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Bunbury – Posible

 

Costumbre para los seguidores, necesidad para el artista, lleva Enrique Bunbury reinventándose en cada uno de sus trabajos discográficos de estudio desde que decidiera poner fin al camino del exceso de Héroes. Sobran los motivos, que diría el autor de su última versión (Donde Habita El Olvido en el Tributo a Sabina), para reconocerle méritos pero, sin duda, el hacer que una legión de seguidores en todo el mundo siga con la atención de siempre cada uno de sus pasos pese a la amplia gama de registros alcanzados es un caso casi único en la escena musical. Por eso, también porque siempre se ha caracterizado por una visión adelantada a su tiempo, sumen su inquietud constante y, por último, porque de conformista ha tenido bien poco, su actitud encomiable le ha valido cierta unanimidad en el aplauso (que no es nada fácil en estos tiempos): te puede gustar más o menos su nueva propuesta, pero siempre se cimenta en la búsqueda, el conocimiento, la experimentación testada y mucho seso detrás. A ello, hay que añadir que a Enrique le ha sentado bien el cambio de decena. No le gusta que comparemos sus discos en términos de mejor o peor pero, considero que es algo objetivo, la curva vuelve a dibujar una trayectoria ascendente, superando incluso la emoción contenida de un Expectativas de por sí sobresaliente. Con Posible ‘se saca’ de alguna manera la espina de los sintetizadores y la electrónica, refuerza la mirada circunspecta de su predecesor y aumenta la oscuridad propia de quien ve la vida con cierto desencanto romántico que impone el paso de los años, pero siempre manteniendo el halo de luz que da la bondad.

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Álvaro Suite – La Xana

 

De un tiempo a esta parte ‘secundarios’ (perdón por el uso del término) o escoltas (mejor) de lujo de grandes estrellas de la escena rockera más personal, vienen presentando sus proyectos en solitario. Igor Paskual, guitarrista de Loquillo, es de los más avezados en ello, con tres discos ya a su espalda. También tenemos a Fon Román, histórico guitarrista de Piratas. Más conocido por el gran público, Ricardo Ruipérez, guitarrista de M-Clan, también ha hecho lo propio. El último en sumarse a esa notable lista de ilustres es Álvaro Suite, conocido por ser el más que solvente y sobrado de facultades guitarrista de Los Santos Inocentes, la banda que viene acompañando a Enrique Bunbury en los últimos diez años. Sin embargo, mientras que lo previsible podría ser encontrar un disco de calor fronterizo o de guitarras en primera línea, lo que nos ofrece son arreglos espaciales y generación de ambientes a través de un siempre afectado tratamiento vocal y unas canciones deudoras de nombres tan indiscutibles como distintos, como lo pueden ser David Bowie, The Beatles o Antonio Vega. Por el momento, le vale para salir de gira unas cuantas fechas antes de que vea la luz el nuevo disco de Enrique. El tiempo determinará si el recorrido de este viaje solista es de cercanías o de largo trayecto.

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Tributo a Sabina – Ni Tan Joven, Ni Tan Viejo

Aunque vosotros no lo sabéis (algunos sí), para mi planificación se ha hecho esperar más de la cuenta mi crítica a este Tributo a Sabina, titulado Ni Tan Joven, Ni Tan Viejo, que parafrasea en mutación el título de una de mis canciones preferidas del poeta, por cierto ausente en la selección de 25 temas, y que, en mi opinión, tampoco le hace justicia del todo al conjunto por aquello de las similitudes formales con el ‘Ni Chicha, Ni Limoná’, de Víctor Jara. Entiéndase, pues, el título, como un guiño intergeneracional y, quizá, de eternidad creativa, por aquello de que gusta desde a los prepúberes como a los que andan en la plena senectud. Desde Guitarricadelafuente (21 años) a Joan Manuel Serrat (76 años). Y en medio de ellos, cantantes y autores melódicos, canallas y canallitas (que no es lo mismo), rockeros, más poetas, poperos con y sin botas de cuero… todos conversos a versos a la religión de Joaquín Sabina. Es más fácil encontrar rosas en el mar (ausencia destacada que nos robó la salud) que discutirle la imponente colección de canciones de Sabina, que da para otros dos discos como este y, para los que le apreciamos, hasta un tercero. Tampoco será cuestión de ponerse a repasar nombres que nos gustarían (cada cual tendrá los suyos) como si fuera una concreción del pasodoble de amigos ausentes (Sí recuerdo que bandas de rock como Porretas o Benito Kamelas hicieron hace años sus versiones). La crítica va, rasa y al pie, comentando impresiones individuales de cada una de las 25 canciones. Y no pido perdón porque ya no le importa.

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Carlos Ann, Bunbury, José María Ponce y Bruno Galindo – Leopoldo María Panero (2004)

 

En una semana en la que he escrito del poderoso y encantador disco de Quique González a partir de textos creados ex profeso por el escritor y poeta granadino Luis García Montero; en la que he abordado el regreso de 091 después de 25 años sin nuevas canciones, con la pluma siempre voraz y certera de José Ignacio Lapido; y en la que nos zambullimos en el quíntuple disco de El Drogas, donde se inspira en uno de ellos en el escritor peruano Julio Ramón Ribeyro y donde hay referencias veladas a Eduardo Galeano, además del elevado tono propio, estaba claro que la crítica remember de este viernes tenía que tener un fuerte componente literario. Precisamente, al tomar consciencia de que el disco de Enrique Villarreal muta un verso de Leopoldo María Panero (Solo quiero musas en esta noche sin compañía) recordé que le tenía ganas a este proyecto liderado por Carlos Ann (artista candidato a aparecer por esta sección cualquier semana), al que se sumó sin pensarlo demasiado Enrique Bunbury (recordemos que eran 2 de los 4 de Bushido), y que contó con las cavernosas voces de del productor, director y guionista del porno José María Ponce y el escritor Bruno Galindo, que reforzó desde entonces su vinculación con el mundo de la música. Pusieron delirio electrónico a más de una treintena de poemas, casi los más peligrosos, tóxicos y enfermizos de Leopoldo, que ya de por sí merece también mención aparte.

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#Mis10de Bunbury

 

Es un problema que se puede aplicar a casi cualquier grupo o solista a la hora de hacer una selección. ¿Nos quedamos con la alegría del golpeo melódico de canciones animosas o con su lado más circunspecto y reflexivo? Esta dicotomía se hace más palpable si cabe en, precisamente, cantautores. Pasará con Calamaro, con Quique González… y también pasa con Enrique Bunbury. Hay un lado muy rockero y festivo donde temas como ‘Bujías Para El Dolor’, ‘Lady Blue’, ‘Anidando Liendres’, ‘La Actitud Correcta’, ‘Hermosos y Malditos’, ‘Lo Que Queda Por Vivir’, ‘La Señorita Hermafrodita’ y otras muchas más pelearían por entrar en el top. El caso es que al ponerme a hacer la selección, me ha salido más bien del otro lado. Un tono reposado y visceral, derrotista, quizá. Lo que haría justificable más que nunca el hacer dos listas. (De hecho, os confieso que hace años me hice dos recopilatorios para el coche, uno titulado A y otro B, con ese espíritu). Pero como esto hay que tomarlo como un juego que nos permita aprender y comparar, las reglas son las que son y la lista es la que es. Un Bunbury al que, por más haters que le señalen, pasa por ser uno de los artistas más grandes que ha dado la música en nuestro país. Y lo que todavía le queda por dar.

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Bunbury – California Live!!!

Reconozco que, como buen espécimen humano, tropiezo varias veces en la misma piedra con Enrique Bunbury. Cada vez que leo su anuncio del lanzamiento de un nuevo disco en directo, lo primero que pienso es “¿otro? Ahora sí que no tiene sentido”. Con el paso del tiempo y de la progresiva salida de los adelantos, la idea va puliendo aristas y poco a poco recuerdo, gracias a lo escuchado y a la ya dilatada experiencia, que si ha decidido sacarlo es porque él considera que ofrece algo nuevo a sus seguidores. Ya sea por calidad, por arreglos, por estado de forma. Siempre hay un motivo por el que uno acaba trabajándose el disco y entendiendo (una vez más, porque también hay una amplia reincidencia en ello) que hay muy poca gente pero, mucho menos todavía, artistas como él. Que son capaces de hacer de cada concierto una ocasión, de cada edición de un directo un pequeño ritual que congela para la memoria nuevos armazones y sensaciones, derivados de los arreglos y el discurso narrativo, de la oportunidad de escuchar una buena colección de temas recientes en el cara a cara con el público y la revisión de temas que suenan diferentes en cada una de sus apariciones en la discografía del maño. Bunbury, mientras esperamos la decisión o anuncio de su nuevo paso, regala un nuevo directo perteneciente a su gira más internacional (77 fechas fuera de España).  Irrepetible y siempre íntegro, prometería que nunca dudaré más, pero… la misma piedra siempre espera.

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Amaral – Una Pequeña Parte Del Mundo (2000)

La primera vez que vi a Amaral en directo fue en agosto del año 2000. En un tiempo en el que escuchaba (de vez en cuando, no es que fuera asiduo) La Jungla de Cadena Cien, con José Antonio Abellán, el debut del dúo zaragozano me pareció interesante pero este segundo, con el que giraba ya aquel verano (el álbum salió en marzo, justo faltan 7 días para que cumpla la mayoría de edad) me resultaba magnífico. Digno de una mayor repercusión. Y fue curioso porque aquella intervención de Amaral en la Feria y Fiestas de Almería fue para telonear, en acústico, sólo Eva y Juan en el escenario, a Celtas Cortos. Cosas de la música, como aquellos tiempos en los que Héroes del Silencio eran teloneros de Gabinete Caligari. Amaral protagoniza la crítica remember de este viernes tras vencer en la encuesta tuitera a la otra opción, el Pa Fuera Telarañas de Bebe, que algún día caerá. No hay prisa. Con ella culmino, tras Chica Sobresalto, Christina Rosenvinge, Mercedes Ferrer y Luz Casal, una semana de críticas dedicada íntegramente a álbumes con nombre de mujer, con motivo del 8 de marzo. Además, recordad que este fin de semana los #Mis10de en twitter también tendrán género femenino. Mañana sábado, Mónica Naranjo. El domingo, Tina Turner. Salud.

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Mercedes Ferrer – C+V

Continuamos la semana dedicada a críticas de discos con rúbrica de mujer, tras Chica Sobresalto y Christina Rosenvinge, con una de las más legendarias rockeras que ha dado nuestro país, la madrileña Mercedes Ferrer que, nueve años después de su anterior larga duración, Travesía (que además sólo salió en formato físico en México) regresa con este explosivo y enjundioso C+V. Resulta curioso que, coincidiendo con que hace un par de días Rosendo anunciara que la de este año será su última gran gira (lo que no significa que no haya conciertos en 2019 y puntos suspensivos…) y con el regreso de Miguel Ríos con nuevo disco en directo (Symphonic), no exista en el rock de nuestro país referentes tan reverenciados e indiscutibles, mediáticos, en suma de género femenino. Más que no existan, que no estén al mismo nivel. Sólo Luz Casal puede acercarse a ellos, pero tras ellas tenemos a artistas como Aurora Beltrán, Rosenvinge o la propia Mercedes Ferrer, auténticos derroches de calidad, peleando cada uno de sus lanzamientos y giras contra los elementos, género masculino.

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Los Discos del Año 2017 de RockSesión

Es complicado ponerse a hacer listas así, porque siempre te queda la sensación de dejarte fuera gente que merece estar. Así que, como siempre, ha de tomarse como una guía para acercarse a lo que no se conozca. O a darle otra oportunidad a un disco que no te llamó en la primera escucha. Tampoco ayuda el hecho de que por mis oídos pasen trabajos de cualquier género así que me he limitado a incluir discos de los que he hablado ya aquí, o de los que hablaría (por eso se queda fuera esa triada flamenca compuesta por Rocío Márquez –imprescindible-, Argentina y Rosalía; el de Ángel Stanich, Silvia Pérez Cruz…). Como es habitual dejo fuera los directos (Stafas) por tener un carácter recopilatorio, y los Ep’s (Código Vinagrio). Ha costado dejar fuera a Rosendo, Exquirla, Asfalto, Los Coronas, Rubén Pozo o Josele, Vinila Von Bismark, Eskorzo…, cada uno por motivos distintos). Por quinto año, estos son los ochos oros, platas y bronces de RockSesión. Disparen al pianista.

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Bunbury – Expectativas

La carrera del aragonés errante es tan magna y extensa que para enjuiciar cada uno de sus lanzamientos hay que hacer un doble ejercicio de análisis. Por un lado, qué representa el álbum en el contexto cronológico de su obra, pero también tomarlo como un hecho aislado, correspondiente a una necesidad expresiva vital en cada uno de los momentos concretos. Como en ‘La Soledad del Corredor de Fondo’, Bunbury maneja a su antojo los textos y sus influencias sonoras, añadiendo según considera dosis en porcentajes diversos. Así, si en Palosanto encontrábamos un mensaje mesiánico de esperanza post-redención, en Expectativas nos llega el reverso perverso del desencanto post-rendición. Con un mensaje duro, sin imposturas, guardando siempre la esperanza en el propio yo, como se reflejará (esta vez sí más clara la división) en la segunda parte de la lista de canciones. Y el ropaje sonoro responde al envite con rotundidad, con unos Los Santos Inocentes sobrios y con un toque titilante gracias al impecable añadido del saxo de Santi del Campo, que acaricia y abrasa en la misma medida. El álbum las cumple.

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