La Cinta Del Canci (1999)

Como sabéis los más asiduos y longevos por estos lares, la crítica remember de los viernes tiene en sus centenarios una cita obligada con aquellos míticos recopilatorios que a tantos nos sirvió para descubrir y conocer nuevas bandas sobre las que indagar y, también, tender compilados a los mejores grupos del género como caja que tener a mano a la hora de pinchar música con los colegas. Me estoy refiriendo, claro está, a los míticos Los 100 de Tipo, de los que salieron tres volúmenes de cinco discos cada uno de ellos. Cuando la crítica de los viernes llegó a su primer centenario traje aquí el volumen uno y cuando llegamos al segundo centenario fue el turno del volumen dos. Está claro que el volumen tres llegará cuando lleguemos a las trescientas críticas recordatorias. ¿Y por qué esta introducción hoy? Claro está que no hemos llegado todavía a esa marca pero, hoy, con esta nueva entrada, llegamos al ecuador de ese camino. Esta es la crítica remember número 250 y ¿por qué no celebrarlo con un ‘hermano menor’ como este mítico recopilatorio con el título de otra sala igual de simbólica para la escena del rock más independiente y combativo? Podemos entrar en disquisiciones sobre ausencias, pero no sobre presencias: La Cinta Del Canci (demonios, si es una sala, ¿no debería haberse llamado La Cinta De La Canci?) reunía en un cedé a, posiblemente, las 16 bandas más populares del rock de trinchera, visto con los ojos de aquel entonces. Al loro: Reincidentes, Extremoduro, Ska-P, Platero y Tú, Soziedad Alkohólika, Rosendo, Tahúres Zurdos, Mamá Ladilla, Porretas, Boikot, Los Enemigos, Leño, Los Suaves, Mägo de Oz, Barricada y Siniestro Total. 1999. Están todos los que eran en ese momento.

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El Mentidero del Rock Español – Sergio Martínez García

Aunque siempre ha habido una generosa presencia bibliográfica, sigo con una ya consolidada línea de crítica sobre libros de nuestro rock, intensificada en los últimos dos meses y medio (a saber: Rulo y Tres Acordes y La Verdad, el de Óscar Sancho de Lujuria, sobre el Balmoral de Loquillo, el del baterista de Héroes del Silencio, Pedro Andreu, la novela de Albert Pla, ‘España En Guerra’,  el autobiográfico de Antonio Arco, el epistolar de Kutxi Romero y Kike Babas o el de poesía de Manolo García), con esta primera publicación de Sergio Martínez García que, tras el título de El Mentidero del Rock Español encierra el atractivo subtítulo de ‘Las historias más divertidas, increíbles y disparatadas del rock español’. Dice su sinopsis que “en este libro, encontrarás diez mentideros, repletos de anécdotas, curiosidades e historias de la corte del rock español. Todo aquello que ha sucedido entre bambalinas, en los estudios de grabación, en los escenarios y en los locales de ensayo de la piel de toro. Leyendo cada uno de los mentideros reirás, te sorprenderás, te incitará a querer saber más y adentrarte en la historia del rock español”. Prologado por Mariano Muniesa, son diez los bloques o ‘espacios confesionales’ en los que se divide el conjunto: canciones; discos; conciertos; videoclips y televisión; de todo un poco; nombres; profesiones; reconocimientos; peleas, expulsiones y rupturas; y denuncias y detenciones.  Parece un plan atractivo y, cuanto menos, ambicioso. ¿Cumple las expectativas? Pues ahí va nuestra impresión.

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Ramoncín – Una Vida En El Filo

Aunque este documental se publico en 2017, acompañando la caja recopilatoria Quemando El Tiempo, es en los últimos tiempos cuando se ha visto relanzada, casi con mayor repercusión si cabe que entonces, gracias a que desde el pasado mes de octubre está en plataformas de contenido (como diría nuestro amigo Scorsese) y que, dadas las circunstancias, Ramoncín haya emprendido la posibilidad de hacer una pequeña gira con ella, que incluye proyección y charla posterior, como realizó el pasado 26 de diciembre en el Palacio de la Prensa de Madrid. Poco importa, en cualquier caso, ese lapsus temporal porque su visionado tiene mucho de imperecedero, como también su intencionalidad. He escrito en muchas ocasiones sobre Ramón, al que hemos defendido como un rockero valiente y valioso, más allá de las bromas o arquetipos que se han hecho sobre su figura por uno u otros motivos. Algo que vosotros, también habéis apoyado mayoritariamente con vuestra reacciones sobre aquellos artículos. Y sería de justicia y de derecho (ahora que estas palabras están tan traídas a la actualidad en defensa de Pablo Hasel) que todos aquellos que hicieron mofa en su día de él, sin haber escuchado ni una sola canción, los que le colgaron el cartel de ‘culpable’ antes de que se dictase una sentencia sobre su caso, aquellos que se divirtieron atentando contra la integridad de un trabajador, lo vieran ahora. Con otros ojos, limpios. Sin prejuicios y con perspectiva. Es complicado, lo sé, porque siempre es más fácil el reduccionismo mental que abrir las miras.

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Valira – Supernova

Si conocemos decenas de ejemplos en los que la convivencia acaba minando la pervivencia de los grupos, incluso en casos de formato trío o el arquetípico de cuarteto (voz, guitarra, bajo, batería) más mérito tiene en los combos numerosos como era La Raíz, con once personas en el barco. Si ya en la convivencia tiene mérito, imaginen a la hora de escribir letras y músicas… Las caras más visibles  y reconocibles eran sus cuatro vocalistas y, confieso, recibí con gran alegría que el primero en asomar la cabeza con un proyecto propio fuera el guitarrista, Juan Zanza. Y no solo eso, sino que además no se limitaba a tocar la guitarra, sino que cogía el protagonismo como vocalista y, para terminar de sorprender, se encargaba de todos los textos y músicas de su Ecos De Aventura, publicado en la primavera de 2019. Un disco que bien le valió (aunque hay que reconocer que le soplaba el viento a favor) presencia en festivales tan dispares como el Viña Rock o Cooltural Fest (de predominancia indie) y que, en cualquier caso, demostró las buenas sensaciones que ofrecía un disco fresco, sin miedo a la melodía y al poder de los sintetizadores que, como todo, usados con gusto e inteligencia no tienen porque lastrar el resultado final. Las fronteras, por lo general, tienen poco de constructivo. Solo sirve para compartimentar y reducir la capacidad de pensamiento o discernimiento hasta el punto de excluir, rechazar o violentar  a lo que no está dentro de nuestro perímetro. Es aplicable a todo, también a la música. Valira juega en ese ejercicio libre que sobrevuela por encima de ellas. Hay accesibilidad pop, ánimo bailable del indie, pero está latente esa ascendencia de la distorsión de la banda anterior que empaca más el conjunto. Todo a beneficio de la canción sea cual sea la etiqueta que le queramos pegar y aquí yendo al universo de lo esencia.

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La Excavadora – La Excavadora

Viejos conocidos para nuevos mimbres. Entre Gasteiz, Agurain y Lakuntza nace La Excavadora, una banda que, a la antigua usanza, debuta con un disco epónimo en el que escarban por su cóctel de influencias hasta doce piedras bien pulidas y que no tienen fisura alguna. Es lo que tiene la experiencia, porque este quinteto está repleto de caras conocidas de la escena del punk rock. En primer lugar, solo con ver los mástiles y trastes ya nos tienen ganados: Raúl Lasa ‘Txiki’ y Ángel Otxoa de Eribe ‘Geli’ en las guitarras y Mikel Azpiroz ‘Buton’ en el bajo. O lo que viene a ser lo mismo, los dos guitarristas y el bajista de Gatillazo, la banda de Evaristo. Garantía de calidad indiscutible y especial debilidad, porque soy de los que ha escrito y defendido en incontables ocasiones la impresionante versatilidad y el sonido que se marca dicha banda gracias al trabajo de esos ‘menos mediáticos’ Mikel y Ángel. Este disco da testimonio de sus capacidades, por si hiciera falta. Pero seguimos hasta completar la alineación del quinteto. En la batería, Mikel Berrozpe ‘Pollo’, al que ya hemos escuchado en Vicepresidentes y, en mayor medida, en Childrain, y, en la voz Iñaki Urbizu ‘Pela’, que también conocemos de SCB y, sobre todo, de Marky Ramone´s Blitzkrieg. Con este material, comprenderán que estamos ante un debut ‘ficticio’, puesto que ninguno es un recién llegado. Saben lo que quieren y lo ejecutan con un sonido que lleva el sello de garantía que atesora otro nombre habitual de la escena, Haritz Harreguy. Caballo ganador a paladas de punk rock que lo mismo juega en la accesibilidad que en territorios más metálicos. Así cualquiera.

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Vantroi – ¡¿…Otra Vez Frijoles?! (2001)

El movimiento se demuestra andando. Si ayer en la entrada sobre Rompan Todo (donde me marco una relación y playlist de cerca de 1.300 bandas de toda Latinoamérica) comentaba que, pese a que siempre han estado presentes, quería reforzar la entrada de bandas del otro lado del charco (ya tenemos por aquí mucho en #Mis10de y críticas o crónicas de Andrés Calamaro, Bersuit, La Vela Puerca, Molotov, Café Tacvba, La Beriso, Bulldog, Rata Blanca, Ariel Rot, Sepultura, Milongas Extremas, Aterciopelados…), me he tomado la palabra y, al día siguiente, siendo viernes, la crítica remember de la semana viaja a México para recordar a Vantroi. Banda mexicana nacida en 1992 en el DF y que, con este disco, los dos anteriores (¡No Nos Moverán!, de 1996, Bajo Palabra, de 1999) y el posterior (Para No Morir De Locos, 2005) tuvieron una muy estrecha relación con bandas, sellos y festivales de nuestra escena. Pasaron por Viña Rock, Aúpa Lumbreiras, Extremúsika, Festimad, Derrame y tantos otros. Tuvieron muy estrecha relación con Boikot –no olvidemos que coincide con la trilogía de La Ruta del Che, con la que los madrileños hicieron ‘américas’- o Canallas, con Fernando Madina de Reincidentes, que las ha producido varios discos, tocaron con todos las bandas del momento (alguna entrada se puede encontrar por ahí siendo los teloneros de ¡Extremoduro! en varias fechas), hasta que de alguna manera y por vicisitudes extramusicales un frenazo en seco les paró el recorrido. Va por la memoria de aquellas canciones y momentos vividos (algunos de ellos peligrosos, con armas de fuego de por medio, en una noche en la que también actuaban Canallas en su gira de despedida y un todavía sin disco… Albertucho) y porque ya les iba tocando.

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Rompan Todo… y mil grupos más

Poco antes de las fechas navideñas y durante ellas redes sociales y webs se llenaban de comentarios y artículos sobre Rompan Todo, la serie documental de seis capítulos de Netflix que, aquí el problema, se subtitula ‘La Historia del Rock en América Latina’. Claro, los títulos categóricos dan pie a que te lluevan palos por todas partes. Quizá, en términos lingüísticos, con un simple cambio de “la” por “una” hubiese bastado para curarse en salud ante la avalancha de críticas negativas que tildaban la serie de tendenciosa, muy parcial y un largo etcétera, demonizando casi a Gustavo Santaolalla y resto de productores. Partamos de una premisa clara: ningún documental es ajeno a la mirada reducida. Ninguno. Desde el montaje, como la duración de los testimonios, la variedad de opiniones que se quieran incluir… y un largo etcétera. Después, tengamos claro que es materialmente imposible contar 60 años de rock (aunque solo hablemos del ortodoxo, el de autor, el melódico, algo de blues…, pero poco de heavy, punk o metal) de una veintena de países y en tan solo cinco horas. ¿Os imagináis un documental sobre rock en España en solo cinco horas? ¿Cuántos grupos nos faltarían? A poco que nombremos cien grupos, solo podríamos dedicarle tres minutos a cada uno de ellos. Si asumimos esto, el valor documental de ‘lo que hay’ en Rompan Todo es innegable. Es un dibujo impresionista, sí, y muy focalizado en dos países, Argentina y México, con Chile como actor secundario y Colombia y Uruguay como actores de reparto. Lo de Perú es casi solo un cameo. Así las cosas, es evidente que ‘lo que no hay’ siempre va a ser más. A fuerza de leer artículos y opiniones (Mondosonoro, El País, Juan Puchades, Diego Manrique…) pensé, ¿por qué no completar la playlist oficial de la serie (reducida a 100 canciones de unos 80 grupos)? Y aquí entró mi batalla campal con la búsqueda, a la que tuve que dar fin porque era un laberinto imposible. Es decir, vengo con más de 1.200 grupos. Y sigo siendo consciente de que faltarán el doble. Pero… lo que hay bien está. Y siempre me podéis ayudar a hacerla más grande. Rompan todo… y mil grupos más: una playlist de elchayi y RockSesión. ¡Defiendan, difundan y disfruten!

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EON – Rubicón

No debe ser nada fácil lanzarse a promocionar un nuevo disco cuando sabes que la cara visible principal (que suele ser el vocalista) va a anunciar su salida tres días después. Por eso, ante todo, quiero empezar esta crítica al tercer disco de EON, tras In[visible] y Médula (del que escribimos ya aquí hace justo casi cuatro años), elogiando el valor y el poder de valentía que han mostrado desde ese momento sus tres integrantes fundadores, los dos guitarristas Oriol Borrás y Rubén Ortiz y el bajista Miguel Sánchez, y su baterista, David Viana, de emprender desde ya la búsqueda de nuevo cantante para afrontar compromisos para este 2021 que, entre otros, cuenta con el todopoderoso Resurrection Fest. Y es aunque tomará la decisión hace casi un año, y se supiera desde mayo del pasado 2020 (también estuvo a punto de irse en 2019), fue el lunes siguiente a la salida de Rubicón cuando Diego Cardeña emitió un comunicado anunciando que se centraba en las labores de agencia de bandas mediante su marca Die Protokoll (y que entre otros ya cuenta con mis queridos Fausto Taranto, además de Scape Land, Oslo Ovnies o Fuck Division). Como sabéis, Diego también es presentador en Rock FM así que, si tenemos en cuenta que los compromisos familiares también han aumentado, es entendible que se haya visto en la tesitura de tener que enfocar sus objetivos, siendo honesto con aquello a lo que no puede prestar la debida atención. Y tras este ‘revolutum’, ¿qué nos queda? Pues como casi siempre, la música. Porque Rubicón vio la luz más de seis meses después de lo previsto, se ha quedado sin su voz original, pero es un disco magnífico. Un auténtico pelotazo que, en condiciones normales, debería situar a la banda en otro nivel. El problema es que lo normal ha dejado de ser lo habitual.

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Angelus Apatrida – Angelus Apatrida

Las bandas de metal tienen siempre dos ases en la manga que jugar a la hora de publicar un nuevo disco. Uno es el de marcarse un ‘álbum negro’. El otro viene en forma de homónimo. En este caso, lo habitual es que sea el debut pero sí esa ocasión pasó de largo, no importa. Siempre es buen momento porque tiene algo de puñetazo en la mesa, de autenticidad. Algo así como decir… ahora sí que somos nosotros o seguimos siendo nosotros. Ambas son válidas para los manchegos Angelus Apatrida, que lo han hecho como un ejercicio de absoluto refuerzo enérgico, teniendo en cuenta que el estallido de la pandemia en el pasado año 2020 se llevó por delante lo que iba a ser la celebración de su vigésimo aniversario como grupo. ¿Cómo se han desquitado de fatal revés? Tirando de título y, lo más importante, claro está, despachando una colección de diez canciones que no dejan el más mínimo lugar al descanso ni al desfallecimiento. Una auténtica sucesión de temas con el nivel de adrenalina, potencia y atronamiento por las nubes. Dicen los expertos que cuando pase (de verdad) todo esto de las mascarillas, las limitaciones y las restricciones, el mundo vivirá algo así como unos felices años 20, como los del siglo pasado, donde la algarabía y las ganas de celebrar se verán multiplicadas. Pues bien, este disco de Angelus Apatrida, en lo que se refiere al thrash metal, es un anticipo de todo eso. Un desahogo ante tanta contención, con arrojo de delirio atronador, veloz, de pura técnica, de mucha mala leche y de una fórmula que es tan infalible como hipnótica en su virtuosismo. Un auténtico discazo que los alza, más si cabe, entre la primera línea del género en todo el mundo.

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Adventus – Morir y Renacer

Mucho movimiento en el mundo del heavy metal en los últimos tiempos, con varias nuevas formaciones con viejos conocidos de la escena. La salida de Carlitos y Frank de Mägo de Oz derivando en Runa Llena; el ‘supercombo’ Alderaan, con el bajista de Saratoga, Niko del Hierro; el teclista Manuel Ramil (Avalanch, Warcry, Sauze, Adventus); el guitarra de Warcry, Pablo García, Manuel Seoane (Mägo de Oz, entre otros muchísimos), Txus (Mägo de Oz) y Patricia Tapia (Mägo de Oz y Khy); o, también, el caso que nos ocupa, Adventus, que tiene además su propia intrahistoria. Resumiendo la jugada, recordemos que Manuel Ramil (teclados), Fernando Mon (guitarra) y Alberto Ardines (batería) formaban parte de Warcry, la banda liderada por su reconocible y sobresaliente vocalista Víctor García, hasta 2008 el primero, hasta 2007 los otros dos. En el caso del baterista hasta siendo miembro fundador. Bien, estos tres músicos, entre otras cosas, formaron Suaze. Un grupo que contó en la voz con Toni Amboaje y que no tuvo el recorrido esperado. El bajo corría a cargo de Luis Melero… que también está en este Adventus. Y, como guinda, Víctor a las voces. Simplificamos en que es la misma formación de Sauze solo que con Víctor a la voz o que es el Warcry de 2007 pero sin la guitarra de Pablo y cambiando el bajo de Roberto García por el de Melero. Sin olvidar que Víctor, Alberto y Manuel también tienen su particular pasado con Avalanch… Lo dicho, una combinación, sin duda, de lo más sorprendente por lo inesperado. ¿Y el resultado? Pues no se parece a ninguna de las tres bandas, que es el principal valor de este debut de Adventus. Que, pese a todo, han logrado tener un sello propio. Y ya veis que no era nada fácil con tanto pasado cruzado.

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