Bunbury – Curso De Levitación Intensivo

No le molesten. Con estas tres palabras terminaba el pasado 5 de enero el texto con el que argumentaba la merecida medalla de oro en Los Discos del Año 2020 para esta casa para Posible, el disco que lanzó el pasado mes de mayo. Vale que viene azuzado por su manager Nacho Royo y la ausencia de gira por causas covídicas pero, a la vieja escuela, como ya casi nadie hace, como en los tiempos de su admirado Dylan, Bunbury se marca la machada de publicar dos discos de temas inéditos el mismo año. Como si fuera una dupla de Self Portrait y New Morning, Planet Waves y Before The Flood o Desire y Hard Rain. Por cierto, todos los títulos podrían ser perfectamente válidos para la pareja de figuras del maño. Y es que Enrique está enfadado. No se le nota de manera descarada como podría pasar con un Andrés o un Loco, porque su profesionalidad es extrema hasta para mantener la educación siempre en niveles casi estoicos. Por eso, no me atrevo a decir el grado, pero se intuye que mucho. Tiene motivos para ello o, al menos, es admirable que todavía mantenga la capacidad de indignación y sorpresa ante la masa deforme que espera cualquier resbalón o salida del guión de lo que se considera lo correcto para empezar con la lapidación y escarnio público. Nombres sobran. No hay un solo día en el que más de una ‘tendencia’ venga de lo que ha dicho tal o cual, o lo que no ha dicho… o lo que se han inventado. Entiendo a Enrique. Y lo digo desde la más cómoda posición de quien ha logrado sobrevivir al margen de haters durante todos estos años de exposición más pública (salvo un par de amenazas de punkis de esos que son tan antisistema como su beneficio propio requiere, alguna que otra banda a la que le debió sentar mal alguna bolsa de algo o por el error cometido a la hora de analizar en su día el fin de Barricada). Así, Curso de Levitación Intensivo es el honesto y respetuoso desahogo de un buen artista y un artista bueno, que el orden de los factores, en este caso, no siempre da el mismo resultado.

Recupero, para continuar, algo apuntado ya con la crítica de Posible: su constante movimiento estilístico es ejemplar. Puede gustar más o menos su nueva propuesta, pero siempre se cimenta en la búsqueda, el conocimiento, la experimentación testada y mucho seso detrás. Si con Posible se sacó de alguna manera la espina de los sintetizadores y la electrónica, aumentando la oscuridad propia de quien ve la vida con cierto desencanto romántico por la decepción , Curso De Levitación Intensivo viene a ser, permítaseme la expresión, un ajuste de cuentas intelectual, que arropa con aires de jazz experimental, con una fina capa de groove oscuro que se convierte en hilo conductual orgánico, dándole un aura negra que le emparenta con ese toque doliente y sufrido de un disco como Flamingos.

Al contrario que su hermano de anualidad, Curso De Levitación Intensivo sí es un disco de banda. Lo orgánico es evidente desde la primera escucha. Eso sí, si quieren sacarle verdadero jugo al álbum, en algún lugar del libreto o del digipack debería especificar: “escúchese a un volumen considerable y con bien de graves”. Como denominador común apunto que es un disco de impresionante groove en unas líneas de bajo gruesas y protagonistas en la mezcla, atemperadas por una inteligentísima batería, completamente jazzy durante todo el metraje, con poco sonido directo o crudo y mucho de calidez, y unos elegantes saxos que confieren ese aporte de jam que tan bien le siente a un Enrique que, poco a poco, va curtiendo su voz a tonalidades más sobrias. Que, vale, puede que no sea por la edad, pero convendremos en que igual también ayuda. Es uno de los argumentos que sustentan lo que digo en la despedida.

La decena de temas se abre con ‘N.O.M.’, una puesta en situación que viene a dar el marco conceptual del disco: ‘nuevo orden mundial’, con reglas del juego marcadas, (casi lo peor) a veces invisibles, pero también afectadas a la educación, el respeto y la consideración a lo ajeno. Sí, entiendo que puede sonar a chino. Ese férreo autoritarismo moral viene acompañado en las formas con una base rítmica casi marcial y unos arreglos de metales casi amenazantes, como la línea melódica vocal. ‘El Día De Mañana’ tiene ese hilo que conecta de inmediato con el punto turbio de Dave Gahan. Una ácida reflexión, como lo es todo el texto de la decena, realmente.

‘El Precio Que Hay que Pagar’ pasa por ser el tema que ejerce de nexo continuista con Posible, con Jorge Rebenaque firmando también autoría. Puede que sea la canción que con mayor facilidad podría integrarse en él y también el que posee mayores hechuras de single, gracias a un fraseo grácil y un estribillo más musical y aprehensible. Lo que no significa que sea inocua. Pero las más evidentes vienen a continuación. ‘El Momento De Aprovechar El Momento’ señala al rey desnudo, sacando a relucir la trampa de la falsa libertad y la perversión de la meritocracia. Por su parte, ‘Malditos Charlatanes’ es la más explícita del conjunto y, a buen seguro, el mayor ejercicio liberador de la decena. Para que el mensaje llega claro a los oídos más obstruidos, casi viene a ser una suerte de bamboleo hipnótico, como una nana entre slides y un crescendo al cénit que hace explotar el mensaje en la cara: “escribiré contra el olvido porque, mientras yo escribo, otro habla de lo que hago o digo, con aires de superioridad y una incapacidad total para crear algo de belleza”.

La segunda parte del álbum no es que mejore el tono, pero es donde encontramos mayores sorpresas formales. No es el caso de ‘Tsunami’ que evoca con ese “como un tsunami, a cámara lenta, el tiempo pasa y cada vez agachas más la cabeza” el toque cruento de “para al final morder el anzuelo y caer en la trampa”. Sensaciones. Sin más. Casual o no a partir del libro de Fernando del Val (no entraré hoy en ello), ‘El Pálido Punto Azul’ se reconoce basada en el libro de Carl Sagan (‘Un Punto Azul Pálido’) que, por cierto, también inspiró a Mafalda en ‘Pequeño Punto Azul’ de su disco Palabras Forman Caos. De ella me quedo con el compás que dibuja la guitarra de Álvaro Suite.

En el tramo final, ‘Ezequiel y Todo El Asunto Del Big Band’ pasa por ser de mis favoritas de esta entrega, de nuevo cofirmada con Suite, con un desarrollo lento, reposado y flotante entre delays de elegante melodía. Los tambores ‘de guerra’ de Ramón Gacías vuelven con ‘La Gran Estafa’, una suerte casi apocalíptica y truculenta con unos saxos afilados y solemnes. En este caso es el bajista Robert Castellanos quien comparte firma, quizá por esa coda que abre la puerta a una completa exploración por parte de Enrique y sus músicos.

Nos viene acostumbrando Enrique a dejar para el final de los álbumes un tema de los que dejan surco en el alma. Penúltimo en el caso de ‘Causalidades’ y ‘La Constante’, postrero en ‘Los Términos De Mi Rendición’ y ‘Tenías Razón En Todo’. Estas dos últimas con un severo carácter de despedida final, testamentaria, pero, por suerte, apócrifas. Pero el daño lo hace y la carta queda firmada, por lo que pudiera pasar, cerrando como merece un disco que no puede ser más hijo de su tiempo, quizá eso le quite algo de vigencia con el paso de los años, pero se antoja de los más necesarios de su carrera.

Siempre estaremos del lado de aquellos grupos y creadores que buscan algo nuevo, traspasan límites, fórmulas expresivas. Esperar que Enrique ahora lance un disco como el de hace 10 años, 20 o 30 es una estupidez. Ya están hechos. Y con esa brújula, creo con firmeza que lo mejor está por llegar.

Para los ‘destinatarios’ del Curso: si no saben crear, al menos no destruyan. No molesten. Dejen que el bucle de la espiral siga dando vueltas, mientras aguantemos de pie.

Más (y mucho) de Bunbury en RockSesión.

Lista de canciones – tracklist:

  1. N.O.M.
  2. El Día De Mañana
  3. El Precio Que Hay Que Pagar
  4. El Momento De Aprovechar El Momento
  5. Malditos Charlatanes
  6. Tsunami
  7. El Pálido Punto Azul
  8. Ezequiel Y Todo El Asunto Del Big Band
  9. La Gran Estafa
  10. Tenías Razón En Todo

Publicado el enero 13, 2021 en Críticas Discos y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

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