Christina Rosenvinge – Un Hombre Rubio

Resulta harto complejo ponerte a escribir de un disco cuando su autora explica de manera tan diáfana y clara los objetivos, propósitos, inspiraciones e influencias en la nota de prensa que acompaña su lanzamiento. Es inevitable que todos los medios de comunicación, especializados o no, acaben cayendo en esa guía de oro que son las explicaciones del artista, incluso en términos globales y de contexto (situación con respecto a la entrega anterior, gestación) como hasta el detalle de tema a tema. (Calamaro hizo algo bastante similar con aquel tormentoso y excesivo Volumen 11). Supongo que para talentos completos y complejos es un mal menor explicar el truco de magia, frente a encontrarse razonamientos o preguntas muy alejadas de su propósito creativo. El caso es que Un Hombre Rubio es el magnífico nuevo álbum de una artista, y concluyo esta introducción por que debería ser el final de la crítica, que lejos de los grandes focos se convierte en uno de los valores más firmes del pop y el rock de autor de nuestro país. Tras Chica Sobresalto, ella protagoniza la segunda crítica en esta semana que será exclusiva para el rock de creación femenina.

Resulta bastante curioso, digámoslo así, que en plena pelea con el lenguaje sobre la feminización de palabras (como portavoza), una de las artistas más comprometidas con la consecución de una igualdad real entre hombres y mujeres va y lance un álbum conceptual que está narrado en un ‘yo, masculino indefinido’. Ya saben, la RAE dice en su primera acepción que ‘hombre’ es un ser animado racional, varón o mujer. En unos tiempos en los que todo el mundo intenta chillar más que el de al lado para quitarle así la razón, es tan loable y excepcional que una voz amplificada manifieste su intento de comprender las emociones, angustias y temores del género masculino en la sociedad de nuestros días y expresarlo a través de canciones, que uno no puede sino reverenciar y aplaudir durante este álbum.

Y, con escuchas sucesivas, continente y contenido lo merecen igualmente. Rosenvinge irradia, como un diamante, luces en todas las direcciones. Entendamos como luces todas sus etapas musicales, sus toques pop, su lado rock, su fina ironía y una lírica cuidada. Nada se despliega de manera explícita y chabacana, sino que el gran mérito de la artista y sus músicos (la grabación se llevó a cabo en el estudio de Dany Richter, técnico de directo durante la primavera de 2017, Manuel Cabezalí en la guitarra y bajo, Juan Diego Gosálvez en la batería y David Tuya Ginzo a los teclados) es hacer que todo quede intencionadamente sin aristas musicales, sin picos, sin accidentes.

Una ‘hombría’ impertérrita que se nota también en la forma de narrar y cantar muchos pasajes del álbum. Tonalidad de póker aunque la muerte (gran hilo conductor del disco, desde el germen que lo provoca, su padre, a todos los espectros y riesgos que devienen en otras canciones) sea pretérita, latente, evocada o venidera.

Escribía en mis notas previas (antes de leer a Christina) que ‘La Flor Entre La Vía’, el tema que abre la lista, presenta, abro comillas, “ritmo constante, ritual/chamán”. Le leo días después, “quería hacer un himno tribal, así que la escribí en 5/4, un compás poco común”. Pues eso, que estamos ante un enérgico corte que se encuentra en la indefinición del adolescente ante la ausencia de identidad con su género en momentos de turbulencias. La languidez del efecto ceremonial del tema se azuza con las dobles y triples que se adhieran en la repetición del estribillo.

‘Romance de la Plata’ es la canción que origina todo el álbum. La gran cantaora (os sigo recomendándola, cada vez que puedo) Rocío Márquez le encarga un romance para su disco Firmamento (álbum flamenco con letras fuera de lo habitual y sin guitarra española) y Christina Rosenvinge descubre la vena jonda de su padre danés, que acabó en España enamorado de su madre, claro, y también del cante y de García Lorca. En esta creación encontramos un auténtico exorcismo de emociones, de final comprensión, “¿Cómo no voy a entenderte padre? Si es mi misma soledad”. También emociona la evocación del llanto de la fina plata, como en el ‘Romance de la muerte de Torrijos’ del poeta granadino.

También hay muerte, presagiada y consumada, en ‘El Pretendiente’ y ‘Berta Multiplicada’. La primera con la intensidad épica de piano y guitarras en el inmigrante que intenta llegar a Europa y se encuentra “puentes de agua en la corriente” y “millares de camisas”, cosidas en la reina de espadas… Cuchillas. Todo ello invocando, a las cuatro reinas de la baraja de España, puerta sur de la Unión. En ‘Berta Multiplicada’, por su parte, la referencia es a la activista por el medio ambiente hondureña Berta Cáceres y la cosmovisión que diluye su mensaje por todo el planeta. Los acordes de guitarra y la voz de Christina parecen ayudar a expandir esa semilla.

Otro dúo claro, viene de la mano del amor juvenil de ‘Ana y Los Pájaros’ y el de senectud en ‘La Piedra Angular’. La primera tiene un fraseo muy de autor lírico latinoamericano, si bien esta ensoñación se vuelve más enérgica en el estribillo, lleno de sexualidad perdida y añorada. También hay extravío y deploro la segunda canción, que es la que cierra el álbum (nueva ¿casualidad? La lista se abre con la adolescencia y se termina en la vejez). En este caso, en forma de vals del adiós. La dura realidad de perder media vida.

En ‘Pesa La Palabra’ debemos echar mano de nuevo a la guía, por lo inesperado de su motivación. “Tengo un padre de humo” diría El Cordobés y en eso gira el tema, en el padre incapaz de ser lo que ‘se debe’. Christina Rosenvinge intentando ponerse en la piel de ese progenitor, pero que a su vez se pone en la piel de su hijo no reconocido. Doble salto mortal donde al final reina… el silencio. Para cerrar el repaso, “en ‘Niña Animal’ y ‘Afónico’, mi hombre rubio invoca a los espíritus”. La primera presenta un desarrollo creciente, cuasi en explosión cósmica (nota de guía: musicalmente he seguido la estela de David Bowie. The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars) y la segunda juega más con bases programadas de elegancia sutil, evocadoras de los terrenos más reposados de los Radiohead más armónicos.

La conclusión ya la dije, arriba, pero la clarifico: Rosenvinge se marca otro disco para enmarcar y, lo que es mejor, se intuye que hay mucho bueno por venir.

 

Lista de canciones – tracklist:

  1. La Flor Entre La Vía
  2. Romance de la Plata
  3. El Pretendiente
  4. Ana y Los Pájaros
  5. Pesa La Palabra
  6. Niña Animal
  7. Berta Multiplicada
  8. Afónica
  9. La Piedra Angular

 

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Publicado el marzo 6, 2018 en Críticas Discos y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. 3 comentarios.

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