Archivo del Autor: elchayi

#Mis10de Tina Turner

 

Esta semana, concretamente el pasado martes, Anna Mae Bullock cumplía 80 años. Aunque para el mundo de la música siempre será la reina negra del rock and roll, la reina ácida: Tina Turner. Leona, pantera, la botella de whisky antes de salir al escenario y unas piernas en las que, dicen, se inspiraba Roberto Carlos, el de las faltas. Lo que apuntaba el viernes, en una semana en la que la cosa ha ido de personajes individuales (Depedro, Coque Malla, Loquillo, Javier Álvarez y, ayer, Miguel Ríos), no había mejor colofón en este estreno en #Mis10de que Tina Turner, coincidiendo también con sus ocho décadas. Aviso a navegantes de que la selección está realizada de su trayectoria en solitario, es decir, se excluye la época con Ike, que eso merecerá en su momento otro #Mis10de propio y específico. Lo mismo que ocurría la semana con Duncan Dhu y Mikel Erentxun. Tina Turner, harta ya de Ike, emprendió camino en solitario allá por finales de los setenta, pero no fue hasta Private Dancer en el 84 cuando conectó con aquel sonido de la época y la fiera rugió de nuevo hasta vivir una resurrección artística que la ha metido sin lugar a dudas en el Olimpo de las figuras más históricas e imperecederas. Feliz cumpleaños, Tina. Aquí va mi selección personal.

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#Mis10de Miguel Ríos

 

Miguel Ríos ha sido pionero en muchas cosas. Fue el primero que intentó ‘castellanizar’ eso que se llamaba Rock And Roll y que se cantaba en inglés con una docena de singles de 1962 a 1967. Fue el primero en generar el concepto ‘gira’ entendida con las similitudes delas que se conocen en nuestros días, el primero en tener un patrocinador durante una gira, de los primeros en grabar un disco en directo con Conciertos De Rock y Amor en 1972, el primero en querer grabar un concierto en España con equipos de fuera diez años después. Con Rock And Ríos abrió la puerta de forma definitiva a que España fuera punto fijo en las giras de artistas internacionales, entre otras muchas cosas. Leí a Joaquín Sabina decir que Miguel Ríos no fue más de lo que fue por su ingenuidad y su ‘buenismo’. Es posible. El que en los años posteriores fuera superado por un lado y por otro por gente que utilizaba más volumen, o decía cosas más incendiarias, o supieron recoger el latido de la calle, o vendía mejor su imagen de icono rockero, convirtieron a Miguel Ríos en una especie de ‘señor mayor’ simpático al que todo el mundo respetaba pero que nadie valoraba como se merecía. Sobre todo muchas de las bandas que hoy se suben en los escenarios de los principales festivales del país. Él es el verdadero padre de todo y aquí se le quiere como merece. Es imposible sintetizarlo en diez canciones, pero ahí va.

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Javier Álvarez – Tiempodespacio (2003)

 

En una semana que viene marcada por críticas de discos de corte individual (véase: Depedro, Coque Malla, Loquillo) y teniendo decididos los dos estrenos de #Mis10de para este fin de semana (que serán Miguel Ríos y Tina Turner), la crítica remember del viernes tenía que ser también para un artista que hubiese hecho camino con su nombre personal. Hete aquí que el primero que me vino a la cabeza fue mi tocayo, Javier Álvarez. Sí, puede que esté más alejado del corte rock, pero ya sabéis que en esta casa nos pegamos licencias al gusto, siempre y cuando haya una base de calidad detrás… y este es el caso y a raudales. En cuanto a la elección del disco, había muchas opciones, claro está, y creo que casi cualquiera que conozca a Javier Álvarez hubiese optado por alguno de sus tres primeros álbumes. Especialmente el debut de 1995, donde se encontraban ‘La Edad del Porvenir’, ‘Un, Dos, Tres, Cuatro’ o ‘Piel de Pantera’, o incluso el segundo, con ‘Sunset Boulevard’ o ‘Ella Diciendo Sí’. Amando esos discos, reconozco que a mí me ponen mucho más ‘los raros’ que publicó después, con aquel Grandes Éxitos (de versiones) que hizo de punto de inflexión. Las canciones dejaron de ser ‘convencionales’ para un artista que no lo era. La radiofórmula lo dejó de considerar interesante, pero para los que lo seguimos nos hicimos de su clan con este Tiempodespacio y con el exceso de Plan Be (doble, de 25 temas, algunos al límite). Un grande, con todas las letras, este JÁ.

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Loquillo – El Último Clásico

 

Podemos debatir o no en si alguna vez ha metido la pata en alguna declaración (¿a quién no le ha pasado?), pero no voy a entrar en lo manido de si no compone las canciones en esa estúpida manía de cuestionar a los intérpretes. O en restar valor a la dirección de un equipo para la consecución de un fin. (Por esa regla, ¿para qué vale un director de una orquesta sinfónica si no es suya la partitura que están interpretando ni tampoco está tocando un instrumento?). Ni tampoco en que su voz no sea un prodigio técnico (¿Lo es la de todas las bandas rockeras y punks que escucháis?). Lo siento para los que escuchan su nombre y su voz y les sube el exabrupto a la boca porque les puede la bilis a una opinión discordante y a un análisis más cabal. Loquillo ha sacado (y se la) un señor disco de rocanrol en El Último Clásico. Podemos tener nuestro orden de preferencia en la decena de temas pero todos, absolutamente todos, tienen un poder hímnico y aglutinador que casi parece un fin de fiesta constante. Como las largas tandas de bulerías tras un recital flamenco. El hecho de haber confiado las composiciones a tantos y variados escritores y músicos amigos hace que todos hayan optado por buscar la canción total, el tema congelado en el tiempo y simbólico de una forma de vivir el rocanrol. Aires épicos, sonidos que recuerdan al rock español de los sesenta, country rock, algo de raíz negra por la vía Motown, también mucho de New Jersey. Una explosión de vitalidad que para un tipo que, con la previsible larga gira de presentación del álbum,  se va a meter en los 60 años. Y, que ladren, que parece que hay cuerda para otra década más.

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Coque Malla – ¿Revolución?

 

Si hace unos días escribía del cántabro Rulo y sobre cómo (dicho por él) ha afrontado la crisis de cumplir 40 componiendo canciones, ¿Revolución? es el álbum con el que el madrileño Coque Malla entra en el medio siglo. Lo hace sin el menor atisbo de cansancio o agotamiento, especialmente renovado por su vuelta a la ciudad. Claramente confiado por la buena aceptación que supuso el, de alguna manera, revolucionario El Último Hombre En La Tierra, que se ganó de forma meritoria aquella coletilla de ‘su disco más maduro’, tan manida como aquello de ‘el más oscuro’ o ‘combinar modernidad con tradición’ de las críticas culinarias. El álbum ha nacido sin prisa (en torno a tres años) y confirmando el excelente estado de forma creativo en el que se encuentra Coque. Con libertad plena (si es que alguna vez no la tuvo) para sonar discotequero, sinfónico o, incluso, rapear. Un trabajo del que se cita como mayor influencia las sesiones de escucha de Daft Punk, aunque yo destacaría más su lado sinfónico y de cuerdas. Donde aparece claro el referente de The Beatles, de quien solo he leído referencias a Fernando Neira desde la página web del artista, y también de Supertramp o, incluso, Frank Sinatra y otros crooners. Para un tipo que tiene himnos generacionales en su época con Los Ronaldos y otra gran colección de puñales en el corazón en solitario, decir que prevemos que su próxima década va a ser la mejor es mucho decir, pero es que ¿Revolución? hace pensarlo.

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Depedro – Érase Una Vez

 

“La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con la que jugaba cuando era niño”. Con esta frase del siempre denostado Friedrich Nietzsche viene a ser una buena introducción para comenzar la crítica del nuevo trabajo de Depedro. El músico trotamundos y multicultural (que no mestizaje) se pone serio en su nueva entrega a la que ha cuidado con mimo durante largos cinco años. Y no es para menos, ya que son los niños y niñas los protagonistas de un álbum en el que compila vívidas emociones de infancia, en las que fabula sobre dragones y castillos, elefantes que vuelan, tiburones de trapo, islas pirata, astronautas, charcos, lobitos buenos, brujas hermosas, príncipes malos, piratas honrados, estrellas que pescar… Donde prima la imaginación y se desecha todo lo que se da por supuesto, reivindicando el derecho a jugar. Lo hace sin mutar su expresión musical, con sus armas bien conocidas y con la banda habitual que lo lleva por un viaje por los compases cálidos, los sones dulces y elegantes, una voz repleta de matices y una ilusión contagiosa ya que, como él escribe, el álbum está dedicado “a eso tan importante que es la niñez, que en mi caso no he superado y espero que así continúe”. Así debería ser siempre.

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#Mis10de Dropkick Murphys

 

Boston es la ciudad en la que fueron a parar la mayoría de inmigrantes irlandeses a finales del siglo XVII y mitad del siglo XIX y es imposible disociar el color verde de los Celtic, de los irish, de las cervezas y San Patricio, el sonido folk de gaitas y el resto del merchandising asociado. Por eso, no es de extrañar que una de las mejores bandas de punk celta no sea irlandesa o británica, sino norteamericana. Los mejores alumnos aventajados de otros tantos como The Pogues, Stiff Little Fingers y compañía. Esta semana, el viernes, concretamente, salían a la venta las entradas para su único concierto en España durante el próximo año 2020, el 28 de enero, en el Palacio Vistalegre de Madrid. Un nuevo concierto, por cierto, donde los indeseables de Viagogo han vuelto a hacer de las suyas, puesto que el día anterior ya ofrecían entradas por más de 100 euros, mientras que los precios oscilan entre los 40 y 50 euros. Les ha debido salir mal la jugada porque las localidades no se han vendido al ritmo que suponían los especuladores y todavía están lejos de haberse agotado. Sea como sea, un domingo de noviembre es un buen día para calzarse una gorra de cuadros, ponerse una buena pinta de cerveza y salir a cantarse unas cuantas coplas tabernarias y portuarias. Van #Mis10de Dropkick Murphys que han sido remozados en varias posiciones. ¡Salud!

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#Mis10de Duncan Dhu

 

El trío formado por Mikel Erentxun, Diego Vasallo y Juan Ramón Viles es uno de los más indiscutibles legados y referentes que ha dado el pop-rock estiloso de nuestro país en los años ochenta y noventa. No hay debate posible. No se les puede discutir la grandeza de su pop rock intimista en los primeros años, su protagonismo percutivo con ligeros aires de rockabilly, su capacidad para crear melodías de guitarra y voces adictivas, sugerentes y cálidas. Me sorprendió esta semana, revisando remembers, que todavía no haya escrito de Canciones o de El Grito del Tiempo (todavía no tengo claro cuál elegiría de los dos, era vinilos que iban rondando entre mi hermana y mi hermano), pero sí que vi claro que siendo la crítica remember de ayer para Tahúres Zurdos y teniendo decidido también la edición internacional de #Mis10de iba a ser para Dropkick Murphys por la salida a la venta de las entradas para su única visita a España durante el próximo 2020, Duncan Dhu me ofrecía el equilibrio perfecto, el paso intermedio entre unos y otros. Porque su música (incluso el nombre de la banda), especialmente al principio, bebe de las influencias del folk británico, que ellos tamizaron por ese ‘Donostia Sound’ de arreglos delicados y armonías hermosas, como las que años más tarde recogerían en versión power-pop La Oreja de Van Gogh, grandes en toda la época Montero. Dicho todo esto, la revisión de este #Mis10de solo tiene una entrada y un cambio. Premio para el que lo detecte. Salud.

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Tahúres Zurdos – Nieve Negra (1991)

 

El santoral sirve de excusa para celebrar ‘días de’. Hoy, Santa Cecilia, está considerado como el patrón de los músicos. Y al caer caprichosamente en viernes, ¿qué mejor que traer un disco que en su interior tenga un himno a ella, ‘Tocaré’? Una canción que se ha convertido en uno de los símbolos máximos de Tahúres Zurdos, pese que para su autora, para Aurora Beltrán, está muy lejos de ser una de sus mejores canciones. Estoy de acuerdo, pero ya sabemos que lo que triunfa no tiene porqué ser necesariamente (a veces diría que necesito no serlo) lo mejor. Ese es otro de los motivos que me llevan a habar de los tramposos del juley (que de ahí viene su nombres, de los hombres –porque eran hombres- que iban al casino a jugarse las pagas), mi extensísima conversación con Aurora para la entrevista de portada del número 37 de Rock Estatal, ahora que el 38 ya viene en camino y en el que, medio spoiler, volveré a tener la entrevista de portada (van unas cuantas). Y, por si fuera poco, pocas semanas después de aquella entrevista, se anunció el concierto puntual de Tahúres por motivos solidarios. Y la chispa adecuada a veces genera una combustión que se prolonga en el tiempo… y la banda vuelve para dar más fechas, que pronto se irán conociendo. Ya lo decía aquel, al final, siempre nos sobran los motivos.

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Segismundo Toxicómano – Sangre Fácil

 

Nunca se lo he confesado a Placi, que lo leerá por primera vez, pero reconozco que a Segis le fui cogiendo el punto y el gusto con el paso de los años. Cuando actuaban en el extinto Aúpa Lumbreiras o en las fiestas de presentación de dicho festival, su actuación estaba lejos de ser de mis favoritas, incluso me venía a desgana. En primer lugar, primaba mi desconocimiento. No había profundizado lo suficiente en ellos. En segundo lugar, hay que tener en cuenta que su sonido ha ido ganando con los años. Es decir, que fue su evolución, a partir de Auschwitz 05 y, sobre todo, Una Bala, cuando le presto más atención hasta convertirse en unos imprescindibles. Pero creo que no es casual, creo que es esta década que está cerca de expirar cuando la banda ha encontrado su momento dulce. Un reconocimiento meteórico también en cuanto a público. Por eso, todo el mundo se quedó a contrapié cuando Segis, en una exclusiva de RockSesión, anunciaba que hacía un parón indefinido. Mañana se cerrará un pequeño círculo. Tuve la suerte y la confianza de la banda para dar aquella exclusiva y también me han confiado la redacción de la hoja promocional de su primer disco en más de cuatro años. Tengo la suerte de llevar varias semanas escuchando Sangre Fácil y sus trece canciones. Y hoy, un día antes de su lanzamiento, os comparto mi texto al respecto, que ejerce de crítica y adelanto de lo que os vais a encontrar. Son los Segis y van al puto lío… pero mejor todavía.

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