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#Mis10de Los Piratas

Voy debiéndole a la banda de Iván Ferreiro y compañía aparecer un viernes en las críticas remembers pero, antes, y dado que no va a haber canciones nuevas del grupo salvo monumental sorpresa, apetece echarle un tiento al #Mis10de que realicé de los gallegos allá por enero de 2013. Anda que no ha llovido. Pese a ello, siete años después, pasando una apisonadora por encima de nosotros, la lista no tiene cambios. Los comentarios de las canciones que se han quedado son los originales del momento, algo crípticos, pero bueno, es una forma de mantener el espíritu de aquellos años. Los Piratas era una banda de la que se quiso hacer algo ‘comercial’, por más que la vocación libre y creativa de sus componentes quisieran volar a otra parte. Tanto es así que ya su ‘despedida’ en forma de edición especial de Relax, ya contenía otra senda del todo diferente (ya apuntaron maneras durante todo el viaje) a lo que suele ser un grupo de pop-rock convencional. Y pareciéndome un disco descomunal, su rollo casi conceptual hace que ninguna de sus canciones dé el salto a la selección. Insisto, y me parece fantástico. Después Ferreiro en solitario volaría y haría volar todavía más con su forma de entender la composición y la forma de contar las cosas. Sin más vueltas, allá van.

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Iván Ferreiro y Kuve. Cooltural Go! 2 de julio

Que Iván Ferreiro es un artista distinto es bien conocido por todos aquellos que lo conocen desde los tiempos de Piratas. Tal es así que incluso verse ceñido en los mecanismos de un grupo y en el engranaje de su funcionamiento no podía mantenerse demasiado en el tiempo. Necesitaba volar solo para emprender un camino en solitario en el que incluso se ha desligado de sí mismo en más de una ocasión para emprender terrenos desconocidos, arriesgados, de esos que llevan marcada la derrota en las cartas del envite… pero siempre honesto y libre. La gira ‘Cuentos y Canciones’, con la que visitó ayer por segunda vez el escenario de Cooltural Fest (estuvo en el estreno de 2018, firmando un concierto espectacular, no en vano en aquella gira fue nominado a mejor concierto en los Iberian Awards) tiene mucho de ese carácter indómito. Un alma inmarcesible, escoltada por su hermano Amaro, que brindó, como si de la luna se tratara, el lado oculto de su repertorio. ‘Patitos feos’ con los que compartir historias y confidencias en un desarrollo más o menos cronológico por su trayectoria en solitario y con algún que otro dardo gratuito. Os dejo a partir de este momento la crónica realizada como jefe de prensa de Cooltural Fest y como redactor del Área de Cultura del Ayuntamiento de Almería. Salud. (FOTOS: José Antonio Holgado para RockSesión)

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Pereza – Animales (2005)

Si una banda nace del mero hedonismo de juntarse para tocar canciones de Leño, nada puede salir mal. Después de casi 1.500 entradas en la web, después de haber escrito de los discos en solitario de Rubén (también con Lichis), de Leiva, haciendo referencia a ellos al escribir de Buenas Noches Rose o de Sidecars… Iba siendo hora de que un disco de Pereza asomara el hocico por las críticas remembers de los viernes. Y si de morro hablamos, qué mejor que este Animales de dual portada, cambiante en las múltiples ediciones posteriores que ha tenido el disco. No es para menos. Aunque en términos globales (porque también depende del día y el estado de ánimo) considero que su mejor disco es Aproximaciones, fue con este álbum con el que el dúo se colocó en el centro del foco de (quizá) la última gran época dorada del guitarreo inundando las radiofórmulas, antes de que las programaciones latinas se comieran a la distorsión. Lo he escrito ya más de una vez. Benditos tiempos en los que ‘lo comercial’ era Pereza, El Canto del Loco o La Oreja de Van Gogh, como antes lo fueron Piratas, M-Clan o Los Rodríguez o, más atrás, La Frontera, Seguridad Social, Hombres G, La Guardia o Gabinete Caligari. Por no hablar de cuando Los 40 fijaron su atención en los Dover, Extremoduro, La Fuga con Rulo o Marea. (¿En qué maldito momento se jodió todo?). Animales simboliza también el equilibrio entre los dos discos iniciáticos, más ‘primitivos’ (con los que abrían para bandas más rudas como Enemigos, Siniestro Total o hasta Porretas) y la posterior vuelta de tuerca, donde al guitarreo marca de la casa añadieron una dualidad de complejidad compositiva, a la vez que sobriedad acústica o, del otro lado, la búsqueda de singles descarados destinados a ampliar cada vez más el círculo. El tiempo le ha dado más valor si cabe a lo firmado.

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Depedro. Cooltural Fest. 8 de diciembre

Sigue haciéndose raro esto de ver conciertos a las doce del mediodía o a las cuatro de la tarde, al menos en teatros y auditorios. Pero así son las cosas en esta situación y, sin duda, mejor así que ninguno, siempre y cuando se garanticen todas las medidas para la #CulturaSegura. Y ahí están los datos, brotes o contagios en conciertos, bien pocos. Así, esta mañana tenía cita con mi yo niño gracias a Érase Una Vez, la nueva gira de Depedro en la que además de repasar casi la totalidad de su último disco, conceptual, presentaba su nuevo espectáculo acorde a la cita. Recordemos: El músico trotamundos y multicultural (que no mestizaje) se hace serio en su nueva entrega a la que ha cuidado con mimo durante largos cinco años. Y no es para menos, ya que son los niños y niñas los protagonistas de un álbum en el que compila vívidas emociones de infancia, en las que fabula sobre dragones y castillos, elefantes que vuelan, tiburones de trapo, islas pirata, astronautas, charcos, lobitos buenos, brujas hermosas, príncipes malos, piratas honrados, estrellas que pescar… Donde prima la imaginación y se desecha todo lo que se da por supuesto, reivindicando el derecho a jugar. Lo hace sin mutar su expresión musical, con sus armas bien conocidas y con la banda habitual que lo lleva por un viaje por los compases cálidos, los sones dulces y elegantes, una voz repleta de matices y una ilusión contagiosa ya que, como él escribe, el álbum está dedicado “a eso tan importante que es la niñez, que en mi caso no he superado y espero que así continúe”. Así debería ser siempre. Y así lo hemos vivido esta mañana. A partir de este momento, os dejo mi crónica como periodista del Área de Cultura del Ayuntamiento de Almería y jefe de prensa de Cooltural Fest. (FOTOS: José Antonio Holgado – Contraportada).

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Los Rodríguez – En Las Ventas, 7 Septiembre 1993

Como casi todo en la vida, el mundo del rock tiene casuísticas de todo tipo que vienen a concluir que nunca hay reglas ni patrones fijos para determinar el éxito, vida y longevidad, continuidad, ascenso o caída de una banda. Tenemos grupos que no han roto su senda durante más de cuarenta años (Medina Azahara, Asfalto…), casi Obús, Barón (aunque sea con los Castro como continuidad), Ñu con Molina… Ejemplos de constancia que las han visto de todos los colores, crisis o menos crisis, años de bonanza, otros más crudos. Luego los hay que duran poco, desanimados porque la cosa ‘no tira’. Y los hay que firman una espectacular discografía en pocos años de trayectoria, con una influencia descomunal en su género. En ese grupo encontramos a Leño (sólo cinco años), Triana (sólo 8) o Los Rodríguez (sólo 6). Con solo tres discos de estudio (Buena Suerte 1991, Sin Documentos 1993 y Palabras Más, Palabras Menos 1995) y un directo con algún tema inédito (Disco Pirata 1992) su leyenda es gigantesca, como el dream team que los conformaba: Ariel Rot y Julián Infante se reunían de nuevo tras el furor de Tequila (también vida acelerada e intensa, con Alejo Stivel al frente), reclutando a un desconocido Andrés Calamaro desde Argentina y con Germán Vilella a la batería. En la coctelera, el descaro rocanrolero mantenido de la juventud pero con poso de madurez  y desencanto noctámbulo, desengaños y afrentas por tapices de crooner, de balada, de sones latinos o de rumba. Elegancia de teclas y riffs, una potente base rítmica y el alma en brindis constantes.

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El Reno Renardo – Rarezas Raras

 

Pura risión veraniega. Si a que ya de por sí el verano suele ser bastante improductivo en lo que al número cuantitativo de lanzamientos de nuevos discos se refiere y cualitativo porque ‘los grandes’ se suelen reservar para otras épocas del año, se le suma el frenazo en seco que ha supuesto el confinamiento y la incertidumbre posterior de la desescalada y la ‘nueva normalidad’ para el sector musical, nos encontramos ante uno de las temporadas estivales más tristes que se recuerdan para las novedades. En este secano, como un oasis, aparece El Reno Renardo que ‘nos regala’ casi de improviso un disco extra antes del que ya estaban preparando de nuevas canciones para comienzos de 2021. Así que, doble regalo. Por un lado, nos regalan una bola extra y nos alegran el letargo con el humor marca de la casa, con el que rebozan vuelta y vuelta una serie de temas que si con regrabación por aquí, supuesto remix por allá, versión dance, orquestal, acústica, en directo en escenario y en directo en estudio. De postre, tres instrumentales inéditas en las que en una de ellas, recitan frases de cuñado fácilmente reconocibles en los tiempos donde las frases de manual se repiten en ausencia de cualquier atisbo de pensamiento propio. En fin, que muy bien, Reno, muy bien por este Rarezas Raras.

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Álvaro Suite – La Xana

 

De un tiempo a esta parte ‘secundarios’ (perdón por el uso del término) o escoltas (mejor) de lujo de grandes estrellas de la escena rockera más personal, vienen presentando sus proyectos en solitario. Igor Paskual, guitarrista de Loquillo, es de los más avezados en ello, con tres discos ya a su espalda. También tenemos a Fon Román, histórico guitarrista de Piratas. Más conocido por el gran público, Ricardo Ruipérez, guitarrista de M-Clan, también ha hecho lo propio. El último en sumarse a esa notable lista de ilustres es Álvaro Suite, conocido por ser el más que solvente y sobrado de facultades guitarrista de Los Santos Inocentes, la banda que viene acompañando a Enrique Bunbury en los últimos diez años. Sin embargo, mientras que lo previsible podría ser encontrar un disco de calor fronterizo o de guitarras en primera línea, lo que nos ofrece son arreglos espaciales y generación de ambientes a través de un siempre afectado tratamiento vocal y unas canciones deudoras de nombres tan indiscutibles como distintos, como lo pueden ser David Bowie, The Beatles o Antonio Vega. Por el momento, le vale para salir de gira unas cuantas fechas antes de que vea la luz el nuevo disco de Enrique. El tiempo determinará si el recorrido de este viaje solista es de cercanías o de largo trayecto.

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Iván Ferreiro – Canciones Para El Tiempo y La Distancia (2005)

 

Él lo ha celebrado con la reedición remasterizada del disco y una espectacular caja con numerosísimo material, pero en RockSesión nos queremos acordar, en su quince aniversario, de la edición original de Canciones Para El Tiempo y La Distancia, el que supuso ser el debut en solitario del gallego Iván Ferreiro, tras su intensa y profunda etapa con Piratas. Una banda del todo incatalogable, que pasaba del pop más al uso a la experimentación más plena (siempre con sentido), que lo mismo te creaba un himno generacional por obligación de la casa discográfica (‘Años 80’), que se ponía electrónico dejando siempre sorprendidos a sus propios seguidores, que sabían que podían esperarse cualquier sorpresa o truco de magia a las menores de cambio. Tal es así, que en 2003 se encontraron con la peor de ellas, en el momento,  que era la disolución de la formación. Y digo en el momento porque el tiempo, tomado con distancia, ha demostrado que hemos ganado a un artista más total y más libre que nunca, hasta el punto de convertirse en todo un referente de calidad. Congracia con la música saber que algo así obtiene el reconocimiento del público, cuando lo masivo suele estar asociado en muchas ocasiones con la mediocridad. Iván Ferreiro pasó, de primeras, con este disco a ser uno más de la lista de ‘frontmans’ de bandas exitosas que lo intentan a solas (España debe ser líder en eso -aunque los motivos sean distintos-, Bunbury, Calamaro, Erentxun, Coque Malla, Leiva, Manolo García, Robe, Fito, Rulo, El Drogas…) pero pasó a ser, como los citados, único. Lee el resto de esta entrada

Loquillo – El Último Clásico

 

Podemos debatir o no en si alguna vez ha metido la pata en alguna declaración (¿a quién no le ha pasado?), pero no voy a entrar en lo manido de si no compone las canciones en esa estúpida manía de cuestionar a los intérpretes. O en restar valor a la dirección de un equipo para la consecución de un fin. (Por esa regla, ¿para qué vale un director de una orquesta sinfónica si no es suya la partitura que están interpretando ni tampoco está tocando un instrumento?). Ni tampoco en que su voz no sea un prodigio técnico (¿Lo es la de todas las bandas rockeras y punks que escucháis?). Lo siento para los que escuchan su nombre y su voz y les sube el exabrupto a la boca porque les puede la bilis a una opinión discordante y a un análisis más cabal. Loquillo ha sacado (y se la) un señor disco de rocanrol en El Último Clásico. Podemos tener nuestro orden de preferencia en la decena de temas pero todos, absolutamente todos, tienen un poder hímnico y aglutinador que casi parece un fin de fiesta constante. Como las largas tandas de bulerías tras un recital flamenco. El hecho de haber confiado las composiciones a tantos y variados escritores y músicos amigos hace que todos hayan optado por buscar la canción total, el tema congelado en el tiempo y simbólico de una forma de vivir el rocanrol. Aires épicos, sonidos que recuerdan al rock español de los sesenta, country rock, algo de raíz negra por la vía Motown, también mucho de New Jersey. Una explosión de vitalidad que para un tipo que, con la previsible larga gira de presentación del álbum,  se va a meter en los 60 años. Y, que ladren, que parece que hay cuerda para otra década más.

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Depedro – Érase Una Vez

 

“La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con la que jugaba cuando era niño”. Con esta frase del siempre denostado Friedrich Nietzsche viene a ser una buena introducción para comenzar la crítica del nuevo trabajo de Depedro. El músico trotamundos y multicultural (que no mestizaje) se pone serio en su nueva entrega a la que ha cuidado con mimo durante largos cinco años. Y no es para menos, ya que son los niños y niñas los protagonistas de un álbum en el que compila vívidas emociones de infancia, en las que fabula sobre dragones y castillos, elefantes que vuelan, tiburones de trapo, islas pirata, astronautas, charcos, lobitos buenos, brujas hermosas, príncipes malos, piratas honrados, estrellas que pescar… Donde prima la imaginación y se desecha todo lo que se da por supuesto, reivindicando el derecho a jugar. Lo hace sin mutar su expresión musical, con sus armas bien conocidas y con la banda habitual que lo lleva por un viaje por los compases cálidos, los sones dulces y elegantes, una voz repleta de matices y una ilusión contagiosa ya que, como él escribe, el álbum está dedicado “a eso tan importante que es la niñez, que en mi caso no he superado y espero que así continúe”. Así debería ser siempre.

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