Rosalía – El Mal Querer

Aunque las fronteras estilísticas de esta casa son bastante permeables y laxas, es cierto que, a priori, no tenía pensado escribir sobre este El Mal Querer, el segundo larga duración de la artista catalana Rosalía. Aquí os suelo traer muchas cosas claramente rockeras, metaleras, heavys o punkis, con alguna licencia personal cuando considero que por actitud o matices, se puede encuadrar colindante o merece especial atención por el público de estos sectores. Por un lado, para guardar una línea editorial algo coherente y, por otro, porque dados mis amplios gustos e investigaciones musicales podría caer en el peligro de que acabara escribiendo de todo menos de Rock (en mayúscula, englobando toda distorsión guitarrera). Uno de los estilos que más frecuento es el flamenco, escuchado con naturalidad desde la infancia y profundizando en él con dedicación casi obsesiva durante más de una década, consciente de que es imposible abarcar toda su inmensa grandeza. Pero ahí vamos, con lo suficiente para que enerven algunos comentarios que uno oye o lee. La ignorancia es atrevida. Asociado a ello, hay tantos aspectos que comentar del fenómeno Rosalía, de su imagen, de todo lo que está generando, que decidí hacerla. Aunque lleva mucho más. Con una estructura como la de su álbum. Si son 11 canciones/capítulos, os lo divido en 11 temas/ejes argumentales. Dejen prejuicios y bilis en la entrada y también el hype y el fanatismo.

 

Capítulo 1. La manida revolución. Tema cansino. Para empezar, la propia Rosalía ha dejado claro que todo está ya inventado y que este disco tiene difícil catalogación. Es decir, que en ningún momento habla o considera que el flamenco de hoy tiene que ser así, ni que este sea un nuevo tratado sobre cómo hay que hacerlo. El problema es el titular simplista, el tópico manido, el medio generalista que se acerca por primera vez a algo que no frecuenta o de lo que no entiende. Por otro lado, el flamenco no es algo que haya mantener en una urna hermética que garantice una incorrupción como la mano de Santa Teresa. Ejemplos ha habido a decenas desde hace más de cincuenta años. Desde que Paco de Lucía introdujera el cajón peruano, desde que la Cádiz portuaria entroncara cantes a sones de ultramar, desde Sabicas a Fausto Taranto, desde el Omega a La Leyenda del Tiempo, desde los ingleses Carmen a Triana, del chill out al disco de Azuquita, del Turronero a Keiki Kobayashi, de Innuendo a El Garrotín de Smash. Son hitos que han abierto puertas, que han permitido explorar, pero no por ello han desvirtuado nada. Menos mediáticas, recientemente tenemos otras dos joyas de investigación: Arcángel con el Coro de Voces Búlgaras (ampliando la senda de Morente) o el flamenco con viola de gamba y música clásica de Rocío Márquez con Fahmi Alqhai (cantaora que ya había sorprendido con El Niño y el sobresaliente Firmamento, donde no hay ni una sola guitarra). Si me apuran, hasta El Niño de Elche (también Exquirla con Toundra) con Antología del Cante Flamenco Heterodoxo o Soleá Morente con Ole Lerelei. Movimiento, creatividad, inquietud… Sigo sin verle nada de malo al asunto.

 

Capítulo 2. Puesta en valor del concepto ‘álbum’. Aunque fue presentando adelantos con  (para mi gusto) excesivo tiempo de antelación del lanzamiento total y de separación entre ellos, El Mal Querer hace masivo y popular el disco como una obra total. Plataformas digitales y nuevas formas de escucha, especialmente en lo que tiene que ver con el mainstream, ha hecho que artistas ‘comerciales’ basen ya su carrera directamente en la salida de singles individuales, que le permiten estar en todo momento en el foco de atención, sin la necesidad de trabajar en un larga duración al uso. Consumo fragmentado, como un tuit, como un histories de instagram. Rosalía presenta un álbum conceptual que gira en torno a una historia completa, un discurso narrativo que permite escuchar los temas sueltos, pero que es mucho más enriquecedor siguiendo la línea que propone por capítulos, puesto que cada canción tiene como subtítulo otro nombre. La inspiración viene de ‘Flamenca’, una novela anónima del siglo XIII, que presenta un triángulo amoroso que el disco no desarrolla (aunque parece apuntarse en ‘Bagdad’, con el amante), pero sí su truculencia tóxica. Celos. Mal universal desde el principio de los tiempos hasta hoy. Por lo que también podemos encontrar matices de Bodas de Sangre, de la vida personal de la bailaora ‘La Chana’ o cualquier otra historia real en la que el machismo ejerce su violencia sobre la mujer. Este matiz de obra conceptual no es revolucionario, por supuesto (y el Rock tiene mucho que sacar pecho en esto). Lo novedoso es que ‘exige’ al oyente en estos tiempos posmodernos de consumo rápido. Tenemos otro caso cercano en el Lubna de Mónica Naranjo. Joya, por cierto, y ahí sí con arreglos de heavy sinfónico mediante.

 

Capítulo 3. Voz. El tema vocal es complejo siempre, para más para según qué géneros. El heavy metal es uno de ellos y, este, también.  El pellizco, el duende y el embrujo son términos asociados al cante flamenco, como lo es el flow en el mundo de la música urbana. Hay puristas que consideran que la voz de Rosalía no es flamenca o, resumiendo, que no tiene la jondura necesaria o ‘capacidades’. Hay casos excepcionales como los de Pepe El Boleco, que sin cumplir los 18 años cantaba ya con la negrura de un Agujetas o Chocolate pero, por lo general, con 25 años, suele primar la agilidad, el timbre más alto y la capacidad pulmonar. Pedirle a Rosalía que cante como Carmen Linares o Mayte Martín o Aurora Vargas es una aberración. Hoy día podemos ver grabaciones iniciales de Arcángel, Miguel Poveda o Antonio Reyes sin la sabiduría que dan los años porque, oh, magia, el flamenco, al contrario que gran parte de la música, suena más empacado cuanto más experiencia va forjando su intérprete. Considero que Rosalía tiene una moldeable e inmensa capacidad melódica y una gran facilidad para desarrollar armonías, que es a fin de cuentas lo que piden estas canciones o sus versiones de ‘Alfonsina y El Mar’ o ‘Hallelujah’. En las grabaciones más clásicas, incluida su revisión del ‘Aunque Es De Noche’ de Enrique Morente o en el directo del Primavera Sound o cantando las ‘Catalina’ (recomiendo, por otro lado, la versión de Naranjito de Triana), o las seguiriyas ‘De Plata’ popularizadas por Manolo Caracol, tira de arrojo y hay respuesta. No es una cuestión, por tanto, de capacidad, sino de adecuación expresiva.

 

Capítulo 4. Las canciones. Entre lo leído estos días, de crítica gratuita, llama la atención los que dicen que el disco no tiene nada de flamenco. Igual un poco sí que hay (ironía). El álbum se abre con ‘Malamente’, un compás claro de bulería que hace de las palmas la base del trap. Recurso hipnótico con el cristal roto que premoniza la mala suerte. Los aderezos de este tipo son usados con sutil inteligencia.

Pero esto no es nada con las influencias y referencias que aparecerán en el metraje. ‘Que No Salga La Luna’ ofrece una buena carga. Para empezar, una vieja grabación de La Paquera de Jerez nos recibe, acompañado de una entrada como las que ella solía hacer en sus apabullantes bulerías. La canción asfixia la guitarra con una circular melodía de tintes mortuorios (premonitorios, de nuevo) y deviene en tangos y, ojo, dos estrofas de alboreá (no he leído ni una sola crítica que haga referencia a esto… ay), un palo propiamente gitano, con frecuencia reservado solo a la intimidad, y cantado a la mañana siguiente de la boda para celebrar la unión de la pareja tras el cumplimiento del ritual. (Recomiendo las de El Lebrijano). Es decir, a la segunda canción tenemos ya sobradas muestras. Las colaboraciones de Las Negris, Nani y Lin Cortes y Los Mellis aumentan el postín.

‘Pienso En Tu Mirá’ nos evoca a Lole y Manuel, por la frase principal, con formas de soleá por bulería, aunque aquí, es cierto, poco desgarre hay, tirando la interpretación al terreno más melódico y pop. A destacar la ruptura de los 12 tempos y los coros blancos de los niños. ‘De Aquí No Sales’ refleja la locura por celos del protagonista y amenaza a las claras: “con el revés de la mano yo te lo dejo bien claro”. La forma para contarlo se basa en el pregón de Gabriel Macandé, cantaor gaditano de principios del siglo XX, que se volvió loco y que vendía caramelos por las calles. De ahí el verso “Amargas penas te vendo, caramelos también tengo”. El tramo final, a compás y con efectos variados, recuerdan los delirios maquinales de Radiohead.

Reniego’ es soberbia. Con formas de seguiriyas, es fácil encontrar en ellas similitudes en los arreglos con el ‘Dicen De Mí’ de Camarón de la Isla. Son de Jesús Bola (que grabó con él) y la orquesta de Bratislava, también se ve algo de Bjork, a quien Rosalía ha dicho admirar. En ‘Preso’ llega un pequeño fragmento narrado de Rossy De Palma. Se echa en falta quizá que se hubiese integrado en alguna canción, tal y como hacía Pepe Pinto (imprescindible ‘Un Beso Nadie Me Da’) en la primer mitad del siglo pasado o el tándem Flores-Caracol.

Bagdad’ parece ser la canción que ha enamorado a crítica y público menos flamenco. El uso de una la melodía prestada por Justin Timberlake y que Joan Albert Amargós (habitual de Miguel Poveda) adorna con voces gregorianas del Orfeón Catalán. Sin duda, el corte más ‘exportable’ además de los adelantos, incluso con un halo de new age made in Enya, para narrar la entrada en un club nocturno. De todos los adelantos, ‘Di Mi Nombre’ es de los que me conquistó a la primera. La cadencia clásica de tangos y la influencia clara de la Repompa de Málaga suenan con brillantez en su limpieza, denominador común de todo el disco por otra parte.

Nana’ hiela el corazón con sus armonías. Cantada solo a voz y sutil vocoder, que multiplica y amplifica sus palabras, el texto coge una estrofa que nunca quedó muy claro si se refiere a niños que no llegan a nacer (“En la puerta del cielo venden zapatos pa’ los angelitos que están descalzos”) y otra de La Sagallo, otra mujer fuerte del cante, fallecida con 95 años, hace apenas tres. ‘Maldición’ juega con una melodía de piano castiza para insinuar (¿?) el momento en el que la protagonista decide, en otro momento de locura –cuando no hay querer- matar a su agresor, “He dejao un reguero de sangre por el suelo”, tras el ruido de hojas silbando en el viento, cual Zelda u otro videojuego, todo ello revestido de fandangos naturales.

Como corolario, ‘A Ningún Hombre’  aprieta las clavijas del vocoder con aires de tientos para generar una voz tan desnaturalizada como sobrenatural en el aviso: “A ningún hombre consiento que dicte mi sentencia (…).Voy a tatuarme en la piel tu inicial porque es la mía pa’ acordarme para siempre de lo que me hiciste un día”.

 

Capítulo 5. Producción. Además de algunas canciones/colaboraciones, Rosalía tiene dos largas duración, como sabemos. Los Ángeles, lanzado en febrero de 2017, y este El Mal Querer. En ambos ha contado con dos productores distintos, formalmente opuestos entre sí. Parece como si en el primero quisiera demostrar su voz más pura y limpia, para tener referencia clara de que si ahora hace esto no es porque no pueda cantar sin efectos. Raúl Refrëe en el primero y El Guincho en el segundo. El primero tira de minimalismo a la hora de arreglar las canciones. Una sencillez heredada de la canción de autor y el folk y que se ha dejado sentir en gente relacionada con el flamenco, como Rocío Márquez o Silvia Pérez Cruz, pero también con Christina Rosenvinge, Josele Santiago o, recientemente, Albert Pla (escribiré pronto de este disco). Por el contrario, El Guincho lleva años demostrando su habilidad con el manejo de samplers y el sentido rítmico, primero con rollo tropical, después con matices más urbanos… pero siempre con una pulcritud plausible. He leído a Rosalía decir que quiere que cada uno de sus discos suene diferente…habrá que verlo y eso habla mucho de lo que puede venir. En eso de la elección de un productor para sacudir el sonido de una artista y reinventarla constantemente hay una maestra que se llama Madonna.

 

Capítulo 6. En escena. Bien sufragado por Red Bull, Rosalía ofreció un concierto gratuito, que se pudo ver en streaming, dos días antes de la salida del álbum. Tras sus actuaciones relativamente sobrias con Refree en las presentaciones de Los Ángeles, sentada en silla, como mandan los cánones, había que ver cómo trasladaría la propuesta de esta nueva creación. Para empezar hay que destacar su fidelidad, sin necesidad de abusar de lo enlatado. Dos micros, uno natural, otro para los efectos, El Guincho manejando bases y programaciones con baqueta y un cuerpo de baile de ejecución muy trabajada. Incluso sorprende que ella se integre en numerosas ocasiones, manteniendo intacta su capacidad vocal. Quizá por momentos pudo haber demasiado silencio entre unas y otras canciones pero, por lo general, convence. Me consta que promotores conocidos y amigos llevan intentando contratarla un tiempo y que ahora parece casi inaccesible porque la proyección internacional y demás historias. Habrá que ver cómo es la gira pero intuyo que, hasta que no se baje el furor, será difícil verla en sitios que no sean grandes urbes.

 

Capítulo 7. Producto. Entre los comentarios biliosos se encuentra el de que Rosalía obedece a un producto pensado por los magnates de la industria, que tiene poco que ver con el arte o la creación artística. España es tan cainita que es capaz de aplaudir o pasar por alto la meritocracia inventada y de tirar piedras a una joven que lleva desde los 13 años preparándose de manera enconada en su carrera artística. Que antes de lanzar su primer disco (Los Ángeles, 2017) ya había trabajado con Chicuelo y La Fura dels Baus, que había actuado en Nueva York, abierto para Poveda…etcétera. Como colofón, tiene la máxima nota en Flamenco en la Escola Superior de Música de Catalunya. Precisamente su Mal Querer fue el trabajo final. Que su pasión (flamenco) y ser hija de su tiempo y lugar la lleve a tener inquietudes de experimentación y mezcla es algo propio, no decidido en un despacho. Como tampoco lo es su particular forma de vestir, con diseños de Mariá Escoté, Palomo Spain o Kling… tema donde no entro en analizar más, porque no es lo mío, como tampoco el tema de las uñas, que tanto interesaba a Pablo Motos. (PD: Por si tenéis curiosidad sobre mi opinión, es lo que menos me gusta de ella. Aunque entiendo que la descontextualización de la imagen es un recurso que explota como un todo coherente en su faceta artística).

 

Capítulo 8. Promoción. Talento y casualidad han hecho que Sony, implicando a la madre americana, haya visto en Rosalía un auténtico filón de oro, al nivel de cualquier referente planetario, como ya se vio recientemente en la gala MTV, sus colaboraciones (J Balvin) o sus saludos o referencias cordiales con Dua Lipa, Halle Berry o las Kardashian. Y, claro, el spam y la sobreexposición siempre molestan. Es lógico y compartible. Ahora, leer y escuchar cómo se tira por tierra todo el trabajo de años, achacando el 100% del éxito a la publicidad y el marketing, también cansa. Sobre todo cuando hay motivos sobrados para concluir que no radica en eso.

 

Capítulo 9. Superioridad. Si hay algo de los comentarios reaccionarios en torno a Rosalía a raíz de El Mal Querer es el ligero tufo de superioridad moral que desprenden alguno de ellos. Como aquellos que se creen mejores que otras personas por no ver un programa de moda. Pretender que un género le guste a todo el mundo es una quimera. Más allá de algunos palos accesibles, que con algunos arreglos se pueden hacer muy comerciales (véase los tangos de El Barrio), el flamenco no es un género fácil. Son decenas los tipos de cantes y, dentro de ellos, las variantes. Es respetable que alguien no quiera entrar en ese mundo; que lo haya intentado y no le guste; que no lo entienda…; pero lo que no es de recibo es que algunos aprovechen la circunstancia para tirar piedras a un arte que, incluso, todavía muchos (por error) identifican al completo con la etnia gitana, como algo pintoresco, exótico o cuando no asociado a poca cultura y, si metemos electrónica de por medio, con el chonismo. Por ejemplo, ridiculizar la literalidad de una estrofa de un cante es mostrar poco respeto y mucha ignorancia. El periodista y escritor Luis Ybarra afirmaba hace poco que La Paquera de Jerez o La Niña de los Peines no son menos que Janis Joplin… El rechazo a lo que es diferente o o el desprecio a lo que no nos gusta tiene un nombre muy feo.

 

Capítulo 10. Responsabilidad Social. Que una chica con la icónica y poderosa imagen que ofrece Rosalía, publique un álbum en el que se aborda el peligro de las relaciones tóxicas y de la violencia machista, que desarrolla el egoísmo posesivo del amor y que termina por darle un papel heroico y de superación a la mujer que narra en su historia es muy loable. Sobre todo porque está hecho como moraleja o aprendizaje empírico, no como una proclama directa tipo canción protesta. El mensaje así cala más, porque para muchos puede ser imperceptible. Dada la gran cantidad de público joven y adolescente que tiene detrás…bienvenido sea. Especialmente cuando todos sabemos que la imagen que se da de las mujeres y la actitud que presentan los hombres en muchos de los videoclips y canciones de ritmos urbanos no es precisamente ejemplarizante.

 

Capítulo 11. Futuro. El poder efectista de El Mal Querer es tan grande que es complicado vaticinar el futuro a medio y hasta a corto plazo. Si Los Ángeles era un álbum con pocos artificios, centrado en la muerte, este está repleto de recursos y conceptos. ¿Significa esto que todos los discos de Rosalía van a ser de este corte? ¿Estamos ante un tremendo pelotazo puntual que con el paso de los años se apaciguará y pasará de moda? Es muy difícil saberlo, sobre todo porque ella ha demostrado tener la cabeza muy bien amueblada y creo que su capacidad de inventiva está muy por encima de lo que podamos predecir. Ahora ha llegado a públicos infrecuentes y hay un alto porcentaje de inconstancia en ese sector, sobre todo si se da un giro inesperado, pero lo que sí parece claro es que, sea lo que sea, habrá mucho trabajo detrás.

 

Lista de canciones – tracklist:

  1. Malamente (Capítulo 1. Augurio)
  2. Que No Salga La Luna (Capítulo 2. Boda)
  3. Pienso En Tu Mirá (Capítulo 3. Celos)
  4. De Aquí No Sales (Capítulo 4. Disputa)
  5. Reniego (Capítulo 5. Lamento)
  6. Preso (Capítulo 6. Clausura)
  7. Bagdad (Capítulo 7. Liturgia)
  8. Di Mi Nombre (Capítulo 8. Éxtasis)
  9. Nana (Capítulo 9. Concepción)
  10. Maldición (Capítulo 10. Cordura)
  11. A Ningún Hombre (Capítulo 11. Poder)

 

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Publicado el noviembre 12, 2018 en Críticas Discos y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

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