Robe – Mayéutica

Podría haber escrito esta crítica en la tarde del pasado jueves, 29 de abril, pero creo que a las cosas hay que darles el trato, el mimo, el cuidado y la atención que merece lo que te están ofreciendo a cambio. Por una cuestión de justicia. Imaginen, si no, en una relación interpersonal, si la respuesta a la entrega y necesidades de uno es la indiferencia del otro… No hay igualdad ninguna, ni quien lo soporte. Y hay mucho que comentar de la obra, además de por el contenido en sí mismo, por ese otro inevitable ejercicio de escudriñamiento entre si Extremoduro o Robe y demás zarandajas. Aunque esta vez ha sido incluso el propio autor quien lo ha acentuado si tenemos en cuenta que explica en el libreto que el álbum nace como continuación de La Ley Innata, posiblemente, el mejor disco de la historia del rock español. Yo, que ando en muchos foros, grupos y demás historias sobre Robe y Extremoduro, llevo varios días leyendo opiniones más o menos cabales, más o menos argumentadas, fervorosas, meditadas, vomitadas, irracionales en el haterismo o en la devoción más entregada, he intentado construir un discurso lo más personal posible sobre todo lo que se esconde detrás de este Mayéutica, que tan directamente me ha dado en la línea de flotación de un barco que ya andaba a pique. Por cierto, título que, de alguna manera, os esbocé con varias pistas muchos días antes de que el dibujo completara sus letras y que otros aprovecharon de ellas sin citar la fuente (debe una cosa en desuso, como tantas cosas que nos han restado valor y respeto como sociedad). Ahora que están calientes los dedos buscando el significado de palabras como mayéutica o catarsis, les ayudo, deontología se llama. Dicho esto, vamos al lío. (Por Javier M. Alcaraz @elchayi)

Referencia obligada para quien (todavía) no conozca la historia. Tal y como explica el libreto, “este disco fue creado durante el año 2018, justamente diez años después de La Ley Innata. (…) Mayéutica es una canción concebida como una sola obra que consta de cuatro movimientos. Comienza con un interludio, que la enlaza con La Ley Innata, y acaba con una coda sin final. La armamos y la grabamos durante el verano de 2019, ya con Woody Amores (Sínkope) integrado como guitarrista”.

La banda de Robe, por tanto, ya es un septeto con Álvaro Rodríguez Barroso en piano y hammond, David Lerman al bajo, Carlitos Pérez al violín, Lorenzo González a la voz, Alber Fuentes en la batería y coros, Woody Amores a la guitarra y Roberto Iniesta en la autoría, guitarra y voz. Ha sido el propio Álvaro quien se ha encargado de la producción y mezcla en Tresnueces Estudio, lugar de grabación junto a Estudios PKO con Caco Refojo como ingeniero de sonido y Frank Lozano y Camilo Aristizábal como asistentes. La reamplificación de guitarras se realizó en Sonak Studios & Live con Luismi García y con Íñigo Etxebarrieta como técnico de sonido. Masterizado en Small Room por José Luis Crespo.

En los agradecimientos, por cierto, además de la gente cercana que le ha echado una mano con la revisión y corrección de letras y al equipo de El Dromedario Records, sorprende el reconocimiento a sus cinco compañeros de Extremoduro (esto es, Iñaki, Cantera, Colino y los músicos de directo Félix Landa y Aiert Erkoreka) y “a ella, por puta loca”.

Partamos de premisas básicas. El que el propio autor presente la obra como La Ley Innata II, como dice el título del interior de portada, no obliga a establecer una supuesta mejoría o no de una sobre otra. Sencillamente, es la continuación de una historia lo que, ojo, no significa que dicha continuación sea lineal en el eje del tiempo, porque realmente sigue siendo “la canción donde el tiempo no pasara”. Y es que tanto en la primera como en esta segunda parte, la frase clave y piedra Roseta del argumento sigue siendo “y me busco en la memoria el rincón donde perdí la razón. Y la encuentro donde se me perdió, cuando dijiste que no”. Todo lo narrado antes, durante y después a lo largo de todo el metraje, con furia y desesperación en el primero, y con un doloroso patetismo (“angustia o padecimiento moral grandes, capaces de conmover profundamente y agitar el ánimo con violencia”) en Mayéutica, gira en torno a un rechazo que antes desancla la cadena del reloj, que hace que se caiga la casa y ahora recuerda su entrega absoluta en la felicidad, reviviendo las emociones que ha vivido y en la ensoñación de un hipotético futuro no real, como apunta en el interludio: “dejo las canciones sin final por si no vuelve nunca más y nada fuera cierto”. O deseando, en suma, que la migaja esporádica de la relación desigual sea el menú diario.

Desde el comienzo, nos deja claro que lo que ocurre no es real. Mayéutica es un trampantojo auditivo que suena a dicha pero es puro dolor que se desangra en versos punzantes como “y me pasé las noches sin dormir como lobo aullándole a la luna llena”, “quise hacer el mundo más feliz y quise volar y hacer un mundo nuevo”, “hoy tal vez el viento sople a mi favor”, “me he pasado tanto tiempo esperando este momento que perdí la razón”, “tú haciéndome llegar al límite, al deseo. Y ahora siento el cuerpo. Ahora es el momento”… y muchos otros. Encontrando la esperanza solo en la canción que el eleva, o en el momento que está delante, cuando no importa el pasado. “Siento que me estremezco, ¿será que, culpa del amor, todo me sabe diferente? He perdido la cabeza y la he perdido tantas veces que perdí la cuenta”. ¿Os recuerda eso al ‘Qué Borde Era Mi Valle’ del Para Todos Los Públicos“He perdido la cabeza, la he perdido por perderte. Soy capaz de cualquier cosa por volver a verte”. Y es que por más que se diga que el Robe de antes no tiene que ver con el de ahora, etcétera, no es cierto. Hay ejemplos sin ir más lejos en Destrozares, como ya expliqué, o como le leí a mi buen amigo Eneko35 hace unos días (tomado del americano Lewis), escuchen la guitarra del 2.45 de ‘Quemando Tus Recuerdos’ del Somos Unos Animales, a ver a qué les suena.

Pero, ¿de qué hablamos? Podemos concluir que Robe, en su sentido primario, parece seguir cantándole a su musa, como Rubén Darío en Rima XI (“¿Quieres saber acaso la causa del misterio? Una estatua de carne  me envenenó la vida con sus besos. Y tenía tus labios, lindos, rojos y tenía tus ojos, grandes, bellos…”) o Neruda en Establecimientos Nocturnos (“Difícilmente llamo a la realidad, como el perro, y también aúllo. Cómo amaría establecer el diálogo del hidalgo y el barquero, pintar la jirafa, describir los acordeones, celebrar mi musa desnuda y enroscada a mi cintura de asalto y resistencia”), y al puro ejercicio de la creación para, a partir de ahí, generar una relación de amor que suena desesperada, doliente y cruel, narrada desde el abandono y la soledad que atravesó en su momento y que ahora celebra estar en plena forma.

Y si esa intensidad acongoja desde su punto de vista conceptual, llevada al territorio del ‘vis a vis’ carnal, de esos momentos (instantes) de luz, de plenitud, hasta el punto de querer que “ojalá me muera de repente, ahora, fruto de esta alegre sobredosis que me da al tenerte justo enfrente ahora, y ya no necesito nada más”, que tan bien canta Robe aumenta la desdicha y la pena porque, recordemos, su narración es recreación o recuerdo, no realidad ni presente. Ya dijo que no en La Ley Innata y en Mayéutica lo evidencia: “Dime si tú te vendrías, y el día y la hora”, “Nada después de este instante, que tú. Ni un millón de besos que te diera, de abrazos que te diera, de versos que te hiciera”, “Solo son destellos, sé que solo son destellos”, “Empieza la función, aquí se admiten peticiones. Todos los sueños que no se han cumplido. Hablamos del amor y ya no existen condiciones. Cruza la puerta y quédate conmigo”. Es decir, no está, es un solo un deseo, el más grande, pero rechazado. “Quiero verte brillar cuando esté todo a oscuras. Una luz de agarradero, necesito, porque el suelo se mueve (…) y me desequilibra”. Otra vez la locura de la primera parte, del momento en que perdió la razón, la piedra Roseta, lanzada como objeto contundente, como decían las ‘Lágrimas Negras’: “Aunque tú me has dejado en el abandono. Aunque tú has muerto todas mis ilusiones. En vez de maldecirte con justo encono en mis sueños te colmo de bendiciones”… porque todavía va y le deja la puerta abierta y no sabe el final… Quizá el patetismo aquí convertido en patético porque, en el fondo, sí que lo sigue sabiendo, siempre lo supo. (“Estoy harto de sobrevivir
el tiempo que no te veo”
).

Entrando en terrenos musicales, con respecto a los discos anteriores de Robe, destaca sobre todo que ‘afila’ el tiro y prescinde del carácter multi instrumental Lerman (que se dedica en exclusiva a dibujar unas líneas de bajo casi imposibles), puesto que no hay ni saxo ni clarinete, ni acordeón de Álvaro (que lo mismo se marca un pequeño nocturno en la escasa concesión al reposo que prende fuego a los momentos más agitados con un hammond setentero). Eso, junto con la entrada de Woody (sus solos de guitarra son de una naturalidad y organicidad pasmosa, sin entrar en cánones encorsetados de firma), le dan al disco un armazón (escuchar a Alber Fuentes en estas tesituras más veloces le elevan como baterista frente a un cierto minimalismo contenido de los dos primeros discos) muchísimo más rockero ‘al uso’, si bien el lirismo del violín desatado de Carlitos y la voz de Lorenzo, rozando siempre lo imposible, son las que elevan el tono compositivo.

Todo esto viene a dar como resultado global que si en La Ley Innata primaban los desarrollos más propios de un canon Pachelbeliano, en Mayéutica vivimos en casi andante, vivace y allegro, más propio de la primera o la séptima sinfonía de Beethoven o de Schubert o Mendelsohn. En arquitectura, pasamos del renacimiento al rococó y, si nos vamos a pintura, si lo comparamos con el romanticismo Turneriano o la oscuridad goyesca de Destrozares, aquí encontramos un arte naif colorista (miren si no la contraportada donde tampoco es casual el color violeta dominante) y abotargado, por esa falsa sensación de henchida felicidad ante la plenitud conocida, pero no disfrutada, por más que la Coda Feliz nos intente dejar arriba. Aunque quizá sea más la expresión voluntaria del deseo que jamás va a tener y por eso se empeña en dejarla abierta. “Ahora soy un adicto feliz. A mí nadie me ha visto llorar. Ahora soy un adicto de ti y de tu piel y de tu boca…”.

Si La Ley dejaba una sensación circular haciendo conectar los últimos acordes de la Coda Flamenca con la Dulce Introducción al Caos, Mayéutica hace lo mismo con su predecesora. El eterno retorno de la creación en un mundo cíclico, tan habitual en una carrera fácilmente reconocible y coherente. Como curiosidad, os traigo un fragmento de la entrevista tras presentar Lo Que Aletea En Nuestras Cabezas y que lleva dándome vueltas por si ese día planté una semilla sin saberlo. (¿El fragmento inédito de La Ley Innata que se hacía en la gira, se va a grabar en algún disco algún día? ¿Cuál? En esta gira, en el fragmento que hacíais de la Ley Innata había una parte inédita… (Era Destrozares, después daría título al segundo disco) Pues no lo sé. ¿Eran versos de descarte de La Ley Innata? ¿Surgieron después?  Han sido cosas que he incrustado yo ahí).

El experimento de escuchar ambos discos seguidos ha alimentado la esperanza de verlos algún día al completo en directo. La realidad me ha enseñado que esperar algo es el camino más directo a la decepción más absoluta pero yo apostaría a que la historia está abierta para continuar en otros diez años (también me lo dijo Robe en aquella primera sinfonía de palabras que compartimos: “Me veo en el escenario con 70 años. No sé como quién, pero me veo cantando siempre. A lo mejor en el escenario no, pero haciendo canciones sí. A lo mejor del escenario puede que algún día me canse, pero de hacer canciones no. (Lo vuelve a meditar y reafirma). Sí. Sí me veo en el escenario, pero haciendo lo que me dé la gana, no me veo atado a ninguna pauta ni a ningún estilo. Ni me veo con 70 años cantando ‘Jesucristo García’, a no ser que me dé mucho punto. No me veo cantando canciones que me pida la gente, canciones que compuse hace 40 o 50 años. Eso no”.

Aunque esta casa ya no estará abierta entonces si hubiera que contarlo. Otra vez perdí el equilibrio al asomarme y se ha caído encima. Y aunque el derribo será lento, ya ha comenzado, a golpes contra el calendario.

Anexo: Las pistas del título y el icono

Igual que aquí fuimos los primeros en dar el aviso de que tras aquel misterioso ‘Ruptura Leve’ se escondía Roberto Iniesta, también el lunes, 19 de abril, fuimos los primeros en deciros el título y el significado del dibujo que capitalizó el juego que viene desarrollándose desde el 1 de abril, cuando llegó el adelanto ‘Segundo Movimiento: Mierda de Filosofía’ que, a su vez, también encerraba su propia simbología, como vimos. Sí, lo dijimos sin decir, dejando la solución en manos del lector avezado

Desvelemos. De todo aquel texto, las pistas principales estaban en último párrafo. Donde decía: “lo que está claro es que lo mejor para dar con el título siempre es hacer preguntas para encontrar por uno mismo dónde se encuentra la clave del misterio, para alumbrar la respuesta acertada. No siempre está ahí fuera. A veces basta con buscar entre interiores. Ante todo mucha calma”.

La mayéutica se define como la práctica filosófica que empleaba Sócrates para que, a través de preguntas formuladas, el alumnado descubriera conocimientos con sus propias respuestas. Realizaba las cuestiones correctas y necesarias para que poco a poco el interlocutor diera con la verdad del asunto. Es decir, “lo mejor es hacerse preguntas”. Y no es casual tampoco el uso que hice del verbo ‘alumbrar’. Mayéutica era, previamente, el nombre que se le daba a la ‘técnica para de asistir en los partos’, por eso lo de “alumbrar la respuesta acertada”.

Esto enlaza con el propio símbolo. ¿Desde qué parte del cuerpo humano se producen los alumbramientos? Por eso usé también la expresión “la clave del misterio” que, como canta Robe en ‘Locura Transitoria’, se encuentra “entre tus bragas”. Por si fuera poco, añadí al final “Ante todo mucha calma”. Como bien me dijeron en redes sociales, no es casual. La contraportada de dicho disco en directo de Siniestro Total son dos manos haciendo el símbolo de la vagina… Curioso, como la contraportada de Mayéutica. Nunca hay puntada sin hilo.

Más de Robe en RockSesión.

Críticas de Lo Que Aletea En Nuestras Cabezas en junio de 2015 y Destrozares, Canciones para el Final de los Tiempos en noviembre de 2016 y del directo Bienvenidos Al Temporal publicado en octubre de 2018.

Los tres discos llevaron emparejadas tres entrevistas con Robe, que podéis leer aquí. La de 2015, 2016 y 2018.

Lista de canciones – tracklist:

  1. Interludio
  2. Primer Movimiento: Después De La Catarsis
  3. Segundo Movimiento: Mierda De Filosofía
  4. Tercer Movimiento: Un Instante De Luz
  5. Cuarto Movimiento: Yo No Soy El Dueño De Mis Emociones
  6. Coda Feliz

Publicado el mayo 2, 2021 en Críticas Discos y etiquetado en , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 15 comentarios.

  1. Tercer Movimiento: Un instante de luz

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