Nativa – Nativa

 

Cuando entrevisté a Pablo Sánchez para el tema de portada de la revista Rock Estatal, con motivo de la despedida de La Raíz, antes de su parón indefinido, le pregunté si ese parón significaba una retirada total de ‘la música y la creación’. Su respuesta ya dejó entrever cuál sería el futuro a medio plazo: ¿el parón descarta que, a partir de 2019, alguno de los componentes de La Raíz, si lo desea, pueda embarcarse en un proyecto musical en solitario o diferente?: “El parón no descarta nada. Es imposible que estos once componentes dejen de hacer ruido. Es imposible que dejemos la música, ya se ha convertido en nuestra vida y no podemos elegirlo. Desde la mañana a la noche muchos de nosotros tenemos ganas de hacer música, lo hemos hecho durante La Raíz y lo seguiremos haciendo, lo que no somos capaces de responder es hasta qué punto se convertirá eso en un proyecto al margen o seguirá canalizándose hacia la banda. Dejamos todas las puertas abiertas”. Y por esas puertas, el primero en aparecer fue el guitarrista Juan Zanza con Valira. Después supimos que Julio Maloa se embarcaba en Boikot. Y que Felipe Torres hacia lo propio en Fukushima. Los últimos en dar noticias son Nativa, que reúne a buena parte del conjunto original. Adri Baus (bajista), Xavi Banyuls (trombón), Edu Soldevilla (guitarra) y Sen-K y, de nuevo, Julio Maloa en las voces. Nos faltan todavía algunos, entre ellos los vocalistas ‘Pancho’ y Pablo Sánchez… Aunque del segundo pronto tendremos noticias. Por el momento, vamos con Nativa.

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Kaos Urbano – Suburbiales

 

Camino de los 25 años, los madrileños siguen en el campo de batalla que, para ellos, no es otro que las calles de las ciudades. Y cuanto más Suburbiales, mejor. Porque con Kaos Urbano no hay más verdad que aquella que les hizo nacer en 1995, recogiendo en una banda de amigos todas las inquietudes de una juventud de extrarradio oprimida y apresada. Lo que a buen seguro no podrían imaginar es que, pasadas dos décadas, serían una de las bandas referenciales del rock combativo. Ese que se riega con tragos de street punk y que patea los ritmos con cadencia del oi y la potencia del hardcore. Eso sí, igual que los grupos de rock poeta evolucionan con el paso de los años aminorando la velocidad y atemperando las formas en sus carreras solistas, en el caso de bandas como Kaos Urbano la evolución viene de la mano de una mayor ‘accesibilidad’ en el envoltorio. También ayuda la mejora del sonido, la democratización de los medios tecnológicos… y el aprendizaje. Lo que antes sonaba a rayos, a corteza, a rudo, ahora suena más empacado, pulcro, melódico. El eterno debate entre la autenticidad o la edulcoración. Algo bastante superado por una banda que nunca ha escondido su cierta inquietud por añadir nuevos sonidos, por buscar nuevas fórmulas, teniendo clara que su base y su público potencial quiere vitorear sus canciones con el puño en alto.

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Sanngre – Sanngre

 

Está muy bien eso de la cocina elaborada y compleja, para paladares que quieren degustar matices y dejarse sorprender por innovaciones o combinaciones creativas. Los hay que, a la hora de tomarse una copa, quieren el licor de moda, acompañado de cítricos de cultivo ecológico, de hierbas del Himalaya y de pétalos de flor de loto del Nepal. Esas zarandajas están muy bien si después sabes apreciar que hay momentos para otras cosas. Y, en la música, tanto disfrutamos composiciones sinfónicas complejas, desarrollos imposibles y sesudos mensajes encubiertos, como el trallazo directo, el puñetazo en el estómago, la copa de cazalla y el chorizo con navaja. Para los momentos del segundo corte vale este estreno discográfico de la banda Sanngre. Una formación que ha dado mucho de qué hablar en su ámbito musical (y geográfico) puesto que todos tenemos claro quiénes están detrás (y quién no) aunque todavía no se hayan quitado las máscaras tras el asalto a los oídos más preparados a la velocidad y la agresividad del hardcore y punk de la escuela locomotora. Diez temas que no dan tregua. No hay conciertos, sigue el misterio (al menos, públicamente, aunque algunos sabemos la verdad). ¿Hasta cuándo? Es la cuestión por resolver.

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#Mis10de Billy Idol

 

Desveladas las formas definitivas que tomará la sección en el presente curso, salvo imprevistos no previstos, lógicamente, hoy (el último domingo de cada mes) es el día para una novedad internacional. Y, revisada la lista en estos meses de verano (con detenimiento, créanme) eché en falta una figura bastante icónica en esto del rock. Billy Idol es un personaje extraño, una rara avis. Se marchó de sus islas británicas después de que su grupo punk de manual (Generation X) no terminara de pitar como esperaba y emprendió carrera en solitario desde Nueva York. Quizá su discografía es víctima de las producciones de la época, de baterías programadas y sonido muy manipulado y artificial, pero su carrera nos deja una buena colección de canciones. Aunque el siempre llevará dentro el haber dicho que no a grabar el ‘Don’t You (Forget About Me)’ para la banda sonora original de la película The Breakfast Club, que finalmente se quedarían Simple Minds. También se la ofrecieron a Brian Ferry (del que ya sabéis que Siniestro Total opina que le huele el aliento). El caso es que acabaría tirándose de los pelos para, finalmente, hacer su propia versión muchos años después. Por eso, no estará en esta lista que, en cualquier caso, os animo a conocer.

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#Mis10de Rozalén

 

Lo prometido es deuda, con Rozalén abrimos la nueva temporada de la sección #Mis10de, que viene siendo reactivada y remozada desde el pasado mes de julio. Tras más de 400 grupos y artistas realizados, de aquí y de fuera, ella tiene el honor, porque así me lo merece, de ser la primera ‘novedad’ en un par de años. El tiempo que hace que, precisamente, la falta del mismo me llevó a cargarme la sección. Y decía remozada porque el plan a partir de este curso es el siguiente: los fines de semana seguirá habiendo reediciones y revisiones (porque han sacado más discos) de los ya hechos y en este nuevo formato, es decir, además de los tuits, con entrada propia en la web y el último fin de semana de cada mes habrá dos novedades, para seguir haciendo crecer la lista. Siempre bajo la premisa de artista o grupo español los sábados e internacional los domingos. Dicho esto, ¿por qué un #Mis10de Rozalén ahora? Pues, como decía, porque en estos dos años se lo ha ganado por muchos motivos y, sobre todo, porque quiero hacer la selección de diez canciones antes de que saque el nuevo disco en 2020 y me lo ponga todavía más difícil. Dicho esto, esta es mi selección personal y arbitraria de María Rozalén. (FOTO: Marina Ginés para RockSesión).

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Los Fresones Rebeldes – ¡Es Que No Hay Manera! (1997)

 

El verano nos ha dejado muchas pérdidas en el mundo musical. La de Íñigo Muguruza, la de Camilo Sesto y, también, la de Inés Bayo, vocalista del grupo Los Fresones Rebeldes. Encuadrados la etiqueta del tonti-pop, subgénero del indie, y de la potente factoría de Subterfuge Records, la banda se hizo un hueco a las primeras de cambio con su quizá único tema conocido más allá del circuito que es ‘Al Amanecer’. Una canción que siempre me hizo recordar a una banda, algo más punk, como Aerolíneas Federales, que también usaban las bases aceleradas, con voces femeninas y letras que, en su sencillez, jugaban a una bisoñez e ingenuidad impostada, lo que quiere decir que, en el fondo, están pensando todo lo contrario. Por eso quizá le tengo más cariño a Los Fresones que el que realmente merecían, pero así de subjetivas son estas cosas. Mucho más centrada en su trayectoria profesional como ilustradora española, sus escarceos musicales siempre fueron más por diversión que por profesión. Sin pretensiones, Las Blunders, Los Sobertanos, Los Popop o Los Colibríes… Por eso no parece extraño, ahora, que lo dejase en cuento vio que la cosa con Los Fresones Rebeldes se iba poniendo seria. De haber tenido mayor continuidad quién sabe si no los veríamos en el centro del estallido de la burbuja festivalera indie… O nunca es tarde, porque el grupo (sin ella) ha vuelto a los escenarios.

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León Benavente – Vamos a Volvernos Locos

 

Tercer larga duración para el cuarteto León Benavente. El difícil disco que viene tras la explosión definitiva de público que supuso su anterior y espectacular gira (doy fe). Quizá sea por esa dosis extra de responsabilidad, la banda se recluyó del ruido para no traicionar la autenticidad que les ha encumbrado, con un sonido que combina tantas cosas que es imposible encasillarlo por más que lo intenten. Y solo hay que poner una dosis mínima de atención a sus canciones (sin prejuicios) para darse cuenta de ello. Si a su imponente ejecución, con César Verdú a la batería y percusiones, Luis Rodríguez a la guitarra y Eduardo Baos al bajo y sintetizadores, se le suma la gran capacidad lírica de Abraham Boba (voz, órgano, percusión…), el resultado es el que es. Que es una de los grupos más recomendables de toda esa escena en el saco sin fondo que se ha dado por llamar indie. Pero, lo he escrito alguna vez, ellos, como Novedades Carminha, como Carolina Durante… son fallos y fallas en el sistema. Gente que está ahí como podría estar en cualquier otro sitio. Espíritus libres y creíbles. Siendo cuatro tipos, han optado porque todas las colaboraciones tengan voz de mujer: Amaral, María Arnal, Miren Iza (Tulsa), pero también Sara Condado y coros de Malena Morón, Martina Morón, Anna Mir… Así escuchamos Vamos a Volvernos Locos.

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Los Tiki Phantoms – Disco Guateque

 

A lo largo de estos años con la casa abierta, he escrito en algunas ocasiones de bandas que abrazan el surf sin ambages, como The Surfin Limones o Corizonas y también con el toque instrumental planeador, de Pájaro o el más alocado versión pelis de serie B y cómics de Airbag. A Los Tiki Phantoms les tenía echado el ojo (y el oído) desde hace tiempo y es ahora, que acaban de sacar su nuevo álbum, Disco Guateque, cuando se estrenan en RockSesión. Y no es un disco cualquiera. En esta nueva colección de composiciones, la banda se lía la manta a la cabeza (por si fuera poco con las máscaras, de lo más sugerentes) y se pone a pasar por su filtro musical a gente tan dispar y particular como la mismísima Rocío Jurado, Concha Velasco, Alaska y Dinamarama o Ennio Morricone, pero sin olvidar a otros grupo más cercanos al rock, aunque a priori alejados de su universo musical, como The Damned, The Clash o Supergrass, y rematando la faena con el bailoteo de Wham!, A-Ha o Blondie. Lo sorprendente de todo esto es que consiguen que todas y cada una de las adaptaciones suenen lo bastante creíbles como para que casi parezca que hayan sido compuestas con ese espíritu. Y es que los fantasmas siempre consiguen colarse allá por donde les plazca.

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Amaral – Salto Al Color

 

Aunque siempre ha tenido un plus de calidad diferenciador muy por encima de la media, es cierto que Amaral lleva jugando, especialmente desde el segundo disco, en la primera división del ‘alto consumo’ musical. Afrontando con una loable coherencia su trayectoria, como una carrera de fondo en la que siempre ha primado más el seso que el exceso, el dúo formado por Eva y Juan han vivido la explosión de los inicios, la caída de valores sobre la creación en el boom de la primera hornada de OT, la caída de la venta de discos, el auge de los festivales, la moda y el molde indie… Y ahí siguen. La música ‘comercial consumible’ hace tiempo que denostó a los instrumentos clásicos –guitarra, bajo, batería- a cambio del mundo del electrolatino, pero Amaral sigue haciéndose valer en cada uno de sus lanzamientos, que siguen generando una gran expectación pese a que ya no centelleen en cifras mareantes. En ese largo caminar y tras un sobrio y oscuro Nocturnal, el grupo se adapta con rigor a las tendencias para remozar su sonido a territorios en los que las guitarras eléctricas no están tan en primer plano y donde sintes y efectos electrónicos dan un par de pasos al frente –siempre han estado-, a la par que se destilan hechuras bailables. ¿Hemos entregado a la cuchara a las modas? Se puede ver así, pero también puede ser la forma de enseñar a que también eso se puede hacer con alma y sentimiento, quizá el gran fallo del género.

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Igor Paskual – La Pasión Según Igor Paskual

 

Aficionado al romanticismo del deporte menos mercantilizado, como el fútbol de los 80 o la magia épica de las Olimpiadas, algo de olímpica tiene la carrera en solitario de Igor Paskual, que nos viene apareciendo cada cuatro años con nuevo disco. Tras Equilibrio Inestable en 2011 y Tierra Firme en 2015, (sin olvidar su Rugidos de Gato, libro) llega ahora La Pasión De Igor Paskual, si bien el álbum en su concepción estaba casi finiquitado desde hace más de un año. Y más por una cuestión de rodaje y práctica que de autolimitaciones, viene más liberado de corsés que nunca. Confiesa que sabía que iba a tardar tres álbumes en alcanzar el sonido que iba persiguiendo junto a su mano derecha Carlos Stro y el resultado no puede darle más la razón. Jugando con su apellido y afrontando con pulsión de vida la muerte de una persona muy querida (Jéssica M. de La Paz, bajista y asistente de producción de sus discos anteriores) Igor –nos- resucita a través del Rock (mayúscula voluntaria), transmitiendo un mensaje vitalista y rabioso. Sin pelos en la lengua ni correcciones políticas. Como viene haciendo desde el primer día que se subió a un escenario. En cuanto a las formas, encontramos un álbum sorprendentemente coherente en su multitud de registros. De la ampulosidad preciosista de ‘Inmortal’, al malditismo épico de ‘Waterloo’, al punk bilioso de ‘Ratas’ o a esa maravilla progresiva de nueve minutos de versión de ‘El Gavilán’ de Violeta Parra, que casi podría haber firmado King Crimson y que bien podría venderse como un disco, ella sola.

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