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Héroes. Silencio y Rock & Roll

El pasado viernes se estrenó en Netflix el esperado documental biográfico de Héroes del Silencio, más si cabe por ese ligero retraso que obligó a demorar unas cuantas semanas más su puesta de largo, ya que estaba previsto para pocas fechas después del de Rompan Todo. Dice el refrán que la espera merece la pena y, ya que no siempre es cierto, en este caso podemos decir que sí. Está dirigido por Alexis Morante, un habitual de la videografía de Bunbury en los últimos años, puesto que de él son hasta 13 videoclips antes de que cogiera el mando Jose Girl con estilo más personal y acorde a las nuevas tendencias sonoras de Enrique. Suyos también son, por ejemplo, el cortometraje Licenciado Cantinas de 2012 y el documental El Camino Más Largo de 2016, del que ya hablamos en esta casa. Y también documentales sobre Alejandro Sanz o Camarón de la Isla). Las opiniones que ha generado la cinta son una perfecta extrapolación de la misma división de pareceres que la banda tuvo que afrontar en su momento. Que si son el grupo más grande de la historia en España, que si eran unos intensos insoportables y muy engreídos, que si musicalmente o los textos solo buscaban un efectismo complaciente, que si inventaron la pólvora porque nadie hacía lo que ellos en nuestro país, que si era un manejo comercial, que si el triunfo fuera no era para tanto… Lo de siempre, pero ahora con redes sociales. Nadie se ha movido de su posición tras su visionado lo que indica, cuanto menos, una dificultosa capacidad de reflexión o de ver las cosas en perspectiva. Es el precio que se paga cuando llega el triunfo transversal (que penaliza, si lo haces es que eres un vendido o hay gato encerrado) porque, no les quepa duda, si Héroes no hubiese tenido un triunfo masivo, si se hubiesen quedado en la minoría rock, la inmensa mayoría de los que les sigue dando cera para creerse por encima de la corriente popular, opinarían lo contrario. La historia nos la sabemos porque la hemos visto con todos los que han salido ‘del círculo de la supuesta autenticidad’. La historia de siempre. Es uno de los muchísimos elementos arquetípicos del rock que cumple Héroes del Silencio. Pero hay muchos más y el documental da fe de ello.

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Egon Soda – Egon Soda (2008)

Resulta sorprendente todavía que después de más de 250 críticas remembers, de otro casi medio centenar de nombres pendientes para ir trayendo aquí cada viernes, todavía alguien en twitter pregunte “¿De este grupo no tienes escrito nada?” y que pienses en cómo es posible que sea así. Es el caso de Egon Soda, grupo al que hemos mencionado en varias ocasiones, sobre todo hablando de Mi Capitán, banda a la que tenemos un aprecio y valor muy alto, ya que muchos de sus integrantes están también en esta cabecera. Ricky Falkner en la voz y bajo, Xavi Molero en la batería y Ferrán Potón en la guitarra eléctrica y las letras de la mayoría de las canciones son el ‘núcleo duro’ que forja Egon Soda. Lo curioso es que, por ejemplo, en Mi Capitán, Falkner se encarga de la batería y Potón del bajo. Y es que Falkner es uno de esos tótems especiales del rock, pop-art, indie español, puesto que le hemos visto también en Los Detectives de Quique González, Standstill (otra banda que debe pasar por aquí más pronto que tarde), The Rockdelux Experience, produciendo a Love Of Lesbian, Sidonie, Miss Caffeina, Iván Ferreiro, Zahara, Lori Meyers… e incluso Gatibu o Berri Txarrak. Y también a The New Raemon, el nombre artístico de Ramón Rodríguez, cuyo sello, Cydonia, fue el que editó este debut, firmado en 2008, grabado en 2007… unos 11 años después de que el grupo empezara a reunirse para hacer ruido. Como ven, muchas interconexiones bien avenidas que hacen patente aquello de que las cosas compartimentadas no casan con la libertad creativa que se le intuye a la música cuando nace como necesidad expresiva o por puro divertimento. Así, Egon Soda ha pasado a ser considera como una ‘banda de culto’ (término tan perversamente cercano a lo de ‘oculto’) con la que se han despachado ya cuatro discos, sin agobios, sin presiones, por el mero hecho de reunir a amigos-músicos, músicos-amigos para crear algo juntos en mitad de sus respectivos múltiples proyectos.

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Bunbury – Curso De Levitación Intensivo

No le molesten. Con estas tres palabras terminaba el pasado 5 de enero el texto con el que argumentaba la merecida medalla de oro en Los Discos del Año 2020 para esta casa para Posible, el disco que lanzó el pasado mes de mayo. Vale que viene azuzado por su manager Nacho Royo y la ausencia de gira por causas covídicas pero, a la vieja escuela, como ya casi nadie hace, como en los tiempos de su admirado Dylan, Bunbury se marca la machada de publicar dos discos de temas inéditos el mismo año. Como si fuera una dupla de Self Portrait y New Morning, Planet Waves y Before The Flood o Desire y Hard Rain. Por cierto, todos los títulos podrían ser perfectamente válidos para la pareja de figuras del maño. Y es que Enrique está enfadado. No se le nota de manera descarada como podría pasar con un Andrés o un Loco, porque su profesionalidad es extrema hasta para mantener la educación siempre en niveles casi estoicos. Por eso, no me atrevo a decir el grado, pero se intuye que mucho. Tiene motivos para ello o, al menos, es admirable que todavía mantenga la capacidad de indignación y sorpresa ante la masa deforme que espera cualquier resbalón o salida del guión de lo que se considera lo correcto para empezar con la lapidación y escarnio público. Nombres sobran. No hay un solo día en el que más de una ‘tendencia’ venga de lo que ha dicho tal o cual, o lo que no ha dicho… o lo que se han inventado. Entiendo a Enrique. Y lo digo desde la más cómoda posición de quien ha logrado sobrevivir al margen de haters durante todos estos años de exposición más pública (salvo un par de amenazas de punkis de esos que son tan antisistema como su beneficio propio requiere, alguna que otra banda a la que le debió sentar mal alguna bolsa de algo o por el error cometido a la hora de analizar en su día el fin de Barricada). Así, Curso de Levitación Intensivo es el honesto y respetuoso desahogo de un buen artista y un artista bueno, que el orden de los factores, en este caso, no siempre da el mismo resultado.

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Pedro Andreu – En Mi Refugio Interior

“Vivencias, recuerdos, aventuras y desventuras de un Héroe del Silencio”. Con este subtítulo se completa la portada del libro editado por Efe Eme, dentro de su colección Biblioteca, en el que el baterista de la formación aragonesa compila una serie de textos escritos durante la fase más dura del confinamiento de la primavera de 2020. De hecho, la introducción está datada en el viernes, 13 de marzo, y su último capítulo, el quincuagésimo segundo, el 26 de abril. Y es normal. Todavía lo vemos cercano, quizá con la ausencia de perspectiva que da el temor a que vuelva a suceder algo similar en esta incipiente y temida tercera ola (de ahí que nosotros nos aferremos al título del último disco de La Maravillosa Orquesta del Alcohol, Ninguna Ola) pero ese ‘apagón’ de la vorágine diaria fue un golpe brusco que cada uno somatizó a su manera. Y sí, empleo de manera consciente el verbo. Los más extrovertidos y ‘tecnoadictos’ se lanzaron a la sucesión de streamings, los que son capaces de sacar cuatro estrofas de cualquier hecho se marcaron canciones de ánimo (con mayor –Robe, Fito, Coque Malla, El Kanka, Vanesa Martín, Funambulista, Rozalén, Vetusta Morla– o menor acierto –guardo silencio decoroso, no hay necesidad-), otros les dio por iniciar, culminar o perfeccionar trabajos que poco a poco van viendo la luz con algo más de enjundia (La MODA, de nuevo), a otros nos dio por hacer una base de datos y ordenar miles de discos y cientos de libros que aparecían detrás de cualquier lugar, estante, cajón, armario o bolsa (por cierto, tarea inconclusa), y otros, como Óscar Sancho, de quien escribía hace unas semanas, o Pedro Andreu, que nos ocupa, optaron por desfogar emociones internas a través de las palabras en forma de diario desordenado. Esto es, En Mi Refugio Interior. El respiro liberador y una colección de hechos esbozados que han ido regando y llenando los días del baterista de un grupo que qué les voy a decir que no sepan. ¿El resultado merece la pena? Vamos a dar nuestra versión y algunas hipótesis.

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Bunbury – Posible

 

Costumbre para los seguidores, necesidad para el artista, lleva Enrique Bunbury reinventándose en cada uno de sus trabajos discográficos de estudio desde que decidiera poner fin al camino del exceso de Héroes. Sobran los motivos, que diría el autor de su última versión (Donde Habita El Olvido en el Tributo a Sabina), para reconocerle méritos pero, sin duda, el hacer que una legión de seguidores en todo el mundo siga con la atención de siempre cada uno de sus pasos pese a la amplia gama de registros alcanzados es un caso casi único en la escena musical. Por eso, también porque siempre se ha caracterizado por una visión adelantada a su tiempo, sumen su inquietud constante y, por último, porque de conformista ha tenido bien poco, su actitud encomiable le ha valido cierta unanimidad en el aplauso (que no es nada fácil en estos tiempos): te puede gustar más o menos su nueva propuesta, pero siempre se cimenta en la búsqueda, el conocimiento, la experimentación testada y mucho seso detrás. A ello, hay que añadir que a Enrique le ha sentado bien el cambio de decena. No le gusta que comparemos sus discos en términos de mejor o peor pero, considero que es algo objetivo, la curva vuelve a dibujar una trayectoria ascendente, superando incluso la emoción contenida de un Expectativas de por sí sobresaliente. Con Posible ‘se saca’ de alguna manera la espina de los sintetizadores y la electrónica, refuerza la mirada circunspecta de su predecesor y aumenta la oscuridad propia de quien ve la vida con cierto desencanto romántico que impone el paso de los años, pero siempre manteniendo el halo de luz que da la bondad.

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Álvaro Suite – La Xana

 

De un tiempo a esta parte ‘secundarios’ (perdón por el uso del término) o escoltas (mejor) de lujo de grandes estrellas de la escena rockera más personal, vienen presentando sus proyectos en solitario. Igor Paskual, guitarrista de Loquillo, es de los más avezados en ello, con tres discos ya a su espalda. También tenemos a Fon Román, histórico guitarrista de Piratas. Más conocido por el gran público, Ricardo Ruipérez, guitarrista de M-Clan, también ha hecho lo propio. El último en sumarse a esa notable lista de ilustres es Álvaro Suite, conocido por ser el más que solvente y sobrado de facultades guitarrista de Los Santos Inocentes, la banda que viene acompañando a Enrique Bunbury en los últimos diez años. Sin embargo, mientras que lo previsible podría ser encontrar un disco de calor fronterizo o de guitarras en primera línea, lo que nos ofrece son arreglos espaciales y generación de ambientes a través de un siempre afectado tratamiento vocal y unas canciones deudoras de nombres tan indiscutibles como distintos, como lo pueden ser David Bowie, The Beatles o Antonio Vega. Por el momento, le vale para salir de gira unas cuantas fechas antes de que vea la luz el nuevo disco de Enrique. El tiempo determinará si el recorrido de este viaje solista es de cercanías o de largo trayecto.

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Tributo a Sabina – Ni Tan Joven, Ni Tan Viejo

Aunque vosotros no lo sabéis (algunos sí), para mi planificación se ha hecho esperar más de la cuenta mi crítica a este Tributo a Sabina, titulado Ni Tan Joven, Ni Tan Viejo, que parafrasea en mutación el título de una de mis canciones preferidas del poeta, por cierto ausente en la selección de 25 temas, y que, en mi opinión, tampoco le hace justicia del todo al conjunto por aquello de las similitudes formales con el ‘Ni Chicha, Ni Limoná’, de Víctor Jara. Entiéndase, pues, el título, como un guiño intergeneracional y, quizá, de eternidad creativa, por aquello de que gusta desde a los prepúberes como a los que andan en la plena senectud. Desde Guitarricadelafuente (21 años) a Joan Manuel Serrat (76 años). Y en medio de ellos, cantantes y autores melódicos, canallas y canallitas (que no es lo mismo), rockeros, más poetas, poperos con y sin botas de cuero… todos conversos a versos a la religión de Joaquín Sabina. Es más fácil encontrar rosas en el mar (ausencia destacada que nos robó la salud) que discutirle la imponente colección de canciones de Sabina, que da para otros dos discos como este y, para los que le apreciamos, hasta un tercero. Tampoco será cuestión de ponerse a repasar nombres que nos gustarían (cada cual tendrá los suyos) como si fuera una concreción del pasodoble de amigos ausentes (Sí recuerdo que bandas de rock como Porretas o Benito Kamelas hicieron hace años sus versiones). La crítica va, rasa y al pie, comentando impresiones individuales de cada una de las 25 canciones. Y no pido perdón porque ya no le importa.

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Carlos Ann, Bunbury… – Leopoldo María Panero (2004)

En una semana en la que he escrito del poderoso y encantador disco de Quique González a partir de textos creados ex profeso por el escritor y poeta granadino Luis García Montero; en la que he abordado el regreso de 091 después de 25 años sin nuevas canciones, con la pluma siempre voraz y certera de José Ignacio Lapido; y en la que nos zambullimos en el quíntuple disco de El Drogas, donde se inspira en uno de ellos en el escritor peruano Julio Ramón Ribeyro y donde hay referencias veladas a Eduardo Galeano, además del elevado tono propio, estaba claro que la crítica remember de este viernes tenía que tener un fuerte componente literario. Precisamente, al tomar consciencia de que el disco de Enrique Villarreal muta un verso de Leopoldo María Panero (Solo quiero musas en esta noche sin compañía) recordé que le tenía ganas a este proyecto liderado por Carlos Ann (artista candidato a aparecer por esta sección cualquier semana), al que se sumó sin pensarlo demasiado Enrique Bunbury (recordemos que eran 2 de los 4 de Bushido), y que contó con las cavernosas voces de del productor, director y guionista del porno José María y el escritor Bruno Galindo, que reforzó desde entonces su vinculación con el mundo de la música. Pusieron delirio electrónico a más de una treintena de poemas, casi los más peligrosos, tóxicos y enfermizos de Leopoldo, que ya de por sí merece también mención aparte.

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#Mis10de Bunbury

 

Es un problema que se puede aplicar a casi cualquier grupo o solista a la hora de hacer una selección. ¿Nos quedamos con la alegría del golpeo melódico de canciones animosas o con su lado más circunspecto y reflexivo? Esta dicotomía se hace más palpable si cabe en, precisamente, cantautores. Pasará con Calamaro, con Quique González… y también pasa con Enrique Bunbury. Hay un lado muy rockero y festivo donde temas como ‘Bujías Para El Dolor’, ‘Lady Blue’, ‘Anidando Liendres’, ‘La Actitud Correcta’, ‘Hermosos y Malditos’, ‘Lo Que Queda Por Vivir’, ‘La Señorita Hermafrodita’ y otras muchas más pelearían por entrar en el top. El caso es que al ponerme a hacer la selección, me ha salido más bien del otro lado. Un tono reposado y visceral, derrotista, quizá. Lo que haría justificable más que nunca el hacer dos listas. (De hecho, os confieso que hace años me hice dos recopilatorios para el coche, uno titulado A y otro B, con ese espíritu). Pero como esto hay que tomarlo como un juego que nos permita aprender y comparar, las reglas son las que son y la lista es la que es. Un Bunbury al que, por más haters que le señalen, pasa por ser uno de los artistas más grandes que ha dado la música en nuestro país. Y lo que todavía le queda por dar.

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Bunbury – California Live!!!

Reconozco que, como buen espécimen humano, tropiezo varias veces en la misma piedra con Enrique Bunbury. Cada vez que leo su anuncio del lanzamiento de un nuevo disco en directo, lo primero que pienso es “¿otro? Ahora sí que no tiene sentido”. Con el paso del tiempo y de la progresiva salida de los adelantos, la idea va puliendo aristas y poco a poco recuerdo, gracias a lo escuchado y a la ya dilatada experiencia, que si ha decidido sacarlo es porque él considera que ofrece algo nuevo a sus seguidores. Ya sea por calidad, por arreglos, por estado de forma. Siempre hay un motivo por el que uno acaba trabajándose el disco y entendiendo (una vez más, porque también hay una amplia reincidencia en ello) que hay muy poca gente pero, mucho menos todavía, artistas como él. Que son capaces de hacer de cada concierto una ocasión, de cada edición de un directo un pequeño ritual que congela para la memoria nuevos armazones y sensaciones, derivados de los arreglos y el discurso narrativo, de la oportunidad de escuchar una buena colección de temas recientes en el cara a cara con el público y la revisión de temas que suenan diferentes en cada una de sus apariciones en la discografía del maño. Bunbury, mientras esperamos la decisión o anuncio de su nuevo paso, regala un nuevo directo perteneciente a su gira más internacional (77 fechas fuera de España).  Irrepetible y siempre íntegro, prometería que nunca dudaré más, pero… la misma piedra siempre espera.

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