Óscar Sancho – Ni Política, Ni Religión, Ni Fútbol

“Ahora que se aproximan unas fechas tan entrañables…”, como diría S.A. en la presentación de su conocido tema navideño, el título del primer libro de Óscar Sancho Rubio, vocalista y cabeza visible de los segovianos Lujuria en sus más de treinta años de vida, pasa por ser el mantra habitual de la paz pactada de reuniones familiares, de amistades o conocidos, dado que es poco frecuente encontrar un grupo numerosos de más de ¿dos? personas que sepan mostrar y contrastar ideas y opiniones contrapuestas sin que la falta de respeto o la cerrilidad se apoderen de las formas. No podría haber mejor título para esta obra, publicada por una de las editoriales más activas dentro de nuestro rock, Desacorde Ediciones, porque damos por hecho que con Óscar siempre va a ser al contrario, para una figura desafiante, deslenguada, sincera y voraz en su firme defensa de los ideales que él considera justos. En todo eso se basa este primer libro de Sancho, que se torna en utópico quijotesco en su lucha por una sociedad mejor, igualitaria, social, inclusiva, con unos valores muy bien definidos, casi maniqueístas, pero siempre bien argumentados. Este Ni Política, Ni Religión, Ni Fútbol viene a compilar todas las publicaciones personales, a veces viscerales otras más sesudas, que Óscar realizó desde el comienzo del estallido de la pandemia hasta los primeros pasos de la ‘nueva normalidad’ o desescalada. Todo ello acompañado de comentarios sobre la jugada, repercusión de lo publicado o matizaciones o ampliaciones. Recomendable para todos porque hace pensar, aunque ya sabemos que eso no gusta a todo el mundo, aunque no tengamos que estar necesariamente en todo de acuerdo con él.

El libro se estructura en cuatro partes, como si un catálogo de las fases del duelo se tratara pero, aquí, con la pandemia y el confinamiento. La fase Burro en la terca impresión de que esto pasará rápido, con cierta dosis de incomprensión. La fase Mono, en la que artistas y sucedáneos se afanaron en entretener con buena voluntad a sus seguidores. La fase Buitre, más destructiva, arremetiendo contra todo. Y una cuarta denominada como ‘Ahora sí, normalidad’. A ello se suma un apéndice con códigos QR que nos lleva a los links de canciones, entrevistas, enlaces y demás contenidos publicados en el tablón de Facebook. Y, como desafío inicial, la presentación de un conjunto que empieza con Fin y termina con Principio.

Como decía, y creo que es algo que a la gente se le olvida con frecuencia, no es necesario estar de acuerdo con el 100% de las opiniones de una persona para disfrutar con su trabajo. Por eso, ante un libro tan ideológico como este debemos dejar las anteojeras en el zurrón y abrir la mente con ganas de evaluar. Y es que Óscar, y los que lo hemos visto tantas veces sobre un escenario lo sabemos, es un torrente de incontenible locuacidad y de creatividad a la hora de colocar sobre la mesa ideas y propuestas.

Por momentos, resulta de un romanticismo utópico casi conmovedor, pero es que necesitamos personas así. Son necesarias para avanzar, para coger el impulso que igual nos deje a medio camino, pero siempre avanzando. Dignas de elogio son todas sus elucubraciones para ayudar a las pequeñas salas, a los festivales, a los grupos pequeños. Desde crear clubs de fidelidad a intercambios, animar a la comprensión, defender el orgullo de lo que él se esfuerza en que cale: la nueva ola del metal latino (me sumo a la causa a partir de hoy, compañero) y un largo etcétera.

No se esconde en la crítica a las caceroladas, ni en su apoyo decidido por la sanidad pública, él que, además, es profesor (¿o maestro?). Señala a quienes bajo la libertad del heavy metal encierran una siniestra sombra de caciquismo, racismo y naftalina. Utiliza el término voxmetal incluso antes de tener el desencuentro reciente con Sherpa, que le da para un segundo volumen, quizá sea el ‘teaser’.

También en el libro se refleja el carisma que tiene para la afición, que compartió numerosas fotos realizadas con él a lo largo de los años (confieso que me hice una en un Leyendas, allá por 2009 o 2010, no recuerdo bien, tal es así, que no sé ni dónde la tengo) y por las páginas desliza nombres y nombres de bandas a las que darle una escucha. Una actitud generosa, como lo es el apoyo a camisetas solidarias para pagar alojamientos a padres y madres que acompañan en otra ciudad a sus hijos con cáncer o pidiendo la unión para otras causas.

Y por el camino, su banda, ¡ay, su banda! Tan denostada siempre víctima, por un lado, de lo poco valorado que ha sido la voz aguardentosa en el heavy metal patrio, más afinada a los agudos imposibles, y por su indomable carácter que le ha llevado a cantarle las cuarenta sobre el escenario hasta a quienes los han contratado (festivales, colaboradores, etc).

Aunque esté escorado a la izquierda hasta el punto de casi no salir en la foto, Óscar no se esconde ni se arruga. Va de cara y lo mejor es que lo razona. Y, a veces, para quienes tenemos el defecto profesional de ver las cosas con cierto carácter analítico, se echa en falta el lado contrario con la misma capacidad argumental. La pena es que casi siempre, del otro lado, los mantras son tan sencillos como inanes. El odio nunca debe ganar.

Publicado el diciembre 9, 2020 en Actualidad y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. 4 comentarios.

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