#Mis10de Hamlet

Está claro que todos los grupos que pasarán por aquí a lo largo del mes son de difícil selección. Porque en este especial estamos haciendo a casi todos ‘grandes nombres’, por la cantidad de discos… Pero en el caso de Hamlet (y de otro grupo que empieza por la letra hache y que vendrá la próxima semana) la cosa se complica todavía más, ya que es uno de los grupos que más conecta con mi mundo interior. Es de esos que rompe cualquier tipo de coraza para dar justo en el clavo de lo que se siente. Y lo peor de todo es que tienen la sorprendente facilidad para dar con la tecla con el paso de los discos, también siendo extrapolable a los cambios personales que dan los años. Si a eso sumamos que en cada trabajo dan una vuelta de tuerca a su propio sonido, pero consiguiendo ser del todo reconocibles, y que según ‘el aura’ con la que nos quedemos encontramos cinco o seis temas sobresalientes, la cosa se complica. Así, el que ame su vertiente leñera de denuncia social echará en falta media docena de temas. El que prefiera su lado introspectivo le pasará otro tanto. También con los sonidos. Épocas cercanas al rap metal, otras más suaves, otras más rudas y oscuras… Hamlet es un grupo total que, para poner la guinda, se deja la piel en cada uno de los conciertos como si no hubiera mañana. Por eso, siempre será uno de mis cuatro o cinco bandas preferidas hasta el fin de los tiempos. Y podría hacerles cinco selecciones y quedarme corto. Hoy me he quedado con las de dentro. Así que perdonen que no esté J.F., Dementes Cobardes, Egoísmo, Tortura-Visión, Denuncio a Dios, Muérdesela, Qué Voy a Hacer(Foto: Marina Ginés para RockSesión)

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#Mis10de Metallica

Hace unas semanas entrevistaba para el próximo número impreso de la revista Rock Estatal a José Carlos Molina, el gran líder de Ñu, una de las bandas del rock duro y heavy metal de nuestro país imprescindibles. Ya sabéis los más puestos que Molina tiene toda la merecida fama de no callarse casi nunca lo que piensa (aunque ahora, a sus sesenta y pico a veces se arrepienta de ello). El caso es que hablando de algo que no tenía nada que ver, salió a relucir el nombre de Metallica… Y los puso finos. Que si un cantante que no tiene claro nada, que si un batería que no sabe tocar, que su mejor canción se parece a otra de Jethro Tull. La verdad es que lo razonó todo bastante bien, al hilo de que las bandas nacionales no tienen nada que envidiar a las de fuera, “que solo llevan luces y chapas más grandes”, pero no deja de ser una opinión bastante impopular. Posiblemente no habría que endiosarles tanto (realmente, a nadie), pero creo que sí se han ganado el derecho a ser uno de los referentes indiscutibles. Otra cosa es la continuidad del estado de gracia en estudio o algunas decisiones sobre el sonido, pero… que nos quiten lo bailado. Metallica tenía que estar en las revisiones especiales de este mes de julio. Por nombre y porque en lo persona el S&M me voló la cabeza durante más de un año. Allá vamos.

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#Mis10de Loquillo

En estos emparejamientos ‘casi’ conceptuales de los fines de semana, cuando a la locura esta del #Mis10de diario en julio le sumo además un internacional los sábados y domingos, puse en primer lugar junto a Bruce Springsteen a Quique González. Después rectifiqué. Al haber hecho a Bunbury el domingo pasado, me pegaba más Quique tras Enrique a Loquillo llevármelo al día ‘del Boss’. De alguna manera, creo que son dos personajes conectados en términos objetivos y, sin duda, para mí en términos subjetivos. Eso sí, como ocurre con Calamaro, la opinión pública no es tan unánime con José María como con Bruce. “Él se lo ha buscado”, dirá más de uno. Realmente, no entro a valorarlo porque creo que hay que separar creación y creador. “Es que no compone sus canciones”, “es que no toca ningún instrumento”, diréis otros. Bueno. Tampoco un arquitecto hace el cemento. Loquillo, contra viento y marea, se ha mantenido en pie por más vaivenes que ha padecido. Siempre al frente de un equipo técnico y de músicos bastante numeroso. Siempre ofreciendo una banda sólida y rica en sonidos y no el formato adusto power-trío, que deja más réditos económicos para el jefe de la nave, incluso cuando las cuentas no salían. Pero igual por esa senda nos metemos con algunos intocables y eso está visto regular. Igual también habría que contar otras cosas que sí demuestran un código de honor fuerte, como quedarse todo un festival para comprobar que todos los grupos podían hacer su concierto sin problemas, tras sufrir su banda un percance con el equipo de sonido. Nadie es perfecto, está claro. Pero, a veces, las canciones sí. (Foto: Marina Ginés para RockSesión)

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#Mis10de Bruce Springsteen

No tengo muy claro que crea en el destino o no. Como el reloj roto, que da la hora bien dos veces al día, hay ocasiones en las que sí, hay otras tantas en las que no. El caso es que el nombre de Bruce Springsteen siempre irá ligado a mis recuerdos musicales de la infancia, gracias a mi hermano, diez años mayor que yo y quién sabe si ese veneno tiene la culpa de que yo acabado más enfermo que él por el rocanrol. De pequeño, recordaba pasármelo en grande viendo los vídeos que él ponía en la tele, haciendo los bailes de Cadillac Ranch, llamando ‘el tesoro’ al magnífico triple disco en directo (cinco vinilos) de 1975 a 1985. Mi hermana, dos años menor que él, ocho años mayor que yo, pasaba por allí y se unía a la fiesta. Para mi triunfo personal el día que me quede poco para ‘estirar’ la pata, recordaré con satisfacción, como ya hago, que la primera vez que vi a Springsteen en directo fue con él, en La Peineta, en 1999, y la segunda, con ella, fue en 2009 en Benidorm. La cuadratura del círculo. Una bella coincidencia que completa con justicia los magníficos recuerdos de épocas que no volverán. Cuando nada preocupaba y cuando la vida no pegaba latigazos que dejan marcas para siempre. Este es un emotivo (para mí) #Mis10de. Diré que, además, tengo un recopilatorio personal de Bruce (hecho en 2008, es decir, sin los recientes) que ya eran cinco CD’s y unas 80 canciones. Así que comprenderán que hoy, más que nunca, los números son irrelevantes.

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#Mis10de Andrés Calamaro

Incontinencia es una buena palabra para definir a Andrés Calamaro. No hablamos de la que asociamos casi de manera automática con el anuncio publicitario de Concha Velasco, sino que nos referimos a la que tiene que ver con la creatividad y, de un tiempo a esta parte, también con la verbal. Tiempos difíciles para la discordancia, para muchos la libertad de expresión solo es válida siempre y cuando lo que digas coincida plenamente con la opinión del que condena o aprueba. Porca miseria, cómo hemos acabado. Nos desviamos, una vez más, de lo que importa, que es la música y las canciones. Y de eso Andrés Calamaro la tiene y las tiene, mucha y de muchas formas. Del tango clásico al rock, del crooner al experimental, del salvaje al que viste frac. Del latigazo distorsionado a los arreglos de cuerda y tecla. Tenemos la suerte, a los que nos gusta, de que ha recuperado además su mejor forma, continuando de manera estajanovista un ritmo de publicación de lo más alto. Y con giras. Y en buena forma. Tras la tanda de Los Rodríguez de ayer no podía evitar incluir a Andrelo en esta lista de reediciones especiales del mes de julio. Por todo lo que me ha hecho sentir y vibrar esta lista de temas… y otros 50 o 60. Yo soy de los que se escuchaba el quíntuple Salmón de principio a fin. Así hemos acabado. Porca miseria, de nuevo. ¡Salud!

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#Mis10de Los Rodríguez

Parece increíble que una banda pueda, con tan solo tres discos en estudio y un directo, tener un legado tan cuantioso y perdurable en el colectivo popular. Cerca de una veintena de canciones pueden ser cantadas y reconocidas con facilidad por más que pase el tiempo. Y es que Los Rodríguez juntaron la energía rock de los Tequila Ariel Rot y Julián Infante, con el demasiado olvidado Germán Vilella a la batería, Candi Avelló, Guille Martín y Daniel Zamora (el más longevo) al bajo, y la creatividad furibunda y multidisciplinar de Andrés Calamaro, aquí bien canalizadas sus tormentas neuronales en la más pura creatividad. No hubo malos rollos en exceso. Solo el agotamiento de seis años intensos en los que su popularidad crecía de manera exponencial en cada canción radiada. Y Andrés quería volar solo… Pero Los Rodríguez fue, es y será una banda para no olvidar y, por eso, aunque en esta reedición solo entre una canción nuevo y solo cambien de puesto tres o cuatro temas, el gustazo de escucharlas de nuevo, de la nostalgia, el tequila, los primeros amaneceres tras noches kilométricas. Los primeros dolores internos. Ahí vamos.

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#Mis10de Vetusta Morla

Justo dentro de un mes, el próximo 17 de agosto en Cooltural Fest, tendré el placer de ver por tercera vez a Vetusta Morla, un grupo que ha dinamitado cualquier tipo de cortapisa en torno a las etiquetas para ser, desde mi punto de vista, uno de los mejores de la última década. Para quienes les gusta tener todo compartimentado y, por tanto, meten por error o por ignorancia a todos en el mismo saco, podríamos decir que Vetusta Morla es el ejemplo más claro de que no todo el indie es desechable. Pero, insisto, no me atrevería yo a meterlo ahí, porque creo que su propuesta artística es mucho más elevada. Y todo ello con cuatro discos de estudio en apenas nueve años, cinco si incluimos el del videojuego Los Ríos de Alice que sale (todavía más) de los márgenes de la normalidad. Además, conscientes de que su sonido ha sido imitado por decenas de grupos, algunos un éxito vacuo, que les está valiendo para encabezar festivales desde hace un par de años, Vetusta Morla siempre va más rápido y hacia delante, como han hecho en el maquinal y electrónico Mismo Sitio, Distinto Lugar. Para que me entiendan los lectores menos puestos, como lo que podría pasar a Robe/Extremoduro con su evolución frente a la colección de clones. Sea como fuere, como aquí no nos plegamos a declaraciones ni sellos, en este especial de reediciones de #Mis10de en el mes de julio no podían faltar. Sea.

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#Mis10de 091

O una de esas bandas que merecen un mayor reconocimiento para la enorme calidad que puebla toda su discografía. Los granadinos 091 son una delicatesen dentro del rock, por sonido, por letras, por actitud y por la coherencia con la que desarrollaron su carrera antes, durante y, ahora, que tras probar sin engaños una gira de resurrección se han animado a publicar un disco de nuevas canciones en este otoño, después 24 años. Casi nada. Y sí, ‘me quito’ la reedición de su #Mis10de antes de que lo saquen, para que no me lo pongan más difícil. Con José Ignacio (García) Lapido como autor de casi todas las canciones, con un crecimiento artístico apabullante disco tras disco, y la voz de José Antonio García, influyente para autores del rock-pop respetables, son un grupo sólido en canciones que no se pierden en derroches superfluos, ni grandes desmanes, pero que ofrecen un punto de calidad diferencial que refrendarían paso a paso. Lo malo, para los tiempos que corren, que nunca fueron una banda ‘fácil’ y, claro, en unos tiempos en los que lo que es complicado de digerir se desecha, es posible que las nuevas generaciones no se acerquen a ellos. Un tesoro al alcance de todos…  quienes pongan interés.

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#Mis10de Quique González

Quique González lleva tiempo jugando en otra liga. Con nueve discos de estudio y dos directos en su haber, donde apenas hay el menor borrón, el madrileño mantiene un idilio constante con unos seguidores que le adoran. Que no será todo lo masivo que son muchos otros cantautores del rock (permítanme, bastante menos inspirados), pero que tiene ya su nombre grabado entre los mejores letristas y compositores de nuestro país. Diez discos en los que la poesía hace gala de historias casi siempre melancólicas, casi siempre taciturnas, pero nunca derrotadas. El encanto de la fragilidad de una humanidad que sabe transmitir en sus acordes, en su voz y sus estrofas, sin dejar de lado también una faceta rockera más directa (aunque no por ello sin perder su firma elaborada) que convive con naturalidad con otros escarceos por el blues, el country, los arreglos de cuerda, el sonido Nashville, la vida en la calle. Y no contento con el cuidado de sus propias creaciones y textos, anunció hace unas semanas que se próximo disco será con letras del poeta Luis García Montero. Toda una delicatesen se avecina. Pero, mientras esperamos, revisamos el #Mis10de del que se mantienen más de la mitad, pero que exige algunas entradas. Que lo disfruten.

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#Mis10de Bunbury

Es un problema que se puede aplicar a casi cualquier grupo o solista a la hora de hacer una selección. ¿Nos quedamos con la alegría del golpeo melódico de canciones animosas o con su lado más circunspecto y reflexivo? Esta dicotomía se hace más palpable si cabe en, precisamente, cantautores. Pasará con Calamaro, con Quique González… y también pasa con Enrique Bunbury. Hay un lado muy rockero y festivo donde temas como ‘Bujías Para El Dolor’, ‘Lady Blue’, ‘Anidando Liendres’, ‘La Actitud Correcta’, ‘Hermosos y Malditos’, ‘Lo Que Queda Por Vivir’, ‘La Señorita Hermafrodita’ y otras muchas más pelearían por entrar en el top. El caso es que al ponerme a hacer la selección, me ha salido más bien del otro lado. Un tono reposado y visceral, derrotista, quizá. Lo que haría justificable más que nunca el hacer dos listas. (De hecho, os confieso que hace años me hice dos recopilatorios para el coche, uno titulado A y otro B, con ese espíritu). Pero como esto hay que tomarlo como un juego que nos permita aprender y comparar, las reglas son las que son y la lista es la que es. Un Bunbury al que, por más haters que le señalen, pasa por ser uno de los artistas más grandes que ha dado la música en nuestro país. Y lo que todavía le queda por dar.

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