Extremoduro – Agila (1996)

agila-rocksesionCerramos el año con uno de esos discos que conforman la base, esencia e Historia del rock en España. Agila de Extremoduro fue el álbum que situó al grupo en un panorama mucho más amplio que la de la marginalidad, las malas producciones, los conciertos caóticos y los números rojos. Después de varios escarceos, como la colaboración en el disco ¿Dónde Están Mis Amigos? y la consabida Pedrá, Roberto Iniesta pone los mandos del tinglado a Iñaki ‘Uoho’ Antón, hasta entonces muy centrado en Platero y Tú, naciendo así uno de los dúos creativos más importantes del rock duro, como Lars Ulrich y James Hetfield. En sus menos de tres cuartos de hora, Agila tiene una colección de singles apabullantes, dando salida tanto a piezas reflexivas que marcan ese continuum con el presente, como otras de alma punki, pasando por una sonoridad más hardrockera y zeppeliana que nunca. Como hicimos con el Omega de Morente y Lagartija Nick hace unos días, rendimos homenaje por su 20 aniversario a dos que, como me dijo Robe, “son discos que han marcado muchas cosas. Han marcado lo que se puede hacer. Han ido abriendo puertas. (Ni el flamenco ni el rock) no sería lo mismo, desde luego que no”. Es el regalo del Día de Navidad de RockSesión: “Merry Christmas Manué”.

Agila, desde su portada, tiene mucho de simbólico. Si ¿Dónde Están Mis Amigos? es el disco del desarraigo y el abandono capitalino (Lo graba con una banda completamente nueva de sus Q3 catalanes –Miguel Ferreras, Ramón Sogas, Eugenio Ortiz ‘Uge’ y Jorge ‘El Moja’-), y Pedrá (grabado un año y medio antes de su publicación) tiene ese collage de músicos, este desafiante protagonista de la carátula es el rearme de Robe desde La Zubia, en Granada, donde centraría sus vicios, donde lamería sus heridas y donde realizaría un crecimiento tanto artístico como personal que ya no tendría fin.

Como ocurre en la actualidad, muchas de las canciones que pueblan Agila estaban ya compuestas en la gira de presentación de Pedrá. De hecho, en la presentación de aquel disco ya se avanzaron cuatro temas en una emisión acústica y, en el primer gran concierto del grupo en el Palacio de Deportes de Madrid (5 de mayo de 1995, con Platero y Tú, germen final de la gira conjunta del año siguiente) sonaron algunos avances, como el Contra Todos’, el ‘Destrozares’, la ‘Locura Transitoria’ o ‘Experiencias de un Batracio’ de nuestros días.

Robe tenía claro que necesitaba de Iñaki y su apuesta por él fue decidida. El vasco también supo ver que esa relación abría sus puertas como arreglista y para dar salida a otras sonoridades y el rock en este país no volvió a ser igual. Robe le pide ‘que le arme una banda’ y poco a poco las piezas van encajando para una grabación que se hizo en tres semanas en los estudios Box, pero cuya preproducción se trabajó en los Estudios La Nota de Usera con Valentín Méndez, en 1994, casi sin baterista, por ‘El Moja’ andaba siempre percudió… La prueba de esta ausencia de estabilidad y el arraigo que cogió Robe con Granada es que dos de los temas, nada más y nada menos que ‘So Payaso’ y ‘Ábreme el Pecho y Registra’, están grabados en el álbum con Pepegu, Sergio e Isaac (que sería durante varios años su técnico de sonido de directo), del grupo Ratanera, al bajo, batería y guitarra, respectivamente.

Aunque los discos previos también tienen numerosos guiños poéticos, Agila también entraría con simpatía en la juventud de la época (además de por ese ‘Me Estoy Quitando’, que inundaría los bares sin condición) por las numerosas referencias poéticas. Especialmente las de Antonio Machado, Miguel Hernández y Pablo Neruda, pero también con otros ‘minoritarios’ como Ramone (Capitán Kavernícola), Antonio Belarte Aliaga (Sor Kampana) o Román Romero Ruiz. Además, se suman las colaboraciones de Albert Pla y Fito Cabrales en la guitarra española.

El álbum se abre con ‘Buscando Una Luna’, uno de los símbolos del grupo, bastante diferencial en su momento por su carácter más complejo tanto en los vientos de José Sañudo como en su tesitura más melódica y su querencia mucho más poética. Además de esa pomposidad , el contrapunto, sencillo pero efectivo, del “momento de bajada” y “que no pasa nada” la convirtieron en leyenda y es una fórmula que se repetirá en varias canciones (“abrazarme a ella hasta morir”, “pequeñita pero firme”, “yo la doy la mano y a morir”). Cuentan los protagonistas que hasta perdieron un avión por estar trabajando en ella.

Si ‘Buscando una Luna’ acaricia ‘Prometeo’ y ‘Sucede’ (protagonistas de uno de los mejores enlaces de nuestro rock –como el ‘Bailaré Sobre Tu Tumba’ con ‘Assumpta’ del Ante Todo Mucha Calma de Siniestro Total) son el azufre para el fuego, el que roba el primero según la mitología griega. Ambos abren la vertiente más hard de Iñaki, donde a las guitarras furibundas se suma su percusión añadida. ‘Prometeo’ es directa en su conjunción poética (“No me levanto ni me acuesto día, que malvado cien veces no haya sido”) con la carnalidad más animal (“me revuelco por el suelo y me revienta la polla, de pensar en ti, me desangro y riego tu jardín”) y destaco la gran sonoridad del bajo, así como esas guitarras dobladas de su coda final, la que enlaza con un ‘Sucede’ eterno vía ‘Walking Around’: “sucede que me canso de ser hombre”. Igual que la ruralización del Somos unos animales, claro, el protagonista vuelve a la cerrilidad animal “sácame algún día del corral, necesito salir”, para acabar siendo un canto de agradecimiento a los fieles “me siento mejor si sé que tengo una estrellita pequeñita pero firme”, en contraposición a sus adorados –y muertos, importante- Gillespie, Zappa, Mercury y Camarón.>

Caminando por la leyenda, ‘So Payaso’ es una canción muy manida pero que no por ello debe hacernos olvidar su grandeza mayúscula. (Como el ‘Entre Dos Tierras’ de Héroes del Silencio, por poner un referente similar). Con Ratanera de base y Sime al trombón de varas, Robe e Iñaki se marcan un desarrollo instrumental apabullante, con una explosión de big band pseudo sinfónico en su parte final. Un ejercicio que repetirían en cierta manera con ‘Autorretrato’ y que se afinaría aún más en La Ley Innata. Las teclas jugueteando con profusión pasional en el solo final tras el break excitante de batería, son hipnóticas y, cuando se entra en ellas, ponen los pelos de punta.

Tras estas cuatro perlas, ‘El Día de la Bestia’ y ‘Tomás’ aparecen para aliviar un tanto la tensión lírica, poniendo el lado bandarra y divertido del disco, como también harán más adelante ‘Correcaminos’ o ‘Me Estoy Quitando’. Que la película de Álex de la Iglesia se convirtiera en un símbolo de transgresión de la época gracias a los personajes de Santiago Segura y Álex Angulo (que Lemmy lo tenga en su gloria), es otra de esas coincidencias espacio-temporales que ayudaron a elevar el mito. El corte que aquí se incluye es diferente, pues no incluye las estrofas de Albert Pla que sí tiene la BSO, sobre la paella con gambas y almejitas… El corte es a buen seguro el que mayor índice de cambios de ritmo tiene, sin miedo al doble bombo, ni al funky, ni a ciertos toques sincopados. Por su parte, ‘Tomás’ es un desbarre de minuto y medio dedicado a uno de sus dos mánagers, Tomás Rodríguez, primo de Raúl Guerrero, que fallecería durante la gira del disco. Colaboración de Reverendo, que se cargaría varias teclas.

Albert Pla aparece, esta vez sí, de voz presente en ‘¡Qué Sonrisa Tan Rara!’. Como ‘Buscando Una Luna’, el corte destaca por la conjunción de la suavidad conocida en el fraseo (llena de ironía, desde el coitus interruptus con la Guardia Civil y la flatulencia final del cocido) con el acelerón que supone el “dejadme de hablar, no me hace reír, la gente normal se podría morir”. Algunos arabescos melódicos cierran el tema (‘Menamoro’ en el horizonte).

Cabezabajo’ es uno de los grandes trallazos del álbum. No me atrevería a decir de los ‘escondidos’, dada la grandeza del disco, pero sí puede ser que lo habitual es que los fuegos artificiales se los lleven otros. (Como el ‘Si Te Vas’ con ‘Otra Inútil Canción Para La Paz’ o ‘Salir’ y ‘Golfa’ con ‘Autorretrato’ y ‘Su Culo Es Miel’). El riff es de una pureza metalera imponente. El texto juega entre realidad y alucinación, entre la memoria y el deja-vu, apoyado también en el recurso del diálogo y en las drogas como eje. La carga poética será aún mayor en ‘Ábreme El Pecho y Registra’, una de las canciones más descarnadas y pasionales del grupo: “y no es nada, comparado con el doler que le da a mi alma: tu mirada”, que nos traen a un Robe firmando una de sus mejores letras, quizá acuciado y motivado por las estrofas de Sor Kampana.

Con compás circense se presenta ‘Todos Me Dicen’, que arranca bamboleante como un vals (reverencia a los versos prestados de Román Romero), el saxo vuelve a poner sede a una canción que se descabalgará en plena subida lacerante. Los arreglos que tiene el bajo en este tema son maravillosos, así como su mezcla en la parte final, donde casi parece que se van a soltar las cuerdas en un magnífico estallido final. Este remate atribulado y excitante prepara el terreno para el trío deslenguado final. ‘Correcaminos, Estate Al Loro’ presenta un ritmo hipnótico, de melodía oscura, con ligero punto de rocanrol clásico sureño. (contextualización para el polvo que levanta el correcaminos). Este es uno de esos temas en el que, por falta de medios, Iñaki se encargó hasta de hacer efectos con la boca.

Lo salvaje se acrecienta con ‘La Carrera’, un tema recuperado de Dosis Letal, el primer grupo de Roberto Iniesta, que firma autoría con Zosi en 1983, que acabaría destrozado por las drogas, haciendo de aparcacoches (como en ‘Mi Espíritu Imperecedero’). Cosas del destino, sería detenido por emparedar a su hermana fallecida Aurora para seguir cobrando la pensión (no olvidemos el ‘Emparedado’ del Rock Transgresivo). El hecho de que le suceda la también tóxica ‘Me Estoy Quitando’ completa la suerte de coincidencias sorprendentes que vinculan muchos tiempos diferentes y canciones anteriores y posteriores. Esta rumba prestada de Tabletom pondría en valor durante un tiempo la figura de Rockberto González, su particular y especial líder, fallecido en 2011.

El disco provocaría la gira más larga y multitudinaria del grupo en su historia, junto a la Platero y Tú, y que derivó en la grabación del Iros Todos a Tomar Por Culo, único disco de audio en directo de Extremoduro. El álbum sacó a Extremoduro del silencioso anonimato y, aún que aún se movía en términos menos progresivos y sinfónicos, reforzaría una confianza para apuntar poco después en Extrechinato y Canciones Prohibidas.

Agila (aligera en castúo) es el último gran acelerón del vive rápido y muere joven. Es el arrebato final hacia la perdición irracional como remedio al duelo de amor, al duelo social y al duelo existencial. Después llegaría la completa profesionalización, las composiciones más complejas y la necesidad de tiempo.

 

En Spotify.

Tracklist – lista de canciones:

  1. Buscando Una Luna
  2. Prometeo
  3. Sucede
  4. So Payaso
  5. El Día de la Bestia
  6. Tomás
  7. ¡Qué Sonrisa Tan Rara!
  8. Cabezabajo
  9. Ábreme El Pecho y Registra
  10. Todos Me Dicen
  11. Correcaminos, Estate Al Loro
  12. La Carrera
  13. Me Estoy Quitando

 

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Publicado el diciembre 25, 2016 en Críticas Remember y etiquetado en , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Maravillosa crónica.
    Bien cierto es que Cabezabajo y Ábreme… son dos canciones increíbles, solapadas por las canciones que tienen alrededor.
    Si cualquier grupo sacara ahora Ábreme el pecho y registra, tendríamos la letra del año.

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