Archivos Mensuales: mayo 2019

Cuatro Gatos – Esférica (2005)

En una semana de ‘clásicos’, rematada con querencia de heavy, folk y rock progresivo del directo de Ñu, ayer, recordé gracias a la presencia en dicho concierto de Juan Miguel Rodríguez de la banda Cuatro Gatos. El mundo de la música, como cualquier otro, depende mucho de la suerte, del buen tino en la elección de compañeros de aventura y de las relaciones interpersonales. En el caso de Cuatro Gatos, el grupo que nos ocupa la cita semana con las críticas remember, la balanza siempre se ha vencido del lado de la bandeja más negativa. Mucho talento y enormes canciones que se han visto lastradas, a lo largo de toda su trayectoria, por constantes cambios de alineación, especialmente palpables en el vocalista. Porque para cualquier grupo su cantante representa un papel fundamental, puesto que interpreta lo que, con suerte –de nuevo- memorizarán sus seguidores y vitorearán en cada concierto. Hasta cinco vocalistas tuvo el grupo en un espacio de 6 años. Algo que da poca estabilidad y resta unas cuantas de ganas a esto de querer seguir creyendo en un proyecto. Nos acordamos de Esférica.

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Ñu – Madrid Río

José Carlos Molina, el alma de Ñu, ha ido siempre contracorriente en esto del rock duro nacional. Como un salmón (aunque ‘el dueño’ de dicho apodo esté ahora en horas críticas de popularidad por su voxciferada incontinencia verbal). El caso es que el pasado 17 de febrero de 2018 decidió que la celebración del 43º aniversario de la banda era un buen momento para registrar su DVD en directo más completo y ambicioso. Algo que hiciera justicia al legado imponente de una cabecera imprescindible. Y, claro, para eso no hacen faltan cifras redondeadas. Cualquier número hubiera sido bueno, sea el 43 o el 44. Así, este Madrid Río se registro en la sala La Riviera de la capital con más de 2.000 almas que agotaron las entradas. Con una fama de tipo huraño que nunca ha rechazado, por ser de los pocos que se han atrevido a analizar la deriva del rock estatal a un ‘todo vale’ a costa de sacrificar la calidad en las composiciones y en los arreglos. Algo así como interpretar que ‘cualquiera puede cantar’ es una vulgarización y uno una democratización de la música. Decir esto en un país tan cainita como este -teniendo en cuenta que las voces de los grandes tótems suelen ser del corte lijoso-, pues claro, te hace ganarte fama. Pero aquí siempre nos ha importado más la música que todo el ruido y, por eso, Ñu siempre contará con el respeto que merecen más de cuatro décadas de gigantes canciones.

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Soziedad Alkohólika – En Bruto XIX

Pocos grupos despiertan tanta unanimidad entre sus seguidores como Soziedad Alkohólika. Los de Vitoria acumulan más de 30 años de experiencia repartiendo brea en diferentes formas, haciendo de sus directos una sucesión de trallazos que daban pocas concesiones a medias tintas. Una apisonadora que cuando arranca no hay quien la pare. Sus veintipocos temas (antes estaban instalados en los 21, casi a perpetuidad), su hora y diez, su inicio esperado, su traca final casi fija. A nadie le ha importado nunca. Era como un ejercicio ritual, de descarga de potencia, de velocidad, de baterías imposibles de harcore punk y guitarras musculosas en lo metalero, afiladas en lo thrasher. Pese a ese grado de inmovilismo (que se viene demostrando en los últimos cinco años que ya no lo es tanto), nunca les ha tosido nadie. Ni aunque lanzaran dos discos de estudio en 10 años. Y es que hay algo de enigmático cuando las luces se tornan rojizas y se ve emerger entre el humo parte del círculo de uno de los logotipos más conocidos de la escena independiente. Todo eso se refleja en su nuevo directo. Es el cuarto oficial si contamos el mítico Kontzertua Gaztetxean del 94  (con esas imágenes entre los temas tan legendarias), Directo de 1999 y Corrosiva! de 2006. Demonios, 13 años han pasado, lo que justifican, entre otras cosas, este En Bruto XIX.

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La Polla Records – Ni Descanso, Ni Paz!

Hay que ver estos punkis, que quieren ganar dinero. El regreso de La Polla Records ha vuelto a abrir la puerta a esa estirpe de autenticidad que están con la fusta preparada para considerar innecesario todo lo que a ellos no les parece bien. En el caso que nos ocupa, el de la vuelta a los escenarios de un grupo extinto, en nuestra escena, ya conocen esa sensación Héroes del Silencio (casi por vez y media, a la espera de que se concrete o no lo que era más que una intención, confesada por protagonistas a colegas de profesión, aunque ahora parece haber retracto), lo sabe Barón Rojo, le pasa a Ska-P (por más que Pulpul haya explicado mil veces que se debía a su tinnitus), le ha pasado a Marea, le pasara a Extremoduro el día que anuncien su vuelta (aquí se la tienen guardada a Robe aquellos que no han ‘digerido’ su propuesta preciosista), ¿le pasará a Platero? (ojalá). El caso es que Evaristo, que se partió La Polla en un acto de honestidad, es un ‘Vendido’, como reza su canción por querer hacer unos cuantos conciertos con su banda. ¡A quién se le ocurre! Afrenta a la dignidad de la estirpe. Y, encima, ¡sacando disco! Y ¡vendiéndolo! Pues eso, que más allá de volver a los escenarios, La Polla Records se marca el gusto de dignificar una importante parte del cancionero de sus tres primeros discos entrando así en otro debate (ay, rutinas) , ese que dice que cuando el buen sonido entra por la puerta, la magia salta por la ventana.

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Viña Rock 2019. Sábado, 4 de mayo

Con los datos ofrecidos por la organización en la tradicional rueda de prensa de la última jornada, Viña Rock, en su vigesimocuarta ocasión en este 2019, cerraba con la gran fiesta final una edición en la que se han cifrado en 240.000 los asistentes. (Hay que se suman las cifras individuales de los cuatro días, por lo que si tú fuiste a la fiesta de bienvenida y a las tres jornadas, cuentas como cuatro en esa cifra global). Tengo la impresión de que lo que se anunció en septiembre como ‘la mejor edición de la historia’ se fue desinflando con el paso de los meses hasta culminar en una gran edición, pero lejos de aquellos ‘sold out’ de hace un par de años. También es cierto que igual la organización cayó en la cuenta de que el próximo año serán las bodas de plata y que había que guardar naves para entonces. Ahí sí, esperamos que echen el resto y no haya duda alguna sobre sí hubo mejor edición. Creo que la ocasión lo merece y hay por ahí (dentro de nuestro Rock, el punk y el heavy) muchos nombres que así lo harían. Veremos. Contando que la ubicuidad es imposible y los descansos necesarios, el plan para el tercer día fue, por orden de intervención, Las Sexpeares, Bocanada, La Fuga, Saurom, Segismundo Toxicómano, Stravaganzza, Soziedad Alkohólika, Ska-P y Los De Marras. Las fotos, un año más, son de Marina Ginés para RockSesión. (Se pueden usar libremente citando al medio y a la autora).

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Viña Rock 2019. Viernes, 3 de mayo

Después de la siempre complicada primera jornada, necesaria para coger ritmo, Viña Rock 2019 amanecía con ese envidiable tiempo que ha habido este año (al menos, exceptuando la fiesta de bienvenida), con sol y nubes sin riesgo de lluvia. Una jornada programada como la vida, unos que vienen tras muchos tiempo, otros que se van, otros que iban a aprovechar su oportunidad, otros que no tenían nada que demostrar. Nuestro rutómetro ofrecía una combinación de todo ello (siempre en los tres escenarios ‘de abajo’), espíritu ‘tutti frutti’ que nos caracteriza, sacrificando alguna dolorosa coincidencia, que nos hizo descartar a Saratoga o Rat-Zinger. Contando que la ubicuidad es imposible y los descansos necesarios, el plan para el segundo día fue, por orden de intervención, Sínkope, Crisix, Kaótiko, Mojinos Escozíos, El Reno Renardo, Gatillazo, Berri Txarrak y La Maravillosa Orquesta del Alcohol (La M.O.D.A.). Las fotos, un año más, son de Marina Ginés para RockSesión. (Se pueden usar libremente citando al medio y a la autora).

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Viña Rock 2019. Jueves, 2 de mayo

Con la habitual imposibilidad de llegar a la fiesta de bienvenida, nos dispusimos  a cubrir el octavo Viña Rock de esta casa y el undécimo consecutivo en lo personal, con la sensación objetiva de que la distorsión ha perdido más terreno de lo habitual en esta edición. Algo que, por sí, no tiene por qué ser necesariamente malo si las alternativas mantienen una calidad y competencia (dos términos independientes pero, con frecuencia, asociados) que de esos casos ha habido varios, pero también otros no tanto. Especialmente ‘doloroso’ si tenemos en cuenta que el escenario Smoking nació con otro espíritu y que este año ‘el metalero’ ha pasado de cinco a cuatro propuestas por día. Y, claro, los números, como el algodón, no engañan. Dicho esto, todavía uno se puede diseñar un Viña sin perder la añeja esencia y con ese espíritu nos movemos siempre. Contando con que la ubicuidad es imposible y los descansos necesarios, el plan para el primer día fue Kaos Urbano, Los Auténticos Decadentes, Narco, Mafalda, Rozalén, Barón Rojo y Desakato. Las fotos, un año más, son de Marina Ginés para RockSesión. (Se pueden usar libremente citando al medio y a la autora).

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Conversaciones Ilegales (Efe Eme, 2019)

Aunque devoré el libro en apenas día y medio de la pasada Semana Santa, me guardé la crítica para un día como hoy, festivo. Día del Trabajador. Y el día en el que nació, en 1955, Jorge María Martínez García, Jorge Ilegal para el mundo del Rock con mayúscula. En unos tiempos en los que todo lo artístico se prefabrica con moldes de éxitos vacuos, leer a Jorge, siempre sin morderse la lengua y entrando a todas las bregas (como ha hecho siempre) reconstituye con el espíritu romántico de los que siempre soñamos en la adolescencia con ser putas estrellas del rocanrol. Un rol que tiene un mucho de arrogancia. Pero uno puede ser arrogante con conocimiento de causa y mucho de seso, o ser un bocachancla de la astracanada declaratoria que luego se desdice o que busca el titular y el ruido sin base intelectual que le dé una base (ponga el lector los ejemplos que quiera a estas posturas tan fácilmente identificables). Si al poder del personaje y el artista (porque las fronteras, como en tantos otros casos, son estériles) les suman la capacidad para escuchar y conversar que viene demostrando Carlos H. Vázquez en toda su trayectoria profesional y la cuidada edición de Editorial Efe Eme, cuyo catálogo es de obligada lectura, encontramos que este Conversaciones Ilegales es un gran tesoro para maridar con un buen vino y la justa distorsión. (Por cierto, esta entrada la completo con una más que aconsejable playlist, donde se recogen las canciones de Ilegales que encabezan cada uno de los capítulos y los grupos, influencias, odios y amores que cita Jorge en el libro).

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