Archivo de la categoría: Críticas Discos

Mausoleo – Absolución

Todos los años pasa que en la lista de discos del Año de la casa se cuela un álbum o dos del que no hay crítica completa, que queda pendiente. Este año, por sus fechas de lanzamiento, la cifra se ha elevado a cuatro (Elefantes, La MODA, Luter y Mausoleo) y, tras dar salida la semana pasada a varios libros que tenía pendientes, en los próximos cuatro días vamos a rendir la condición y el merecimiento de dedicarles una crítica propia e individualizada. Empiezo con los valencianos Mausoleo, trayendo el texto por el que justificaba que fuera una de las medallas de plata. Me tomo tan en serio esta lista que apunto y marco todos los discos a los que dais votos y que no he escuchado para conocer, aprender, descubrir… Para que esta lista tenga la máxima autenticidad posible. Además, después de tantos años por Twitter y redes, hay personas en las que confío todavía más en su criterio. Y si el amigo FranJ91 me daba la alerta con este álbum, sabía que algo tenía que tener. Y tanto que es así. Cuando les di una escucha a estos escasos 24 minutos y tuve claro que tenía que estar. Los ingredientes son conocidos: postpunk de aires lúgubres, que nos conectan a Décima Víctima, también la afección vocal de Germán Coppini, el soniquete rítmico de bandas como Derribos Arias y su natural conexión con Glutamato Ye-Yé en su lado más negro. Pero también de Viaje a 800 o 713Avo Amor, imprescindibles en esta casa. Del lado guiri, está claro que las referencias conectan con esa afección lánguida de Killing Joke y tantos otros. Un álbum que tan espectral que casi parece demodé, si me apuran, pero que demuestra que la calidad no tiene fecha de caducidad y que no es necesario siempre estar inventado nada cuando las cosas se hacen con calidad y conocimiento. Hoy lo he vuelto a reescuchar tres veces y cada vez me convence más.

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Bunbury – Curso De Levitación Intensivo

No le molesten. Con estas tres palabras terminaba el pasado 5 de enero el texto con el que argumentaba la merecida medalla de oro en Los Discos del Año 2020 para esta casa para Posible, el disco que lanzó el pasado mes de mayo. Vale que viene azuzado por su manager Nacho Royo y la ausencia de gira por causas covídicas pero, a la vieja escuela, como ya casi nadie hace, como en los tiempos de su admirado Dylan, Bunbury se marca la machada de publicar dos discos de temas inéditos el mismo año. Como si fuera una dupla de Self Portrait y New Morning, Planet Waves y Before The Flood o Desire y Hard Rain. Por cierto, todos los títulos podrían ser perfectamente válidos para la pareja de figuras del maño. Y es que Enrique está enfadado. No se le nota de manera descarada como podría pasar con un Andrés o un Loco, porque su profesionalidad es extrema hasta para mantener la educación siempre en niveles casi estoicos. Por eso, no me atrevo a decir el grado, pero se intuye que mucho. Tiene motivos para ello o, al menos, es admirable que todavía mantenga la capacidad de indignación y sorpresa ante la masa deforme que espera cualquier resbalón o salida del guión de lo que se considera lo correcto para empezar con la lapidación y escarnio público. Nombres sobran. No hay un solo día en el que más de una ‘tendencia’ venga de lo que ha dicho tal o cual, o lo que no ha dicho… o lo que se han inventado. Entiendo a Enrique. Y lo digo desde la más cómoda posición de quien ha logrado sobrevivir al margen de haters durante todos estos años de exposición más pública (salvo un par de amenazas de punkis de esos que son tan antisistema como su beneficio propio requiere, alguna que otra banda a la que le debió sentar mal alguna bolsa de algo o por el error cometido a la hora de analizar en su día el fin de Barricada). Así, Curso de Levitación Intensivo es el honesto y respetuoso desahogo de un buen artista y un artista bueno, que el orden de los factores, en este caso, no siempre da el mismo resultado.

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Whisky Caravan – No Sueñan Fantasmas

Les llevo siguiendo la pista desde su debut. En poco más de tres años por esta casa han pasado críticas a su primer disco, Donde Ella Duerme; a su más arriesgado y casi grabado a vuelapluma Lo Que Nunca Encontraré; y el más desencantado y corpóreo La Guerra Contra El Resto. También tuve la suerte de ver aquella gira de ciudades junto a los siempre necesarios Gritando En Silencio y en un Viña Rock. No sé si lo habré escrito alguna vez pero escuchando y viendo este No Sueñan Fantasmas, su primer cedé y deuvedé en directo, no tengo la menor duda de que Whisky Caravan es de esos grupos que, nacidos en otra década, serían un grupo de grandes recintos. Lo malo es que les ha tocado lidiar con los tiempos que son y casi parecen impensables aquellos logros para una banda que sencillamente hace rock, a secas. La sobriedad de las líneas rítmicas, la concreción de la guitarra, la innegable capacidad magnética de su vocalista… Son muchísimos los ingredientes que hacen de la banda de la caravana del whisky todo un resquicio de que las líneas maestras siguen bien conservadas e incorruptibles por si, alguna vez, los vientos de cambio soplan a favor haya quien hubiera mantenido los cánones del rock oscuro y emotivo (que no gótico, por supuesto) a salvo. Para días de niebla y desencanto. Cuando no se encuentra salida en ninguna dirección. El CD y DVD se edita en un tipo de formato ‘jodón’, esto es, que no llevan los mismos temas uno que otro, pero recogen el concierto ofrecido el 18 de enero en la sala Joy Eslava de la capital, con ‘entradas agotadas’ en la puerta. Quiera la suerte que nos dejen tener más rondas.

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Rozalén – El Árbol y El Bosque

Que no se le puede caer bien a todo el mundo se va a aprendiendo con el paso de los años. Por desgracia, en una sociedad acelerada en lo que todo va más rápido de lo que debería, hasta casi que en las guarderías se va teniendo noción de esas lecciones. Esto se acrecienta con el paso de los años. Pero si eres un personaje público, además, te exigen que vaya en tu ‘nómina’ el sacar buena cara y tomarse con educación y calma las consideraciones de trolls enajenados y polarizados. Y, claro, hay que ir haciendo callo con el asunto para que te afecte lo justo o, mejor todavía, nada. Para los casos de egolatría enfermiza (coloquen en sus mentes el ejemplo que tengan más a mano) la cosa es bien sencilla pero, oigan, para quienes viven en ese ensoñador romanticismo utópico de creer que en el fondo todo el mundo es bueno, pues la realidad le va dando cucharadas de sopas en servicio de dos en dos tazas. Así, Rozalén se ha ido forjando su camino recogiendo más amor que odio, pero también soportando el lado oscuro de la fama (y el compromiso social, este es el verdadero ‘problema’). Un trance que relató a la perfección con ‘honestidad brutal’ que diría aquel en su libro Cerrando Puntos Suspensivos, del que ya hablamos en su momento (os dejo lo mucho escrito sobre Rozalén más abajo, como siempre) y que ha ido supurando poco a poco. Si a ello sumamos que las canciones de este disco se han ido forjando y tomando su forma definitiva durante los meses de confinamiento más duros, nos encontramos con un álbum que, lejos de seguir la senda de mensajes esperanzadores de dentro a afuera, mira hacia dentro para sanar y explorar la interioridad. Un desarrollo lógico al haber pasado tanto tiempo con uno mismo meses atrás. Porque El Bosque está hecho de muchos individuales árboles.

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La Polla Records – Levántate y Muere

Empezaré reconociendo que llevo como diez años diciendo que soy más del Evaristo de Gatillazo que el de La Polla Records (LPR). Quizá haya varios motivos que me hacen pensarlo. En primer lugar que no viví de lleno la época de la mítica banda. Cuando empecé a estar metido de manera profesional y, por tanto, uní mi afición por descubrir discografías, sumado a todo el material nuevo que tenía que escuchar, La Polla se despedía con el álbum El Último (El De La Polla)… y me gustó, sí. Pero escuchar los viejos discos, alejado de la mitomanía de vivirlo de modo coetáneo no me terminaba de convencer. ¿Culpable? Claro está, unas producciones defectuosas, falta de medios, grabaciones hechas de prisa y corriendo. Claro, estaba la leyenda, se comprende su importancia en el contexto, las canciones son mitos andantes… Pero luego veía a Gatillazo en directo y ese sonido bombástico, ese ritmo acelerado casi hardcoreta… me hacía tenerlo claro. Así, fueron pasando los años y siempre alabé que, lejos de vivir de las rentas y el cuento, Evaristo hacía todos sus conciertos con 40 temas de su banda y tan solo 3 o 4 miradas al pasado. Con lo fácil que le hubiese sido seguir exprimiendo un repertorio antológico… Ese mérito será siempre digno de elogio. Como lo es en el caso de los Erentxun, Ferreiro, incluso Bunbury durante unos años y otros tantos que emprenden un camino lejos del nombre, la banda y los temas que le han hecho famoso.

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Lendakaris Muertos – Miedo A Un Planeta Plano vol. 1

Siempre han sido necesarios. Tomado como un género menor, incluso en la música clásica con las óperas bufas, en el teatro con los sainetes o en el cine, la canción humorística siempre tendrá un hueco fijo en esta casa por lo necesario, por lo reconstituyente y por lo que aligera la mala hostia generalizada con la que uno se tropieza en prensa, radio, televisión, redes sociales, cafeterías, taxis, vecindarios, llamadas telefónicas… Y, por si hiciera falta recordarlo por enésima vez: no es necesario estar de acuerdo en plenitud con cada una de las letras ni los chistes. Ni que todos sean de un nivel de excelsa inteligencia… es una cuestión de actitud. Si esa mirada afilada es una constante habitual para bandas como Mamá Ladilla, El Reno Renardo o Lendakaris Muertos, estaba claro que una situación como la generada por la pandemia del Covid-19 también tenía que tener su particular punto de vista o, mejor dicho, unas cuantas coplas alusivas. Los de Juan Abarca ya se marcaron un pequeño single de dos temas (‘Epístola’ y ‘Saludos Cordiales’) y los del Reno hicieron lo propio con una canción, de casi 6 minutos de lo que tenían tanto que decir que hicieron dos versiones con letra cambiada, ‘Nueva Anormalidad’. La respuesta lendakárica no se ha hecho esperar demasiado y viene a darle una capa de masilla a los planes rotos por las medidas covídicas, si tenemos en cuenta que iban a publicar un poderoso nuevo LP, Spainkiller, con su correspondiente gira de salas. Miedo A Un Planeta Plano vol. 1 son un intro y tres temas temáticos que, vale, se queda en seis minutos, pero nos valen.

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Malditeria – Zozobra

Que muchos de los grandes hayan suspendido sus planes de lanzamiento nos está dejando más espacio (si es que no cuentan ya de por sí con él) a poder traer debuts o discos de bandas alejadas de los grandes focos y escenarios, que se lo curran con la mayor de las ilusiones para llegar al máximo de oídos posibles. De tantos y tantos que pasan a lo largo de los meses por los míos, hay algunos que encienden la chispa para que encuentren en el hueco en esta casa, y Malditeria, con su debut Zozobra, es uno de los últimos. Los venía siguiendo con los primeros adelantos con un correcto signo de aprobación pero fue auspiciado por un email promocional personalizado al extremo (nos vemos en la posdata) por lo que decidí darle una escucha profunda para ver de qué iba el asunto. Y es que un grupo que se autodefine como “Rock and Roll Maldito” ha de estar muy seguro de sus posibilidades. Y, doy fe, que tienen motivos para ello. Zozobra es un debut de fácil primeras escuchas, de ritmos reconocibles y, aquí lo más importante, que es capaz de mantener el nivel de atención durante todo el metraje gracias a una muy sorprendente capacidad para presentar canciones variadas, que se distinguen por sí mismas incluso antes de terminar, ofreciendo una gran gama de registros dentro del rock a secas, aderezado allá por roll, acá por pop, acullá por compases más castizos, otros más psycho o pinceladas de sureño o hasta casi de funk. Que para un debut no está nada mal. Por cierto, la banda iba a llamarse Zozobra y el disco Malditeria. ¿Les suena? Como Marea y La Patera.

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Jabi Izurieta – Las Luces Del Barro

Con el sello de calidad que siempre suele garantizar el respaldo de la discográfica de El Dromedario Records, Las Luces del Barro es el cuarto trabajo discográfico de estudio de Jabi Izurieta. El músico pamplonés lleva varios años en esa árida senda del rock de autor con absoluta, innegable y asumida querencia por la música americana. Nada que objetar a ello, si bien eso sitúa el listón a una altura compleja, ya que no es un género sencillo de por sí, más aún trasladarlo al castellano y, más todavía, que suene con la credibilidad necesaria para no caer en la impostación, que acaba derivando en el ridículo. Pero nada de eso pasa en Las Luces del Barro, tampoco en sus entregas anteriores. Un incipiente Aeropuertos Urgentes, un sólido Maldito Invierno y un notable Claudia & Costello. Ya casi van diez años dedicados a su carrera en solitario (antes había formado parte de Berri Drivers) que además ha ido puliendo en los textos gracias a sus ejercicios poéticos publicados y reunidos en dos libros, Desde Mi Rincón y Salitre En Piel. Con este bagaje y surcando ya sin miedo la década de los cuarenta, Izurieta firma en este álbum su disco definitivo, con el que debería encontrar su sitio entre los nombres que prontos nos vienen a la cabeza. Por calidad no será. Sobriedad, autenticidad, arreglos que apuestan por el menos es más. Lo bonito que es cantar por necesidad expresiva y no por ambiciones que nada tienen que ver con la música.

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Desvariados – Víctimas Del Sueño Americano

“Protagonistas de su propia historia, actores secundarios de una generación que se mantiene en la búsqueda constante de una recompensa que no aparece. Brindan por lo perdido, por lo que dejaron en el camino, satisfechos por haberlo intentado, cansados, pero nunca rendidos”. Con estas palabras dan la bienvenida los madrileños Desvariados el que supone su tercer larga duración después de que presentaran sus credenciales a la corte del rock and roll más voraz con su estreno en El Hotel De Las Historias y, de manera más refinada, en Café Caimán (que tuvo dos ediciones). El disco es de esos que se han visto afectados por la incidencia de las restricciones coronavíricas. Vio la luz el 2 de octubre, tras el aplazamiento del mismo por la crisis del Covid. Lo han grabado en Audiomatic Estudios y está producido por Josu García, que ya bien conocemos de discos de M-Clan y sobre todo en las últimas entregas de Loquillo, con Mark Janipka como ingeniero de sonido. Todo ello para dar un nuevo paso hacia delante y la exploración de matices dentro de una base sólida y clara de RNR de los de suelo de madera, codo en la barra y pie en el acelerador. Pero los años, ay, no pasan en balde y también con ello se madura hacia terrenos más introspectivos en ocasiones y más atemperados en otros. Ya saben, no siempre lo urgente es lo importante y no por mucho correr se llega antes. Desvariados suman y siguen y escapan del victimismo… El Rock and Roll castizo no necesita de sueños de barras y estrellas.

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El Pecado – El Pecado

No pierdas nunca tu capacidad de sorprenderte. Sirva esta frase tipo Mr. Wonderful o Paulo Coelho para presentar la idea principal de este disco de El Pecado, al que me acerqué sin grandes expectativas iniciales, pero que se me ha desvelado como uno de los álbumes de este 2020 para el rock y el metal. Resulta curioso que ayer escribía de las carencias de un debut lleno de buenas intenciones pero todavía verde en cuanto a la maduración de las formas (A Deshoras), para que hoy nos acerquemos a otro debut, que desprende calidad en todas sus caras. En textos, melodías y ejecución vocal, sintonía entre las guitarras solista y rítmica, programaciones y teclados y ritmos adictivos para un sonido espectacular con la firma de calidad garantizada de Alberto Seara y sus Estudios Cube, que también firma producción junto a Carlos Escobedo de Sôber, que también cantará en un par de temas, y la propia banda. ¿Y cómo es posible tanto para un debut? Pues porque el quinteto que da vida a El Pecado lleva veinte años curtiéndose en el mundo de la música bajo cabeceras de poco éxito popular, pero que parecen haber conseguido que todos los astros se alineen para hacer el disco rotundo con el que llevaban soñando durante todo este tiempo. Diez canciones de gran factura en las formas y en espíritu. Tan potentes y cañeras como accesibles en su melodía. Una querencia especial por las ritmas esdrújulas y buen gusto a la hora de utilizar las dinámicas de contundencia, desnudez, juego de segundas voces y texturas sonoras. Un álbum mayúsculo.

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