The Buyakers – El Bar De Los Muertos

No niego una pequeña dosis de placer personal cuando un grupo al que le he echado el ojo, escrito sobre él y recomendado en el pasado, va creciendo en como banda en los siguientes pasos. Sea con la edición de un mejor disco, de la entrada en un sello o en un festival. Todo eso me ha ocurrido con The Buyakers, una formación manchega que hace algo más de dos años sacaba a la calle su primer EP, Empieza La Función, al que llegó gracias a su cinéfilo videoclip ‘No Somos Tarantino’ y que me cayeron en gracia en las formas, en las intenciones y en la actitud. Les vi ganar concursos del Viña Rock y de The Juerga’s Rock Festival  y, dos años después, vuelven ahora con su primer larga duración. Este El Bar de los Muertos para el que han contado con la producción del siempre personal e íntegro Miguel Ángel Hernando ‘Lichis’ que, pese a su discreción, sí que ha dejado su impronta en el sonido del disco. Aunque tiene nombre de tequila y bullangueo, en este bar el viento metal no suena a verbena sino a big band. El humor es blanco y la distorsión, la justa. Pura pulcritud.

Por simplificar conceptos, The Buyakers ante todo transmite buen rollo. Sin tener que hacer brindis al sol por revoluciones venideras, ni tener, como avanzaba, que usar los clichés de los vientos en canciones festivas. El punto de la banda viene en la mezcolanza que hacen de un rock que a veces se pone polvoriento y folkie, otras se pone el frac de big band, tira de blues, del vacileo funky pasando por los Red Hot o, incluso, con pasajes de góspel o inspiración de banda sonora de una peli de animación.

Por lo general el sonido de los temas casi nunca se apelmaza, no hay grandes distorsiones ni rebatos poderosos de batería, en un loable ejercicio de contención por parte de Gregorio Merchante. Todo transcurre con una normalidad que, por momentos, a veces se le puede achacar cierta tibieza, aunque es una sensación que se pierde con el paso de las escuchas.

‘Cuatro Vientos’ abre la lista con un rock de far west (ahí queda ese break jaleado como sioux y la colaboración de Lichis), desafiante y pintoresco a partes iguales, banjo de Sergio González ‘Suko’ mediante, que es, además, el encargado de la voz principal. Aunque la trompeta de Jonathan Blanco parece dar cierta continuidad, ‘Interesante’ es un tema de múltiples matices. Desde el compás latino del inicio, al desarrollo de piano de Pablo Cobos con cierta querencia indie y un crescendo que remata a un rock sanote, solo de guitarra incluido. El riff principal de ‘Payaso Triste’ nos lleva a una sonoridad cercana a los medios tiempos de Poncho K (del que hablaremos pronto) y ese corte poeta-rock. El estribillo también juega en esos terrenos, con cuidado equilibrio entre la nostalgia y la esperanza. Buen contrapunto.

‘Locos De Atar’ es uno de los dos temas que podrían ser elegidos como single de fácil golpeo de cara a la promoción. Un canto a la carretera y al rocanrol, a la fiesta de la música en directo. A la vida de banda… tan tópica como resultona. En el lado contrario, ‘Para Qué Canto Un Blues’ hace honor a su nombre, si bien la sobriedad de la música de Víctor Mohedano, encargado también de la guitarra, se dulcifica gracias a los metales y los coros femeninos.

Punto de inflexión hacia territorios más gamberros. ‘Velatorio En El Bar’ ejerce de introducción instrumental, con poderío del trombón de Fernando Fernández, de ‘El Bar de los Muertos’, un tema que juega entre el cabaret circense y la banda sonora de películas de animación, que conociendo la vis cinéfila de alguno de los componentes de la banda, no me extrañaría que haya algo burtoniano por ahí. Total, ‘Morir, Hay Que Fallecer’, que decían en La Novia Cadáver.

Y es que tras el blues el disco se hace más gamberro, ‘Neworleakers’ juega con el swing y el concepto big band, con derroche de estilo. ‘El Listo’ es un dardo claro y certero contra el ‘cuñadismo’ y los ‘enteraos’. Una sorna que viene acompañada por la explosividad de los coros y el estribillo. ‘Calatravifornication’ juega con tópicos de la tierra (vermú, gachas, invadir la playa, lentejas, mojama, berenjenas…) y el sueño americano, con predominancia del bajo de Fernando Ortega. Por completar el guiño al título, en la parte final se desliza la melodía principal de la banda de Flea y compañía.

Llegando al final, ‘Se Nos Ha Olvidado’, con letra y música de Pablo Cobos, se inicia con un fraseo juguetón para ir creciendo más y más en unos coros festivos y pegadizos. Tan sencillo como efectivo, al aumentar de manera progresiva la velocidad. Otro corte muy ‘vendible’, sin duda, aunque siempre tiene que haber un punto no esperado, como el laúd de Carlos Mazoteras. El álbum se cierra, cual balada crooner, con ‘Ahora Que La Luz Ya Se Apagó’, con sabor a club, a baile amarrado con vestido de raso, mientras limpian las últimas mesas y la barra.

 

 

Lista de canciones – tracklist:

  1. Cuatro Vientos (con Lichis)
  2. Interesante
  3. Payaso Triste
  4. Locos De Atar
  5. Para Qué Canto Un Blues
  6. Velatorio En El Bar
  7. El Bar De Los Muertos
  8. Neworleakers
  9. El Listo
  10. Calatravifornication
  11. Se Nos Ha Olvidado
  12. Ahora Que La Luz Ya Se Apagó

 

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Publicado el octubre 3, 2017 en Críticas Discos y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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