Mercedes Ferrer – C+V

Continuamos la semana dedicada a críticas de discos con rúbrica de mujer, tras Chica Sobresalto y Christina Rosenvinge, con una de las más legendarias rockeras que ha dado nuestro país, la madrileña Mercedes Ferrer que, nueve años después de su anterior larga duración, Travesía (que además sólo salió en formato físico en México) regresa con este explosivo y enjundioso C+V. Resulta curioso que, coincidiendo con que hace un par de días Rosendo anunciara que la de este año será su última gran gira (lo que no significa que no haya conciertos en 2019 y puntos suspensivos…) y con el regreso de Miguel Ríos con nuevo disco en directo (Symphonic), no exista en el rock de nuestro país referentes tan reverenciados e indiscutibles, mediáticos, en suma de género femenino. Más que no existan, que no estén al mismo nivel. Sólo Luz Casal puede acercarse a ellos, pero tras ellas tenemos a artistas como Aurora Beltrán, Rosenvinge o la propia Mercedes Ferrer, auténticos derroches de calidad, peleando cada uno de sus lanzamientos y giras contra los elementos, género masculino.

Tras una intensiva y extensiva campaña de crowdfunding, el álbum fue gestado por la artista con Ciril Vidal como mano derecha, pareja creativa con la que ya forjó aquel sobresaliente Tiempo Real. Tampoco es un desconocido el responsable de la edición, mezcla y mastering, Ángel Martos en Phantom Estudio de Madrid, habitual de Calamaro o Leiva. La banda de grabación, además de Ferrer en acústicas, eléctricas, teclados y voces, y Vidal (sintetizadores, programaciones y arreglos), cuenta con la reciente incorporación de Íñigo Iribarne a la batería y Jakob Reguilon al bajo. Entre las colaboraciones, además de las voces adicionales de José Luis Ferrer Jr. en ‘Acto de Fe’, encontramos a Carlos Ann en ‘Letanía’. Bella casualidad volver a escuchar reunidos a dos de los cinco invitados de Bunbury en aquellos conciertos de carpa llamados Freak Show y del que tuve la suerte de ver uno. (Mercedes Ferrer cantando ‘Fantasía’). Otro dato a técnico a destacar es el impresionante diseño del libreto en todas sus páginas. Al llegar al final conocemos el motivo, pues es obra pictórica y gráfica de su padre y artista, José Luis Ferrer.

La decena de temas se abre con la rockera ‘Acto De Fe’. Destaca esa primera línea de guitarras que, por lo general, es la tónica constante, un rock maduro, sin concesiones a la galería y casi que tampoco a la melodía. Rocoso y por momentos cercanos a un postmodernismo y, hasta punk. Eres muralla le acerca al clásico sonido de los setenta, aunque por instantes también hay matices ligeramente progresivos y de auras  más sutiles (como, precisamente, el tema en el que colabora Ann). Desengañados con los cantos de sirena, la temática del disco es precisamente, un acto de fe para darle movimiento al agua estancada. ‘Plan de Vuelo’ es el corte que más se acerca a territorios poperos, al menos en cuanto a la melodía. En cuanto a la voz, destaca el poso casi crooner de acentuación muy latina, influencia de años mejicanos, que también se desliza en el fraseo del tercer corte, de intensidad creciente y muy musicalmente llena de aderezos contemporáneos, arpegiados, que no la alejan del rock, sino que aumenta la lírica del texto. Cuando uno lee las siglas ‘C+V’, a uno le viene pronto el atajo de Word. “Letra, sangre. Carne y verso. Sexo hueso”.

‘El Poder’, un rock de hechuras adustas, se presenta como una arenga frente a la conformidad inane, con una potente estructura en el estribillo, seca y certera. Esta dosis de visceralidad no decae con la cruenta ‘Monstruos (ahí fuera)’, que se bambolea entre la cadencia elegante y el progresivo desgarro del estribillo. Una canción de largo recorrido que nos deja uno de los puntos más álgidos del conjunto. La segunda parte del álbum comienza con ‘Ciudad Ardiente’, otro corte de toque vanguardista, con cambios de compás, con arreglos multiplicados en pequeños detalles. Paladeo profundo para disfrutar en las sucesivas escuchas. En la misma modernidad juega ‘Letanía’, con una construcción donde es la quietud y la voz susurrada y sutil de Carlos Ann los que se despliegan con incorpórea sensualidad.

Tremendo contrapunto perfecto el que le sucede en ‘Word Gun’. Un balazo que combina castellano e inglés, de base setentera y, por tanto, de ramalazos grunge, que nos coge por sorpresa, pero que nos demuestra que Mercedes Ferrer es, eso, puro rock en actitud y aptitud. Con una intro que suena a directo, ‘Qué Queda De Mí’ apuesta de nuevo por la presentación contemporizada. De detalles eléctricos en un fraseo limpio y en cierto toque de art rock en puente y estribillo que se irá haciendo cada vez más desgarrado. Más delicatesen. La decena se culmina con ‘Vueltas de Noria’, de destellos acústicos y armónicos, emocionantes en el estribillo confesional y sincero. “Hay cosas que nunca cambian, que siempre fueron las importantes. Me voy con lo que doy, con lo que he sido, con lo que tengo, con lo que soy para mí y para los demás y vuelvo otra vez a ser la misma de ayer, después de todas las vueltas de noria que tuve que dar. Si nunca dejé ni un instante de creer en ti, en mí”.

Qué bueno que volviste.

 

Lista de canciones – tracklist:

  1. Acto De Fe
  2. Plan De Vuelo
  3. C+V
  4. El Poder
  5. Monstruos (Ahí Fuera)
  6. Ciudad Ardiente
  7. Letanía
  8. Word Gun
  9. Qué Queda De Mí
  10. Vueltas de Noria

 

 

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Publicado el marzo 7, 2018 en Críticas Discos y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

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