seguido pateándose decenas de escenarios de bar donde sigue emocionando con sus canciones. Tarde, pero no está de más dedicar unas palabras a artistas que, sin grandes focos, son capaces de compartir sus sueños en forma de buenas y honestas canciones.

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Bebe – Pafuera Telarañas (2004)

Después de un par de semanas en las que hemos recuperado algunas críticas pendientes del verano, qué mejor que empezar la temporada de otras de las secciones, la de las críticas remember, con uno de esos álbumes que lleva siendo eterno candidato desde el principio de los tiempos de esta casa: Pafuera Telarañas de Bebe. El álbum viene a significar uno de esos ‘debuts’ de ventas estratosféricas que se suelen dar muy de vez en cuando en el mundo de la música, bailando las cifras entre los 500.000 y 300.000 copias, que no está nada mal, si tenemos en cuenta está ya muy lastrada por el estallido entonces de la venta de copias ilegales, las descargas desde casa y un largo etcétera. Porque lo cierto es que la repercusión mediática y, sobre todo, popular, fue mucho mayor que esa cantidad, que tres o cuatro años antes quizá podría haber rozado los números de otro imprescindible debut descarado como fue el de Estopa cinco años antes. Buena ‘culpa’ la tuvo, además de esa inusual frescura descarada y, por momentos, desafiante, el enfoque femenino generalizado que tenía todo el conjunto. Sobre todo por las explícitas contra la violencia de género ‘Malo’ y ‘Ella’, pero también con ópticas y enfoques como la forma de sentir placer (‘Con Mis Manos’) y amor en distintas formas (‘Siempre Me Quedará’, ‘Tu Silencio’, ‘Cuidándote’), el mensaje naturalista (‘Ska De La Tierra’), otros más íntimos y líricos (‘Revolvió’, ‘Razones’) o la fiesta (‘Como Los Olivos’, ‘Siete Horas’).  Con la producción de Carlos Jean, después llegarían los encargos de bandas sonoras, la interpretación y la espantada ante la presión mediática, que vino acompañada de algún desplante o desaire que la hizo ser comparada en el mundo del rock con el Robe de los noventa. Como canta La Vela, “algunos pajaritos no se pueden encerrar, se les va apenando el alma, de pronto ya no quieren cantar”.

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Pedro Pastor – Vueltas

Sin ser premeditado (tenía varias opciones tanto para ayer como para hoy, pues tanto es lo pendiente acumulado), ha querido el azar que esa definición de voz atemporal empleada para mi tocayo Javi Robles en Los Mariachis También Lloran sea aplicable del mismo modo para el madrileño Pedro Pastor. Cerca de cumplir tan solo 27 años, Pedro nos presenta ya su cuarto disco (quinto si contamos el compartido con Suso Sudón), donde vuelve a hacer música con su poesía y viceversa, viajando, como es habitual, por sonidos de todo el mundo, especialmente por el folclore y distintos géneros latinoamericanos, pero también con ritmos africanos (la interconexión es natural, claro) o incluso algún que otro deje flamenco. Vueltas refrenda que Pedro está tocado por la varita mágica del talento. Genético o no (su padres es el conocido Luis Pastor y uno de sus tíos es Pedro Guerra, con quien –por fin- colabora en este disco) escucharle es entrar en un mundo propio gracias a una voz llena afinada al extremo y de una belleza meliflua, que endulza y alegra, sabiendo sacarle partido con unos arreglos y unas canciones con las que se funde en esa simbiosis perfecta que a veces se da entre el autor y su obra. Pedro vuelve a manejarse de nuevo entre la amabilidad y sinceridad de quien mira a los ojos de su público con las contradicciones, con ciertos aires contemporáneos por con un respeto absoluto a las narrativas clásicas de la canción de autor y de los géneros que toca. Nada suena impostado, ni en el disco ni al verlo en directo, como ya conté hace unos meses, en un concierto donde precisamente ya avanzó dos de las canciones de este álbum. Ayer me decían en público que ojalá todo el mundo que te encuentras en el camino en esto de la música fuese la mitad de noble. Sin duda que Pedro Pastor está también en ese bando.

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Javi Robles – Los Mariachis También Lloran

Viene siendo tendencia desde hace varios años el que las bandas lancen temas sueltos, sin pertenecer a ningún disco, ni pasado ni futuro. Singles digitales que llevan aparejados su propia campaña, su propio avance, fecha de lanzamiento, pre-reserva, videoclip… Todo ello como respuesta a las nuevas formas de consumo que parece tender a que el álbum, como concepto completo, es algo con fecha de caducidad. Como si la exigencia de tener que escuchar diez o doce canciones seguidas del mismo artista o banda, incluso a veces teniendo un eje argumental común (¡!) o un sentido completo más allá de la suma de individualidades fuese algo intolerable para los nuevos ritmos. La vida en un reel de instagram. Esta nueva forma de promoción y publicación musical complica un tanto la vida al crítico… Puesto que escribir un análisis de una sola canción hace que no haya perspectiva de conjunto, ni comparativa… Es como hacer una crítica de una película a través de una sola escena. Se puede, pero falla el conjunto, el sentido, el todo. Javi Robles (a quienes los más leídos en esta casa o documentados en esto de los rocanroles recordarán por ser el vocalista de Cero A La Izquierda, banda de la que mucho y bien hemos escrito y apostado en esta casa antes de su disolución silente) viene jugando en esos terrenos. De hecho, confieso que he perdido la cuenta, lleva una veintena de canciones publicadas en este formato. Todas con videoclip artesanal, incluido. Este epé, titulado Los Mariachis También Lloran viene a agrupar cuatro de ellas y, con ello, a nosotros nos vale de coartada para traerlo al escaparate.

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Sôber – Elegía

Como apuntaba hace unos días, combinamos en este inicio de curso los discos de inminente salida con los que se nos quedaron pendientes antes del verano. Elegía, de Sôber, entra dentro de los del segundo tipo y, claro está, no podíamos dejar pasar echar unas líneas a una de las bandas a las que más cariño tenemos en esta casa, por aquello de todo lo que nos hicieron sentir a lo largo del tiempo. Aunque, más allá de esa condición puramente subjetiva, el álbum se lo ha ganado a pulso porque no exagero si os confieso que a mí me parece su mejor y más completo disco de las últimas dos décadas, desde Reddo, que ya ha llovido. Está claro que por el camino hay canciones excepcionales, pero la rotundez que presenta el cuarteto en esta Elegía está muy por encima de sus hermanos mayores anteriores. ¿Los motivos? Con nombras a las canciones sería más que suficiente pero sí que podemos concluir como denominador común que los arreglos orquestales suenan muy frescos y naturalizados, reforzando más que nunca su épica (entiendo que gracias a su anterior gira, que derivó en la publicación del deuvedé en directo La Sinfonía Del Paradÿsso), también que el sonido se ha ‘ensuciado’ de forma deliberada (la perfección en la producción de Sôber siempre le ha conferido una cierta textura de frialdad) y, finalmente, la búsqueda y hallazgo de fraseos contundentes, melodías atrayentes y estribillos que emocionan con historias que tocan la fibra más que nunca. Al final consiguen llegar a cotas de antaño, precisamente buscando no parecerse a lo anterior. Y confieso que me alegra sobremanera este ‘resurgimiento’ (que también es cierto que se venía apuntando de manera progresiva) porque, como decía, es una de las bandas que me ha acompañado en momentos de crecimiento personal. Y eso jamás se olvida.

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Benito Kamelas – Resiliencia

Ya se han apaciguado las aguas pero resulta paradigmático recordar el revuelo que se originó cuando Robe anunció en la rueda de prensa de presentación de su gira ‘Ahora Es El Momento’ que iba a cantar canciones de Extremoduro. A la postre, nombre de una banda asociada siempre a su nombre propio y figura. Digo esto porque el de Benito Kamelas es otro de esos casos en los que, al final, es el compositor principal, el letrista, el corazón de la banda quien decide qué, cómo y cuándo. Y él decidió seguir adelante pero manteniendo el nombre del grupo, pese a todo. Y es que cuando el Covid era algo que se veía por la tele desde China y se antojaba tan lejano que nos creíamos invencibles, Quini Ruano se quedaba sin todo el grupo que tan bien le había acompañado en los últimos años. Uno a uno, Ismael Vivó, David Marín, Isidro Ramírez y Vicente Tormo anunciaban su salida. Hubo algunos conciertos de despedida de la formación original y, en la práctica, Quini culminó la búsqueda de sus cuatro nuevos compañeros en las puertas del confinamiento severo de los meses de marzo, abril y mayo. Solo le dio tiempo a trabajar un par de nuevas canciones. En esa situación, el gigante corazón de Quini se mantuvo en pie, pese a todo, por amor a un grupo al que le ha dedicado ya 23 años. A distancia comenzaron a dar forma al resto de temas que acabarían formando Resiliencia, su disco más complicado, pero también el más empecinado en existir. Con esa fuerza de voluntad, Benito recupera las formas más veloces de los primeros tiempos, con ganas de demostrar que la energía sigue intacta. Hacía años que alguien me decía que eran como una eterna promesa de un equipo de fútbol, que nunca termina a convertirse en estrella. Bueno, ya lo cantaba el citado Robe en ‘Sucede’. Quien conoce a los Benito sabe de qué hablo.

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