Flitter – 30 Aniversario

Los géneros musicales, salvo el folclore, no tienen denominación geográfica específica, lo que no significa que escuchando el sonido, las estructuras, las formas de proceder de una banda no nos permita identificar claramente su procedencia. Es el caso de Flitter, el grupo navarro que, desde principios de los noventa y con un pequeño interludio temporal de mitad de la década del dos mil y hasta comienzos de la presente, viene desarrollando su metal contundente con tintes bailables, funkys, de solos thrasher y mucho morro. En esa vuelta a la actividad, que tuvo, tras dos contemporáneos álbumes como RabiosoDepredador, una bella iniciativa en la que el grupo se embarcó en un generoso proyecto de ayuda a ProDeIn (Protección de los Derechos de la Infancia en Melilla), con Europa Huele a Muerto: Homenaje a Flitter, un doble disco con 30 canciones, 42 bandas/artistas (entre ellos Marea, Rat-Zinger, Porco Bravo, Berri Txarrak...), 152 “musikaris”, 18 estudios de grabación…, que contó también con fiesta de presentación en directo. Ahora que cumplen treinta añazos y después de ver a tantos ilustres y colegas cantar sus canciones, Flitter decide reactualizar el sonido de su repertorio regrabando con la nueva formación un generoso grandes éxitos de 22 canciones, como hicieran en su día gente como Extremoduro en Grandes Éxitos y Fracasos, Soziedad Alkohólika con el Sesion #2, Hora Zulú con sus dos primeros álbumes o Saratoga con Tete Novoa, entre otros muchos. ¿El resultado? Un más que suculento mazacote de caña, pero con templaza, riffs pesados y pegadizos, canciones directas y una ejecución a la altura de la experiencia. Grandes, siempre, Flitter.

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El Toubab. Confiesan Que He Vivido. Documental

La vara de medir del éxito en el mundo de la música varía en función de las expectativas o necesidades que uno quiera tener u obtener de ella. Una suerte de extrapolación del refrán aquel que dice que “no es más rico el que más tiene sino el que menos necesita”. Con esos ojos se debe situar uno ante la carrera de Jaume Blanc, más conocido como El Toubab, y también debe verse el documental ‘El Toubab. Confiesan Que He Vivido’, dirigido por Agnès Olivé, en el que medio centenar de músicos, compañeros y profesionales del sector musical, además de compañeros de vida, van construyendo la forma de ser y la carrera artística del protagonista. Sin que el propio Jaume hable en todo el metraje, que se va a los casi cien minutos, los testimonios externos nos van guiando de forma cronológica desde su infancia, con presencia de sus padres, sus inicios en la música, los distintos grupos y proyectos emprendidos, y con los viajes que marcaron su cambio en la forma de ver el mundo y, por tanto, también de vivir la música. Entre los testimonios más destacados, los de Rosendo Mercado, El Drogas, Kutxi Romero o Fernando Madina… No faltará una generosa y cíclica mención a su especial relación con Toni Urbano de Leño… Pero, como apunto, nada parece aquí buscar una trascendencia que no vaya a más allá de vivir un día siguiendo el dictado que apunta su moral, su integridad y su compromiso con los que le rodean. Un documental que sirve para ver que se puede vivir más allá de la obsesión del éxito. Tan solo buscando ser coherente con uno mismo. Algo que, por desgracia, no abunda en nuestros días.

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Rocío Márquez y Bronquio – Tercer Cielo

He citado tantas veces a Rocío Márquez en la selección de discos del año (como alternativas recomendables más allá de la línea editorial de la página con Firmamento -2017-, Diálogos De Viejos y Nuevos Sones con Fahmi Alqhai -2018-, Visto En El Jueves -2019- y Omnia Vincit Amor con Enrike Solinís y Euskal Barrokensemble -2020-) y en críticas de otros artistas por su colaboración, su conexión o por referencia (Albert Pla, Los Hermanos Cubero, DMBK, La Maravillosa Orquesta del Alcohol, The New Raemon, Rosalía, Christina Rosenvinge, Josele Santiago, Califato ¾…), que ya iba siendo hora de que termináramos de traer por derecho propio una crítica completa. Y viene con un disco con el que la cantaora de nuevo fusiona su talento inquieto con otro compañero de viaje. En esta ocasión el músico Bronquio que, después de curtirse en varias bandas de hardcore y punk rock, decidió pasarse a las bases y los beats, donde venía demostrando mucho de esos latidos de inconformismo y transgresión. Junto a Márquez se sumerge en una nueva zambullida de fusión entre el flamenco y la electrónica (punteado a final de 2019 con el remix de Bronquio de ‘Empezaron Los Cuarenta’), pero consiguiendo una naturalidad en la convivencia entre el purismo de los palos y la habilidad efectista maquinal que convierten a este Tercer Cielo en un tratado ejemplar sobre cómo trabajar la fusión de estilos, respetar la tradición y a la vez sonar futurista. Un álbum al que el paso del tiempo colocará en mayor o menor grandilocuencia adjetiva pero que, desde aquí, nos parece que ejerce el mismo poder disruptivo que otras leyendas en la linealidad de la trayectoria de todo un género musical como es el flamenco.

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Los Estanques y Anni B Sweet – Burbuja Cómoda y Elefante Inesperado

Siempre me ha alegrado y reconfortado, más allá de si el resultado final después es mayor o menor trascendente, eso de que solistas o bandas decidan apostar por lanzar un proyecto conjunto un poco ‘sin venir a qué’. Con las giras estamos más acostumbrados. Dos nombres propios con mucho en común que deciden cruzar repertorios, compartir temas, en fin… Todo eso que hemos visto hacer a grupos o artistas que con una dilatada trayectoria buscan sumar algún estímulo en lo personal y en el bancario. Es bastante menos frecuente en lo que a trabajos de estudio se refiere, aunque, piedra a piedra y gota a gota, la balsa se va construyendo y llenando. Tenemos todos los registros de colores posibles y con resultados de lo más variopinto. Como caso extremo (del malo) a Lou Reed con Metallica (aunque no creo que fuese para tanto) o los muy positivos de Arizona Baby con Los Coronas, por citar uno de muchos, como bien podría ser el de Enrique Bunbury con Nacho Vegas, el de Albert Pla con Pascal Comelade, en fin… Un largo etcétera. En ese ámbito, lo que iba a ser primero un single puntual, venido a más a epé, se ha consolidado con un larga duración de pleno derecho y el primer disco conjunto de Los Estanques con Anni B Sweet. Dos nombres propios con el suficiente empaque propio como para no tener que inventar otro término y como para que de primeras no nos chirríe su unión, pues ambos han hecho gala siempre de una completa libertad para evolucionar en sus propias carreras como para encontrar nexos de unión y compartir esta Burbuja Cómoda y Elefante Inesperado.

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Califato ¾ – Lô Amantê de Çan Pablo

Que el boom promocional mediático haya bajado después de la publicación de su espectacular y atinadísimo La Contraçeña el 28 de febrero del año pasado no significa que los buenos de Califato ¾ esté de brazos cruzados. Además de una ingente cantidad de citas para la agenda de conciertos y festivales, la formación flamenco – eléctrica – transgresora viene de publicar el pasado año su ‘No Înno de Andaluçía’ con el que cerraban sus conciertos el verano pasado, hace unas semanas La Contraçeña (RemÎççê Bol. I) y, hace apenas dos semanas un nuevo single de lo más jugoso, con los nueve minutos de su revisión de Montescos y Capuletos en ‘Lô Amantê de San Pablo’, que le da título, y una ‘cara B’ de naturaleza instrumental (aunque regada de quejíos de Andrés de Jerez) con el nombre de ‘Compañerita Mía’. En los dos primeros elepés Califato ¾ lo hacía sumando a la esencia rock que late, ingredientes de breatbeat y mucho de folclore, flamenco, (semana)santero e influencia árabe. Un combinado tan explosivo como adictivo que, además, nacieron de sesiones ‘de encierro’ de varios días entre sustancias, instrumentos y aparatos. Viejos métodos para nuevos delirios. Pero funciona de escándalo. Pero lejos de anclarse en una fórmula acomodaticia de efectismo fugaz, Califato nos ha sorprendido a todos con esta suerte de casi ‘ópera rock’ en la que se busca más el preciosismo y el detalle que los fuegos de artificio. Además, el tema principal viene en forma de videoclip que es casi más un cortometraje. Otra puerta abierta (o derribada) que viene a ejemplificar que entienden poco de límites y fronteras y que les sitúa en una imprevisibilidad que genera cierta adicción.

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Minutos Robados – Volviendo Al Camino

En el arranque de este 2022, que encara ya en el horizonte su sexto mes, os di a conocer a Juan Trece, nombre artístico de Juan Antonio Montoya de las Heras. Uno de esos ‘currelas’ de rocanrol que, a sabiendas de que ya las mieles del éxito y la popularidad no van a llegar como los héroes de los poster de la pared de la juventud, sigue con la ilusión y el compromiso del primer día editando material con frecuencia sin perder ni un ápice de energía y actitud. Tal es así que actualmente combina dos firmas. Por un lado, en solitario como Juan Trece, con el que ha publicado Por Si Me Muero (2019), Caminos Aquellos Instantes (ambos en 2020) y a final del pasado año el Noches En Vela que analizamos entonces, y con la banda Minutos Robados (con quienes ya había publicado el EP Huellas del Tiempo en 2019 y el sencillo Tierra de Nadie en 2021) y con quienes ahora lanza en formato digital un nuevo trío de temas bajo el nombre de Volviendo Al Camino. Tanto a solas como con banda, que se completa con los más que solventes José Luis Carrión -guitarra y coros-, Fran Moreno -batería y coros- y Jesús Morales ‘Ranuchi’ –bajo-, destila un sonido sin ases en la manga y sin dobles lecturas, rock de esencia bluesera cruda y cortante. Si a solas reluce más la esencia de bluesman con tendencia a la soledad del alma callejera (que no es lo mismo que urbana) y a la literatura derrotista (en 2018 publicó su primer libro de poemas, titulado Latidos de un corazón desvencijado y vetusto) con el grupo el músculo guitarrero y rítmico de los compañeros le dan un punto más accesible, pero con un delicioso sonido clásico que conduce inevitablemente a un blues rock que derrocha estilo especialmente en los solos, prestadles atención, y con algo de atrevimiento en el resto de arreglos.

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Escucha y consideraciones de ‘Ininteligible’, el festivo nuevo single de Robe

Como si de un ataque relámpago se tratara, apenas 24 horas antes, las redes sociales de Robe anunciaban el miércoles por la tarde la llegada inminente de un nuevo single. Ese ‘tema suelto’ prometido desde la rueda de prensa de presentación de Mayéutica, como preludio a la segunda parte de la gira (‘Ahora Es Cuando’) que arranca en apenas ocho días desde Cáceres y que lo llevará por más de 40 fechas en todo el país desde el 4 de junio al 12 de noviembre. Era tal la cercanía que ya muchos dudaban de que llegara a tiempo. Pero para algunas cosas podemos confiar en la palabra y ser pacientes. Teníamos como información que se llamaba ‘Ininteligible’, lo que me llevó a recordar que podría tener que ver con el tema homónimo de Tabletom, la banda de quien Robe tomaría para Extremoduro el ‘Me Estoy Quitando’, y que reforzó la admiración mutua entre Rockberto, el líder de la banda malagueña, fallecido en 2011, y el propio Roberto Iniesta. De hecho Robe colaboraría con Tabletom en 2009 con el tema ‘No Tengo Ná’, del disco 7.000 Kilos. Finalmente no ha sido así, como vais a escuchar, aunque quizá el título sea suficiente para considerlo un guiño. También teníamos como información la foto, que presenta un cambio de diseño de la tipografía, sobre una imagen de Paco Pulido, fotógrafo cacereño que, a la postre, viene a reforzar ese punto localista y autóctono que mantiene Robe desde que emprendiera carrera bajo la firma de su nombre. Una hora antes de su salida en plataformas digitales (Spotify, iTunes, Amazon Music, Tidal, Deezer), los amigos de El Vuelo del Fénix de Radio 3 hacían el anticipo, para llegar a la medianoche al resto del mundo. ¿Y cómo suena?

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Biznaga – Bremen No Existe

Llevo muchos años ‘alertando’ a quienes por sistema rechazan todo aquello que va al saco del ‘indie’ (véase esta categorización a través del tipo de festival donde tocan o por los medios de comunicación que hablan de ellos de manera mayoritaria) que se están perdiendo a una serie de bandas de lo más recomendables. Los ejemplos se pueden contar por decenas, cada uno con sus particularidades específicas. Que si León Benavente, Vetusta Morla, Triángulo de Amor Bizarro, Airbag, Nudozurdo, Carolina Durante, Los Punsetes, Ángel Stanich, Inc, Chica Sobresalto, Love of Lesbian, Los Hermanos Cubero, Mausoleo, Sandré, Sidonie, Depresión Sonora, La La Love You, Alice Wonder, María De Juan, El Columpio Asesiono, Kitai, Sexy Zebras, Varry Brava, Novedades Carminha… En fin… Que como veis la cosa da para mucho. En esa lista de elementos recomendables que no deben circunscribirse a un engranaje excluyente podéis añadir, desde sus comienzos, a Biznaga. Desde su demo y primer EP de hace diez años, rabiosamente punk, a esa búsqueda equilibrada con la melodía forjada con Centro Dramático Nacional (2014), Sentido Del Espectáculo (2017) y Gran Pantalla (2020). Siempre amantes del desencanto y el descreimiento hacia una sociedad en la que sobreviven pero en la que no creen (ni tampoco en su generación, como plasmarán de manera explícita en este álbum), Biznaga terminan de trazar la línea de separación conceptual con su mundo en este Bremen No Existe, trayendo como referencia la Ítaca soñada por los animales que escapaban del sacrificio. Por si hubiera dudas de las intenciones (ya lo decía Bart hace 20 años, “gracias a la televisión no recuerdo ni lo que ha pasado hace ocho minutos”) lo refuerzan en el subtítulo: “Música para otra generación perdida”.

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Luz Casal – Solo Esta Noche

Resultan sorprendentes los vericuetos y trayectorias que va dibujando la vida y, como extrapolación a la música, las que ofrecen las carreras de algunos artistas que llevan en el imaginario colectivo tres o cuatro décadas. Que Solo Esta Noche sea el primer disco y deuvedé en directo de Luz Casal es tan increíble como cierto. Y no habrá sido por falta de ocasiones o por déficit de facultades. Sea como fuere, cuarenta años después de la publicación de su primer larga duración (Luz, 1982), la artista gallega aprovechó la exclusiva oportunidad que le concedió ofrecer un concierto el 21 de julio del pasado año en la Plaza del Obradoiro de Santiago de Compostela y acompañada por la Real Filharmonía de Galicia, bajo la dirección de Paul Daniel y con el trabajo del arreglista César Guerrero, para dar el ‘sí quiero’ y compartir al fin Solo Esta Noche. Toda una declaración de intenciones desde su título. (No olvidemos que algo así también haría El Drogas con aquel maratón de cinco horas, varios registros musicales y escenarios y una veintena de invitados al que tituló Un Día Nada Más). Con Luz siempre me pasa que me sobrecoge la entereza que ha demostrado siempre incluso cuando la salud le jugó dos manos malditas que superó con la misma presteza con la que es capaz de entrar en el corazón. Siguiendo con ejemplos, conectando con la disparidad de trayectorias, resulta paradigmático que, por otro lado, uno de los artistas con más directos y vídeos oficiales editados de nuestro país, Enrique Bunbury, se vea abocado a dejar los escenarios por problemas de salud y garganta a la hora de interpretar. Quién podría imaginar una cosa o la otra. Qué hacer cuando se vive siendo esclavo de la intensidad.

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The Dry Mouths – Thödol

La dinámica de trabajo lleva a abordar escuchas y ‘trabajadas’ de discos de manera casi sistemática, al objeto de poder traeros aquí una crónica más o menos certera de las emociones que despierta. En esa bendita costumbre, a veces ‘lo que toca’ no es lo que más te apetece, pero hay otras que uno encuentra una comunión perfecta entre el oficio de contar y el arte de escuchar. No hay nada como cuando un disco te llega con sus emociones en el momento idóneo y preciso. Y con The Dry Mouths es cierto que me viene ocurriendo con frecuencia tanto con los discos como con los conciertos que me ha tocado cubrir, y vuelve a pasar con su nuevo trabajo lanzado hace apenas diez días, este Thödol que vuelve a la senda de lo completamente instrumental. Después de liberar dos discos en los que todavía se sentía el calor de su bajista Andy Reyes, Memories From Pines Bridge y Lo-Fi Sounds For Hi-Fi People, el trío aborda en este Thödol un ejercicio conceptual en torno al Libro Tibetano de los Muertos, que viene a ser como una guía para moribundos y para recientemente fallecidos para encontrar el camino a la reencarnación. Es fácil caer en la impostación y el postureo ante tan magno reto, pero con The Dry Mouths no hay ni medianías ni brindis gratuitos. La banda consolidada ya con Víctor Gutiérrez como bajista, acompañando a Josh Morales a la batería y Christ O. Rodríguez a la guitarra (y esta vez también sitar y sintetizadores) ofrece un viaje de meditación real y efectivo, que ofrece paz entre sonidos de guitarras, baterías rituales, atmósferas epatantes y una ejecución de alta categoría.

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