Viña Rock 2019. Jueves, 2 de mayo

Con la habitual imposibilidad de llegar a la fiesta de bienvenida, nos dispusimos  a cubrir el octavo Viña Rock de esta casa y el undécimo consecutivo en lo personal, con la sensación objetiva de que la distorsión ha perdido más terreno de lo habitual en esta edición. Algo que, por sí, no tiene por qué ser necesariamente malo si las alternativas mantienen una calidad y competencia (dos términos independientes pero, con frecuencia, asociados) que de esos casos ha habido varios, pero también otros no tanto. Especialmente ‘doloroso’ si tenemos en cuenta que el escenario Smoking nació con otro espíritu y que este año ‘el metalero’ ha pasado de cinco a cuatro propuestas por día. Y, claro, los números, como el algodón, no engañan. Dicho esto, todavía uno se puede diseñar un Viña sin perder la añeja esencia y con ese espíritu nos movemos siempre. Contando con que la ubicuidad es imposible y los descansos necesarios, el plan para el primer día fue Kaos Urbano, Los Auténticos Decadentes, Narco, Mafalda, Rozalén, Barón Rojo y Desakato. Las fotos, un año más, son de Marina Ginés para RockSesión. (Se pueden usar libremente citando al medio y a la autora).

Reforzados con la llamativa influencia que están generando sus últimos videoclips, adelantos de su próximo disco, ‘Spanish Rockers’, con la que empezaron, o con ‘Como Cantona’, con la que dieron chispa a la mecha final, Kaos Urbano fue elegido por segundo año en poco espacio de tiempo, para abrir el escenario principal a las 16.30 horas. Una siempre difícil misión que no amilana la potencia descerrajada y, por momentos, descontrolada de su sonido. Pura cazalla a las gargantas de los presentes, que siempre responde al envite con largos tragos de voces, puños en alto y mandíbulas apretadas. Héroes de barrio ‘Entregados’, héroes solitarios ‘Devorados’ y ‘Con Cojones’. ‘Inadaptados’ de ‘Las Calles de Abajo’, que se adaptan a las circunstancias y mensajes urgentes, como el que recuerda que ‘Ella No Tiene Dueño’ para juntos, hombres y mujeres recordar ‘Nuestros Mejores Momentos’ como ‘Hijos de la Calle’ y desear una ‘Larga Vida al Oi’.

Entre el sistema rotatorio que lleva y trae a determinados nombres al cartel con frecuencia, se cuelan oportunidades para ver a otros grupos que han caído a tus oídos de vez en cuando y que piensas que jamás disfrutarás en directo. Estas pequeñas grandes sorpresas, como lo fue la inclusión de Los Auténticos Decadentes, son las que justifican (al menos para mí) la presencia cada año. Los argentinos forman parte de ese club que es capaz de llenarte un estadio al otro lado del charco, pero aquí se tiran al barro como en sus inicios. (La Beriso es otro de ellos). No tan canallas como Los Fabulosos Cadillacs, ni tan mágicos como La Vela Puerca, ni tan idos de la pelota como Bersuit, sí que podemos encontrar en la banda mucho de esos ingredientes que, de alguna manera, en mayor o menor grado según la canción, comparten estas bandas. Color y calor de estadio, sones calientes de cumbia o Calipso que te sorprenden bailando, tú que eres más heavy que una tormenta de hachas. Y uno se deja llevar por ‘Pendeviejo’, entregado a los ‘Piratas’ por ‘Amor’, que “valió la pena” ‘Besándote’ volviéndose ‘Loco’. Sin olvidar el diálogo paterno filial skatalítico de ‘La Guitarra’, alfa y omega del repertorio. El juego de voces, de entre las que me quedo con Perro Viejo, con su elegancia para la emoción, refuerza la oportunidad de verles.

Los horarios más criticados de los últimos años tenían, más allá de algunas coincidencias a las que haremos aquí referencia cuando toque, como centro de las iras el hecho de que Narco tocara las 18.30 horas. Pensé que igual los sevillanos tenían concierto esa noche en otro lugar cercano, pero no. Fue con premeditación y alevosía y qué quieren que les diga, les aplaudo la decisión. Creo que para los grupos punteros debería ser un ejercicio obligatorio tocar a una hora diurna, especialmente en los casos en los que los hemos visto decenas de veces a altas horas de la madrugada. Es la única manera de mantener ‘frescura’ para esos casos y, en otros varios, se ha demostrado hasta revitalizador para la asistencia y para los propios grupos. Por ejemplo, EUKZ o Porretas son claros exponentes. Incluso un componente de Boikot me reconocía que ellos ya preferían tocar de día que por la noche, donde la música pasa a segundo plano a cambio de otras alteraciones sensoriales. El caso es que Narco, con un cancionero repleto de dichas sustancias, cumplió con creces el ejercicio diurno, llevando su rave punk al día con la misma dosis de rabia y algarabía popular. Un tiempo de lo más aprovechado donde prosiguen su tendencia a romper con la primera época, de donde ya solo resisten ‘Kolikotrón’ y ‘Puta Policía’, donde ‘Yoni’ y ‘Chispazo’ siguen marcando delirios y donde también sorprendió la resistencia de ‘Por El Estrecho’, uno de sus temas más serios y comprometidos.

Mafalda está cerca de iniciar las celebraciones con motivo de su décimo aniversario. Menos inocentes y curtidos a base de escenario y asunciones de opiniones multidireccionales, el grupo cumplía su cuarta presencia en Viña Rock, una vez más sin tener patrón fijo de horario. Los han visto de todos los colores y no se les ve flaquear en ninguno de ellos. Su repertorio, como ocurrió en su día con Los De Marras, se va limpiando con el paso de los discos hasta quedarse con un nivel notable y cada vez más consistente. ‘Las Que Faltaron’ y ‘Bam Bam’ abrieron el fuego de un concierto notable, con cada vez menos concesiones a la galería de un público que, es cierto, le encumbró, pero que poco a poco va creciendo también con registros como ese excelente ‘Nuberu’ o la asfixiante ‘La Colmena’ y la también reciente ‘Mi Pena y Mi Suerte’. Así, canciones como las esperadas ‘La Llorona’ o ‘En Guerra’ explotan con mayor detonación. Suman y siguen.

Tras echar un vistazo fugaz a Iseo & Dodosound, a quienes vi en el pasado The Juergas Rock, llegaba el turno de Rozalén. Una cantautora en uno de los principales de un festival de rock, un hecho que sigue siendo de lo más noticioso, pero que es algo que para ella ya no es nuevo (estuvo en dicho Juergas y otros cuantos). En este caso con el componente especial de ser “el festival de mi vida”, esto es, como albaceteña, el festival al que ha asistido varios años como público, antes de que seguidores de todas las edades, de infancia a senectud, se sepan de memoria sus canciones. Su concierto fue, como suele, un derroche de emociones que van desde la defensa racional de la memoria histórica en ‘Justo’, la oportunidad a las personas de ‘Miguel’ o el encanto mágico de ‘Las Hadas Existen’. Dentro del viaje, abrumó la crudeza de ‘La Llorona’, cantinera como la ranchera ‘Me Arrepiento’. Siguiendo el hilo del repertorio de la extensa gira que va llegando a su fin mientras se preparan las nuevas canciones, ‘Bajar del mundo’ y ’80 Veces’ sonaron tan efectivas como suelen y ‘Comiéndote a Besos’ y ‘Saltan Chispas’ tan crepitantes como siempre. Para terminar con ‘La Puerta Violeta’, celebrada hasta el cénit, y la postrera ‘Girasoles’, en sus versión habitual y su coda drum’n’bass. Ganas de saber si el estado de gracia continuará con la próxima entrega.

Después de Rozalén llegó un tiempo de descanso laboral en el turno de Talco, para volver con fuerza para ver, quizá por última vez, a Barón Rojo. Y sí, me reafirmo en la opinión que venimos manifestando en RockSesión desde hace varios años: su despedida llega tarde. Han sido demasiados años estirando la lógica de necesidad de querer disfrutar del legado incuestionable de la banda, pero la puesta en escena y la interpretación, sobre todo la vocal, no han estado al mismo nivel desde hace mucho. Uno echa la vista atrás y se pregunta si el momento idóneo no fue tras la fugaz reunión de los miembros originales, con Sherpa y Hermes juntos a los De Castro. Unos se van y otros montan Los Barones. Curioso vuelo en definitiva para una banda tan histórica e imprescindible de nuestro rock. Del concierto poco se puede decir que no sepáis. Riffs antológicos, solos que demuestran que fueron muy grandes en las seis cuerdas. Himnos imperecederos, como ‘Incomunicación’, ‘Cuerdas de Acero’, ‘Hijos de Caín’, ‘Los Rockeros van al Infierno’ o ‘Resistiré’. Solo nombrarlas emociona, pero no siempre el efecto se consigue al verles. Hasta siempre, Barón.

La jornada laboral concluía con un nuevo jirón de Desakato. Llevan los asturianos un par de años colándose en lo que denomino ‘el podio de asistencia’ al Viña Rock. Y ahí siguen, instalados con merecimiento en un lugar que se han ganado a base de dejarse gargantas y manos al calor de su inalienable mezcla de rock, punk, metal, hardcore, stoner y mucho de visceralidad. El fuego y el humo siguen poblando su repertorio de naturaleza curtida y agreste. ‘Humo Negro’, ‘Columnas de Humo’, ‘Fueu y Solombres’, el ansia de escenario sigue patente en las duales ‘Animales Hambrientos’ y ‘La Ira de los Hambrientos’. Se celebran con la fuerza de siempre los viajes por Xericó y Frankfurt mientras que las hechuras transgeneracionales de ‘Octubres Rotos’, ‘Cada Vez’ y ‘Cuando Salga El Sol’ van haciéndose inquebrantables. La gran pregunta que nos queda realizarnos es saber si ya han tocado techo en cuanto a la creación o todavía está lo mejor por venir, que es el objetivo final de cada grupo. El tiempo dirá, porque el presente lleva siendo suyo todo el último lustro.

Más fotos en Facebook.

 

 

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Publicado el mayo 7, 2019 en Crónicas Conciertos y etiquetado en , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

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