Archivo de la categoría: Críticas Discos

El Pecado – El Pecado

No pierdas nunca tu capacidad de sorprenderte. Sirva esta frase tipo Mr. Wonderful o Paulo Coelho para presentar la idea principal de este disco de El Pecado, al que me acerqué sin grandes expectativas iniciales, pero que se me ha desvelado como uno de los álbumes de este 2020 para el rock y el metal. Resulta curioso que ayer escribía de las carencias de un debut lleno de buenas intenciones pero todavía verde en cuanto a la maduración de las formas (A Deshoras), para que hoy nos acerquemos a otro debut, que desprende calidad en todas sus caras. En textos, melodías y ejecución vocal, sintonía entre las guitarras solista y rítmica, programaciones y teclados y ritmos adictivos para un sonido espectacular con la firma de calidad garantizada de Alberto Seara y sus Estudios Cube, que también firma producción junto a Carlos Escobedo de Sôber, que también cantará en un par de temas, y la propia banda. ¿Y cómo es posible tanto para un debut? Pues porque el quinteto que da vida a El Pecado lleva veinte años curtiéndose en el mundo de la música bajo cabeceras de poco éxito popular, pero que parecen haber conseguido que todos los astros se alineen para hacer el disco rotundo con el que llevaban soñando durante todo este tiempo. Diez canciones de gran factura en las formas y en espíritu. Tan potentes y cañeras como accesibles en su melodía. Una querencia especial por las ritmas esdrújulas y buen gusto a la hora de utilizar las dinámicas de contundencia, desnudez, juego de segundas voces y texturas sonoras. Un álbum mayúsculo.

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A Deshoras – Cerca De Sus Pasos

Despacio. Sin prisas. Sin pretensiones. Solo rock and roll… aunque se llegue A Deshoras. Cerca De Sus Pasos es el primer trabajo discográfico de esta banda pamplonesa fundada en 2017 y que nos ofrece un EP de cinco temas como carta de presentación de lo que, auguran ellos en sus propias palabras, un camino de largo recorrido. Y en tiempos de celeridad e inmediatez, no deja de tener cierto encanto romántico esa forma de vivir la música y el rock, como veremos en cuanto a su ejecución. A Deshoras se presenta en sociedad con unas hechuras, formas y tempos que nos parecen, en las primeras escuchas, hasta demodé. Velocidad contenida, guitarras que dejan muchísimo espacio a un bajo que a veces solo suena una vez en cada compás de cuatro. Voces sin histrionismos, coros que buscan arropar las emociones sin alardes. La sencillez del rocanrol que cuenta historias de nocturnidad, amores, paso de los años y anhelos. Para este impulso inicial, la banda se apoya en el arrope de Rock CD Records, en la nueva agencia La Guarida y con las colaboraciones en un par de temas de dos vecinos cántabros, ambos de La Fuga, Pedro Razkin y Nando G. Miguel, grabado todo en los estudios El Gringo Music con los mandos de Gussy. A buen seguro parezca claro que no es suficiente con lo que podemos escuchar en estos 24 minutos, pero sí que se antoja una piedra de toque llevadera para tener la sana curiosidad de verlos crecer con el paso de los discos, las canciones y con mayores medios técnicos.

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Leone – Canciones de Amor y Odio vol. 1 y Crónica presentación

En casi 1.500 entradas en esta web Leone va a tener el honor de ser la primera en la que va a ejercer, de manera dual, de crítica de su nuevo disco, Canciones de Amor y Odio vol. 1, publicado a través del sello de mi buen amigo Laureano Navarra, Clifford Records, y también como crónica del concierto de presentación del mismo. Y es que apenas ha pasado una semana exacta entre el lanzamiento y la puesta de largo, anoche, en el Teatro Apolo de Almería. Avanzo ya, viene spoiler, porque aunque no tengo claro el metal que se llevaré, intuyo de manera bastante fiable que se va a llevar presea en aquello de Mis Discos del Año, que vienen cada 5 de enero. Con un nombre de banda en clara referencia al director de cine que elevó a mito a Almería como plató natural, con mucho de tino y algo de guasa, Leone se autodefine como una banda de rock, con influencias del bolero, la copla, el surf, el western, la canción mediterránea y, en general, la música en español, como también ‘reivindican’ “el bar español y el plato redondo”. Leído esto, uno se puede esperar una suerte de Gabinete Caligari versión lejano oeste folclórico, pero nada de eso. Si el disco corta el aliento, su directo más. Os dejo, a partir de este momento, mi crónica de agencia para el Área de Cultura. Alma de bolero, textos copleros, música surf y ascendencia de Western. Salud.

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Somas Cure – La Colmena

Decía el viejo eslogan televisivo de una marca neumática aquello de que la potencia sin control no vale de nada. También es aplicable a las faltas que tiraba Roberto Carlos. Y, trayéndolo a la música, que es lo que nos atañe, nos es aplicable a las bandas de corte metalero que se afanan y empeñan en atronar sin medida. A los vocalistas que aprovechan sus facultades interpretativas de agudos o guturales ultra terrenales para ir siempre con la dinámica por las nubes. Ese error es más patente si cabe en los inicios, cuando la juventud permite los excesos sin que se resienta el fondo (algo así como le pasaba a Ronaldinho con las fiestas, que al principio se las podía permitir y la juventud le mantenía el físico pero que, con los descuidos y el paso de los años, ya no podía volver a ser el mismo. Hoy tengo el día deportivo, por lo visto). La templanza, virtud concupiscible del alma para Platón, junto a la sabiduría y el coraje, son fundamentales para contener ese torbellino y, de eso, Somas Cure sabe desde su nacimiento hace ya diez años, tal y como ha venido además puliendo disco a disco, tras Parseval, más negro; Equilibrium, el nombre ya da pistas; Mitos, ya rotundo diamante; y Éter, su disco, hasta la fecha más abierto y, precisamente, incorpóreo en la dificultad de su circunscripción. Hace casi un año empezaban a mover los hilos de este quinto trabajo de estudio, con la presentación de un primer adelanto al que sucedieron tres más. Hace apenas diez días, al fin, veía la luz esta La Colmena que sigue siendo un derroche de filosofía musical bien entendida. Todos los ingredientes están, pero combinados con los galones de quien sabe manejar sus fortalezas. Llevo años diciéndolo, Somas Cure es de lo mejor de la escena metalera española y así debe quedar escrito.

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Stravaganzza – La Noche del Fénix

Siempre en mi equipo. Como saben mis fieles hay ciertos grupos que traspasan cualquier tipo de lógica y los llevo atravesados en el alma por la capacidad de expresar sentimientos, tormentos, emociones por las que, la mayoría de veces por desgracia, uno pasa a lo largo de los años. Uno de ellos es Stravaganzza, el caso que nos ocupa hoy. El grupo vuelve a la actualidad por la edición de este DVD en directo, el primero, que grabó en el 28 de septiembre del pasado 2019 en La Riviera. Recuerdo histórico: en 2010 la banda anunció un parón indefinido porque argumentaban que no había capacidad técnica ni infraestructura en la mayoría de salas para atender su propuesta musical. Una puesta en escena que cada vez se hizo más compleja con violín, teclados, corista, tres bailarinas… Demasiado equipaje para un momento en el que la música en directo se resquebrajaba… hasta hoy. Por más que los ‘haters’ y supuestos cruzados de la autenticidad del heavy metal le dieran a Leo Jiménez por poco menos que ‘traicionar’ la causa ya desde los tiempos de Saratoga (la famosa piedra del Leyendas del Rock Festival), lo de Stravaganzza fue para ellos como una bola de acero en los cimientos de su muralla conceptual. Un lirismo bello, una oscuridad tormentosa, doom y escalas oscuras, pero también accesibilidad en algunas melodías… y hasta ‘ofensivas’ versiones de Mecano, Tino Casal y, en directo, Mónica Naranjo. “¡Intolerable!”, que decían. Este DVD, por si hiciera falta, viene a hacer un poco de justicia con todo aquello. Era una banda excepcional, dura, valiente y muy personal. Nos alegramos de su vuelta, aunque la enfermedad vocal de Leo nos haga dudar ahora de ese grito final: “volveremos muy pronto con nuevas canciones”. Ojalá.

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Arco – 100 Veces

Hay varias reglas máximas en esta casa que conviene recordar para los recién llegados. Una de ellas es la de que aquí aparecen, el 98% de las veces, discos que me llaman lo suficiente la atención para bien como para que merezcan ser conocidos por más oyentes y/o álbumes de las bandas más punteras de la escena rockera independiente (que no indiependiente). Por eso es poco frecuente que leáis una crítica en la que ‘despiece’ a algún grupo por amor al arte, por el escarnio. Mejor siempre construir que destruir. Por otro, también en esta casa somos respetuosos con quienes nos han movido el corazón de forma límpida, directa e inolvidable, otorgándoles para siempre la reverencia del buen recuerdo. Luego, con el paso de los años, podrá gustar más o menos sus pasos, sus devaneos, su evolución, especialmente crítica en aquellas casuísticas en las que, como es el caso, hablamos de emprender una senda en solitario, dejando atrás el camino con la banda madre. Antonio Arco fue durante casi dos décadas la voz inconfundible y motor principal de El Puchero del Hortelano. En su momento de más éxito popular, llegando incluso a tocar en ‘prime time’ en uno de los escenarios principales de Viña Rock, el grupo decidió poner fin en un inolvidable concierto en su Granada natal en octubre de 2015. Allí empezaba, aunque venía haciéndolo ya y es sin duda lo más honesto, romper el camino si tu cabeza ya está en otro sitio, la senda en solitario que, por el momento, nos ha despachado ya tres discos: Uno, que fue Oro en los discos del año de la web en 2016, y Abril, que repitió medalla en los de 2018, y este 100 Veces que nos ocupa hoy. ¿Repetirá? Lo vemos el 5 de enero.

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_juno – _BCN626

“El ser humano es una criatura singular. Todos sus actos los motiva el deseo, pero su carácter lo forja el dolor. Y porque más que intente reprimir el dolor y contener el deseo, no logra liberarse del eterno grillete de sus sentimientos. Mientras la tormenta brame en su interior no encontrará la paz ni en la vida ni en la muerte. Y así, día tras día se verá zarandeado por ella. El dolor es su barco, el deseo su brújula. De lo que es capaz el hombre…”. Esta disertación, que extraigo del capítulo séptimo de la segunda temporada de la serie alemana Dark sirve para reflejar la intensidad del querer y el deseo que van más allá de lo racional, en el puro y noble arte de amar en plenitud, de una manera casi cósmica, espacial y total. Podría ejercer de introducción perfecta a este _BCN626, primer trabajo discográfico que firma _juno, el dúo formado por Zahara y Martí Perarnau (Mucho), que comparten de manera equilibrada composición de texto, instrumentación e interpretación de un disco que trasciende y pulveriza la concepción del amor en su vertiente más corpórea. La seductora voz de la jiennense y la fina y elegante electrónica del catalán se entrelazan como la cadena de ADN imantada de dos cuerpos, de dos corazones, de dos almas que anhelan hacer del refugio de un hotel su mundo perfecto. Tan bello que es imposible escapar de él. Como _BCN626.

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Los Rodríguez – En Las Ventas, 7 Septiembre 1993

Como casi todo en la vida, el mundo del rock tiene casuísticas de todo tipo que vienen a concluir que nunca hay reglas ni patrones fijos para determinar el éxito, vida y longevidad, continuidad, ascenso o caída de una banda. Tenemos grupos que no han roto su senda durante más de cuarenta años (Medina Azahara, Asfalto…), casi Obús, Barón (aunque sea con los Castro como continuidad), Ñu con Molina… Ejemplos de constancia que las han visto de todos los colores, crisis o menos crisis, años de bonanza, otros más crudos. Luego los hay que duran poco, desanimados porque la cosa ‘no tira’. Y los hay que firman una espectacular discografía en pocos años de trayectoria, con una influencia descomunal en su género. En ese grupo encontramos a Leño (sólo cinco años), Triana (sólo 8) o Los Rodríguez (sólo 6). Con solo tres discos de estudio (Buena Suerte 1991, Sin Documentos 1993 y Palabras Más, Palabras Menos 1995) y un directo con algún tema inédito (Disco Pirata 1992) su leyenda es gigantesca, como el dream team que los conformaba: Ariel Rot y Julián Infante se reunían de nuevo tras el furor de Tequila (también vida acelerada e intensa, con Alejo Stivel al frente), reclutando a un desconocido Andrés Calamaro desde Argentina y con Germán Vilella a la batería. En la coctelera, el descaro rocanrolero mantenido de la juventud pero con poso de madurez  y desencanto noctámbulo, desengaños y afrentas por tapices de crooner, de balada, de sones latinos o de rumba. Elegancia de teclas y riffs, una potente base rítmica y el alma en brindis constantes.

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Néstor Rausell y Los Impostores – Placeres Vacíos

 

Suma y sigue Néstor Rausell forjando una sólida y coherente trayectoria en solitario, pese a su juventud, después de que saliera de Stuntmen para liberarse de los corsés que impone siempre una banda y que se diluyen cuando te plantas con tu nombre propio y un grupo acompañante (sin importar que muchos de esos músicos sean también del grupo anterior). Como ocurriera en Carreteras, que me dio buenas sensaciones como di testimonio hace poco más de dos años, Rausell se acompaña para la ocasión del cuarteto formado por Cristian Quílez y Jorge Ruiz a las guitarras, Dídac Corbí al bajo y Niko Fernández a la batería y, corto y al pie, Placeres Vacíos viene a ser considerado como su primer larga duración aunque se quede en menos de treinta minutos y los ocho temas. (Eterno debate sin solución sobre el dónde están los límites de una y otra cosa). Si entonces elogiábamos su capacidad para aligerar la pesadumbre del terreno del rock de autor sin por ello tener que fruncir el ceño para “hacer crecer a unos de esos solistas del rock a los que parece que siempre se les pide más autenticidad que al resto, además de doctorados en folk, americana, bluegrass, country, blues, etc”, este Placeres Vacíos consigue el mismo efecto, si bien aumenta la graduación etílica, con mayor peso en la distorsión y mayor velocidad y hedonismo en las formas. De nuevo, recomendado. Lee el resto de esta entrada

El Meister – Fuego En Castilla

 

De la misma manera que hay quienes hacen de la crisis una oportunidad, de la desgracia una experiencia enriquecedora, de la necesidad una virtud o de su capa un sayo, Javier Vielba tiene entre sus dones reconocidos y notorios hacer de lo aparentemente árido o, por generalizar, inicialmente aburrido, una suerte de divertimento entre la inteligencia y la locura. Saltó a la primera línea de la música independiente (que no indie) con Arizona Baby, rock sureño propio de barbudos de terrenos pantanosos (esto es, lo contrario a lo que podríamos calificar de ‘madre de las juergas’), lo hizo con Corizonas, donde tuvo el indudable mérito de poner su voz al grupo de rock y surf instrumental Los Coronas, no contento con eso se los llevó al castellano y, además, como guinda, emprendió carrera en solitario para seguir sorprendiendo en las formas. Y este Fuego En Castilla viene a ser su segundo como El Meister donde, nada menos, pasa por un tapiz de modernidad la juglaresca castellana de otros siglos, dándole ese mantra de unir modernidad y tradición, concepto propio de primero de crítica culinaria. Siempre alejado de cualquier atisbo de pretenciosidad y con una naturalidad apabullante. La misma con la que consigue lo mencionado líneas arriba y quien lo ha visto en directo con cualquier de sus fórmulas lo sabe. Larga vida porque, sin duda, estamos ante un tipo que lleva tiempo sin poder ocultar su brillantez.

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