Gabinete Caligari – Camino Soria (1987)

Hubo un tiempo en España en el que la música comercial, la que vendía, no estaba reñida con la calidad. Treinta años han pasado (salió en mayo) de la irrupción de Camino Soria, el tratado de amor y aridez castellana que despachó una de las bandas más importantes del pop-rock del país, encabezados por el tosco pero siempre brillante Jaime Urrutia. Un grande, sin la menor de las dudas. Después de haber hecho evolucionar su oscurantismo gótico a compases de pasodoble y rock, Camino Soria fue toda una sorprendente muestra de grandeza, de madurez y casi solemnidad. El resultado visceral del desamor supurando. Nueve cortes que conforman uno de los mejores discos de nuestra música, de principio a fin. Nueve monumentos al placer de escribir con sentido, de tocar bien, con elegancia, con salero y con un derroche de talento que todavía hoy sigue abrumando cuando uno se sumerge media hora en el viaje. Treinta años de Camino Soria, grabado en letras de oro.

Hay que tener en cuenta que Gabinete siempre fue un grupo un tanto difícil. Su música no tenía la inmediatez ni bisoñez de Mecano, no eran tan guapos (¿lo eran?) como Hombres G, no eran tan duros como Loquillo y Los Trogloditas, ni tan punkis (inicios) ni sandungueros (desarrollo) como Seguridad Social, ni tan deslenguados como Celtas Cortos, ni tan románticos como Nacha Pop, ni tan tristes como Los Secretos, ni tan hiperactivos como Danza Invisible, ni tan apocalípticos como Héroes del Silencio (que les telonearon en sus inicios) o tan enrollados como Los Rodríguez y esos acentos molones de Ariel y Andrelo. Así, su sobriedad, en algunos confundida con aburrimiento, les fue castigando con el paso de los años hasta que poco a poco se les dio la espalda, al menos en lo que a público masivo se refiere, porque el reconocimiento de la crítica y el respeto de los compañeros de profesión ha estado siempre ahí.

En aquellos años, Gabinete Caligari eran Jaime Urrutia a la guitarra y voz; Fernando ‘Ferni’ Presas en el bajo; Eduardo ‘Edi’ Clavo en la batería; y en este disco además con Esteban Hirschfeld en los teclados; y siempre Ulises Montero, saxofón, en el recuerdo.

Como apuntaba el disco no tiene desperdicio (como curiosidad, fue una de mis primeras cintas originales junto a ‘Bad’ de Michael Jackson). Su discografía está llena de gigantes canciones pero casi de este álbum saldría un #Mis10de y tampoco habría mucho que reprochar. ‘Pecados Más Dulces Que Un Zapato De Raso’, una canción coescrita por Eduardo Haro-Ibars, de punto beatleliano en algunas escalas, si bien más rotundas en su solemnidad y más armónicas gracias a las teclas. ‘Suite Nupcial’ es un bombástico rock teñido de swing y una línea de bajo recordando a los grandes contrabajos de los cincuenta y aroma de big band de Sinatra. La letra es tan mágica que hace de algo puntual como la suite nupcial un canto costumbrista, una rutina. “No hay prisa, hasta el día del juicio final”.

‘La Fuerza De La Costumbre’, precisamente, ahonda de manera fatal en lo gris como modo de vida: “si buscas en mí algo excepcional te voy a desilusionar”. La pomposidad del arrope musical le da un halo teatral y declamatorio excitante. Como un oasis en la lista, ‘Tócala, Uli’, es la canción dedicada al que fuera su saxofonista, fallecido pocos meses antes debido a una sobredosis de heroína. Chulapismo y casticismo, “una caña de mahou y una de rabo de toro”, en uno de los panegíricos musicales más divertidos. La cara A se cerraba con ‘Como Un Pez’, otra historia decadente, de inspiración kafkiana y con un punto circense y de ‘belle epoque’ que acaba en ahogamiento, “y allí reposa con otras suertes, con otras muchas suertes, que resbalaron como un pez”.

La segunda parte del álbum se abre con uno de mis temas predilectos, ‘La Sangre De Tu Tristeza’, un country hillbilly venido a más, con las tintas cargadas en la melancolía y la añoranza. Más fino y dulce se presenta el bolero-samba de percusiones africanas de ‘Saravá’, femme fatal como Salomé. Un cóctel de sensualidad efectista, lleno de cuidados arreglos, que llevan incluso hasta los metales y la guitarra española. ‘Rugido de Tigre’ retoma el sonido big band clásico para una rotunda canción de crooner, tan asentada en la base rítmica como después explotarían en el minusvalorado Gabinetíssimo.

Si el disco ya con esto sería de matrícula, el cum laude llega con ‘Camino Soria’, un tema de seis minutos (totalmente inusual para un disco ‘radiable’ como en la época, solo ‘Eloise’ de Tino Casal le puede hacer competencia en ello). La genialidad del tema viene por todos sus elementos. La música parece obligarnos a emprender el paso mientras que la meta parece abrírsenos, florecer, poco a poco con el estallido de metales y teclas y qué decir de la coda final, con su desarrollo instrumental excepcional.  Las referencias literarias tan certeras a Bécquer y Machado marcarían una tendencia en las letras del rock español que después bien aprovecharían autores a priori alejados como Roberto Iniesta, (siempre vi alguna conexión ilógica con ‘So Payaso’, en el desarrollo).

En definitiva, una auténtica delicia que cumple treinta años. Un disco para hacerle una edición especial aniversario, una gira, un… algo. Pero claro, Gabinete y Jaime dejaron de interesar a los que manejan el cotarro y quizá les quede estas pequeñas críticas remember como homenaje.

Sea.

En Spotify.

Lista de canciones – tracklist:

  1. Pecados Más Dulces Que Un Zapato De Raso
  2. Suite Nupcial
  3. La Fuerza De La Costumbre
  4. Tócala, Uli
  5. Como Un Pez
  6. La Sangre De Tu Tristeza
  7. Saravá
  8. Rugido De Tigre
  9. Camino Soria

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Publicado el mayo 19, 2017 en Críticas Discos y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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