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Mi Capitán – Un Tiro Por La Salud Del Imperio

Sigue creciendo y de qué manera la reunión de músicos que cada vez gana mayor entidad y cohesión como grupo bajo el nombre de Mi Capitán. Tras un más que notable debut en Drenad El Sena (que además se llevó uno de mis bronces en mis discos del año de 2015 –este año huelen también a metal-), ahora llega este sugerente y alucinógeno Un Tiro Por La Salud Del Imperio, que nos trae diez temas de sonido más limpio, de hechuras más reposadas, menos urgentes, llenos de agujas, sustancias, crítica social, fina ironía y, de nuevo, algo más de drogas y alcohol. Mi Capitán son Victor Valiente, Daniel Ferrer, Ferrán Pontón, Ricky Falkner, Julián Saldarriaga y Ricky Lavado, todos ellos liderados por un Gonçal Planas que sigue ahondando en las letras tormentosas sin caer en el melodrama pueril. Los músicos, con experiencia en bandas como Love of Lesbian, Sidonie, Egon Soda, Nudozurdo, Standstill, The Secret Society y Sampedro, se dejan las vestiduras en la puerta y, desnudos, nos invitan a un disco de una concreción magnífica.

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Mi Capitán – Drenad El Sena

Mi Capitan Drenad El Sena¡Ay las etiquetas! ¡Cuánto daño a la falta de apertura de oídos! Existe cierta tendencia en algunos sectores del rock patrio a mirar por encima del hombro o, sencillamente, denostar, cualquier cosa que tenga que ver con la etiqueta tan genérica como a veces inocua de ‘indie’. Y es que si comienzo esta crítica diciendo que los componentes de esta banda provienen de otras formaciones como Love Of Lesbian, Standstill o Egon Soda, más de uno saldrá corriendo sin dar opción a más. Sin escuchar, sin buscar, sin aprender. Mi Capitán es una jodida banda de rocanrol (aunque en la promo intenten colar la palabra pop, aquí hay peso suficiente como para prescindir del término) se ponga tierna, melódica o con ganas de incendiar las guitarras como demuestran en buena parte del generoso metraje de su debut, Drenad El Sena. Un álbum de doce cortes con letras los suficientemente directas como para que no haya ambages, pero de una encriptación apabullante. Y, como guinda, una versión del ‘Alta Suciedad’ de Andrés Calamaro. Pura combustión.

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