Archivo del Autor: elchayi

Manolo Tena – Sangre Española (1992)

Reconozco que no era la crítica remember prevista para este viernes, ya que mi intención inicial era haber escrito ayer la crítica del nuevo álbum de Leiva y, siguiendo con la (relativa) coherencia del mes de marzo, rematar una semana de rock accesible (Nadye, NoProcede) (como las anteriores fueron de heavy metal –Avalanch, Sherpa, Leo, Mägo de Oz, Armando Rock- o rock clásico y estiloso –King Sapo, Los Zigarros, Santero y Los Muchachos, Derby Motoreta’s y Antonio Flores- o de punk –Kaótiko, Evaristo, Malos Vicios, Polanski y El Ardor…-) con un disco de un grupo que iba a generar algo de controversia, pero estoy dispuesto a asumir el riesgo de cara a la próxima semana. El caso es que hoy me quedé huérfano de ideas, hasta que un buen amigo de profesión, en una rueda de prensa, me recordaba que se habían cumplido tres años de la muerte de Manolo Tena. Escribí la crítica de su resurrección musical antes del fatal desenlace y, desde entonces, siempre me rondó la idea de traer un día el Sangre Española, el álbum que le dio el mayor éxito comercial de su carrera, no en vano despachó medio millón de copias vendidas en su momento, más otras 300.000 con el paso de los años. Ayer fue el día del aniversario de su deceso, así que, dada la coincidencia, era la mejor alternativa para abrir abril. Son, una vez más, Casualidades.

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NoProcede – Morder y Esperar

El próximo viernes, 5 de abril, verá la luz Morder y Esperar, el tercer larga duración de los madrileños NoProcede. Una banda a la que le tengo puesto el ojo desde que me llegará el boceto de ‘Tachar De La Lista’, su primer gran himno que, sorprendentemente, va a tener que ir dejando sitio a las nuevas canciones. Y es que tras el feroz y primerizo No Quedan Valientes, la cosa se puso seria en Grisú y con Morder y Esperar se antoja, casi de seguro, que ha de llegar el aldabonazo definitivo para un grupo en el que Javier Beltrán lleva dejándose la garganta, el alma y algo más para ponerlo donde sueña. Tras un nuevo proceso de remodelación, le acompañan en esta nueva muesca  Kike del C. Sanz a la guitarra (que ya estaba en el anterior) y los incorporados hace escasos meses Fran Porras al bajo y Carlos Sánchez en la batería y que han participado de manera activa en el ropaje eléctrico y los arreglos de unas canciones que ya estaban hechas en su versión acústica. NoProcede os ofrecerá el viernes diez vísceras que se mueven entre lo críptico y el aliento en la nariz de quien te habla de frente. Guitarras que entran y salen por fraseos y estribillos para darle una energía desbocada por momentos. Una base rítmica que gana peso y poso para darle un armazón de un dragón de Komodo que sucede (se come) al canario.

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Nadye – Intrapolar

Sigue Nadye con su loable empeño de seguir haciendo canciones y discos, después de haber tenido que afrontar varios cambios de alineación y algún que otro tiempo de barbecho.  Lo hace cinco años después de su anterior El Último Minuto. Un lustro en el que su principal capitán, Javier Salas, no se ha alejado lo más mínimo del mundo del rock, ganando una experiencia fundamental en producciones desde La Caverna Estudios, además de convertirse un tiempo en el baterista de NoProcede, de quien hablaremos mañana. En definitiva, una palpable pasión por la música que es la que sigue actuando como denominador común en la trayectoria de sus Nadye. Y es que la banda parece algo remozada y decidida a cambiar registros para acercarse a terrenos más propios del indie (del guitarrero con sangre, no del cortavenas) que del rock urbano o rock poeta. Eso los aleja de la previsibilidad y linealidad del género para concederle una mayor creatividad a la hora de trabajar con ritmos y formas, lo que se agradece. Como también hay que hacer mención al abandono del punk chicletero americano (sí, ya sabéis que no me gusta demasiado). Un álbum que se aleja de cualquier tipo de purismo para ser un hijo de su tiempo. Modernidad desde un prisma de autenticidad. Sin normas ni cortapisas.

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Avalanch – El Secreto

Aunque es posible que haya habido que esperar un poco más que lo inicialmente previsto cuando se anuncio el regreso de Avalanch, por fin tenemos entre manos el primer disco de estudio de la banda en los últimos ocho años. Eso es mucho tiempo como para decir que la espera ha valido la pena pero, sí que es cierto que el resultado final está lo bastante conseguido como para una vez más tener que reconocer a Alberto Rionda su imponente habilidad para crear rotundas canciones de power metal melódico, con tienes sinfónicos y combinando la épica con el tono romántico que siempre ha caracterizado a sus melodías y a sus vocalistas. Y es que Avalanch también tiene ‘el mérito’ de ser uno de los grupos que más ha tenido que renacer de sus cenizas y afrontar constantes cambios de alineación. Quién sabe, igual tanto movimiento ha servido siempre de estímulo, pero también uno puede cavilar qué hubiese sido de ellos con una mayor estabilidad. Sea como fuere, aplaudimos a rabiar el regreso a los sonidos que nos han hecho volar a lo largo de los años. Algo que ya retomó en Alquimia, pero que ahora perfecciona en este El Secreto.

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Sherpa – Guerrero En El Desierto (2004)

Además de la acumulación de la lanzamientos de las primeras espadas del heavy metal del país (Mägo de Oz, Leo Jiménez, Avalanch (en breve), José Andrea, Legado de Una Tragedia IV…) este primer trimestre del año nos trajo como grandes ‘bombas’ informativas, parafraseando al ‘butanito’, la despedida de Barón Rojo para el año 2020 y la irrupción de Los Barones. Que Barón Rojo lo deje me parece una decisión de lo más inteligente, teniendo en cuenta que los últimos años el ‘mínimo común aceptable’ ha bajado considerablemente. Viendo los derroteros, es normal que Armando de Castro haya dotado de mayor entidad a su proyecto Armando Rock, del que hablamos a comienzos de semana. Curiosamente, Los Barones (esto es, la otra mitad de la mítica y legendaria alineación: Sherpa y Hermes Calabria) tomaron la determinación de volver con el legado del Barón (y con temas nuevos, todavía por descubrir) a los escenarios casi de manera coincidente. Además del inconfundible vocalista y bajista y el baterista carismático, el cuarteto se completará con el inquieto y siempre recomendable Marcelo Valdés y Sergio Rivas a las guitarras. Aprovechando la semana heavy que llevamos y la dosis de actualidad, me apetece recuperar este Guerrero En El Desierto, que fue el primer disco de Sherpa tras quince años alejados de la primera línea.

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Vita Imana – Bosa

Hace poco más de un año, las redes sociales de Vita Imana informaban de un pequeño terremoto que, para sus seguidores, hacían temblar los cimientos de la posible continuidad de una de las mejores bandas de metal extremo de nuestro país. Con más de diez años de trayectoria en la formación, el guitarrista Puppy decidía dejar la banda y Javier Cardoso, su vocalista, salía también del grupo por discrepancias con el resto de integrantes. Dos pesos pesados, referentes en los directos y discos de la formación. Como si de un parto se tratara (curioso símil si tenemos en cuenta la historia narrada en el tortuoso, cruel y complejo El M4l), nueve meses más tarde la banda recuperaba las constantes vitales con la canción nueva alineación y, lo mejor de todo, con un adelanto del inminente nuevo disco, este Bosa. La nueva etapa de la banda, tras los cambios, queda como sigue, Román García y Diego López a las guitarras, Miriam Baz a la percusión y voces, Toni Mero Mero en las voces (antes en Cuernos de Chivo y colaborador habitual de Leo Jiménez), Daniel García en la batería y Pepe Blanco en el bajo y también en coros. La bestia de Vita Imana ha vuelto, con una base de sonido bastante familiar a las entregas anteriores pero con una menor ambición conceptual y complejidad en las formas.

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Leo Jiménez – Mesías

A punto de llegar a los 40 años (cualquiera lo diría teniendo en cuenta que llevamos más de veinte viéndolo y escuchándolo en la primera línea del heavy metal de nuestro país), Leo Jiménez continúa perfilando su trayectoria en solitario, que ahora combina con el regreso de los anhelados Stravaganzza. Viendo su currículum y sus andanzas, es cierto que el ritmo es casi inhumano. Tanto es así que incluso tuvo que explicar en redes que sufría de algunas dolencias que le afectaban a sus capacidades vocales en directo, tuvo otro enfrentamiento por el tema de las fotos post-concierto que algunos seguidores se tomaron como una afrenta. En fin, problemas del primer mundo y alejados de lo que realmente importa en estos casos que es, sencillamente, la música. He considerado a Leo, desde 1999, como la mejor voz del heavy metal en España. Lo era con Saratoga, lo seguía siendo con Stravaganzza, incluso con LEO:037, pero reconozco que su trayectoria en solitario (después del ‘robo’ del nombre) nunca me terminó de llenar del todo. Discos muy heterogéneos, canciones con muchas luces y sombras… Pero poco a poco el camino, la banda, las composiciones… se encauzan. Si La Factoría del Contraste ya ofrecía algún momento brillante, en Mesías encontramos, sin duda, su mejor álbum de esta década.

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Mägo de Oz – Ira Dei

No sé si me congratula o me asusta estar de acuerdo con tantas declaraciones de Txus en las últimas semanas. Al hilo del lanzamiento de su nuevo trabajo de estudio, este doble Ira Die (nadie le va a quitar nunca el mérito a Mägo por ser la banda española con más discos dobles de la historia), el baterista y letrista de la formación reconocía que Mägo de Oz es tan odiada como amada, que no se compone con la misma rabia cuando uno se quiere hacer un hueco que cuando ya ha probado las mieles del éxito, que los anteriores discos se habían alejado del heavy metal… Como dirían Los Zigarros, a todo que sí. El caso es que dentro de los numerosos vuelcos, lanzamientos, giras y proyectos del grupo, este Ira Dei, digamos, se encuentra dentro de los más acertados de los últimos tiempos porque devuelve muchos de los mejores argumentos que les ha hecho ser un referente para millones de seguidores. El hilo conceptual, el formato trilogía (esta es la entrega dos, después vendrá la tres y, por último, la precuela), porque conecta de alguna manera con la oscuridad del Gaia II (para mí, su último Gran Disco, así, con mayúsculas) y con, incluso, el romanticismo primigenio del Jesús de Chamberí. Está claro que no todos los cortes están al mismo nivel pero podemos concluir que la media es notable, rozando el alto.

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Armando Rock – AR II

Estaba claro que algo debía haber detrás del especial hincapié de Armando de Castro por poner en funcionamiento cuanto antes la maquinaria de una nueva banda, más seria que el resto de sus aventuras de versiones que ha tenido a lo largo de los años. Armando Rock publicó un primer disco a comienzos de 2017 y un año y medio más tarde, incluso con una formación más profesional, ya ha despachado un segundo disco y se afana por salir de salas y que lo vayan incluyendo en los festivales para que sepan que su vuelo va a seguir surcando el cielo a base de riffs, solos y ritmos. Barón Rojo anunciaba hace unas semanas que 2020 será su último año en los escenarios, pero, está claro que Armando quiere seguir en la brecha. Tuve la suerte de hablar con él hace unas semanas y en media hora desenterró cualquier tipo de prejuicio. Un tipo que habla con la ilusión del que empieza, pero con la sabiduría de los años. Ahora, con una voz solvente como la de Manuel Escudero, el experimentado Ángel Arias al bajo y Rafa Díaz a la batería, le deseamos el mejor de los caminos. AR II es una buena continuación para seguir en la brecha.

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Antonio Flores – Cosas Mías (1994)

Antes incluso de conocer la canción ‘Mártires del Rock’, siempre he tenido una especial inquina o rechazo a quienes convierten en moda y genios a los artistas al hilo de su muerte, más si cabe cuando hay detrás un suicidio. El ejemplo máximo es el de Nirvana, que no me hacía demasiada gracia en su momento (aunque les salvaba muchas cosas) pero se convirtió en rechazo tras el balazo de Kurt Cobain. En la lista hay muchos más. Quizá sea porque los accidentes mortales (Jesús de la Rosa) han robado tanto talento al arte que me parece ‘injusto’ que otros precipiten su final. Hablo desde el punto de vista artístico, que ya en las enfermedades personales que empujan a ello, habría que analizar caso a caso. El tema es que, no tanto por la muerte precipitada con barbitúricos y alcohol ingeridos con ese fin por el dolor de ausencia de la muerte de su madre, dos semanas antes, a Antonio Flores le cogí una de esas tirrias irracionales por el tema de ‘la moda’. Parece que tuvo que morirse para que le valoraran como merecía. Las cosas, en vida, por favor. El hijo mediano de Lola Flores y El Pescaílla encontró el éxito demasiado tarde, cuando su vida interior estaba rota y sentenciada. El caso es que con el paso de los años limpié mis oídos de prejuicios y, hoy, que se cumple justo un mes que perdí a mi padre, le entiendo más que nunca.

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